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Gays: El chico de las empanadas
Enviado el Sábado, 23 enero a las 05:33:54 por ramiro706

 Me llamo Damian y tengo 33 años. Vivo en Palermo, Bs. As. Sin duda Palermo es uno de los barrios más gay del país. Soy un tipo alto, algo gordito, y tengo menos plumas que camionero. Pero siempre me gustaron los hombres, principalmente los más jóvenes.

La historia que les cuento pasó hace dos semanas, cuando pedí media docena de empanadas una noche que no quería cocinar.

Yo me encontraba en mi departamento viendo una porno que había bajado, era cerca de medianoche ya cuando sonó el timbre. Avisé por el portero que enseguida bajaba y así lo hice. Detrás de la puerta de vidrio de entrada al edificio, estaba parado con un paquete en la mano el chico del delivery. “Dios”, pensé, que fuerté está. Tendría unos 20 años, era alto, con lindo cuerpo y el pelo rubio cortito. Una cara de pendejo increíble. Me saludó, lo saludé y cuando le pagué con un billete de 50 pesos me dijo que no tenía cambio para darme el vuelto. Le dije que posiblemente arriba tuviera, así que se ofreció a subir conmigo, asi yo no tendría que volver a bajar. Subimos y al entrar al depto, en el monitor de la notebook se veía a dos flacos matándose en un 69.

- Disculpá, dije, mientras cerraba la tapa de la compu. -No pasa nada, todo bien. Además se veía que la estaban pasando bien esos dos no- dijo sonriendo.

Yo buscaba el cambio mientras le decía que no crea en las películas… y que a mi los 69 no me gustaban, que si me iba a chupar una pija, me iba a dedicar de lleno a eso, dándole todo el placer al otro. El chico entendió el mensaje, y sin vueltas me dijo que a él le gustaba mucho que le mamasen la verga.

Levanté la tapa de la compu y ahora se veía a un negro mamándole bien la verga a otro. ¿Ves? Eso me gusta. La dedicación.

Matías (así me dijo que se llamaba), se manoteó el bulto debajo del pantalón negro que traía. Y yo no me resistí a la invitación. Me arrodillé en el living, y le bajé la cremallera del jean. Metí la mano y de inmediato encontré su verga dura sobre la tela del boxer. Matías se aflojó el cinto, y se desabrochó el pantalón, y bajándoselo un poco, sacó su herramienta ante mis ojos. Era una verga dura, gorda, de unos 17 cm de largo. Desde el piso miré hacia su cara de nene y él sonrió. Abrí la boca y me fui comiendo su pija centímetro a centímetro. Hacía semanas que no me alimentaban a verga, así que me relajé y comencé a chupar cada lugar de su carne. El pibe jadeaba y suspiraba, mientras embestía primero con calma, y cada vez más rápido contra mi boca que devoraba todo.

¿te gusta mi verga? Me encanta- dije con la boca llena y medio ahogado. Es toda tuya, sacame la leche rápido, dale, que tengo que volver.

Empecé a apurar mis lamidas, con una mano lo pajeaba y con la boca presionaba todo su mástil. Matías sacó su verga de mi boca y me golpeó la cara varias veces con ella, me la fregó por todos lados, y de vuelta me la metía entera, hasta el fondo, hasta que me daban arcadas, pero yo seguía fiel a mi dedicación. Noté que su verga crecía aún más, se ponía bien dura en mi boca, y supuse que estaba por acabar, así que de repente bajé el ritmo, e hice una magistral garganta profunda con juego de lengua… Su leche explotó a litros dentro de mi boca, escurriéndose por las comisuras de mis labios, entre su pija lechosa y mi boca húmeda.

limpiala bien, dale. Me ordenó.

Y yo lo hice, saboreando todo.

Los de la compu ya estaban garchando a más no poder. Matías guardó su instrumento, le pagué, nos saludamos y después de decirme que pida por él cuando vuelva a querer empanadas, se marchó.

Mañana lo llamaré otra vez… después les cuento.

 


 

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