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Intercambios: Me encanta como me cogés
Enviado el Lunes, 15 junio a las 04:59:00 por nachox

 No hubo gritos ni jadeos exagerados. Todo lo contrario, me dio la impresión de que se contenía un poco para no perder el control por completo. Me retiré mientras ella se tranquilizaba y Alberto la penetró con la fuerza que dan unas ganas reprimidas. Ella lo abrazó y lo besó y se vino por segunda vez arrastrando en sus contracciones a un Alberto que parecía eyacular dentro de ella hasta el infinito.

Por fin los conocía. Alicia y Alberto. Lo más difícil fue el primer contacto directo. Ella estaba muy nerviosa y prácticamente no me miraba a la cara. El, por el contrario, se veía feliz. Los había conocido una semana antes a través de una página Web.

Ellos, ambos profesionales, de buen nivel cultural y de una conversación natural daban sus primeros pasos para hacer un trío con un hombre. El de aspecto normal, de cuerpo trabajado sin llegar a ser voluminoso. Ella linda de cara y un cuerpo muy conservado y con las curvitas naturales que se muestran después de haber tenido dos niños. Me agradaron desde el principio. Nada de complejos ni poses rebuscadas.

Comenzamos a hablar de todo y de nada y de repente les dije que me parecía que nos íbamos a llevar muy bien, pero que pensaba que ella necesitaba algo más de tiempo para adaptarse del todo a la situación. El, un poco sorprendido aceptó y a ella se le notó de inmediato el alivio. De allí en adelante todo marchó sobre ruedas. Ella se relajó, y alcohol de por medio, empezó a soltarse un poco y a perder toda su rigidez y timidez inicial. Al momento de despedirnos ella me besó muy cerca de la boca y con una lentitud prometedora. La semana siguiente nos llamamos todos los días y ella cada vez se mostraba más atrevida en las conversaciones.

A mitad de semana Alicia llegó a preguntar mi opinión sobre que ropa interior le quedaría mejor. Fui sincero: su largo pelo negro resaltaba mucho mejor con el color rojo. Por supuesto que ya estaba sobre entendido que en nuestro próximo encuentro iríamos más allá y la espera del fin de semana tan solo aumentaba la tensión sexual. Al final les dije que yo solo opinaba sobre el color, pero que el modelo le tocaba elegirlo a su esposo. Alberto aceptó encantado. Al igual que en la primera vez, quedamos en encontrarnos en una ciudad “Neutral”, es decir, donde el riesgo de encontrar a alguien conocido fuera menor y los tres nos sintiéramos más a gusto.

Nos encontramos en un sitio nocturno tranquilo al cual llegaron puntuales. Esta vez ella me miraba a la cara sin problemas y usaba ropa mucho más atrevida. Es increíble lo sexy que se veía. Parecía otra mujer. Se lo dije, y ella comentó que la primera vez fue casi obligada por Alberto pero que esta vez era distinto…

Sugerí seguir con los tragos en el bar de mi hotel y nos instalamos rápidamente. Comimos algo y después fuimos hasta mi habitación. Era amplia y con una excelente terraza. Hablando en la terraza me acerqué a ella y la tomé por la cintura. Ella se pegó a mí y la besé suavemente en los labios. Alberto muy inteligentemente se disculpó para ir al baño y entonces pude ya besarla con mucho más detenimiento. Sentía sus senos medianos y naturales apoyados en mi pecho y su sonrisa franca entre beso y beso. Pasamos a la habitación y nos sentamos en el sofá. Llegó Alberto haciéndose el inocente preguntando que hacíamos y le respondí: hacíamos esto, la besé nuevamente y su lengua cálida me hizo pensar en que Alberto era un tipo con suerte…

Le quitamos la blusa entre los dos y no me quedó más que felicitar a Alberto por su elección: al quitarle su corta falda, Alicia mostró un conjunto de ropa interior color ladrillo que realmente le quedaba espectacular.

Alberto se sentó en la cama, a mirar tranquilamente el espectáculo que le ofrecíamos su esposa y yo. La recosté del sofá, y separando sus muslos empecé a tocarle su coño por encima de la panty. Siempre he odiado esas películas porno donde las protagonistas las penetran y parecen máquinas. Bellas, pero sin pasión. En cambio, allí tenía yo a Alicia, con su respiración agitada, con el rubor en su cara y pecho y con una humedad entre sus muslos que no dejaba lugar a dudas acerca de su excitación.

Cuando me arrodillé para besarle el coño Alberto se desnudó y empezó a masturbarse.

Estaba claro que aquel era su sueño y le dije a Alicia que no dejara de mirarlo ni un instante mientras yo le comía el coño. La desnudé por completo y empecé a lamer toda su intimidad, llenándome la cara con sus jugos… era una mezcla de olores, sabores y texturas que yo estaba disfrutando a mis anchas.

Ella, fiel a mis indicaciones, no dejaba de mirarlo, mostrando en su cara las señales inequívocas de placer mientras yo seguía enfrascado en una batalla contra su clítoris. El orgasmo le llegó a Alicia de una forma sorpresiva, abrió mucho los ojos y cuando trató de contenerse en un último vestigio de pudor ya era tarde: se vino en mi boca y el movimiento espasmódico de sus caderas duró unos treinta deliciosos segundos.

No hubo gritos ni jadeos exagerados. Todo lo contrario, me dio la impresión de que se contenía un poco para no perder el control por completo. Me retiré mientras ella se tranquilizaba y Alberto la penetró con la fuerza que dan unas ganas reprimidas. Ella lo abrazó y lo besó y se vino por segunda vez arrastrando en sus contracciones a un Alberto que parecía eyacular dentro de ella hasta el infinito.

Ella apenas se secó un poco con una toalla y me llevó hasta la cama donde me acosté y ella se sentó sobre mí. Empezó con sus movimientos lujuriosos y me hizo estallar al decirme “me encanta como me coges…”.

Desde esa noche los tres hemos sido los mejores amigos, hemos compartido ratos realmente inolvidables… y nos alegra el pensar en todo lo que todavía nos falta por experimentar….y que ya estamos planificando…

 


 

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