Estoy en la cocina después de comer limpiando los platos. Hemos comido juntos yo, mi hermano Peter, papá, mamá, la abuelita Inés, tío Tom, su mujer...
Estoy en la cocina un rato después de comer con toda la
familia, estoy limpiando los platos. La comida ha sido bastante concurrida pues
ha venido la familia de Santiago de Compostela y el comedor parecía un auténtico
banquete de bodas. Con tío Tom y su mujer, su hijo carnal y su chinita adoptiva,
de 6 y 4 años respectivamente, y el suegro de Tom; el viudo don Jonás. Todos
estos nuevos visitantes junto con nosotros; yo y mi hermano Peter, papá y mamá,
y la abuelita Inés. Nos han dado a mi y mamá trabajo para un regimiento.
Hemos comido muy ricamente; pollo asado con guarnición. Siempre me he preguntado
si lo que comemos es realmente pollo, o gallina. Porque digo yo que no harán
selección genética en las granjas para que salgan todo pollos, entonces supongo
que se le llamará pollo asado pero también habrá gallinas. En fin, que con su
abundante guarnición hortelana, tanto da que fuera pollo, gallina o cuervo, ha
estado para chuparse los dedos. Pero todo beneficio tiene su contrapartida, y
aquí estoy yo limpiando el montón de platos y trastos que hemos ensuciado entre
todos. Podría haberme ayudado alguien en ello pero todos se han ido a echar la
siesta. Y yo como no tengo la costumbre de pegar la siesta después de comer,
aquí me tienes; pringando.
Diversos platos se van escurriendo entre mis dedos del fregadero de los sucios
al fregadero de los limpios. A la izquierda están asquerosamente grasientos y
pegajosos, y a la derecha relucientemente embadurnados de jabón, esperando que
los enjuague y los coloque en el ya repleto escurreplatos. Estoy colocando uno
de ellos con soltura cuando noto un contacto que me es un poco familiar; alguien
me está tocando el culo.
-Daisy: ¡Peter!
Lanzo este grito enojada mientras a la vez me giro para reprochárselo con mi
asesina mirada, pues mis ampapadas manos no se pueden retirar aún del fregadero.
Pero tal es mi sorpresa cuando descubro que no es Peter que me ha hecho esta
pequeña broma, sino Jonás, el suegro de tío Tom.

-Daisy: oh señor Jonás, que susto que me ha dado usted. Creía que era Peter, mi
hermano que a menudo me hace bromas similares.
-Jonás: perdona por la sorpresa Daisy, ¿pero qué sería la vida sin las
sorpresas?
-Daisy: tiene usted razón, qué sería de la vida sin las sorpresas y los chistes
malos, je je, pero es que esto Peter me lo ha hecho decenas de veces y ya
empieza a hacérseme pesado.
-Jonás: te repito mis disculpas. ¿Puedo ayudarte en algo?
-Daisy: pues sí me iría bien. Me ha sido encargada la limpieza de toda la
batería y me faltan manos. Póngase usted en el lado de los platos limpios y
enjuáguelos para colocarlos en el escurreplatos, en 20 minutos estaremos.
Así lo hazemos don Jonás y yo y vamos acabando la tarea mientras a la vez
hablamos de trivialidades en que nos conocemos un poco. Él me dice que en
Santiago la vida es muy diferente que aquí, ni mejor ni peor, pero que me
gustaría visitarlo simplemente para cambiar un poco.
-Daisy: pues sí, por qué no. Quizá el próximo verano me organizo con un par de
amigas y venimos. ¿Podríamos hospedarnos en su casa verdad?
-Jonás: claro hija, faltaría más.
Así entre plato y charla acabamos la tarea en un tris tras. Pero una vez limpios
todos no nos separamos del fregadero, pues seguimos hablando de una cosa y otra
y se nos hace difícil cambiar de sitio.
-Jonás: así que tu hermano te suele tocar el culo?
-Daisy: sí, es un gilipollas. Lo hace cuando menos me lo espero y por eso me he
creído que era él cuando usted...m... lo ha hecho.
-Jonás: lo siento de veras, solo quería hacerte una pequeña broma para dejar de
ser para ti un familiar lejano y convertirme en tu amigo.
-Daisy: lo ha conseguido, le aseguro que lo ha conseguido Jonás.
-Jonás: bien pues, ahora que somos amigos ¿que te parece si hacemos un par de
cafés y nos sentamos en el sofá a mirar la tele.
-Daisy: por supuesto, siéntese usted que yo me encargo de la cafetera.
Jonás se dirije al sofá, que está en la misma habitación salón/comedor/cocina, y
yo me pongo manos a la obra para hacer un par de cafelitos. Pongo agua en la
cafetera, café, lo tapo y lo pongo encima del fogón. Saco un par de tazas,
leche, azucar y estoy averiguando que no me haya dejado nada cuando vuelvo a
sentir ese contacto que me es tan familiar. Alguien me vuelve a tocar el culo,
pero después de la sorpresa de hace un rato prefiero no dejar ir mi habitual
reflejo/grito. Me giro lentamente y vuelvo a sorprender a Jonás en pleno acto
de...
-Daisy: ¿y bien, no le averguenza parecerse a Peter?
-Jonás: me averguenza parecerme al crío de tu hermano, pero me da inmensa
envidia no poder hacer esto cada día, cada hora, cada vez que me tropiezo
contigo dada la vuelta.
Dice estas sabias palabras sin sacarme la mano de encima. Pero como ahora me he
girado su mano no está en mi trasero sino en mi barriga. Me acaricia suavemente
sin hacer caso a mi asesina mirada, que le dispara rayos laser a lo largo del
brazo que tiene puesto en mi, pero yo tampoco me atrevo a retirársela. Su mano
me tantea la barriga unos largos instantes. En un momento dado yo tomo su brazo
con mi mano con el primer impulso de retirársela. Pero una vez que lo tengo en
mi poder, no me atrevo, y lo único que hago es corresponerle la misma caricia
que me hace él.
Mis ojos no dan crédito a lo que ven; el suegro de mi tío me está sobando la
barriga en plan sexual, y yo lo acepto tan totalmente que incluso le acaricio el
brazo. Mi mirada está pegada a la suya desde hace no sé cuanto rato, no me he
dado ni cuenta de que él se me ha ido acercando. Y gran es mi sorpresa cuando
veo que abre la boca, señal de que está a tocar mío. Sin pensarlo mi boca
también se abre, para recibir con la mía, su lengua, que tanto la mía en su boca
como la suya en la mía, juegan a la francesa. Durante este fogoso primer beso,
nuestros brazos se sueltan y nos damos un fuerte y candente abrazo.

No besamos abrazados un buen rato durante el que nuestras manos van haciendo sus
propias progresiones. No importa cual de los dos ha sido primero, pero en un
momento dado estamos los dos sobando el sexo del otro. Nos hemos desnudado
también inconscientemente, y estamos desnudos ante la cocina; yo cascándole un
grueso cipote y él metiéndome no sé cual de los dedos en la panocha.

-Daisy: oooooh, ahora vas a ver.
Me agacho celosa y me meto su cipote en la boca de un trago. Mientras con una
mano le aguanto la verga, con la otra le manoseo los cojones para hacerlo gozar
cuanto sé a mis escasos 17 años. Consigo mi perverso propósito pues lo oigo
gemir al ritmo que me meto su polla entera en la garganta.
-Jonás: ahmm, mmm, mhmmm.

Lo sigo mamando un rato en el que me lo paso deliciosamente, marcando a cada
tragada un nuevo récord en centímetros de verga dentro de mi boca. Llega un
momento en que me endereza. A indicaciones suyas me siento en el marmol de la
cocina y me le abro de piernas. Él apunta su capullo en mi rajita y sin
metérmela aún, me besa en la boca de nuevo. Estamos jugando con nuestras lenguas
cuando de sorpresa empuja su cadera y me la mete toda.
-Daisy: ¡ooooooooh!

Sus manos ahora no me acarician tiernamente como antes, sino que me toman de la
cintura para controlar con precisión el "trabajo". Lo hace vigorosamente
metiéndose en mi hasta el último milímetro que dios le permite. Agotando en cada
calada incluso las micras a que nuestro vello púbico se opone, empujando cual
ariete en la puerta del castillo. Las habitaciones en que duerme el resto de la
familia están bastante alejadas de la cocina, e incluso hay varias puertas que
las separan en nuestra gran casa. Por lo que no tengo miedo alguno en soltar por
mi boca la energía que Jonás mete dentro de mi por la entrepierna.
-Daisy: oooooh, ooooh, oooooh, oooooh.
Jonás no parece decidido a hacer en amor en esta posición. Por lo que a
indicación suya me siento en una silla y él, por increíble que parezca, se pone
de rodillas o se agacha o yo qué sé qué hace pero me la vuelve a meter en mi
abierta y sentada entrepierna. Yo me cojo de sus hombros para hacerle en lo
posible más fácil esta récord Guiness posición. Nada más metérmela siento un
fuerte orgasmo que me nubla la vista. Estallo a gemidos sin freno mientras no
ceso de sentir como se mete y remete dentro de mi sin apiadarse de mi lamento.
-Daisy: ¡ooooooh, ooooooooh, oooooooh, ooooooh, mgfkdloyfd!

Vuelvo al mundo real y noto mis ojos llenos de lágrimas. Me da igual la horrible
cara que debo hacer, trato de sentir en lo máximo sea posible la verga de Jonás
que parece no haber perdido ni un átomo de energía. Le acaricio la cara
entregándole en amor, el regalo que él me hace en sexo. Cierro los ojos pero de
ellos no cesan de salir lágrimas. Un misil nuclear estalla dentro de mi cabeza,
el mundo se vuelve todo blanco mientras siento como tiemblan todas las músicas
del mundo dentro de mi. No sé donde estoy pero me gustaría quedarme aquí
eternamente.
Poco a poco vuelvo a la realidad, lo primero que puedo reconocer es la cara de
Julián que suspira agotada entre mis brazos. Aún me noto su verga dentro pero
noto que se está desinflando. Me miro entrepierna y veo su miembro viril
encajado en mi rajita, pero decreciendo de tamaño por momentos. Cuando este sale
-plop- sale también un salpico de blanca leche, que lagrimea abundante la silla
y el suelo. Jonás y yo nos enderezamos y vestimos con cauta rapidez. Tomo la
cafetera, que afortunadamente apagué en el momento oportuno, y la sirvo en la
mesa ante en sofá. Estamos tomándonos dos densamente azucarados cafés cuando
entra mi madre.
-Mamá: uy Daisy, veo que ya has conocido al abuelo Jonás.
-Daisy: sí, me ha ayudado a limpiar los platos.