Confesiones: FANATICA DEL FISTING
Enviado el Lunes, 29 diciembre a las 15:36:11 por nachox
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Mi marido podria cogerme por el culo o por la boca y meterme en la vagina las dos manos al mismo tiempo o su verga, pero empuñada en su mano y masturbarse dentro de mi.
Soy una mujer de 42 años, casada y con dos hermosos hijos, mi esposo tiene también 42 años y somos una pareja estable y bien acomodada, tenemos 18 años de casados, él es blanco, fornido, pelo castaño obscuro, ojos café muy claro mide 1:72, y es guapo, yo soy blanca delgada mido 1:59, pelo largo color castaño obscuro, ojos café claro y a pesar de ser delgada mis piernas son mi orgullo por estar muy bien torneadas, y según dicen quienes me conocen soy bonita.
Pues bien, para entrar en nuestra historia deben saber que nuestra vida sexual ha sufrido muchos cambios, al inicio, de recién casados manteníamos relaciones prácticamente todos los días, en cualquier lugar y de cualquier forma, esto continuó así hasta que quedé embarazada, ahí ocurrió algo que no puedo explicar, mi deseo desapareció, nuestras relaciones íntimas comenzaron a espaciarse por períodos de hasta cuatro meses, y no es que él no lo deseara, lo que ocurría era que yo no lubricaba lo suficiente y el sexo se convertía en algo doloroso.
Él se quejaba continuamente de mi falta de interés, y yo alegaba que el cuidado de los hijos me tenía agotada, que si los cambios hormonales, que si estaba inflamada, que si estaba en mi regla, dormía a mis pequeños en nuestra cama, en fin, ponía mil pretextos para mantenerlo a distancia y cuando no tenía más opción aceptaba, él me cogía y quedaba contento por lo menos por otros quince días a los que seguían otros quince días de problemas y así sucesivamente.
Esto no cambió hasta que una noche me reclamó más airadamente que de costumbre diciéndome que no era normal ni lógico que un hombre de su edad tuviera que vivir masturbándose todos los días porque su esposa no encontraba un solo momento para hacer el amor, me preguntó si ya no sentía lo mismo por él e incluso habló del divorcio, entonces le confesé apenada que mi vagina estaba constantemente seca y que tener sexo me resultaba doloroso, soltó un par de palabrotas y me reclamó el que no se lo hubiera dicho antes, salió de la casa con un portazo.
Estaba lavando los trastes cuando mi marido regresó con un frasco de lubricante vaginal, me llevó a la sala me levantó la falda, bajó mis calzoncitos y me sentó en el sofá, me hizo abrir las piernas y se aplicó gel en los dedos procediendo a embarrarme toda de gel, la sensación era un tanto extraña por lo frío del gel, pero no particularmente excitante hasta que comenzó a meterme el dedo.
¡Qué delicia! me recordaba lo que sentía cuando éramos novios, un gruñido de satisfacción abriendo más mis piernas y acariciando su verga sobre el pantalón, me sentía en la luna, estaba tan caliente que no supe de donde tomé el coraje para pedirle -¡Méteme otro!, él pasaba saliva y poco a poco me metió el cuarto dedo, ohhhh, me sentía más abierta que nunca, rápidamente desabroché su pantalón y liberé su verga para masturbarlo, pero no podía hacerlo bien, era demasiada mi calentura, así que lo dejé y me enderecé para ver como sus dedos entraban en mi vagina hasta los nudillos, sin pensarlo dirigí mi mano a la suya para tomarla fuertemente por la muñeca y meterme sus dedos más adentro, pero ahí se atoraba, en los nudillos.
Entonces él me sacó los dedos y sin decir nada puso más lubricante en mi anhelante chochito y en sus dedos para volvérmelos a meter aunque ahora eran los cinco dedos unidos como una cuña, yo volví a tomar su mano por la muñeca para jalarla hacia mí y metérmela más adentro, de repente y con una sensación de sofocación logré meterme toda la mano de mi esposo en la vagina, no puedo decir que no dolió, pero fue en dolor con un toque de sensualidad, un dolor disfrutable, aunque pudiera parecer contradictorio, yo no podía más de excitación y me vine con movimientos espasmódicos que alarmaron a mi marido que me preguntaba- ¿Estás bien?- Indiqué que si con movimientos de cabeza mientras movía la mano de mi marido dentro de mi chochito.
Entonces y como entre nubes llegó a mi mente la inquietante duda: ¿podría atorarse su mano dentro de mí? y comencé a quererla sacar, y afortunadamente si salía, aunque muy apretadamente, entonces sin mayores preocupaciones me la volví a meter y comencé a masturbarme con su mano metiéndola y sacándola por completo, hasta que me vine por segunda vez como una perra, gritando obscenidades y sintiéndome como la más puta de las mujeres.
Finalmente y después de un rato de retorcerme con su mano entrando en lo más profundo de mi vagina, me resigné a que mi marido me sacara la mano, él se inclinó a ver mi chochito y me dijo -¡que bárbara! ¡Aún no entiendo cómo te cupo! y sabes, se te está cerrando otra vez- yo estiré mi mano y me toqué mi chochito y era verdad, se volvía a cerrar, aunque en esos momentos era fácil volverlo a abrir, entonces al retirar mi mano noté que tenía un poco de sangre en ella, eso nos alarmó un tanto, pero la calentura pudo más y terminé mamándosela a mi marido y permitiendo que se viniera en mi cara en compensación por no haber usado normalmente mi chochito y haberme dado un orgasmo de antología.
Al día siguiente me entró un poco de cruda moral, ya que así como me entró la mano de mi marido también pudo haberme entrado la verga de un caballo, también sentía un poco de preocupación por el sangrado aunque solo había sangrado unos instantes. Mi marido encontró en Internet información al respecto, ahora sé que lo que hicimos se llama fisting y que no soy la única loca que lo hace, mi marido es ahora un experto y ha bajado cientos de fotos de mujeres que como yo se vuelven locas con una mano bien clavada en sus anos o vaginas.
Obviamente también me he metido mi propia mano, pero no es igual, se lo que hago y no es lo mismo cuando te sientes a merced de otro, además de que mis uñas son largas y mis manos pequeñas.
Lo que narro en este relato, ocurrió hace dos años, y a partir de ese día, ha ocurrido muchísimas veces más, mi esposo me ha llegado a meter una mano en el culo y la otra en mi chochito, aunque pocas veces, pues aunque es delicioso, temo que esa dilatación del ano pude que las mujeres que han parido de manera natural lo encontraran más sencillo, sin embargo, cada vez que un hombre atractivo me saluda de mano, si su mano es pequeña o incluso si es muy grande, inmediatamente me pregunto que se sentirá tener esa mano clavada en mi vagina.
También por experimentar me he metido diversos objetos como: la botella del shampoo, una botella de tequila, un teléfono celular y una lata de refresco, claro, uno por uno, lo agradable de ello es ver la cara de mi marido cuando lo hago, queda encantado, incluso me ha dicho que tengo un agujero mágico, porque es capaz de engullirlo todo sin dejar rastro y al instante vuelve a ser tan cerrado como para acariciarle la verga.
Tengo un cuñado ya de edad avanzada, que ha tenido problemas de erección, el día que mi hermana me habló de estos problemas no tuve ningún empacho en contarle mi obsesión y aunque ese día se quedó con la boca abierta y me dijo que estaba loca, con el paso del tiempo se decidió y hoy me lo agradece, parece que le encontraron el gusto y ahora mi hermana y yo somos compañeras de experiencias, cuando ella me cuenta como él le mete la mano, me pongo a fantasear como sería que mi cuñado (que usa bastón) me tuviera inclinada frente a él mientras me clava el bastón por el culo y me mete su mano hasta el fondo de la vagina, y todo ello mientras mi marido le mete una mano en el chocho y otra en el culo a mi querida hermana.
A veces he soñado también que mi marido me lleva a su trabajo y ahí sobre su escritorio me abre de piernas para que sus compañeros de trabajo me metan la mano por turnos.
A veces incluso me quedo observando las manos de los amigos de mis hijos y pienso que me cabrían muy a gusto dos manos en cada agujero.
Todo ha quedado en fantasías por el momento, no nos hemos atrevido a traer otra mano a mi chochito, jamás me he metido con mi cuñado, ni he seducido a ningún amigo de mis hijos, pero quien sabe que ocurrirá al paso del tiempo, después de todo si el día de mi boda me hubieran dicho que mi querido esposo me metería la mano entera entre las piernas, yo hubiera puesto cara de asco y no lo habría aceptado, en cambio hoy...
En fin, me he vuelto una fanática del fisting por la sencilla razón de que nada se iguala a la delicia de tener a un hombre metiéndote la mano entera una y otra vez, nada te hace sentirte tan usada, tan puta y tan mujer, llegando a la conclusión de que si el que llamo cariñosamente mi chochito se convirtiera un buen día en una fosa, o lo que es lo mismo en un chochote, mi marido tendría que conformarse con cogerme por el culo o por la boca, pero siempre podría darse el gusto de meterme en la vagina las dos manos al mismo tiempo o bien su misma verga, pero empuñada en su mano y masturbarse dentro de mí, así lo hemos dicho y a él no le molesta, por el contrario parece encantarle, por lo menos cuando me está cogiendo por el culo con una de sus manos bien clavada en mi Agujerito Mágico.
Así que amigas mías, si su lubricación es un problema, no se detengan, bendigan al inventor del lubricante con base agua, llenen su chochito de gel y pidan a su maridito o a quien deseen, que les meta algunos dedos o bien la mano entera, créanme, no se van a arrepentir.
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