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Artículos Viejos

Primera vez: Diosa: Con la diosa
Enviado el Lunes, 01 noviembre a las 17:22:45 por susy

 Voy a relatar la historia que me ocurri? un buen d?a y en un buen momento.

En el mes de febrero de este año con mis amigos nos fuimos a un centro turístico que queda a 60 kilómetros de la cuidad. Se llama "Termas del Guaviyú" y ofrece como atractivo aguas termales a buena temperatura. Aquí en Uruguay para febrero el clima es totalmente caluroso, ya que es pleno verano.

Entonces organizamos todo y un buen día partimos con destino para lo que para mí sería un viaje inolvidable. Fuimos para acampar y pasar bien, dormir, comer, tomar baños y ver las chicas. Nos quedaríamos tres días en este gran lugar. Mis dos amigos fueron los que me entusiasmaron para ir de viaje. Yo llevaba conmigo una pequeña carpa donde dormiría solito junto a los bolsos. En tanto mis amigos habían llevado otros objetos cosas para pasar las noches.

Salimos muy temprano de la ciudad y un rato después estábamos en el lugar. Armamos todo el campamento y para las 6 de la mañana cuando habilitaron las piletas nos dábamos el primer chapuzón. Todo era alegría y felicidad. Muy temprano no había chicas de mi edad en el agua, sólo veteranos. Ya estaba con una bermudita negra que no sobrepasaban las rodillas. Simplemente no me gusta usar shorts diminutos. Me sentía muy bien, al igual que Mauro y DArio, mis compañeros de aventuras.

Por la tarde, después de luchar con el fuego para hacer una comida volvimos nuevamente a disfrutar del agua tibia. En ese momento la pileta se veía colmada. En ella estaban muchas mujeres de toda talla y calibre. Ver a las mujeres en trajes de dos piezas era increíble. Los pequeños corpiñitos y bikinis de colores llevaban a, algunas veces, lanzar algún piropo. De vez en cuando cruzabas miradas con alguna chica, pero quedaba todo allí no más. Ver algunas hermosas figuras excitaban mucho y daban qué hablar. Había de todo un poco, incluso grandes tetas y bikinis metidos en la rayita del trasero, para causar en los masculinos, grandes emociones. El día pasó muy rápido y yo me divertí mucho. A la noche entré a mi carpa y me puse a dormir. No podía conseguir ese sueño. Comencé a recordar las chicas de la pileta y la cabeza me estalló. Mi pija quedó muy dura de inmediato pero no quería masturbarme. Al fin conseguí el sueño y cuando desperté había un calor tiempo infernal, la temperatura era elevadísima. Ya eran las diez de la mañana y mis amigos ya habían salido para el monte para buscar leña y así preparar el alimento.

Luego del almuerzo, de este domingo, fuimos nuevamente al vapor. Me senté en un banco de madera y con la cabeza cubierta con una remera y anteojos de sol, me dispuse a observar la gente que tomaba baños en las grandes piscinas. Me sentía lleno y estaba apagado. Bajé del banco y apoyé mi espalda en él. Me dormí profundamente. Cuando desperté mis lentes de sol estaban caídos y mi remera en el suelo. Ya habían pasado más de una hora. Junté mis cosas y me lancé clavado al agua. Estaba solo y quería buscar a mis amigos. Eran las tres y media de la tarde. Lentamente caminaba en la pileta cuando de repente y sin intención, moví mi brazo y toqué la parte baja de una chica, justo en ese punto. Casualmente y lamentablemente para mí; la chica a la que le acababa de tocar su vagina era una señorita de mi ciudad. De inmediato veo que ella es la descomunal Romina.

Romina es hermosa; muy bella. Tiene 15 años igual que yo, es rubia, bien clara; tiene una cara angelical, piernas bien formadas, ojos azules increíbles, labios rojos, pancita bien pequeña igual que el ombligo y se le suma a su impresionante figura una colita infartante, redonda y unos pechos al mejor estilo Pamela Anderson, aunque no tan enormes; sino más bien normales pero bien redondos. Ella era la persona menos indicada para yo tocarle sin querer sus partes íntimas porque en una discoteca de mi ciudad yo intenté llegar a conquistar su corazón, pero mis intentos fueron en vano, dado que no me dio bola ni tuvo ningún tipo de onda conmigo. El día que reboté con ella, o sea no pude convencerla me sentí muy mal pero me consolé con el justificativo de que ella era demasiada mina para mí.

En el momento que sentí haber tocado algo me avergoncé y cuando vi la cara de Romina más se agravó mi situación. Pero salí del trance porque ella con su hermosa carita, sonrió. Quedé pasmado y no tenía modo de reaccionar y la quedé mirando. Pero una reacción espontánea hizo que mi mano se deslizara hacia su redondo y virgen culito. Ella no es muy simpática y por eso su sonrisa provocativa antes de un enojo, me hizo actuar de forma libre. Actué según mis instintos.

Mi mano por debajo del nivel del agua acariciaba su cola. Como había mucha gente ella retiró mi mano, pero yo quedé rozándola con mi cuerpo. Mi verga estaba muy dura y no podía disimular la erección más fuerte que jamás había experimentado. Todo era raro, con ella nunca antes había tenido nada y en un momento sin dirigirle palabra alguna estaba acariciándola y mirándola. Nada podía creer. Todo era confuso. Quedamos muy cerca y ella me habló. Me preguntó que hacía solo y sin rumbo alguno. Yo le pregunté por ella y dónde estaban sus amigas y sus padres y ella me respondió que estaban en las habitaciones de hotel que tenían a su disposición. Yo respondí que buscaba a mis amigos. Ella agregó que pasaba y me vio durmiendo sobre un banco y pensó en bajar al agua, para así vernos. Todo me sorprendía porque yo ni siquiera la había besado alguna vez. Ella nuevamente rió y pasó su mano por mi pija que estaba más caliente que nunca. Esta fue la gota que rebosó al vaso. Rápidamente la invité para ir al campo a buscar a mis amigos o simplemente a conversar de todo un poco, incluso de la secundaria . Yo estaba totalmente jugado. Ésta era la revancha y no podía perder. Romina aceptó mi propuesta y salimos rumbo a lo incierto. Yo pensaba en infinitas cosas. Hablábamos poco. Un gesto o una mirada valía por mil palabras. Pasé por la carpa a buscar algunas cosas. Romina tenía un corpiño naranja y una bikini pequeña y se había atado en la cintura un gran pañuelo que cubría sus partes bajas. La hice entrar a la carpa y cerré todo. En ese lugar había poco espacio y lo que hice fue ponerle repelente de insectos en su cuerpo. Mis manos empezaron a tocar, pero sin pasar de los límites. Creo que ella estaba feliz. Me puse repelente y salimos lentamente y yo le tomé su mano y la puse contra mi pecho. Su figura me atraía.

Llevé conmigo una especie de alfombra, con poco peso que estaba en el piso de la carpa, también otras cosas. Iba con el torso desnudo y simplemente mi bermuda Nike negra. Todo iba bien. De mis amigos ni rastros.

Pasamos un puente de madera y fuimos para adentro del campo. Cerca pasa un río pequeño. Estábamos lejos del camping y por eso en ese lugar aislado pusimos mi amplia alfombre en el suelo y nos sentamos.

Empezamos hablando sobre cualquier cosa. Hacía mucho calor y su figura sexy me excitaba mucho. Yo no me animaba a tomar una iniciativa pero recordé la caricia que ella me hizo en el agua y otra vez mi picha quedó muy tiesa. Interrumpí su conversación y me acerqué a su cuerpo. Comencé a besarla y ella no se resistió. Mis besos eran demasiado calientes y los de ella ni hablar. Deslizaba su mano por mi desnudo torso y yo de inmediato le quité un pañuelo de ceda negro que llevaba abajo, para dejarla como en la pileta; sólo con la bikini y corpiño. Mis manos comenzaron a hacer un gran trabajo y de pronto tenía entre ellas la parte superior de su trajecito de baño.

De su boca bajé a sus tetas que estaban al descubierto para besarlas. Ella miraba hacia al cielo entregándome ambos pechos y con los ojos cerrados daba gemidos. Tomó mi cabeza y no permitía que me alejara de sus tetas. No se lo que sentía pero creo que estaba muy gustosa. Sus pezones eran grandes muy rosados y estaban muy parados. Cada vez más y más duros. Ella bajó su mano y la metió bajo mi bermuda y comenzó a tocar mi culo. Por fin abrió los ojos y me mostró de cerca aquellas bellezas de color claro, que yo jamás en la vida había imaginado tenerlos cerca. Estábamos ambos de rodillas, uno frente al otro, rodeados de nadie, sólo con la naturaleza. Había árboles y el pasto del lugar era muy corto, porque al lado pasaba un angosto caminito hecho con el paso del tiempo quizá, que te llevaba al río "Guaviyú", que estaba desde nosotros, unos ocho metros.

Romina pasó de tocar mi trasero a tocar mi delantera. Se encontró entonces con algo muy duro que le gustaría experimentar. Yo saqué su mano rápidamente y ella me miró con una cara de asombro. Me puse de pié y ella sonrió y me quitó mi única prenda. Yo moví los levanté los pies y dejé caer mi ropa al suelo. Mientras tanto Romina se había prendido a mi verga con una mano y la observaba. Yo le puse la mano en su mentón y ella abrió su boca y sin dudar le deposité, lo que me estallaba, en su boquita. Cerré mis ojos y sentí un gran placer, que aumentó cuando bajé la cabeza, abrí los ojos y vi la imagen de Romina chupando y chupando. Tomé su cabeza y yo le puse el ritmo a la mamada. Le cogía la boca a un ritmo impresionante y mi verga entraba casi toda en la boca de ella. Estaba por acabar entonces decidí sacarla para no tener el incomparable primer orgasmo.

Paré un momento y le dije a Romina que estaba muy feliz y ella me contestó que se sentía igual y que cuando me había visto en el banco, pagado al la pileta, tenía intensiones de seducirme. Yo le pregunté porqué nunca se había fijado en mí cuando yo me había tirado un lance en la disco. Me dijo que ese no fue el momento para tener lo que ella consideraba un simple romance de adolescentes y agregó que admiraba mi inteligencia y manera de ser. Y para terminar me dijo que yo había sido el elegido para romper con su himen, porque no quería llegar virgen a los 16 años. Lo que ella me decía era muy raro porque ella era muy reservada y no muy simpática. Agregó que sus amigas le contaban sus historias de sexo y lo bien que la pasaban y ella quería vivir lo mismo.

No había más nada que decir y entonces continué con mi trabajo, que era comerme a una da las chicas más bonita de mi cuidad.

Después del diálogo continuamos. Puse mi pija entre sus tetas y tuve que flexionar algo mis rodillas. Tomé sus pechos y comencé a sacudirlos para que me rozara el miembro y sentir placer. Todavía ella no me había enseñado su virginidad. Me estaba masturbando con sus tetas y ella disfrutaba. Estaba sumida en el placer. Le avisé que iba a tener mi primer orgasmo, que esta vez era ya inevitable. Ella continuo dándome sus pechos para que yo los cogiera. Repetí el movimiento hasta que mi pija empezó a dar sacudones y ella lo notó. Me separé un momento y tiré para atrás el prepucio y con mucha fuerza lancé un potente chorro de leche en sus tetas. Romina viendo por primera vez en su vida el jugo masculino abrió grande su boca para probarlo y yo le puse mi pene muy erecto allí, para dejarle todo el líquido que acompañaba al primer orgasmo. Fue impresionante el semen que escupí con mi verga. Le ensucié todas las tetas y su cuerpo y le llené la boca hasta un punto que la leche caía de sus labios e interior. Tuvo miedo en tragar el semen, pero yo le dije que no le dañaría y confió en mí. Tomé un pañuelo y limpié su cuerpo mojado de esperma. Había acabado en boca y tetas de esta diosa. Todo parecía un sueño.

Empecé a besarla nuevamente y probé por primera

vez mi propio líquido, porque había algún rastro en su boca todavía. Ella se acostó y abrió sus piernas. Yo casi enloquezco. Tomé su bikini y lo saqué rápidamente. Allí abajo estaba la hermosa conchita de Romina esperando lo mío. Era hermosa como su dueña. Realmente una concha hermosa. Tenía pendejos rubios, más oscuros que su cabello, y no eran muy abundantes. Dentro todo era rosadito. Yo estaba experimentando, mientras ella estaba muy tranquila boca arriba. Me llamó la atención que el agujero de la vulva fuera pequeño, pero era obvio debido a que no había tenido relaciones. Comencé lentamente a usar mis manos para hacerle sentir cosas que nunca había experimentado como mujer. Sentía que ella gemía y se tocaba sus pechos. Me acerqué y comencé a trabajar con mi lengua en aquella cerradita vagina. Besé el clítoris hasta que mi compañera tuvo el primer orgasmo. Quería que le dejara de besar la concha pero a la vez no quería que me detuviera. Romina se desquitó y mojó mi cara con su líquido vaginal que salía a chorros de su pepita. Ella tenía agarrada mi cabeza y trataba de levantar su cuerpo dejando apoyada su parte toráxica en el suelo. Su pelvis se contraía mucho. Chupé largamente ese rígido clítoris hasta que decidí a hacerle lo que ella deseaba, que yo le comiera su virginidad.

Mi lengua juguetona quería penetrar en el orificio vaginal y así le desgarré su himen. Totalmente y sólo con la lengua le devoré lo que le tapaba su entrada. Creo que Romina se había asustado un poco, porque salieron pequeñas gotitas de sangre, que limpié con el pañuelo. Quedó todo limpio. Yo estaba muy caliente, quería penetrarla, pero antes jugar un poco para erotizarla más y más. Penetré mi dedo mayor hasta el fondo y sentía dentro de la concha de Romina su suavidad y lubricación y pequeños movimientos.

Luego de tanto calentamiento decidí poner mi pene que estaba más duro y grande que nunca, en su pequeña concha. Cuando justo apunté en dirección a ella, Romina alertó que no llevaba condón. En los momentos calientes se me había pasado usar lo que tanto recomiendan, entonces me preocupé un poco. De todas formas ambos estábamos por explotar y en un momento clavé mi pija en el interior de Romina que soltó al aire un grito. Comencé con un movimiento satisfactorio para ambos. Me gustaba ver a mi picha entrar y salir de aquel lugarcito de mi chica. Ella hacía gestos de dolor pero a la vez gozaba de unos momentos nunca antes experimentados. Yo de paso ponía mi boca sobre sus excitados pezones. De pronto ella se retorcía y mojaba nuestras partes íntimas, ya que estaba teniendo su segundo orgasmo. No quería por nada que me detuviera. Yo se la saqué y le dije que gozaríamos del mejor sexo si se daba vuelta y se ponía en cuatro patas. Romina aceptó y así se puso. Tenía delante de mí, su impresionante culo, además de su concha. Le dije que se preparara porque esto le iba a gustar. Puse mis manos en su cadera y mi pija en dirección a su delicada vagina. Traté de penetrarla y no pude porque mi pija estaba demasiado gruesa para entrar sin ayuda; entonces con una de mis manos llevé el miembro hasta su intimidad y lo coloqué suavemente. Estaba bien metida. La puse lo más que pude y observaba como la concha de Romina se había adaptado a mi pene. Empecé a trabajar despacio, subiendo el ritmo cada vez más. Ella gozaba y gozaba y yo debía recordar que estaba sin forro. Cuando sentí muy cerca mi segundo polvo, retiré la pija y solo le toqué un poco para que expulsara todo mi semen en la concha de la rubia y en la puerta del agujero del culo. Un hilo de leche salió con tanta fuerza que llegó a su hermoso pelo. Estaba empapada en semen. Nunca jamás había tirado tanto desde mis huevos. Volví a ponerla y repetí el placentero movimiento hasta que esta vez sí descargué adentro de ella mi leche. Estaba yo muy cansado y Romina quería aún seguir. Yo quedé acostado y cerré mis ojos, porque estaba exhausto. Ella insistía en seguir y yo no reaccionaba, hasta que ella se puso a chuparme la pija. Se montó sobre mí y empezó a succionar mientras que puso su trasero casi pegado a mi cara. Yo manoseaba sus nalgas y en un impulso metí mi dedo en su culo y ella reaccionó apretando mi verga con su boca muy fuertemente. Mi dedo se fue para adentro muy fácilmente porque mi leche lubricaba esa zona. Yo estaba por tener un nuevo orgasmo, porque me estaba gustando que Romina me la chupara. Salió de encima mío y se puso de nuevo, en cuatro patas. Yo comencé a pasarle la lengua en su esfínter anal. Ella disfrutaba como nunca este largo "beso negro". Ella lo pidió y yo lo hice; coloqué mi pija en el interior de su ano. Exclamaba que le dolía pero de inmediato sintió el placer y mis movimientos hicieron que se relajaran sus músculos y su esfínter. Quería más y más. Miré para abajo y mis huevos estaban chocando contra sus nalgas, mi pija estaba toda adentro. Sentía el calor de su interior y me excitaba mucho; entonces luego de unos breves momentos acabé dentro, llenando su culo de la más caliente y rica leche. Romina notó que yo había descargado y apretó muchísimo su ano para que no me retirara, pero lo hice de todas maneras. Me puse a mirar su culito y vi que había perdido la forma y se movía involuntariamente. Mientras de él salía algo de esperma. Romina me dijo que estaba cansada. De todas formas yo quería seguir un poco más después de darme cuenta que este momento no se repetiría fácilmente. Me acosté y Romina se sentó sobre mi pija penetrando. Repitió el movimiento hasta tener otro orgasmo. Su hermosa cara era de plena felicidad.

Afortunadamente estábamos muy lejos del campamento y nadie molestaba. Era hermoso echar unos polvos al aire libre. Formamos el 69. Chupamos mucho hasta que yo me separé para tomar de nuevo sus tetas. Volví a masturbarme con sus pechos y cuando le dije que iba a acabar sacó una larga lengua y esperó mi semen para tragarlo sin problemas.

A mí ya me dolía el pene de tanta joda y para antes de irnos hizo que mi pija se pusiera tiesa de nuevo. Me dijo que se la pusiera nuevamente en su apretadita concha para despedirnos. Yo me le monté encima y gozaba de verla gozar a ella. Tuvo otro orgasmo. Mojó mucho todo lo que estaba en acción. Intentaba pararse, porque no aguantaba. Al fin saqué mi verga y le eché leche en toda su panza y los últimos chorros se los dejé entre los pendejos. Mojé mis manos y se las pasé en los pezones y en su boca. Cuando tiré la leche grité de placer, porque no me contuve.

Ahora sí que estábamos super cansados.

Junté mis cosas y nos vestimos y salimos rumbo al camping. Hablando ella me dijo que había pasado unos momentos muy placenteros y la experiencia había sido buena. Yo casi no me aguantaba de pié; estaba muy cansado. Había tenido orgasmos como nunca en mi vida. Le dije a Romina si lo que vivimos se podía volver a repetir y me dijo que la puerta estaba abierta.

Despedí a Romina con un beso en la mejilla y ella se perdió lentamente entre las carpas. Eran las 6 de la tarde y yo había hecho la hazaña más grande mi vida. Todavía tenía olor a sexo. Mi pene estaba muy pequeñito y fláccido. Recordé que había acabado en su concha y me compliqué mucho, pero me quedé tranquilo cuando en el bolsillo de mi bermuda estaba la caja vacía de pastillas anticonceptivas de Romina. En la caja estaba el nombre de Vanessa una de sus amigas.

Mis amigos no aparecían. Fui a bañarme a las duchas del camping y a las 7 me puse en la carpa a dormir. Cuando sentí ruidos desperté y eran las 8 de la mañana del otro día y DArio en la carpa me decía que salíamos para Paysandú en 30 minutos. Me levanté muy feliz y saludé con un beso afectuoso beso a Mauro


relatos eroticos y DArio, porque ellos eran los causantes de que yo estuviera en el lugar. No preguntaron que me pasó, pero no dí ningún dato porque la chica es muy conocida por todos.

Regresé a mi casa con la cara sonriente tras haber realizado mis mejores vacaciones y haber hechado los mejores polvos de mi vida a la chica, que en mi ciudad se le considera "la diosa del lugar".

 


 

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