Intercambios: POR CULPA DE UN CALENTON
Enviado el Miércoles, 19 noviembre a las 17:06:21 por nachox
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Ella me volvia a comer la polla, senti como algo mas duro y tosco se ponia sobre mi ojete, gire mi cabeza y vi a mi vecino como estaba a punto de meter su inmensa polla en mi culo.
Esa noche estaba que no podía dormir, mis ganas de sexo eran tremendas, pues mis intensas erecciones así lo demostraban, me di una ducha bien fría para bajar la tensión, pero duró lo que una tormenta de verano (refresca el ambiente durante un tiempo, pero al poco vuelve ese calor), mi pene estaba duro como una piedra y mi erección era tal que mi glande apuntaba hacia el techo, no deseaba hacerme una paja, salí desnudo a la terraza, pues era una calurosa noche de verano e intenté al observar la tranquilidad de la ciudad a esas horas y la preciosa bóveda celeste con su inmensa, majestuosa y preciosa luna, intenté recrearme en ello y olvidar mis ganas de sexo.
Pero al poco de observar lo bonita que estaba la luna, me pareció oír de fondo unos gemidos, parecían que venían de la terraza de al lado, me acerqué un poco más sin hacer ruido y a medida que me acercaba los gemidos eran más nítidos, sin lugar a duda mis vecinos de al lado estaban tan calientes como yo, y ellos mitigaban sus calores, mutuamente y por lo que se oía lo pasaban de la forma más placentera, no me quedó otro remedio que empezar a acariciarme el pene, mientras intentaba observar lo que hacían mis vecinos, se que no está bien hacerlo, pero quería ver como lo hacían.
Saqué una silla del interior y lo puse al lado de la pared que separaba las dos terrazas me subí y asomé la cabeza un poco, evitando en todo momento él más ligero ruido, y pude observar como mi vecina estaba semi-apoyada sobre la barandilla exterior observando la belleza de la luna mientras mi vecino la tenía cogida por detrás y de forma suave la embestía, era un plano de los más erótico observar bajo el embrujo de la luna la pasión de una pareja y haciendo que ese momento sea eterno, pues se les veía el deleite de querer disfrutar, pero sin tener prisa alguna, tan solo disfrutar de sus vaivenes, oírse y ver la noche brillante y radiante bajo la luna.
Yo les acompañaba, con mi mano sobre mi pene e iba al ritmo de las penetraciones de mi vecino sobre su mujer, era delicioso, pero de repente mi vecina giró la cabeza hacia donde yo estaba (y aunque me agaché rápido), me vio como yo fisgoneaba se me cayó el mundo encima, pues lo último que deseaba era que me hubiese visto, cogí la silla e intentando no hacer ruido me metí en el interior de casa, al menos si ellos se asomaban no me verían y podían pensar que no era lo que ella había visto.
Así es que me tendí sobre el sofá del comedor, pero observé que mi pene aún con la vergüenza que había pasado, seguía en sus trece, tieso, duro intratable... como diciendo me tienes abandonado, y yo le decía mira por tu culpa lo que ha pasado, que vergüenza cada vez que vea a mis vecinos, si es que me dirigen la palabra, claro, mientras me lo acariciaba, me venía a la mente mis vecinos como se lo estaban montando, que envidia, al cabo de un rato llamaron a la puerta, y me temí lo peor me imaginaba que sería mi vecino hecho una fiera y además con razón, pero había que afrontar la realidad ya se me ocurriría alguna cosa, fui a coger el albornoz y abrí la puerta, y sorpresa la mía al abrir la puerta y ver a mi vecina desnuda, su marido detrás y llevando una botella de cava y unas copas.
Podemos entrar -me dijo: Laura- que así se llama mi vecina, si claro, -dije- sorprendido por la situación, entraron en la casa, por cierto mi vecino que se llama Juan, llevaba también una erección de campeonato, me saludó, me ofreció una copa de cava y empezó a llenármela, mientras Laura – que por cierto ella tiene 28 años, el cabello lo tiene largo muy negro y bien cuidado, sus nalgas son redonditas y prietas, no tiene mucho pecho, y un cuerpo bonito, y su conejito lo llevaba rasurado-, entraba iba diciendo, sabes que lo que estabas haciendo hace un rato lo de fisgonear no está bien, y por eso hemos venido a seguir lo que hacíamos, sino te importa, -me quedé sin palabra- no sabía que decir, puso mi vecino las copas restantes y la botella de cava, sobre la mesa del comedor, mientras Laura se puso de rodillas y le empezó a chupar la inmensa polla a su marido, mientras yo me dirigí hacia el sofá, me senté, -atónito- ante el espectáculo y bebiendo cava.
Después de un rato chupándosela, se retiró de su marido y Laura se dirigió hacia mí como una gatita, iba a cuatro patas, y con mirada de pícara me decía – te gustaría que te la chupase a ti también, mientras me hacía un guiño- no dije palabra, miré a su marido y con la cabeza me dio su aprobación, y yo un movimiento afirmativo le dije que si a ella, –huy que gatito tengo más calladito-, con sus manos me desató el albornoz y me lo abrió, y al ver como estaba mi polla, me dijo: que rica la tienes y se la metió dentro de la boca, empezó a chupar y lamer cada rincón de mi polla, mientras ella no paraba de chupármela se acercó su marido, se puso de rodillas detrás de ella y empezó a lamerle el culito, ella paró un momento de chupármela y le dijo a su marido, sigue no pares sabes lo que me gusta que me comas el culito, él le dio unos azotes sobre sus nalgas y volvió a meter su cabeza entre ellas, mientras ella se jalaba de placer, mientras con su mano derecha me tenía cogida mi polla y con la otra acariciaba mis testículos y mi ojete.
Estaba a punto de correrme ante tanta excitación, me empezó a chupar con fuerza y al poco acabé en su boca, mientras su marido no paraba de comerle el culo, ella se lo tragó todo y seguía como una gatita lamiendo todo mi pene, era delirante tanto placer.
Mientras yo me reponía, me dijo que me diese la vuelta y que me pusiese a cuatro patas, me sorprendí un poco, pero así lo hice, me quité el albornoz, y empezó a darme besos en las nalgas, hasta que con su lengua me empezó a lamer mi ojete, nunca me lo habían hecho y me sorprendió lo placentero que era, seguía y eso me hizo ponerme la polla otra vez a punto, de repente ella se paró, me giré y vi como su marido la estaba empalando por su trasero, ella también giró su cabeza para ver como su marido la follaba y le decía, poco a poco cariño, métemela suavemente, y de repente ella soltó un pequeño quejido y hundió su cabeza entre mis nalgas para volver a sentir su lengua como quería meterse en mi interior, (su marido la acaba de penetrar hasta el fondo), hubo unos segundos como de espera o mejor dicho de descanso para volver al placer, y al poco volví a oír sus gemidos, al sentir ella como su marido la iba follando lentamente.
Siguió comiéndome el ojete, al poco me metió un dedo dentro de mi culo, mientras con la otra mano me iba masturbando, lo metía y sacaba, para luego meter dos dedos, al poco de ir disfrutando de nuevas sensaciones, ella sacó sus dedos y noté como ya no jadeaba, y que ahora ella me volvía a comer la polla, al poco sentí como algo más duro y tosco se ponía sobre mi ojete, giré mi cabeza y vi a mi vecino como estaba a punto de meter su inmensa polla en mi culo, me iba a quitar, pero me gustaba la idea, quería probar nuevas cosas y me dejé llevar.
Me dolió su entrada en mí, pero como Laura me estaba haciendo una buena mamada se pudo llevar, luego fue mucho mejor sentir como mi culo estaba saciado por una gran polla que a la vez se movía muy bien, fue un orgasmo agradable, el se corrió dentro de mí y yo sobre la boca de Laura, cuando terminó, me dijo –Laura- esto te ha pasado por fisgón. Sonrió y nos dimos un beso, pero no terminó ahí la noche... pero eso será otra historia.
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