relatos eroticos3 años, un tío forrado de pasta, no era mala persona, que, indudablemente, quería alguien que a su edad le diera calor en la cama y de vez en cuando le hiciera una mamada, suponía yo, porque no parecía estar en condiciones de mayor ejercicio.
Habíamos quedado en que yo iría a buscarla para trasladarla al juzgado, teníamos tiempo de sobra pero decidí acercarme a su casa por si mi hermana necesitaba algo. Estaba desayunando, servida por la gorda de su sirvienta, con una negligée completamente transparente y subida en unos zapatos altísimos de tacón, era lo que me gustaba de mi hermana, siempre vestida (o desnuda) con elegancia.
Tomé un zumo de naranja, ella acabó y dijo que se daría un baño antes de vestirse, acompáñame, me pidió, la seguí a su habitación y disfruté del espectáculo. Se desnudó para bañarse, ¡dios qué cuerpo!, pensé, llevaba unos días sin follar y a pura paja, y sus tetas, sus caderas y su culo, el sexo entre sus muslos, eran cosa de verse.
Al rato salió del baño envuelta en una toalla, se sentó en el borde de la cama y me pidió: "¡ayúdame a secarme!, ¿quieres?". Por supuesto dije que sí encantado, y comencé a secar su espalda, me estaba excitando, bajé con la toalla hacia sus nalgas, dáte la vuelta, se giró sobre la cama y se puso de espaldas, la seguí secando pero aproveché para llegar al hueco donde su culo se unía con el sexo y pasé el paño suavemente.
Mi hermana parecía no inmutarse, como una cosa totalmente natural y me arriesgué a meter mis dedos en el hueco y acariciar los labios de su vagina, mmm, qué gusto, estaba calentito y húmedo y disfruté con la caricia, abusando del momento. Ella se dió cuenta, no podía ser de otra manera, porque yo seguía acariciando, y me dijo: "¿Qué haces?".
Yo estaba ardiendo, me mareaba, sentía mi verga que se había puesto como la de un buey, no contesté, me arrodillé junto a la cama y metí mi cara por detrás entre sus muslos, buscando su culo y su chocho con mi lengua, ella se envaró. Por un momento pensé que me iba a gritar y a afear mi conducta, pero también se debió sentir excitada y abrió sus muslos un poco más gimiendo del placer de mi lengua.
Me lancé desbocado, chupé y rechupé, hundí mi lengua caliente y húmeda, borracha de saliva ahora en su culo ahora en su vagina, me estaba volviendo ciego de excitación, envalentonado al ver que la calentura de mi hermana crecía y la volvía loca, gemía, se quejaba, no muerdas, me haces daño, yo hundía mi cara en su vagina, mi nariz en su raja que ya chorreaba, mordisqueaba sus labios vaginales, aplastaba su clítoris, sentía mi boca y mi cara empapadas en sus jugos, y disfrutaba viendo que también ella se abandonaba al placer.
Me planté de pie, la volteé a la brava y la miré, mi hermana me miraba también, excitadísima y suplicante, ¡házme el amor, házme el amor!, gemía, me quité, me arranqué la ropa y saqué mi verga que ella miró jadeando anhelante, dándome prisa. "¡Tóma, so puta!", la insulté, llevé mi polla a su boca y se la hundí hasta la garganta, ella se ahogaba pero se lanzó a chuparla, a morderla y a ensalivarla, se la tragaba ansiosa y entonces me sentí venir y exploté.
Me surgió un volcán de semen, caliente y espeso como hacía tiempo, mi hermana se lo chupaba, lo tragaba y volvía a chupar, mi leche le caía por la comisura de los labios y ella frenética se afanaba por no dejarla caer, estaba ardiendo y por un momento temí que se tragaría mi verga y me tragaría a mi entero, hasta que no pude más y me derrumbé en la cama, jadeando. Mi hermana empezó entonces a masturbarse de forma frenética, con todos sus dedos en su clítoris y su vagina, apretando los dientes, se lanzó sobre mi verga y comenzó a mamarla de nuevo con la intencion clara de volverla a despertar.
Yo seguía tan excitado y mi pene comenzó a responder a las caricias, se sentó sobre mi, buscó mi estaca y puso mi prepucio en posición erecta, se abrió la vagina con su mano y empezó, suave, suave a introducirsela, yo temía que no pero respondía bien, y me sentí de pronto dentro de ella. Comenzó a cabalgarme a lo bestia, se apretujaba las tetas, se mordía los labios y movía su culo arriba y abajo para sacarse y meterse mi verga, gemia, gritaba, en un momento ví que la puerta se abría y que la gorda sirvienta miraba por ver qué ocurría, pero que volvía a cerrar prudente al ver la situación, y de prontó mi hermana se contorsionó, iba a correrse y reventó en un orgasmo brutal, cerraba sus ojos se abalanzó sobre mi boca y me besaba, me mordía, hostia, creí que no acababa hasta que se fue calmando y se quedó respirando compulsiva sobre mí.
Poco a poco recobramos la respiración y la consciencia, habíamos follado como cerdos pero éso no parecía importarnos lo más mínimo, mi hermana se había tumbado a mi lado y jugueteaba con su mano en mi verga, que había vuelto a engordar y endurecerse y claramente pedía ser satisfecha. Mi hermana me miraba entre satisfecha y sorprendida, ¡qué me has hecho, cabrón!, y yo: ¡puta, cerda más que cerda, te he visto tan puta y tan buena que no he podido aguantarme!.
Mi hermana recuperó la consciencia y llamó a la sirvienta, ¿quieres tomar algo?, tráenos unos jugos de naranja bien frescos, le dijo, y la gorda, se ve que ya estaba acostumbrada de otras veces, asintió con la cabeza y volvió a salir. Cuando regresó estabamos enfrescados en un 69 a todo tren, yo me comía la vagina de mi hermana y ella se tragaba mi polla como nunca me lo han hecho. La empotré contra la cama y me la follé a lo bestia, ella abría la boca de ansiedad al sentir como le llegaba el orgasmo, de nuevo empezó a rugir al sentirlo llegar y y reventé y me vacié de leche en el fondo de su potorro, caliente y acogedor.
Todavía conseguimos follar otra vez más, hasta que decidimos mirar el reloj. Las once, nos quedan dos horas, nos duchamos y vestimos, tuve que regresar a casa por ropa adecuada, había dejado la otra echa un trapo, y volví a recojerla para llevarla a su boda, en compañía de la sirvienta gorda que me miraba fijamente, creo que aprobando lo que yo había hecho con mi hermana.
Hubo boda, lo pasamos bien, mi hermana estaba radiante, hermosísima, me presentó a una amiga de su edad, a la que habló al odio en secreto. Resultó ser una buena folladora con la que pasé una noche feliz en el hotel y que, la verdad, no se sorprendió mucho cuando mi hermana llegó por la mañana, se desnudó y se acostó con nosotros para hacer el amor y correrse un par de veces antes de marchar de viaje de bodas.