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Sexo con maduras: Como gemía mi suegra
Enviado el Miércoles, 09 septiembre a las 05:14:01 por nachox

 La llevé a la cama acostándola boca arriba y le puse la cabeza de mi pinga en su entrada y poco a poco fui penetrándola, ya que como tenía años de no sentir una pinga la tenía bien estrecha, parecía que estuviera desvirgando a una adolescente, por lo que al llegar al fondo de su cueva solo sentí el quejido corto y hondo, por lo cual supe que de ahí en adelante lo que seguía era placer a montón.

Como ustedes recordaran había sido infiel a mi esposa con su amiga Mariluz, algo que me abrió las puertas del deseo, ya que me hizo recordar que estaba vivo y desde ese momento busqué siempre que se daba la oportunidad la persona adecuada para saciar mi apetito sexual. La relación con mi esposa estaba un poco distante y la verdad en la cama el polvo solo era por cumplir, ya que ella solo se acostaba boca abajo y ya, sin besos, ni abrazos ni gemidos, solo la gruta y que me matara yo solo. Y es por eso que allí entra mi suegra, ya que mi esposa le había contado como andaba nuestra relación y la verdad que la comunicación con mi suegra no era mala, por lo que un día estando yo en el apartamento, escucho el intercom y al ir a contestar, era mi suegra, me quedé extrañado ya que ella no nos visita muy a menudo y menos cuando su hija no estaba.

Al abrirle la puerta me saludó y entró, debo describir a mi suegra como una mujer de tamaño pequeño, nalgas chatas, senos grandes un poco caídos… Una mujer normal a sus cincuenta y tantos años. Después de sentarse me comenzó a preguntar sobre mi relación con su hija, me dijo que ella le había comentado lo fría que estaba y me preguntó qué estaba pasando, ya que ella nunca había visto a su hija tan preocupada, incluso me preguntó si yo le ponía los cuernos a su hija. Por lo que yo le contesté ¿Qué tan franco quiere que sea? Y ella me respondió: Quiero la verdad.

Yo comencé a contarle como su hija había pasado de ser una fiera en la cama a ser un pedazo de carne, que últimamente el sexo no era satisfactorio para mí y aunque no tenía planes de dejarla, tenía que buscar la forma de satisfacer mis instintos, aunque nuestra relación era buena en otros aspectos el sexo se había ido a la porra. Mientras hablaba veía como mi suegra iba abriendo sus piernas sin darse cuenta, y como mi mirada iba tratando de ver los muslos y el panty que traía, ella al darse cuenta me dijo ¿mi hija no te da lo suficiente para saciarte? Y yo ni corto ni perezoso le contesté: La verdad no, porqué, ¿Usted si lo haría?

Me miró a los ojos y me dijo: Puedo ser tu madre, entonces me levanté y me senté al lado de ella mientras metía mi mano en su entrepierna y le dije: Si, pero no lo es, y comencé a acariciar su concha que estaba caliente, y comenzaba a manar líquidos mientras mis dedos subían de arriba abajo, delineando la entrada de su gruta mientras ella gemía, con pasión y casi sin aliento, mientras yo trataba de echar el elástico del panti, para poder acariciar su vulva mojada, a pesar de su edad se notaba que su concha recordaba lo que era una caricia, aunque conociendo a mi suegro, me imagino que su posición favorita era el misionero.

Por lo que en un momento comencé a desnudarla, no podía perder la oportunidad de cogérmela ya que con la calentura que andaba cualquier concha es buena. Le bajé los pantis y le quité el corpiño, saliendo dos tetas de buen tamaño, aunque caídas, y con mi mano derecha la masturbaba mientras mi boca se pegaba al seno chupando y chupando hasta sentir su orgasmo en mi mano, me levanté y le pregunté si alguna vez había mamado un verga, y me contestó que no, a lo cual me levanté y le puse mi pinga en la boca, ella con un poco de miedo me dijo: Está muy cabezona, no sé si me entre, a lo que le dije: Inténtelo, ella abrió la boca y se metió media cabeza chupándola al principio ruda pero con los segundos, comenzó ha hacerlo de manera espectacular que casi me hizo venir.

De manera que cambiamos posiciones y yo le comencé a chupar su concha, tenía buen sabor y un exquisito aroma, aunque tuve que abrirme paso por su mata de pelo, que según me contó no se rasuraba hacía años. Al seguir chupando noté como se mojaba y en un momento sentí el palpitar de su concha y un chorrito de jugos llenar mi boca.

En ese momento supe que estaba lista y me la llevé a la cama, acostándola boca arriba y entre sus piernas le puse la cabeza de mi pinga en su entrada y poco a poco fui penetrándola, ya que como tenía años de no sentir una pinga la tenía bien estrecha, tanto que parecía que estuviera desvirgando a una adolescente, por lo que al llegar al fondo de su cueva solo sentí el quejido corto y hondo, por lo cual supe que de ahí en adelante lo que seguía era placer a montón. Por lo que comencé mi bombeo suave y sostenido hasta que la lubricación fue en aumento…

Le subí sus piernas a mis hombros y comencé a bombearla fuerte y hasta el fondo, mientras ella se retorcía, gemía como loca y pensé que su hija nunca hacía eso, por lo que en un momento de calentura, le llené la concha de mi leche y se la hundí hasta el fondo, mientras me descargaba y le acariciaba las tetas.

Cuando su respiración se hizo más suave me bajé de encima de ella y me recosté a su lado mientras le acariciaba el monte de Venus poblado de una pelambrera grande y negra. En ese momento me preguntó si estaba satisfecho y yo le contesté: Satisfecho si, saciado no, ella abrió sus ojos como platos y me confesó: Mijo apenas pude soportar este polvo y tú quieres hacer otras cosas más, y le contesté: Así es la vida, si no le gustó puede levantarse e irse…

La muy bribona se levantó para arrodillarse frente a mi pinga y comenzar a mamar y mirándome a los ojos me dijo: -Entonces no perdamos más el tiempo.

Y eso amigos ese fue uno de mis encuentros con mi suegra, más adelante le contaré como la convertí en mi esclava sexual.

 


 

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Re: Como gemía mi suegra (Puntuación 0)
por Anonymous el Miércoles, 23 septiembre a las 20:08:48
muy bueno


[ Responder a ésto ]

 

 

 

 

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