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Gays: Mi Jefe y yo
Enviado el Viernes, 29 enero a las 04:52:43 por nachox

 Eran ya las seis de la tarde, y la puesta de sol me indicaba el fin de la jornada. Estaba en mi oficina sentado frente al ordenador revisando algunas fotos de modelos, y es que, trabajo en el departamento de marketing de una importante empresa. Fue un día particularmente pesado, tuve que sustentar el proyecto de la nueva campaña publicitaria de la empresa. Lo bueno fue que todo salió perfecto y el proyecto iba viento en popa.

¡Oye macho! ¡Hoy no pagan horas extras! -

Me dijo mi jefe, sacándome una sonrisa de los labios. En este relato lo llamaré Alejandro; ustedes saben, para proteger las identidades. Alejandro es un cuarentón muy carismático, dinámico y a veces algo impulsivo. Su compañía me hacía sentir muy bien; y es que íbamos a todos lados juntos, ya que él un argentino recién llegado a tierras peruanas.

Todas las tardes lo esperaba para irnos juntos al gimnasio. Él es uno de los que se preocupa más por mi dieta. Debo agradecerle, ya que por él he mejorado mucho; pasé de ser un recién regresado flacucho a un empleado reconocido y con un físico bien formado. No solo se preocupa por mi imagen física, sino también por la profesional. Me cuida en todo el sentido de la palabra, se ha convertido en un “padre putativo” sin querer.

En el gimnasio trabajé espalda y hombros, mientras él reforzaba sus piernas. Todo estaba bien hasta el momento en el que tuvimos que ir a los vestidores. No sé que me pasó, pero aquel día Alejandro se veía mejor que nunca. No sabría decirte si fue el ángulo de la luz que caía sobre su cuerpo, su excelente estado físico o la calentura de mi cabeza. Ya que para ese momento llevaba meses sin sexo, debido a que me concentro demasiado en el trabajo.

Nunca había estado con un hombre, es más, nunca había visto a un hombre de la manera en que estaba viendo a mi jefe ese día. Y el verlo caminar desnudo hacia las duchas me brindó una vista privilegiada de su cuerpo. Observé detenidamente sus bien formados hombros, su pecho y abdomen marcados, con la cantidad de vellos exactos, sus bien trabajadas piernas y ese culo paradito que hizo que mi cuerpo reaccionara instintivamente.

- ¡Cuidado con las abstinencias! – me dijo guiñándome un ojo cuando volteó a verme

Me ruboricé de inmediato, él había notado la erección de campeonato que acababa de tener. Estaba más que avergonzado, por mirar con aquellos ojos a mi jefe y por ser tan obvio en mis intenciones. Fui rápido a las duchas y abrí la llave del agua fría, tenía que tranquilizarme – piensa en otra cosa – me decía a mí mismo.

- Parece que hoy estás muy “entusiasmadito” jajajaja – me dijo cuando salíamos del gimnasio

- Creo que sí, hoy estoy con la cabeza demasiado caliente

- Yo creo que más caliente tenés la que llevás entre las piernas jajajaja

Reí con él, pero sus bromas hoy sonaban bastante extrañas. En la oficina existían rumores con respecto a la presunta homosexualidad de Alejandro, pero nunca me interesó saber más al respecto. Siempre consideré que eso era parte de su vida privada y que él podía hacer lo que quisiera en su cama, eso al final no era asunto mío.

- Hace cuanto que no tenés “acción” – preguntó en su tono pícaro

- Pues… hace como un mes – mentira, llevaba por lo menos dos meses sin sexo

- ¡¿Y cómo sobrevivís?! Tenés que relajarte un poco de vez en cuando. Eres muy bueno en el trabajo, y te felicito por eso, pero date un “break”. No tiene nada de malo.

Lo acompañé hasta el edificio en donde vivía. Al momento de despedirnos de mano, me guiñó un ojo y se fue. Normalmente lo hacía, pero en esta ocasión me parecía una provocación. Fui rápidamente a casa a darme otro duchazo de agua fría, y es que el verano me devolvía la calentura rápidamente. Luego de leer un poco y escribir algunas cosas en el ordenador fui a mi habitación a prepararme para dormir. En eso sonó mi móvil, era Alejandro.

- Artu – Así me llamaba él – Fíjate que la vecina ha fumigado hoy y hay unos olores insoportables aquí, vos sabes que sufro de las vías respiratorias

- Si Ale yo sé – así le gustaba que le llamara

- ¿Podría quedarme en tu casa? – el pedido me sorprendió – Solo por esta noche

- Bueno… – no sabía que decirle, tenía todavía toda la calentura encima

- Andá no seas malo, solo será una noche

No sé cómo, pero terminé aceptando. Le di las indicaciones exactas para que pueda tomar un taxi, y en unos minutos estaba en mi puerta. Llegó con la maleta que llevaba al gimnasio. Decidí darle mi habitación para que descanse y yo dormiría en el mueble de la sala. En un principio se negó, pero yo insistí. Era mi invitado y merecía dormir en el mejor lugar. Saqué una manta de mi habitación y fui a acostarme a la sala.

Habrá pasado media hora y no conseguía dormir. Encendí la televisión en busca de uno de esos programas-somnífero que pasan a media noche. De pronto…

- ¡ARTU! – me gritaba Alejandro desde la habitación

- ¡QUÉ SUCEDE!

- ¡VENÍ UN MOMENTO POR FAVOR!

Algo no andaba bien, pero mis piernas reaccionaron automáticamente y fui a la habitación.

- No puedo dormir – me dijo – creo que tengo una contractura en las piernas ¿me ayudas a estirarme?

Él estaba en ropa interior (el calor del verano lo ameritaba), yo traía una camiseta y bóxers. Mis instintos me pedían intensamente que lo ayudara y me acercara a ese bien formado cuerpo. Me aproximé lentamente hasta él y lo recosté en mi cama, coloqué con cuidado una de sus piernas sobre mi hombro y subí hasta que nuestros rostros quedaron uno frente al otro. Un suspiro salió de su boca mientras cerraba los ojos, y mi corazón empezó a bombear sangre fuertemente. Mi miembro empezó a crecer, no podía evitarlo. Sus labios se veían más carnosos y apetitosos que nunca.

Baje su pierna derecha y levanté lentamente la izquierda, hasta que mi rostro nuevamente se topó con el suyo frente a frente. Un nuevo suspiro salió de su boca y una ligera sonrisa se asomó luego. Ahora me miraba fijamente, como si pudiera ver mis pensamientos. Esos ojos color miel me estaban volviendo loco y mi miembro latía fuertemente, como gritando para salir de aquellos bóxers.

Traté de bajar su pierna lo más rápido posible, disimulando mi pánico en ese instante. Me puse de pié para irme, pero él me tomo de una mano y me dijo amablemente – Ahora te toca a vos. Debes tener algunos nudos por el trabajo de hoy en el gimnasio - No pronuncié palabra alguna, mi cuerpo reaccionaba solo, como si Alejandro me manejara como una marioneta.

Primero me quitó la camiseta que traía e hizo que me recostara boca abajo en la cama. Empezó a masajear mi espalda, sus manos recorrían mi cuerpo y yo me sentía en las nubes – Ves que necesitas relajarte de vez en cuando – yo solo afirmé con un sonido mientras me dejaba llevar por aquel masaje.

Sus manos fuertes recorrían mi espalda como si la conocieran desde hace mucho. De repente empezó a concentrarse en mi columna vertebral y fue bajando poco a poco hasta llegar a la frontera de mis bóxers – Con esto aquí no puedo continuar – no opuse resistencia y me dejé desnudar por completo, ahora estaba a merced de Alejandro. Estaba relajado, pero mi falo estaba más duro que nunca. Sus manos empezaron a tocar mis abdominales laterales y se acercaban peligrosamente a mis caderas. Sus dedos masajearon mi ingle, hasta que inevitablemente tocaron mi miembro. Estaba tan extasiado que no me importaba.

Giró mi cuerpo y me puso boca arriba. Abrí ligeramente los ojos y pude notar que me observaba con deseo de pies a cabeza. Entonces acercó lentamente su rostro a mi abdomen mientras sus manos empezaban a acariciar mis piernas. Empezó a besarme. Sentir sus labios y lengua jugando en mi cuerpo me puso a mil. Me besaba y bajaba lentamente por mi cuerpo. Lamió mi ingle y se detuvo un momento observando directamente mi falo – Esto es lo que necesitás… – y lamió lentamente mi miembro desde las base hasta la cabeza, haciéndome exhalar un fuerte suspiro – …y este es tu premio por el reconocimiento de hoy – introdujo mi pene en su boca hasta donde pudo. Yo sentía su saliva deslizándose lentamente por mi falo, mientras su lengua jugaba con mi glande. Estaba en el cielo.

Sus manos no se detenían y me tocaban todo el cuerpo. Poco a poco acerqué mis manos y acaricié su nuca. Era la mejor mamada que me habían hecho hasta ese momento. Sacó mi miembro de su boca, para empezar a devorarme las bolas, era increíble. Mi jefe me estaba dando una gran mamada como premio por hacer un buen proyecto.

Dejó mis bolas y empezó a subir con su boca a través de mi cuerpo. Mientras mi ensalivado pene rozaba toda su humanidad. Otra vez quedamos cara a cara, me observó un instante. Podía sentir su respiración y el podía sentir la mía, se acercó lentamente y nos fusionamos en una apasionado beso. Yo estaba loco, mis brazos reaccionaron instintivamente y aprisionaron su cuerpo contra el mío.

Giré y lo recosté sobre la cama. Empecé a besar su cuello, su pecho, sus pezones eran míos, su abdomen marcado era mío, su ingle era mía. Me detuve un momento para observar su rostro, estaba abrumado de placer, ya no pensábamos solo sentíamos. Vi su pene: estaba duro, latía y una brillante gota de precum se asomaba por la punta de su glande. Nunca lo había hecho, pero metérmelo a la boca fue lo más delicioso. Escuchaba como gemía y se retorcía de placer, lo sentía mío, a mi merced. Nunca pensé que mamar un pene fuera tan delicioso.

Continué bajando y lamí sus bolas. De repente, Ale levantó una de sus piernas y me dejó ver su agujerito. Entendí su pedido de inmediato y acerqué mi lengua, era increíble recorrer con mi boca todo el cuerpo de mi jefe. Jamás lo habría imaginado y menos que fuera tan delicioso – Hacéme tuyo Artu – me suplicó Alejandro. No me hice de rogar, yo mismo levanté sus piernas y coloqué mi glande en la puerta de su culo. Lo ensalivé una vez más y empecé a metérsela lentamente. Su rostro de dolor hizo que me detuviera, pero su “seguí papi, seguí” hizo que me excitara aun más y terminara de enterrársela toda. Por un momento no me moví, sentía como su culito latía y aprisionaba mi pene mientras se dilataba. No podía creerlo, Ale era todo mío ahora.

Empecé a bombear lentamente y su rostro de dolor había desaparecido, solo quedaba el placer entre nosotros. Gotas de sudor empezaron a caer desde mi frente sobre su abdomen y sentía que eso, acompañado de los gemidos de placer de Ale, me ponía a mil – que rico lo haces Artu, seguí. Rompéme el culo papi – definitivamente ninguno de los dos estaba en sus casillas.

De repente su ano empezó a aprisionarme con fuertes espasmos y su pene empezó a expulsar semen fuertemente hasta llegar a su pecho, había hecho que se viniera sin siquiera tocar su pene. Aceleré mi ritmo, mi respiración se agitó y ya no podía más. Me corrí en su culo en una eyaculación que parecía no terminar nunca. Me recosté sobre él sin sacar mi pene de su culo. Él tomó con sus dedos algo de su semen y lo puso en mis labios y me dio otro apasionado beso – Hace mucho que deseaba hacer esto contigo – me dijo sonriendo – Pero prométeme que esto quedará entre los dos. Yo te cuido, Tú me cuidas, ¿vale? – solo afirmé con la cabeza y selle nuestro pacto con un beso. Esa noche fue solo la primera de muchas noches que compartimos mi jefe y yo.

 


 

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Re: Mi Jefe y yo (Puntuación 0)
por Anonymous el Sábado, 30 enero a las 05:41:33
vos querer un jefe como tal!!!!
q deliciosos


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Re: Mi Jefe y yo (Puntuación 0)
por Anonymous el Lunes, 01 febrero a las 07:19:40
ah que tierno oye y aun estas trabajando con el digo te enamoraste de el platica
contactosdesiempre@hotmail.com


[ Responder a ésto ]



Re: Mi Jefe y yo (Puntuación 0)
por Anonymous el Martes, 02 febrero a las 07:53:35
todavia sigue agarrando con tu jefe estubo beno como cacharon yel te la metrio respondeme a frank_90_06arroba hotmail,com


[ Responder a ésto ]



Re: Mi Jefe y yo (Puntuación 0)
por Anonymous el Sábado, 20 febrero a las 19:07:50
yo a veces ago la paja pensando en un hombre y me gustaria acerlo por la primera vez pero tengo miedo y verguenzo pero me excita muxo al pensar en un pene bueno i tenerlo en mi mano i besarlo


[ Responder a ésto ]

 

 

 

 

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