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Sexo con maduras: UNA MADURA ARDIENTE
Enviado el Lunes, 30 junio a las 18:55:55 por JuPo

 Luego se la meti en la vagina. Y fue como entrar en una cosa suave y totalmente lubricada, entraba y salia a la perfeccion, y luego eyacule, pero no antes de que ella tuviera su orgasmo

Esta es una historia que les quiero contar. No la había contado hasta ahora porque consideraba que eran cosas muy personales. Todo empezó cuando a través del Messenger conocí a una chica, de unos 38 años, cuya dirección me dio un amigo. Vivía en EEUU. Después de varias semanas de conversaciones, algunas calientes, me dijo que iba a venir a España, en concreto a Madrid, por cuestiones laborales. Yo, al ser de Barcelona, le dije que no nos podríamos ver, por cuestiones de distancia. Y así quedó la cosa.

Cuál sería mi sorpresa cuando al cabo de un mes, por Messenger, me dice que está en Madrid, y que al día siguiente viene a Barcelona a realizar una gestión por su trabajo. La gestión solo duraría unas horas por la mañana, y que no tendría que volver a Madrid hasta el día siguiente. Tendríamos toda la tarde para conocernos, y quién sabe si hasta la noche, aunque no quería hacerme ilusiones, ya que no la conocía, no sabía cómo era.

Dicho y hecho. Quedamos en un céntrico bar de Barcelona a las 5 de la tarde. Entonces fue cuando la vi. ¡Ufff! No estaba nada mal esa mujer. Tenía la piel oscura, aunque no era de color. No era muy alta. Pero tenía un traserooo... Era hecho para la mano de un hombre. Sus pechos, aunque no eran muy grandes, se notaban llenos y redondos. Además, no llevaba sujetador, por lo que pude apreciar unos magníficos pezones.

Tomamos una bebida en la terraza, y estuvimos hablando de su vida en EEUU, de trabajo, etc., pero yo no podía apartar mi vista de esos pezones, que ella generosamente mostraba. Después fuimos a cenar, que después de tanto parloteo ya se hizo la hora. Después de la cena, la acompañé al hotel. En la puerta me dio dos besos a modo de despedida, y yo le dije que ya la llamaría y nos veríamos otro día, cuando pudiera venir. Cuando me giraba para marcharme, ella dijo: - Oye, ¿no te apetece ver mi habitación? Es muy bonita, y todo pagado por la empresa.

Yo dije que si, y después de recoger las llaves en recepción, subimos a la habitación. La verdad es que era muy lujosa. Consistía de un recibidor, baño completo, y la estancia de la cama, que era enorme. Ella me dijo que se iba a duchar, yo me quedé sentado en la cama viendo la tele. Oía el agua y me la imaginaba desnuda, el agua deslizándose entre sus pechos y entrepierna. Estuve tentado de entrar en el baño, pero pensé que se enfadaría, y me quedé sentado con mis fantasías, aunque una erección empezaba a asomar en mis pantalones. Al cabo de un rato salió.

Estaba envuelta en una toalla blanca, que hacía resaltar su piel morena. El pelo mojado, el bulto de sus pechos, las piernas mojadas... Me quedé sin habla. Ella se aproximó y me preguntó qué es lo que estaba mirando en la tele. Le dije que nada, que era para pasar el rato mientras esperaba que saliera del baño.

- Vaya programa aburrido, dijo. ¿No quieres mirar otra cosa? Y acto seguido se quitó la toalla, dejándola caer a sus pies. El espectáculo era impresionante. Unos pechos erguidos, con pezones erectos, una entrepierna totalmente depilada, donde se adivinaban unos labios jugosos y listos para el juego del amor.

- ¿Te vas a quedar mirando?... ¿O vas a probar de hacer algo más?

No me hice de rogar. Avancé hacia ella, la rodee con mis brazos, y la besé. Fue un beso largo y tierno, mientras mis manos se posaban en sus nalgas, duras y agradables al tacto. Ella se separó y me desabrochó los pantalones, que cayeron al suelo, y yo mismo me deshice de mis calzoncillos. Ella cogió mi nabo y lo empezó a menear de arriba abajo, mientras me besaba de nuevo.

Yo acariciaba su rajita con una mano, que cada vez estaba más húmeda, y ella soltaba unos suspiros que indicaban que le gustaba aquello. Pasamos a la cama, yo me tumbé y ella se dedicó a introducirse la polla en la boca, y a mamármela. Se notaba que no era la primera que chupaba, porque la hacía de maravilla. Ninguna mujer me la ha chupado como aquella.

Sabia cuando debía parar y seguir. Yo hacía verdaderos esfuerzos para no correrme, pero ella sabía hasta que punto podía seguir o no. Luego me hizo dar la vuelta y me obsequió con un morboso beso negro. Me estaba volviendo loco.

- ¡Bueno!, dijo, dejando de chupar. Ahora te toca a ti...

Y se tumbó, abrió las piernas, y se invirtieron los papeles. Introduje mi lengua en aquella vagina palpitante, y empecé a moverla, del clítoris a su vagina y a la inversa. Ella se agarraba las tetas y se pellizcaba sus pezones, suspirando. Cuando ya tenía todos los morros mojados de fluidos, le levanté las piernas, y amplié el recorrido de mi lengua. Pasaba de su clítoris a su vagina, y luego a su ano, y así sucesivamente.

Después de un rato, me dediqué exclusivamente a su ano, pasando la lengua suavemente por él, y con los dedos jugueteaba con su coño. Ella me dijo que le gustaba mucho, así que continué un buen rato. Luego sustituí la lengua por un dedo, que introduje en su ano muy despacio, para que le doliera lo menos posible, y lo sacaba y metía.

Literalmente, esa mujer enloqueció de placer; se agarraba los pechos, se metía los dedos en la vagina, y ahora a grito pelado. Gritaba tanto, que tuve que taparle la boca con una mano, porque tenía miedo que de viniera alguien, era como si la estuvieran matando, y así era, pero de placer.

Luego ya se la metí en la vagina. Y fue como entrar en una cosa suave y totalmente lubricada, entraba y salía a la perfección, y luego eyaculé, pero no antes de que ella tuviera su orgasmo. Es norma de la casa, ella antes que yo. La corrida fue a parar a su ombligo y pechos, ya que no quería que lo hiciera dentro. Descansamos un rato, para recuperar fuerzas. Al cabo de media hora, ella se acercó a mi oído y me susurró.

- Quiero probarlo por atrás... Sólo lo he hecho una vez, y me gustó, así que ahora quiero hacerlo de nuevo.

La hice poner encima del escritorio, de cara a mí. Le abrí las piernas, y se las levanté a lo máximo que pude, y ella se las agarró para que se mantuvieran en esa posición. Seguidamente, fui al baño a buscar el gel de ducha, y me unté la polla con él. Luego, depositando una pequeña cantidad en mi dedo, se lo pasé por el ano, para que quedara bien untado. Luego introduje el dedo en su ano un poco para lubrificar más a fondo. Cuando ya estuvo a punto, empecé la introducción.

Poco a poco fue entrando, mientras ella ponía cara de dolerle un poco. Pero el dolor terminó pronto, porque lo hice muy suavemente, parando cuando ella ponía cara de dolor, y luego empujando suavemente. Al final entró.

La tenía de cara, y podía ver sus pechos y su cara perfectamente, así que me dediqué a besar tanto una cosa como la otra, mientras entraba y salía de su interior. Era una maravilla, y cuando empecé a notar que iba a eyacular, la besé más fuertemente. Ella gemía y gritaba, y el beso disimulo sus gritos. Nos corrimos los dos, yo fuera.

Después de dormir un poco, yo marché. Quedamos en vernos cuando ella volviera, pero no sabemos cuando será eso. Es una mujer muy dulce, y en la cama no se corta nada, así que espero impaciente su vuelta.

 


 

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