Me la enterro en el culo, me ensartaba y me encantaba, yo me movia hacia el frente y hacia atras para que me penetrara como la puta que soy, senti como su semen invadio mis intestinos, fue delicioso.
Últimamente me ha dado por convertirme en una puta, los placeres del sexo me vuelven loca y hace poco descubrí lo increíble que es hacerlo con un maduro.
Hace meses empecé a chatear con un hombre mayor, Pedro, de un provincia cercana a la mía. Me excitaba terriblemente hablar con él, siempre que chateábamos mi ropa se mojaba sin parar pensando en las guarradas que Pedro me haría cuando nos conociéramos.
Una ocasión hablamos por teléfono, yo pensé que esa primera plática sería más formal, pero el inmediatamente comenzó a llamarme putita, eso me ponía a mil, me trataba como una guarra y eso me encantaba.
Finalmente después de algún tiempo tuvimos nuestro primer encuentro, él me había dicho que tenía 43 años, pero al verlo noté que me había mentido, era bastante más grande. Aunque eso no me importó, me excitaba mucho que me follara un tipo que parecía mi papá.
Llegamos al motel, debo decir que tengo las tetas bastante grandes y él desde luego lo notó, inmediatamente empezó a tocarme las tetas, me las estrujaba con mucha fuerza y me decía que estaba deliciosa, eso me ponía como loquita, después de unos besos en los que yo le metía la lengua a la boca como una salvaje.
Empecé a manosearlo por encima del pantalón, su polla estaba a punto de explotar. Paré y sin decirle nada entré en el baño, me puse un conjunto negro, con el sostén que casi se me salen las tetas y llevaba una tanga de hilo dental.
Cuando salí el muy guarro me desnudó con la mirada, me tiró a la cama boca arriba, una de mis tetas salió del brasier y él la mordió y la chupó como loco, me metió sus dedos en mi conchita y me hacía flotar, estaba gozando como nunca, era todo un experto.
Me chupaba las tetas, mordía mis pezones, sus manos acariciaban mi clítoris, su lengua ardía en mi boca como un volcán.
Me tenía a mil, estuvo un buen rato ahí, después yo me puse a gatas y empecé a moverle el culo muy cerca de su cara, me movía de un lado a otro y ocasionalmente lo tocaba con mis nalgas.
Yo notaba como su polla estaba durísima, me di la vuelta y lo desnudé por completo, él me pidió que lamiera su polla y fue algo que no pude resistir.
La metí de golpe toda a mi boca, casi me ahogo, pero quería darle la chupada de su vida, él me tomó de la cabeza y la metía cada vez más a mi boca como si me follara de esa manera.
Mientras tanto yo metí la mano dentro de mi tanga y comencé a masturbarme, de pronto sentí como me dio una nalgada, me excité mucho más y le pedí que me la metiera. De nuevo volvió a tirarme sobre la cama boca arriba, me quitó con fuerza mi tanga y me abrió las piernas, yo estaba súper húmeda.
Sin avisarme abrió mis labios vaginales y me pellizcó el clítoris, gemí entre el placer y el dolor, fue riquísimo, inmediatamente metió tres dedos de un solo golpe en mi coñito fuerte yo gemía como loca y él también lo hacía, lo cual me excitaba aún más.
Después de un rato así, me la metió de sopetón por el culo, me tomó del cabello y me jalaba con fuerza, me montaba y me encantaba, yo me movía hacia el frente y hacia atrás para que me penetrara como la puta que soy.
De pronto sentí como un chorro de semen invadió mis intestinos, fue delicioso. A partir de ese día descubrí lo mucho que me gusta hacerlo con maduros, me encanta complacerlos y convertirme en su puta.
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