Me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí, arriba, abajo y seguía el vaivén, sentí sus manos apretando mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón.
Cada vez que estamos cerca, la respiración se agita, todas las neuronas pierden el sentido… la piel se eriza solo con un roce, él tiene la particularidad de agotar mis palabras y alborotar mis instintos.
Esa noche quedamos en vernos después de las 9, él pasaría por mí… La sola idea de saber que pronto estaría bebiendo de su aliento ya hacía que mi lengua se enredara, a medida que el reloj andaba yo perdía más y más la razón… ¡pero tenía que contenerme!
Puntual llegó, y allí estaba yo lista, en la puerta muriéndome de ganas por devorarlo completo… -Hola, ¿cómo estás?, un corto beso a modo de saludo, las conversaciones habituales, las preguntas pertinentes… y mi piel ardiendo… me pidió que lo acompañara a mirar un nuevo departamento. Llegamos, todo era blanco, hermoso, muy amplio y bastante acogedor.
Me sirvió una copa y me invitó a seguirlo a una de las habitaciones, allí pensé que por fin comenzaría a dar rienda suelta a mis instintos… pero estaba equivocada, quien le daría rienda suelta a sus instintos era él. Nos besamos apasionadamente, al llegar al punto cuando la ropa estorba, se detuvo en seco y me pidió muy dulce que me quitara la ropa, aquello era extraño, si bien ya habíamos estado juntos muchas veces lo usual era que nos quitáramos la ropa al ritmo de los besos y compartiendo la tarea… pero ese día, esos no eran sus planes. Salió de la habitación llevándose con él toda mi vestimenta, solo me dejó la copa y una pícara ¡sonrisa!
Regresó al rato, encendió el aire acondicionado y me llevó a una especie de columpio donde con cuidado ató mis manos a cada lado sobre mi cabeza; por la forma del asiento mis piernas quedaron abiertas y todo mi sexo expuesto, mirando mi cara de sorpresa, me calmó con un beso y me dijo que me relajara y los disfrutara… se fue, dejándome allí sola, en esa hermosa y solitaria habitación…
Sentí que el aire acondicionado estaba bajando la temperatura de la habitación, el frío comenzó a surtir efecto en mí, mis pezones estaban encendidos y ese hilo de aire frío entrando en mi sexo me ponía a mil…
Allí me dejó un buen rato, entre la lujuria y la sorpresa, el frío solo lograba excitarme un poco más… abrió la puerta y allí estaba él, cargado con muchas “sorpresitas” para pasarla bien esa noche, me alegraba mucho verlo, sentí que estaba más cerca la hora de sentirlo… puso un poco de aceite sobre mi cuerpo y comenzó a masajearlo… se sentían muy bien sus manos sobre mí… siempre teniendo cuidado de no rozar mi pecho ni mi sexo, se esmeraba en mis piernas, mi abdomen y mi cuello… era delirante, la necesidad que tenía de sentirlo y el no poder siquiera tocarlo con mis manos… comencé a mojarme a chorros… él seguía muy paciente… luego sentí un spray en mi conejito y luego la sensación de calor que se iba produciendo en el, quise moverme para lograr un roce de su cuerpo… pero no lo conseguí, estaba muy lejos de mis límites.
Decidí dejar de luchar, cerrar mis ojos y sentir… el masaje paró, después de un ruido sentí un roce muy suave y un olor delicioso… ¡eran flores! Pero flores que solo lograban excitarme más, con ellas recorría mis oídos, mis pechos, toda mi entrepierna, mis pies… la sensación era extraña, necesitaba sentir su piel, y estaba allí a pocos centímetros de mi, pero no podía tocarlo, mi excitación estaba en un grado nunca antes conocido por mi… necesitaba sentirlo, él lo sabía y disfrutaba mi angustia, mis ganas, mi desespero… poco a poco las neuronas fueron perdiendo el norte.
Nada era más importante que sentirlo dentro de mí… sentía el calor de mis fluidos chorrear por mis muslos… llegó la hora del chocolate, y poniendo pequeñas dosis sobre los puntos estratégicos y limpiándolos cuidadosamente con su lengua me hizo delirar…y él, sintiéndose satisfecho con el nivel de excitación al que me había hecho llegar, decidió desatar esas odiosas cintas de seda y dejar libres mis manos, pudiendo cambiar de posición y lanzándome sobre él… de nuevo, truncó mis intenciones, se apartó y se acomodó en un mullido sofá con una sonrisa llena de lujuria y picardía…
De nuevo busqué la forma de colocarme sobre él, quería disfrutar su cara de placer, verlo gozar mientras me poseía, verlo cerrar los ojos y gritar… pero sin darme cuenta me puso de espaldas a él, y apartando mis nalgas se abrió paso dentro de mí, allí me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí… arriba, abajo, arriba, abajo y seguía el vaivén… sentí las gotas de sudor resbalando por mi espalda, sus manos apretando cada centímetro de mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón…
Los movimientos se hacían cada vez más rápidos, – sigue, sigue y no pares me pedía… como podía parar si tenía tanta lujuria acumulada… comenzaron latigazos eléctricos a recorrer mi espalda, las gotas de sudor eran más constantes, la sangre se agitó y sentí todo mi cuerpo estallar en un orgasmo muy intenso y estremecedor… al sentir su leche caliente corriendo dentro de mi… allí quedamos bañados en sudor, exhaustos de tanto placer, dormida sobre su pecho…
Y hoy, días después, aun lo recuerdo y siento como se eriza mi piel, como la electricidad de su lujuria me recorre hasta el fin…
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