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Fantasías Eróticas: Ale
Enviado el Domingo, 14 septiembre a las 20:07:13 por JuPo

 Anonymous escribió "Ale vestía como siempre una faldita suelta crema, de pronto se apoyó en uno de sus brazos y ligeramente se le levantó la falda, dejando ver un muslo apetitoso, blanco y que deseaba acariciar.

Mi barrio se alborotó cuando llegó Ale; su nombre era Alexandra; a veces le decían Gata; por sus ojos pardos; Su cabello negro era más bien corto y sus mejores atributos no estaban en su pecho. De la cintura para abajo, Ale era realmente bien atractiva a pesar de sus 12años de edad.
Ella llegó a vivir a casa de su tía que era mi vecina, y no sé porque razón se quedó hasta cuando se casó a los 23 años.
Era la admiración de jóvenes y de no tan jóvenes; mis amigos de 21 y mayores que yo, aprovechaban cuando pasaba Ale para soltar sus piropos, tanto de los más exquisitos como de los más morbosos:
- Ya crecerás Alexita.
- Si deseas, yo limpio tu camino.
- Quien pudiera ser tu calzoncito criatura divina.
- Creo que hasta me comería tu mierda.
Ella nunca se quejaba, por el contrario sonreía puesto que sabía perfectamente cuales eran sus atributos; la cintura era delgada y le seguían una caderas abultaditas que culminaban con unas nalguitas redonditas; luego sus piernas eran bastante bien formadas, parecían de una mujer que practicara algún deporte o gimnasia, eran divinas.
Yo nunca le solté piropo alguno y sólo nos limitábamos a saludarnos con un “hola”
Aprovechando que mis padres no estaban, me tiré en el patio interior de mi casa y, mirando una revista porno me empecé a masturbar, les aseguro que por mi mente probablemente pasaba también Alexita, yo la deseaba a pesar de sus 12 añitos, por sus encantadoras piernas y nalguitas.
Quise que la tierra me tragar cuando escuché una voz que decía:
- Qué bonito, ¿así estudias?
No sabía como cubrir mi pene que como un globo desinflado se bajó por completo, me puse de costado; no sabía que decir. Ale se encontraba sobre la pared que limita con la casa de mis vecinos, seguramente se habría trepado sobre algo y alcanzó a verme. Luego agregó:
- Préstame tu novela (ella pensó que era una fotonovela). Sólo para salir del rato embarazoso, le dije:
- Ven llévala.
En menos de un minuto, Ale estaba en mi puerta, la hice entrar hasta el patio donde se encontraba la revista y en el trayecto:
- Pero no es mía, y es una revista para adultos.
- ¿cómo para adultos?
- Allí se ven parejas acariciándose y de repente no te va a gustar.
- Ahh; creo que mi hermano tenía una así;… déjame verla.
Nos sentamos en el césped y empezó a mirarla.
- Sí, así era la que tiene mi hermano. ¿Tú has hecho esto?.
- Silencio.
Ale vestía como siempre una faldita suelta crema, de pronto se apoyó en uno de sus brazos y ligeramente se le levantó la falda, dejando ver un muslo apetitoso, blanco y que deseaba acariciar.
- Esto si que duele. Dijo en un momento cuando apareció una escena donde había una penetración por el ano.
- Pero esto no duele, le dije mostrándole una foto donde la penetración era vaginal. Al mismo momento que no pude contenerme y puse una mano en su cintura, Ale no dijo nada; entonces me atreví a poner mi mano en su cadera y desde allí le jalaba la falda hacía arriba, apareciendo su pierna de a pocos y empezando a erectarme involuntariamente.
- Vamos adentro. Me dijo.
Cogí la revista y me incorporé, por supuesto que mi respiración empezó a hacerse más profunda; Sólo pensaba en masturbarme con Ale, ya sería bastante en comparación a lo que estaba haciendo.
Ale iba delante de mí y yo admiraba con morbo sus nalgas, tanto que me acerqué y la tomé de la cintura en el pasadizo, ella giró y me ofreció su boca, encontré sus labios entreabiertos e introduje mi lengua para acariciarla, ella succionaba mi labio inferior y me abrazaba alrededor de la nuca, tuve que inclinarme un poco; la levante en mis brazos y la llevé hasta la sala; la dejé caer en el sofá, ella se apoyó en un costado y me pidió la revista, mientras yo le levanté la falda sin mayores titubeos, realmente no encuentro forma de describir sus hermosas piernas, no solamente eran bien formadas sino que hasta estaban duritas, definitivamente Ale realizaba algún tipo de gimnasia; les pasé mi lengua a ambas piernas mientras ella tocaba mi nuca pero no dejaba de mirar la revista. Traía un calzoncito blanco, muy limpio, bien pegadito a su cuerpo y dejaba sobresalir la parte mas deseada de una mujer, cabe mencionar que por tener sus nalguitas abultadas, su vientre quedaba levantadito, ni corto ni perezoso separé una pierna de ella y puse el pie sobre el sofá, inicialmente puso resistencia y le dije:
- Sólo un ratito.
- Silencio.
Noté que ella tenía un dedo entre sus labios y jugaba con su lengua; llegué a pensar que esta niña ya había tenido experiencia, pero no cometería la torpeza de preguntarle algo al respecto.
Separé su delgado calzoncito y lo que ví me hizo detener la respiración; le estaban apareciendo sus primeros bellos, más abajo estaban unos labios rosaditos y abultaditos, bien apretaditos pero noté que le corría un hilo de algún jugo íntimo de Alexita. Yo no estaba para preámbulos y de inmediato le acerque mi lengua, ella se estremeció y soltó un “ahhhh”; puso su mano en mi nuca y me lo apretaba. Yo me entregué a una pasada de lengua por toda su conchita, le abría los labios rosaditos, acariciaba su diminuto clítoris; de pronto Ale dejó la revista y acomodó todo su cuerpo en el sofá para facilitar mis caricias y que mi lengua penetre más, pude notar que esta niña aún era virgen, esto me hizo temer un poco pero ya no podía detenerme: cuando quise retirarle su fino calzoncito blanco, ella facilitó mi tarea levantando su vientre, se lo saqué despacio admirando su monte de Venus casi extasiado, sentía que mi pene iba a explotar: la volví a ubicar al borde del mueble, su cosita quedo dispuesta para ser penetrada, no intercambiamos ningún diálogo, solo se escuchaban nuestros jadeos, nuestra respiración entrecortada y alguno que otro ruido callejero que no nos distraía en absoluto.
Cuando extraje mi pene, Ale no lo pudo ver, se lo impedí besándola en la boca, luego le alcancé la revista, no quería que se asuste con el tamaño de mi herramienta,
- ¿Me la vas a meter?
- Silencio.
Ale estaba lo suficientemente lubricada, aún así, puse más saliva en mi rojizo glande y lo coloqué a la entrada de su virginal cueva inexplorada, ese tesoro celosamente guardado por muchas madres de familia en sus hijas ¿no sé para qué?. El de Ale iba a ser mío, no es que me sentía un ganador pero de pronto recordé los piropos de mis amigos hacía esta exuberante niña y un sentimiento de orgullo me invadió. Empecé a empujar, ella hizo un movimiento como para separarse pero sin decir nada; entonces la cogí de la cintura y pude ver cómo, de una manera maravillosa, se iba introduciendo mi mástil en ese hoyo, mi culebra en su cueva, mi inyección en su piel, como cuchillo en la carne; de pronto “plop”, algo dentro de ella se rompió para dejar paso a mi falo; un hilo de sangre corría hacia abajo y ella mordía su dedo mientras los ojos los hacía atrás, no sé porque imaginé a toda la sarta de mis amigos aplaudiendo esa faena que me estaba dando con Ale; se la metía desesperadamente, más cuando noté que ya me venía, ella rodeo sus dedos en mi cabello y abriendo la boca dejaba escapar pequeños jadeos al igual que yo, sabía que la presión de ella en mi pelo era tan fuerte que podría haber sentido dolor pero yo no sentía nada, mi atención estaba en otra parte de nuestros cuerpos, de pronto se empezó a mover conmigo, levantó sus hermosas piernas para que la penetración sea más profunda, pienso que notó mi excitación y que ya iba a culminar.
Cerré los ojos, apreté sus pequeños pechos, abrí la boca igual que ella y sentí como la inundaba por dentro, la llenaba con mi semen hasta la última gota, nuestros cuerpos no sólo soltaron líquidos internos, sino también estábamos empapados de sudor, Fue una experiencia deliciosa. Después le levanté su blusa y besé sus pechos, eran muy diminutos, no eran su mejor atributo, pero igual los besé, luego compartimos un apasionado beso y me separé de ella, lamí sus piernas y noté que el sofá estaba manchado de su sangre.
- Mierda.
- ¿qué?
- La sangre.
- Huy.
Me incorporé y fui por agua, escobillas y jabón, cuando volví ella ya se había vestido y:
- Ya me voy.
- Ya mi amor.
- ¿yo soy tu amor.
- Si Ale, otro día quiero verte en el corral (luego les aclaro)
- Tú me avisas.
- Si mi amor.
- Mira si no hay alguien afuera.
Me acomodé mis ropas y salí a la calle para ver si algún conocido podía ver a Ale; no había nadie, sólo unos niños que no se percataban de nada más que sus juegos.
Le hice señas para que saliera, ella salió corriendo y se fue en dirección a la bodega.
Terminé de limpiar el sofá y me sentí un hombre muy dichoso.

¿Recuerdan que les hablé sobre “los corrales”? Les explicaré de qué se trata.
A dos kilómetros aproximadamente de la población existen unas construcciones a manera de granjas que pertenecen cada uno, a un dueño diferente de los pobladores; tanto mi familia como los tíos de Ale, tenían su respectivo corral; ahí se criaban pollos, conejos, entre otros; pero también algunos habían sido adaptados para pasar un rato de relax. Por ejemplo, papá le había condicionado un pequeño ambiente donde había instalado un sofá, una pequeña mesa y la había puesto techo; ningún corral podía ser visitado por otro que no sea su dueño y, eran cerrados (para evitar el pillaje).
Papá acudía a alimentar a los animales antes de las 2 pm; luego iba a las 6:30 pm; casi el mismo horario era usado por los demás, posteriormente casi nadie asistía a los corrales; le pedí a Ale que sea ella la que acostumbrara ir por las tardes, al extremo de las 2 pm. Me encargué de sacar una copia de las llaves de papá, él siempre las dejaba en un lugar visible, y al ver siempre las llaves en su lugar, no sospecharía que yo estaba en el corral.
Cuando Ale salía en dirección al corral, yo, en otra dirección, salía con mi bicicleta, bordeando el pueblo para no despertar sospecha; siempre me la follaba en el sofá, por lo menos unas tres o cuatro veces, pasábamos unas tardes inolvidables teniendo sexo desenfrenado, ella aprendió a mamarme la verga y a tragarse mi semen, yo le acariciaba su vagina a mi regalado antojo, así mismo le acariciaba sus nalgas con desesperación y lujuria, había ya rozado repetidas veces su ansiado potito, que era resguardado por dos magnificas y esplendorosas nalgas, su potito tenía un matiz pardo, parecía un pequeño hoyito dulce a manera de estrella que provocaba ser penetrado, le pasé la lengua y hasta jugué con mis dedos ; cuando intenté penetrarla ella se retiraba diciendo que le producía dolor, yo le ofrecí que el día que se lometa por allí, le iba a untar con un aceite o lubricante de tal manera que no le dolería tanto, ella daba por echo que la penetración se iba a dar en cualquier momento.
Cierto día caluroso, con mis amigos asistí al río, allí había un grupo de gente que se divertía, entre ellos estaba Ale, vestía una diminuta ropa de baño que era el centro de atracción de todos; cuando digo de todos, me refiero a las chicas también. Ale tenía una tanga azul con bordes amarillos, al igual los sujetadores de sus pechos eran del mismo color; allí noté que sus pechos eran pequeños, pero lo que más resaltaba eran sus nalgas y sus contorneadas piernas, no les exagero, eran la admiración de los hombres y la envidia de las chicas; y no sólo las de su edad, también de las mayores porque con su presencia, Ale eclipsaba a cualquier jovencita que quisiera atraer a alguno de los jóvenes allí presentes.
Cuando Ale se apoyó en una piedra dejando sus nalgas hacia arriba, pienso que de manera casual, el agua rodeaba sus nalguitas, y estas sobresalía cual inflados globos que resaltaban con el brillo del sol; con el agua parecían tan apetitosos no sólo para cualquier sediento, sino para todo aquel que quisiera conocer el sabor de la gloria; las pequeñas olas acariciaban su piel y creo que todos envidiaban a esa traviesa agua que jugaba con las hermosas nalguitas de mi Ale. Yo me sentía orgulloso de saberme el único de haber probado esas deliciosas nalgas, me prometí que ese día llevaría lubricante al corral.
Empezaron los piropos:
- Alecita, como quisiera ser el agua para llegar hasta ti.
- Yo quisiera ser tu fino calzoncito.
- Me tomaría el agua con que te bañas.
- De ese potito, no creo que salga caquita, y quiero meterle una cosa riquita.
- Ale, te toco y me muero.
Yo, para no levantar sospechas tuve que decir:
- Ale, si te resfrías me avisas. – mis amigos rieron.
Disimuladamente le hice señas que la esperaba en el corral. Ese día tomaría ese potito aunque sea en contra de su voluntad.
Aún estaba con el cabello húmedo cuando ingresó, de inmediato la besé casi desesperadamente, metí mis manos bajo su falda y le arrebaté de una vez su calzoncito blanco, ella un poco que se incomodó pero creo que en el fondo le agradaba saberse deseada así, de esa manera tan morbosa, seguramente le agradaba la forma como teníamos sexo porque nunca se negaba a las citas que yo le daba; la coloqué en el sofá y de inmediato le lamí su conchita, a la vez que le decía que me volvía loco, que la deseaba con desesperación y que lo que me mostró en el río me había excitado mucho; ella me respondió que lo que hacía en el río era porque estaba yo y quería que la viera.
La senté, saque mi pene y se lo introduje en la boca, ella se ayudaba con la mano y me daba una mamada infernal, estaba excitada también; después de un baño, generalmente las personas se excitan un poco; sobretodo ella que ya sabía que yo la esperaba y no precisamente para hablar de matemáticas.
Luego acaricié su conchita hasta hacerla llegar a su primer orgasmo, el cual me agradeció con un beso prolongado y una risa coquetona. La empecé a penetrar en la posición de perrito, la penetración era profunda y la conchita de mi Ale ya se había acostumbrado al tamaño de mi pene; es más, desde atrás le habría sus abultadas nalgas para llegar a tocar mis huevos con su piel y ella lo disfrutaba. El reto era penetrarla en su potito y, ese era el día elegido, claro que sin el consentimiento total de ella; desde donde estaba podía apreciar su delicioso agujerito pardo, esa tarde iba a reventar a esa estrellita, iba a desgarrar sus paredes ara dar paso a mi caliente pene.
Decidí que la mejor posición era apoyándola en la pare lateral del sofá, de tal manera que ella no pueda retirarse; sí lo hice, la ubiqué en ese lado del mueble y levanté su pierna izquierda; esta posición ya la habíamos practicado pero siempre penetrándola por su conchita, ella se mostró confiada;
- voy a poner un poco de lubricante. – le dije.
- ¿para qué?
- Para metértela un poquito por aquí.
- Con eso no me va a doler verdad?
- Te va a doler un poquito como cuando te rompí tu cosita pero después ya vamos a poder disfrutar así como ahora, sin que te duela mi amor.
Con su aprobación, sentí que mis ganas fueron más pronunciadas, mi pene se endureció más, tomé el lubricante y unté un poco en su rajita y un poco en mi pene, antes froté mi herramienta para lubricarlo todo, noté que estaba como un hierro de duro; besé a ambos guardianes de ese potito y coloqué mi pene en la entrada; me sentía sumamente excitado, nadie ni nada detendría mi intención, sería el privilegiado que antes rompió su virginidad a Alexita y ahora ese potito tan deseado por todos mis amigos y enemigos también; dirigí mi glande con una mano y con la otra sostuve a Ale contra el mueble para que no se retire, ella se tomó fuerte de el sofá, cuando estuve seguro de que mi glande ya estaba en el camino correcto, la cogí de los costados, tomé aliento y empujé con un poco de fuerza, Ale dejó escapar un grito y se quiso retirar; no pudo, no le permití zafarse de esa posición, y continué con lo que ya parecía una violación, ella rogaba que la suelte, pero yo estaba transformado, desconocido, violento, excitado hasta el punto en que se desconecta uno con la realidad y los temores o consecuencias no tienen mayor importancia; mi Ale seguía gimiendo y mi pene penetrando en sus entrañas posteriores, abriéndose paso a punto de desgarro de esa piel interna delicada y pequeña de mi Ale con sus doce añitos recién *****plidos y ya una mujer echa y derecha por ambos agujeros; de alguna manera ella también era responsable por haberme provocado en el río; empecé el consabido mete y saca en busca de mi eyaculación, a cada empuje, ella gritaba de dolor, estaba segura que nadie le escucharía, a esa hora todos se retiraban a sus casas. Continúe con desesperación buscando mi eyaculación, noté que unos hilos de sangre salían con mi pene, la cogí fuerte y apreté mis labios, contuve la respiración y mi semen empezó a llenar ese culito ya no tan virgen, ella sintió mi leche y se quedó inmóvil para que toda mi leche se deposite en ella, y entendiendo también que se acabaría su tormentoso sufrimiento por detrás de su cuerpo; luego retiré despacio mi pene y notaba que junto a mi leche salían hilos de sangre del anito de mi Ale; ella se quejó y golpeaba mi pecho, yo reía e intentaba abrazarla, finalmente nos besamos y le agradecí, la giré y mordisqueé sus apetitosas nalgas; le ayudé a limpiarse y luego la vestí. Me pidió que nunca más se la metiera por allí; yo simplemente sonreí y:
- La próxima vez ya no te va a doler tanto.
"

 


 

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