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Gays: MI PASIVO PREFERIDO
Enviado el Martes, 14 octubre a las 13:46:41 por nachox

 Pablo se saco sus pantalones y se quedo con una tanga blanca, le corri la tanguita, me puse un forro y comence a culearmelo ahi nomas. El putito gemia de lo lindo, sin importarle que lo escucharan.

Hoy voy a contarles de mi relación con Pablo, mi pasivo preferido.

Antes que nada yo soy Gustavo, tengo 25 años y vivo en Buenos Aires. A Pablo lo conocí mediante la sección de contactos de esta página.

Él tiene 21 años y al ver su perfil me llamaron mucho la atención sus fotos audaces, con poses muy provocativas. Ni bien vi su cola redonda y parada con esa cintura tan finita me volví loco.

Nos pusimos en contacto, conversamos un par de veces por msn calentándonos, jugando con la webcam y proyectando algunos planes, y finalmente nos conocimos.

En persona me atrajo todavía mucho más. Yo estaba ansioso por verlo porque quería tenerlo así, para mí solito, en vivo y en directo.

Esa noche fuimos a un boliche gay donde la cosa, según me había dicho Pablo, se pone muy hot. Entramos y rápidamente nos adentramos en la onda del lugar. Tomamos unos tragos (bastantes)

Pablo bailaba muy sensualmente, pegando su cola contra mi entrepierna, mientras yo pasaba mi mano por su espalda bajo su remera apretada. Él además llevaba unos pantalones muy ajustados que le dejaban una cola divina. De más está decir que a esa altura yo estaba excitadísimo.

Entonces nos fuimos a un reservado bien oscuro: Pablo se sacó sus pantalones y se quedó con una tanga blanca bien finita que le quedaba bárbara.

Yo me bajé los jeans, le corrí la tanguita, me puse un forro y comencé a culeármelo ahí nomás.

El putito gemía de lo lindo, sin importarle que lo escucharan los demás; de todas formas, el volumen de la música ayudaba a mantener nuestra aventura un poco más disimulada.

En otra oportunidad, en un día caluroso, nos metimos en un cine porno. Por la alta temperatura Pablo llevaba un shorcito muy cortito, bien pegado, y una remera sin mangas.

Yo tenía a mi vez una bermuda holgada y una remera. Entramos a la sala y nos dirigimos a un rincón. Él se mantenía a mi lado, mientras yo manoseaba sus nalgas bajo su shorcito.

Mi querido pasivo se contoneaba moviendo la colita, y permitiendo que mis dedos se introdujeran en su orificio. A su vez él me manoteaba el bulto…

Me hacía la paja por debajo de la bermuda; estábamos más calientes que una pava. Por acción del calor nuestros cuerpos sudaban, lo que nos excitaba aun más.

De repente Pablo se sacó el shorcito, su tanga y su remera, quedando totalmente desnudo ante mí y los ocasionales pervertidos que estaban ahí buscando un poco de sexo en la oscuridad del cine porno.

Yo aumenté la intensidad de mis caricias en sus nalgas. Luego me saqué la remera, me bajé los pantalones y empecé a frotar mi miembro sobre la cola de Pablo. Él se dio vuelta, se agachó y me hizo un pete desesperado, glorioso.

Antes de acabar, lo hice girar nuevamente, introduje mi verga en su culito y le di una cogida fuerte y directa, acompañada de sus gemidos y sus gritos que seguro sobrecalentaron a más de uno, incluido a mí mismo.

Sin ir más lejos, a nuestro lado se había ubicado un pendejo que se hizo una paja frenética observándonos.

Cada tanto Pablo y yo nos encontramos para encerrarnos en un telo, o en cualquier otro lugar y saciar nuestra sed de sexo.

A él le encanta la pija y yo estoy encantado de disfrutar de un cuerpo y un culito como el suyo.

 


 

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