Portada - Top Relatos - Enviar Relato - Archivos

 

    Categorias Relatos

    Ultimos Relatos

Lunes, 09 agosto
· Viaje al Sur con la Mamá de un Colega
· En el camión
Sábado, 07 agosto
· El regalo para mi mujer
· María…
· Mi amante y un amigo de su hija
Miércoles, 04 agosto
· Una larga historia
· Cuando trabaje de hombre
· Del diario de Gabriela
Lunes, 02 agosto
· Aventura en el lago Calima
· Mi primo me comio por primera vez
· Me cogí a la hija de mi patrona
Sábado, 31 julio
· Cumpliendo mi fantasia
· Mi inicio al placer
· Mi cuñada es una autentica putita
Miércoles, 28 julio
· Todos viendo tu libertad
· Las putas solo pueden obedecer…
· Mi vecino macho heterosexual
Martes, 27 julio
· Esclava de juan
· La hija del Empresario
· Infieles vacaciones
Lunes, 19 julio
· Habitación 69
· Mi Primera vez Con el padre de mi mejor amiga
· El momento
Martes, 13 julio
· Cogiendo de forma espectacular
· De corazones rotos
· Uso y disfrute
Jueves, 08 julio
· Pasando la ITV
· Sexo en el boliche
· Fui Una Putita En Vacaciones
Martes, 06 julio
· Terapia anti-stress

Artículos Viejos

Hetero: General: Compañeros de piso
Enviado el Jueves, 21 enero a las 05:39:30 por ramiro706

 Marta se quitó el jersey, lo lanzó a su habitación desde el pasillo y se metió en el baño dejando la puerta entreabierta. Sus dos compañeros de piso estaban viendo la tele en el salón y comiendo palomitas de microondas.

Ya en el cuarto de baño encendió la estufa, se desabrochó los cordones de sus deportivas verdes, y se sentó sobre la tapa del váter con las piernas abiertas, agotada después de pasar el día en la universidad. Se miró al espejo. Desde esa posición sólo podía verse la cara, y se incorporó un poco, hasta verse las tetas. Llevaba una camiseta de tirantes color claro, con finas rallas rojas horizontales. Ese último año había perdido algo de peso, y sus clavículas resaltaban levemente bajo sus hombros delgados, en los que se cruzaban las tiras negras del sujetador con los tirantes de algodón de la camiseta.

A sus 20 años tenía los pechos firmes y redondos, más bien pequeños. Puso su mano sobre uno de ellos y lo rodeó con los dedos. Tenía el tamaño justo de su palma. Seguramente también el de la de Jorge, que seguía frente a la tele con Pablo, su otro compañero. Estaban tan concentrados que ni la habían mirado al llegar de la calle, sólo le habían dedicado un saludo sin levantar la vista de la pantalla. Los tres llevaban varias semanas viviendo en aquel piso, desde que empezó el curso, y desde el principio Jorge no había respondido a los coqueteos de Marta, una chica quizás demasiado tímida todavía para hacerle señales más claras.

Sentada en el baño, ella se dio cuenta de que la puerta no estaba cerrada del todo. La había dejado entornada, como si fuera a maquillarse o a lavarse las manos, aunque iba a meterse en la ducha. De repente eso le excitó. Pensó en cómo sería estar desnuda y que Jorge entrara de improviso. O quizás Pablo. Le gustaba menos, pero también sentía un extraño deseo de que la viera sin ropa. Todo era un juego de la imaginación de Marta, que empezaba a desear una sexualidad menos infantil. Hasta entonces había hecho el amor con varios novios, siempre a oscuras y con cierto pudor, pero desde que había cambiado de universidad, de ciudad, de amigos, sentía la necesidad de liberarse, de tumbarse desnuda en la mesa de la cocina con las piernas abiertas y otras fantasías que, naturalmente, ni se planteaba llevar realmente a la práctica.

Con esas ideas en la mente, Marta se quitó los calcetines y se frotó los pies para quitarles el frío. Como un juego, sin levantarse a cerrar la puerta, se desabrochó el botón de sus pantalones marrones, dejando ver un pequeño triángulo de sus braguitas blancas, mientras seguía con las piernas estiradas y sentada sobre la tapa del váter. Desde el salón llegaba el sonido de uno de los concursos de última hora de la tarde. No parecía que Jorge o Pablo fueran a levantarse del sofá, así que levantando un poco la espalda se bajó el pantalón, y luego retiró las dos perneras por los pies. Sentada en bragas, sólo con la camiseta de tirantes, se sintió vulnerable y excitada. A través de la rendija de la puerta veía el final del pasillo y escuchaba la voz de los chicos comentando el programa de la televisión. Volvió a mirarse en el espejo. Se fijó en su pelo castaño y liso que le llegaba hasta los hombros y en sus ojos claros. Se encontraba guapa. Se gustaba. Con su mano izquierda comenzó a acariciarse por encima de sus braguitas. El bulto de su vulva se apreciaba bajo la tela blanca. Se empezó a frotar apretando un poco con los dedos mientras vigilaba el pasillo y escuchaba las voces del comedor.

Lentamente dibujaba pequeños círculos, siempre por encima de sus braguitas, en las que se empezó a formar una humedad evidente. Marta notaba su propio olor con los ojos cerrados mientras se acariciaba, y Jorge la observaba ahora desde la puerta del baño, inmóvil para que ella no se diera cuenta. Quería seguir viéndola masturbarse lentamente, con los pies apoyados en la tapa del váter y las rodillas dobladas, la cabeza echada hacia atrás y la lengua asomando tímida y húmeda de sus labios.

Jorge se debatía entre quedarse en silencio para poder seguir contemplando a su compañera de piso de aquella manera en la que temía que nunca la volvería a ver, o si tentar a la suerte y acercarse a ella. Al fin y al cabo no había cerrado la puerta, algo que, sin ser consciente del todo, él intuía que era una invitación a pasar, una equivocación no del todo inocente.

No le hizo falta tomar una decisión. Marta abrió los ojos y se encontró con las rodillas dobladas, en bragas, frente a su compañero de piso. Le miró a los ojos, y no se sintió ni sorprendida ni avergonzada. Estaba muy excitada. Volvió a iniciar su caricia, y Jorge se empezó a convencer de que iba a ser bien recibido en aquel juego.

Por si quedaban dudas, ella se giró hacia él sin cambiar de postura. Su entrepierna quedó ahora frente a Jorge, que no sabía si dirigir la mirada a los ojos de Marta o a sus braguitas blancas con una considerable mancha de humedad. Ya consciente de la situación y de lo que hacía, Marta había tomado una decisión. Con su mano izquierda retiró la parte central de su braguita, dejando al descubierto su vagina frente a su compañero de piso. Era una vulva de color rosado, bien depilada, con un triángulo de bello sobre el monte de venus.

Con un dedo estiró su vulva hacia arriba, y sus labios se abrieron ligeramente, dejando ver el interior de su coñito y su agujero. Jorge se acercó hacia ella cerrando la puerta del baño. Al llegar a su lado, Marta le agarró por el cierre e sus tejanos. Se irguió, levantó la camiseta del chico y comenzó a besarle por debajo del ombligo. Con la lengua en punta dibujaba círculos en su vientre, adentrándose por debajo de la cintura del pantalón.

Desabrochó el botón, bajó la cremallera, y con su mano agarró el pene de Jorge, en erección, por encima de sus calconcillos. Empezó a hacerle un masaje arriba y abajo, lentamente, hasta que levantó la goma de los elásticos y acercó su cara. Con los labios formando un beso retiró la piel del glande, que pronto se encontró con la calidez de la lengua de ella y su saliva. Mientras seguía masajeando el pene con una mano, los labios acariciaban la punta, y la lengua se movía jugueteando.

Jorge todavía no se creía lo que estaba pasando. Miraba hacia abajo y veía la melena de su compañera de piso, su ralla del pelo. Acariciaba la cabeza de Marta, la agarraba de los hombros y la empujaba hacia él, mientras ella seguía chupándole la polla con fruición. Jorge movía un poco las caderas hacia delante, como si la estuviera penetrando, introduciendo cada vez un poco su pene en la boca de ella.

Cuando paró, Marta se secó la boca con el dorso de la mano, se levantó, y besó a Jorge profundamente. El la agarró por la cintura, metió sus manos por debajo de su camiseta y le acarició la espalda. Después volvió a bajar, hasta encontrar sus bragas, las nalgas de su compañera de piso, erguidas y tersas. Apretó un poco una de las nalgas, agarrándola casi desde el muslo y separándola de la otra. Marta respondió subiendo un pié a la taza del váter y apretando su pubis contra el de Jorge.

Dueña de la situación, y sin poder esperar ya más, ella se dio la vuelta y se apoyó en la cisterna del váter. Jorge tuvo frente a sí el culo de marta. Primero le acarició en círculos por encima de las bragas, y luego se las bajó un poco, lo justo para ver sus nalgas algo enrojecidas por haber estado sentada tanto rato sobre una superficie dura.

Él se fijó en su entrepierna, un lugar un poco oscuro. Pasó sus dedos por allí, notó su vagina, su culito, la humedad de la zona. Marta lanzó un suspiro, y él se olió los dedos para conocer mejor a su compañera de piso.

Se bajó del todo sus pantalones y sus calzoncillos y, guiándolo con la mano, situó el pene entre las nalgas de su amiga. Lo deslizó arriba y abajo, frotándose contra ella. Lo pasó primero por su culito, amenazando en broma con entrar por ahí. Marta no protestaba, pero él bajó un poco más, notó la humedad de su coñito, y apoyó su glande en la entrada de su agujero. Sólo tuvo que apretar un poco las caderas contra el culo de ella, y su pene entró suavemente en vagina, húmeda y caliente como una boca, mientras las nalgas de Marta chocaban contra Jorge.

Inició entonces un lento vaivén, entrando y saliendo de su coñito y notando el culo de ella contra su tripa. Marta agarraba con fuerza la cisterna del váter y su respiración era acelerada. Apretaba los ojos con fuerza.

Por primera vez estaba disfrutando del sexo sin pudor: su compañero de piso se la estaba follando por detrás en el baño.

 


 

    Enlaces Relacionados

· Más Acerca de
· Relatos de ramiro706


Relato mas leido sobre :
Jovencitas

    Votos del relato

Puntuación Promedio: 0
votos: 0

Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo

    Opciones


"Login" | Entrar/Crear Cuenta | 0 Cometarios
Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.
 

 

 

 

Fullrelatos.com relatos eroticos gratis a full © 2008

Resolución 800 x 600 pixeles