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Gays: SU FANTASIA LA HICE MIA
Enviado el Jueves, 13 noviembre a las 13:04:34 por nachox
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Abri la boca y me meti su verga y recibi un chorro de semen abundante que salio por las comisuras, trague lo mas que pude y la que quedo en su miembro la lami con la lengua con mucho placer.
Mi nombre es J. L. y soy distribuidor de refacciones automotrices en la ciudad de México. En ocasiones mi jefe me pide que lleve materiales al interior de la República y salgo los fines de semana. El mes pasado entró a trabajar un nuevo agente de ventas que se encargaría de tomar pedidos a los lugares que me mandaba por lo que empezamos a trabajar juntos. Él se llama Enrique y es un hombre bastante apuesto y tiene un trato amable que lo hace aún más atractivo. Nuestro trato continuo hizo que poco a poco creciera una confianza en todo lo que platicábamos.
Él con frecuencia hablaba de su esposa y de sus hijos y se nota el amor que siente por ellos. Pero lo que hizo cambiar nuestras vidas fue en una ocasión que por motivos del trabajo salimos juntos a la ciudad de Querétaro, donde yo iba a entregar materiales y él a promover nuevos productos. Resulta que en el transcurso del viaje empezó a hablar de su esposa y de las pocas veces que ella le complacía, ya que siempre se excusaba que tenía que atender a los niños. Enrique empezó a comentarme de la necesidad que tenía de tener relaciones con una mujer apasionada que se entregara apasionadamente y sin reservas. Le pregunté que si alguna vez había estado con una mujer así y él me dijo que no, que nunca y que era una fantasía desde que se casó con su mujer.
He de decir que en lo más oculto de mi mente ha sido el deseo de vestirme con ropa de mujer de lo más provocativo. Soy casado, tengo 38 años y cada vez que veo lencería femenina tengo un enorme deseo de ponérmela y pasearme con toda libertad, y ser poseída por un hombre que me haga sentir una hembra en celo y entregarme completamente.
Enrique tiene 43 años y como ya dije antes es apuesto, y debido a la confianza que nos teníamos me preguntó que si yo tenía la misma fantasía, eso me puso muy nervioso y no sabía que contestarle. Mi risa nerviosa hizo que insistiera en que le respondiera con confianza ya que no entendía el por qué de esos nervios. Como se imaginarán ustedes mi corazón latía a mil al confesarle que esa era mi fantasía también pero yo en el papel de mujer.
Al principio Enrique se quedó mudo y pensativo y yo con la vergüenza de haberle confesado algo así. Mas sin embargo, Enrique me dijo tranquilamente: “¿Te gustaría ser mi mujer en estos tres días que vamos a pasar juntos”? ¡Grité que siiiiiiiií..! Me emocioné tanto que quise besarlo en ese momento, pero me contuve al sentir su mano en mi pierna y una mirada tranquilizadora.
A partir de ese momento nuestra plática fue acerca de cómo hacer nuestra fantasía. Le dije que tendríamos que conseguir la ropa que me pondría para ser la mujer que deseaba y todos los accesorios que necesitaría. Al llegar a la ciudad buscamos una boutique donde compraríamos lo necesario. Encontramos una y con el pretexto de que buscábamos lencería para regalar la dependiente nos mostró varios modelos que de tantos ya no sabía cuál escoger.
Nos decidimos por un baby doll color negro muy sugerente y unas tangas bastante provocativas. Le pedimos también maquillaje y uñas postizas. Pasamos por una zapatería y compramos unos zapatos de mujer con tacón alto, claro que a mi medida. De ahí nos fuimos al hotel donde pasaríamos los tres días más increíbles que me han sucedido los últimos años. Era tanta nuestra emoción que nos olvidamos del encargo que teníamos pero acordamos que primero haríamos nuestras diligencias y después nuestra fantasía.
Le pedí a Enrique que se fuera solo a entregar el pedido y que al regresar me encontraría como su dulce y abnegada mujercita, cosa que le agradó enormemente. En ese tiempo que salió Enrique me esmeré en todos los detalles para que al regresar él me encontrara como lo deseaba. Me dí un baño y empecé a maquillarme, he de decir que por mis rasgos masculinos me costó un poco de trabajo crear ese rostro de mujer, pero mi cuerpo tiene mejor suerte, mis nalgas son paraditas y tengo algo de senos y al maquillarme, ponerme las zapatillas, la lencería y las uñas postizas y con poca luz cualquiera me confundiría de espaldas con una mujer.
Pasé media hora deambulando por toda la habitación con la ropa femenina y créanme es una sensación increíble. Caminaba de un lado para otro observándome en el espejo y sentirme cada vez más provocativa.
Al llegar Enrique apagué todas las luces, me encerré en el baño y le grité que no las encendiera que se fuera a sentar en la cama. Él obedeció y poco a poco empecé a salir, caminé de espaldas mostrándome como una hembra deseosa de ser poseída. Él se levantó y se acercó a mí, me tomó por la cintura y me acercó a su cuerpo. Empezó a besarme el cuello y acariciarme los senos. Le pregunté que era lo que sentía y me dijo que le gustaba mucho y que si estaba dispuesto a complacerlo como una real hembra. Simplemente le sonreí y le dije: “Haz conmigo lo que quieras”. Me dijo que deseaba darse un baño para estar aseado para mi, le tomé de la mano y lo llevé al baño.
Le fui quitando la ropa lentamente y él no dejaba de observarme, me decía que le parecía increíble lo que el maquillaje y la ropa puede hacer y la transformación que había tenido. Lo llevé a la ducha y empecé a enjabonar su cuerpo, le dije que se dejara llevar que a partir de ese momento iba a ser la mujer complaciente que siempre había deseado. Le tallé la espalda suavemente y su cuerpo se erizó al sentir las uñas postizas que recorrían su cuerpo le hice pequeñas marcas que fueron de su agrado. Seguí enjabonando su cuerpo y al llegar a su pene, que ya estaba erecto, no tomé suavemente y empecé a masturbarlo, Enrique cerró los ojos y se dedicó a gozar lo que le hacía.
Al salir de la ducha lo sequé con mucha delicadeza y me atreví a besar su cuerpo todavía húmedo. Lo tomé de la mano y caminaba enfrente de él de una manera provocativa contoneándome de un lado para otro y levantando mis nalgas, lo que hizo que él me las tocara y metiendo su mano por dentro de la tanga. Llevé a Enrique a la cama y empecé a besarlo apasionadamente mientras acariciaba su cuerpo desnudo y su pene totalmente erecto. Nos recostamos en la cama y, como una hembra en celo, empecé a besar todo su cuerpo. Besé con frenesí sus labios húmedos y poco a poco fui bajando por su pecho, besé sus pezones y lentamente llegué a su verga que para ese momento estaba en plenitud.
Él me pidió que lo dejara ver como se la mamaba y gustosamente accedí, prendí la luz para que no se perdiera ningún detalle. Empecé a chupar la cabeza de su miembro, mientras lo masturbaba le dije que pensara en los tres días que íbamos a pasar juntos y de todo lo que haríamos. Mi boca se llenaba de placer al sentir su enorme verga que entraba y salía, primero lentamente y después a un ritmo que sabía que a Enrique le estaba gustando.
Me dijo que estaba a punto de venirse y le dije que aguantara que me permitiera gozar más tiempo su linda verga que me estaba dando un enorme placer. Además quería gozar completamente y llevar esa deliciosa verga a mi culito que estaba pidiendo a gritos ser penetrado. Dejé de mamarle la verga y empecé a acariciar su cuerpo, él me tomó de los senos y me dijo algo que me puso a mil: “Me gustan más tus senos que los de mi esposa”.
En ese momento me sentía una verdadera mujer y que estaba dispuesta a complacerlo en lo más perverso que se le ocurriera. Me dijo que lo que más deseaba era recibir toda su leche en mi boca lo cuál me llenó de enorme gusto ya que lo deseaba por igual. Volví a su verga y la mamé con frenesí, llevaba mi lengua desde sus testículos hasta la cabeza lo que hacía que Enrique se estremecía de placer, sabía en qué momento detenerme y en que momento hacerlo más rápido, ya que sus gemidos me lo indicaban.
La venida no pudo venir en el mejor momento, estaba chupándole la cabeza cuando él se contrajo y lanzó un pequeño alarido, lo que me indicó que la venida estaba a punto de llegar. Abrí la boca y me metí su verga y pude recibir un chorro de semen que por lo abundante salió por las comisuras, tragué lo más que pude y la que quedó en su miembro la lamí con la lengua con mucho placer.
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