Anonymous escribió "Los tres tecnicos habian venido a instalar un equipo especial.
El saber q se iran y nunca mas los veré, me libera, permitiendome desatar toda mi lujuria con ellos.
- ¿Justo hoy se les ocurrió venir? ¿Marianita, realmente vas a poder hacerte cargo de todo? – Me preguntó por décima vez la doctora.
- Si, Doctora, quédese tranquila. Usted atienda a sus pacientes de la mañana en el consultorio auxiliar, así esta gente instala el equipo nuevo en su consultorio. No se preocupe que yo los superviso. Y si hay que venir a la tarde a terminar, vengo a la tarde.
- Pobre Mariana, tener que trabajar un sábado a la tarde. Vos sabes que quisiera estar yo misma. Pero tengo los pacientes, y a la tarde el congreso.
- Vaya tranquila, Doctora, por favor. Yo me encargo. Me enseñan a mí a usarlo, yo después le enseño a Ud.
Me causaba gracia la preocupación de la doctora Ibáñez. Después de todo no era para tanto. Hace dos años que soy su asistente y ya sé un montón de análisis, equipos y estudios. Así que acompañar y encargarme de los técnicos que estaban por llegar a instalar el nuevo equipo, era pan comido.
Acompañe a la doctora a instalarse en el consultorio que solía ocupar un cardiólogo que venia martes y jueves desde Buenos Aires, que hoy, como todo sábado, estaba desocupado. La doctora volvió a agradecerme, y ya me estaba hartando, así que hice pasar su primer paciente.
- Adelante, Sra. Gutiérrez, la doctora la espera.
Mientras la Sra. Gutiérrez entraba sonó el timbre de la puerta de calle.
Abrí la puerta. Recostado sobre el cartel luminoso de la inmobiliaria de al lado, enfundado en un mono de trabajo, y mirando hacia una camioneta estacionada frente al consultorio, un muchacho de unos veintipico charlaba con dos hombres que esperaban en la parte trasera de la camioneta.
Miré el gran bulto en la camioneta y me di cuenta que eran los técnicos que esperábamos. Mire al muchacho que aun no se había dado cuenta de mi presencia, y de quien veía solo el perfil. Un perfil hermoso. Nariz aguileña, de labios carnosos. Cejas negras y tupidas.
- Sí?
Se dio vuelta hacia mí y me encandiló con unos ojos azules que parecían dos faros. No me hablo. En silencio me examino de arriba abajo con la mirada. Bajó hasta mis piernas y volvió a subir. Detuvo su mirada en mis pechos y sin dejar de mirarlos, preguntó:
- Es usted la doctora Ibáñez?-
- No, soy su asistente.- La voz me tembló. El muchacho seguía recorriendo mi cuerpo con su mirada. Durante unos eternos segundos volvió a bajar sus ojos a mis piernas. Yo las moví, inquietas, cambiando mi peso de una pierna a la otra. El mojo sus labios con su lengua, sin dejar de mirarlas. Me sentía un pedazo de carne. Un pedazo de carne que el manoseaba impunemente con su mirada, con una sonrisa en sus labios que daba a entender que lo que veía le gustaba.
- Bien, dijo, y por fin levantó su vista y me miró a los ojos. Sus labios dibujaron un gesto de aprobación, y a pesar de que me sentía ultrajada por un examen tan descarado, sentí que le había gustado, y mucho, y eso me excitó.
- soy Julián Gorriti. Traemos el equipo nuevo. Creo que hable con vos hace un rato.
- Si. Soy Mariana, la asistente de la doctora. Ella tiene pacientes toda la mañana y luego tiene un congreso. Pero yo estoy a cargo de atenderlos.
- Y estoy seguro que nos vas a atender muy bien, dijo él. Y sonrío. Y si sus palabras, y el doble sentido que podía percibir en ellas, habían levantado todas mis defensas, con su sonrisa las derribó y las hizo polvo.
Nerviosa, los hice pasar, y les mostré donde debían ubicar el equipo. Julián me presentó a los otros dos técnicos que lo acompañaban – Alberto y Mariano- y me explicó que el era el programador. Que los otros dos iban a instalar el equipo y prepararlo y luego el se encargaba de nuestra computadora y del programa que controlaba el equipo y de enseñarme a usarlo.
Mientras mirábamos como entraban e instalaban el equipo nuevo, Julián no dejaba de mirarme y examinarme, siempre con su sonrisa socarrona en los labios. Yo le gustaba, y estaba preparándose para tirar toda su jauría sobre mí. Yo lo sabia, me daba cuenta, y le coqueteaba sin disimulo.
Él, seguro de su pinta, no perdía ocasión de acercarse a mí, de rozar mi brazo y mi mano. En un momento, mientras yo miraba como los otros atornillaban un monitor sobre todo el aparato, el se acercó por detrás y se puso a mi lado, pero con medio cuerpo sobre el mío. Distraidamente paso su mano por mi espalda y la apoyo en mi cadera. Yo contuve la respiración, pero lo dejé hacer. Vigile a los muchachos, para ver si ellos habian visto su caricia y justo atrapé a Mariano haciendole un gesto a Alberto. La habia visto y trataba de hacerselo notar a su compañero. En ese momento me miró, y al darse cuenta de que lo habia visto, se sonrió. Desvié la vista, no pude sostener su mirada. Su sonrisa me decía que conocía a las chicas como yo. “Ya aflojaste, nena”, me gritaba su sonrisa cinica.
- Tenes novio, mariana? – Me preguntó Julián.
- Si – contesté, Agradecida por la distracción.- Pero esta en el sur, trabajando.
- Uy, que mal, y hace cuanto que esta allá?
- Dos meses la semana que viene.
- Uhh.. eso es mucho tiempo para estar sin mimos, no?
- Demasiado – Se me escapó, sin pensarlo. Era demasiado tiempo, realmente. Mas para mí, que soy demasiado fogosa y a veces me parece tener un volcan entre mis piernas. Dije lo que sentía, me salió de adentro. Y apenas lo dije sentí a mi derecha, como Mariano no podia contener una risita. Senti que mis mejillas ardían. Julían lo ignoró.
- Y si… una mujer de verdad necesita de un hombre a su lado. No.. En serio. Te digo que para mi una mina que puede pasarse un mes entero sin… sin.. vos me entendes, sin sexo, no es una mujer de verdad. Y yo creo que si un tipo es tan pelotudo como para irse dos meses, pues, su mujer tiene todo el derecho a buscarse… quien le remueva la olla.
La grosería del final me hizo reír, nerviosa, y nos reímos los cuatro. La mano en mi cadera me tomó con mas fuerza.
- Cuantos años tenes?
- 22, respondí, recién *****pliditos.
- Y.. me imagino, con 22 años, esa olla debe estar hirviendo.
Julian se acerco a mí y me susurró: y en esos casos, Marianita, para evitar líos, lo mejor es buscar una cuchara de afuera para revolver el guiso… una cuchara que pruebe la salsita.. que moje el pancito.. que se coma el estofado..y después desaparezca.. y nunca mas te ví.
Yo jadeaba, aturdida por lo que estaba escuchando. La mano bajó de mi cadera a mi muslo.
Julian se había alejado un poco. Yo tenia la vista clavada en el piso, mis mejillas al rojo vivo. No los veía, pero percibía que los dos técnicos estaban inmoviles, que habían escuchado todo y también ellos, como Julián, estaban a la espera de mi reacción.
Tenia la boca seca, pero el resto de mi cuerpo prácticamente bañado en sudor. Junte mis piernas y al mover mi tanga la senti repleta de mis jugos.
- Mariana!.- El llamado de la doctora me salvó.
Los dos encargues de la doctora me aliviaron la tensión. Me alejaron del consultorio y de los técnicos, pero igual debía pasar varias veces por delante de la puerta abierta, y cada vez que pasaba los tres detenían su trabajo y me miraban.
Apenas termine los trabajos corrí al baño. Me encerré y me baje la tanga. Separe mis piernas y pase mis dedos por mi rajita. Estaba empapada en mis jugos.
- Carlos! – Pensé, porque te vas tanto tiempo?!.. No ves que no me aguanto?.
Mis dedos acariciaron mi clítoris y jadee al sentir la presión. Cerré mis ojos y me recosté de espaldas a la pared, e imagine que mi mano era la Julian. Gemí. Mi otra mano se unió y la cara de Alberto – el más joven de los otros técnicos- se me apareció en mi mente. Me imagine a los dos hombres, uno a cada lado, cada uno con sus dedos investigándome, y cuando mis dos manos presionaron mi clítoris, estallé, mordiendo una toalla para no gritar.
Cuando me recuperé, me lavé la cara y mis manos, y me limpie mis muslos todos mojados.
Mi orgasmo había sido intenso, pero aun así me sentía excitada. Cuando hago el amor, suelo tener muchos orgasmos, y cada uno va potenciando al siguiente, excitandome más, con cada estallido dejandome mas sensible a las caricias y a los besos.
Asi que no me extraño sentirme aun muy excitada, por el contrario, me sentía mas excitada que antes. Masturbarme había sido un error.
Julian tenía razón. Mi olla estaba hirviendo. Y el guiso listo para ser servido. Y devorado.
Salí del baño peor de cómo habia entrado. Mientras caminaba hacia el consultorio era consciente de mi tanga empapada y sentia el roce contra mi clítoris en cada paso.
Julian no volvió a hacerme ninguna insinuación. El resto de la mañana se comportó correctamente, casi como ignorandome. Me sentía la gata Flora porque su buen comportamiento me ponia loca. Trataba de darle conversación, me acercaba cada vez más. Veia como Alberto y Mariano cambiaban miradas divertidas al verme prácticamente desesperada porque ese potro hermoso me mirara, me hablara, ¡me volviera a tocar!
Me quede quietita mirandolos trabajar. Veia los musculos de los tres tensarse bajo sus camisas cuando armaban el equipo. En un momento a Alberto se le desabrochó gran parte de la camisa, y pude ver sus pectorales, duros, trabajados, casi sin pelos. Era un pecho de gimnasio. Senti como mi vagina se derretía sobre mi tanga. Sentía mis labios hinchados.
- Bien, Mariana, - Me dijo Julian – Ya hemos terminado con esto. Solo me queda enseñarte a usar la parte de la compu.
- Lo hacemos ahora? – Pregunte, un poco desilusionada porque ya todo iba a terminar y se iban a ir.
- No, ya es hora de comer. Esta tarde. Ya arregle con la doctora. Me dijo que no iba a estar, pero que vos nos ibas a abrir, no?.
Y en ese momento, su sonrisa reaparecio. Y entendí porque no me habia dicho mas nada. Me queria sola, a la tarde, sin pacientes, sin doctora.
- Si, respondí. – Yo vengo, no hay problema.
- Si, mi amor, ya se que no tenes ningún problema. – Me dijo mientras cerraba la puerta. Mi cara se encendió de nuevo al escucharlo, tan seguro de lo entregada que estaba. El volvió a sonreirme - Te esperamos a las tres.
Y se fueron. Y yo salí hacia mi casa en mi motito a los pocos minutos. “Te esperamos” habia dicho Julian. Iban a estar los tres? Yo habia salido de ese baño, dispuesta a entregarme por completo, pero.. ¿los tres?. Tuve una fugaz visión de seis manos acariciandome, y fue tan intensa que casi me caigo de la moto.
Por suerte mis viejos estaban visitando a mi hermana en Mendoza, asi que tenia la casa para mi sola. Apenas entré me desnude entera. Tome mi tanga y la examine. Estaba toda empada, embebida en mis jugos. Me toque la cara interior de mis muslos, y los tenia tambien mojados y pegajosos; mis jugos habian desbordado mi tanga. Comí dos empanadas que habian sobrado de la noche anterior mientras me daba un baño de inmersión. Me depilé bien las piernas y mi pochita, dejando solo un pequeño triangulo sobre mi clítoris. Me pinté las uñas de un rojo furioso.
Aunque no tenía ganas me obligue a defecar. Me imaginaba que Julian era de los que quieren y queria que me encontrara limpita.
Me sentí una puta haciendo fuerza sobre el inodoro, pero la sensación me gustó.
“Te estas preparando para un service completo, Marianita?” me pregunté. En ningun momento pense en Carlos, mi novio.
Estuve mas de 40 minutos pintándome.
A la hora de vestirme, descarté todas mis ropas sobrias.
Elegi una remera roja bien escotada y sin espalda, medias negras, y una pollera casi hasta la rodilla, tambien negra y con un tajo a la derecha.
Me mire al espejo. Estaba Hermosa, pero llevaba un cartel grande como una casa que decia “Cojanme, Quiero Pija”. Cuando me vieran, se iban a enloquecer.
Completé con unos tacos altisimos. “Mariana, sos la mejor puta de la ciudad vestida asi”.
Me sentía excitada, como la colegiala que sube al auto de su chico, sabiendo que esa noche va a ser desvirgada en el asiento trasero.
Llegue al consultorio justo a las tres. Estaban esperandome y me llenaron de elogios al verme. “Estas hermosa, Mariana”
Entramos, y los cuatro estabamos nerviosos. Cerré con llave, sintiendo que estaba firmando mi sentencia. Me moria de ganas de desnudarme alli mismo, delante de julian, para que me tomará, Pero encendí la computadora y me senté.
Julian se sentó a mi lado y empezo a mostrarme cosas en la computadora, mientras su mano izquierda se apoyo en mi espalda y empezo a acariciarme.
Yo no veia lo que me mostraba. Solo sentia su mano. Mi respiración subió de ritmo mientras su mano dibujaba corazones en mi espalda. Sin darme cuenta movi mi mano y la apoye en su muslo. El la tomó con su otra mano y me la subió hasta la entrepierna, hasta dejar mi mano ubicado sobre su pene. Lo sentí a traves de su pantalón, duro, grande. Se me escapó un pequeño gemido y lo apreté.
Mi mano lo recorrió. “Te gusta?” me dijo Julían.
“Si” susurré, apretandolo mas.
Un movimiento a mis espaldas me obligo a recordar a los otros dos, que nos miraban en completo silencio. Me dio vergüenza. Y solté la verga de Julián, mientras me incorporaba y casí corria hacia la cocina. “Voy a hacer café”, dije.
En la cocina me recline sobre la mesada, apoyando mis dos manos, recuperando el aliento y la compostura. Me toque la tanga. Me la habia puesto hace menos de una hora, y ya estaba toda mojada. “Que estas haciendo, Mariana?” – me dije – “Casi te lo coges delante de los otros”. “Es que no te das cuenta que te quieren comer entre los tres, boluda!?” – me respondí.
Senti pasos detrás mio. No me volví. Senti los brazos de Julian rodeando mi cintura, su cuerpo contra el mio, su verga dura contra mis nalgas.
“Te deseo, nena”, me dijo. “Te quiero recoger”.
Me mueve su verga por las nalgas. Yo muevo mi cola buscando su verga. Mi moral catolica se derrite y se escapa con los jugos de mi cuerpo por entre mis piernas.
Me besa el cuello y tiro mi cabeza hacia atrás, entregandole mi cuello para que me coma a mordiscones.
Su mano sube a mis pechos, levantando mi remera, dejandolos libres, me los aprieta, me los estruja, me tira los pezones, arrancandome gemidos de placer.
“Te gusta, mami, eh?..como te gusta”
“Mi olla esta hirviendo, Julian”..le susurro.
“Si, nena, y esta bien. No te podes aguantar dos meses sin una buena culeada. Pero tranquila, que hoy te vas a ir con la culeada de tu vida, mami, y después nos vamos, y nunca volvemos, y tu novio jamas se va a enterar que hoy te pusiste bien puta.”
Su forma de hablar me excita aun mas. Sus manos hurgan bajo mi pollera, toman mi tanga y me la bajan, hasta las rodillas.
Me mete una mano por delante y acaricia mis muslos y los siente empapados. Me doy cuenta que se asombra y mete su otra mano por detrás.
- Abri las piernas, tesoro.
Las separo, todo lo que me deja la tanga en mis rodillas. Y el me recorre la raja, el clítoris, mis muslos, mis nalgas, mi agujero del culo.
- Como estas, mami!..Si que estas necesitada de pija. Mira como te mojaste!
- Si, susurro. Si.
- Te vas a poner bien puta para mi, mami?
- Si. Si – respondo. Quiero. Quiero. Si. Quiero sentirme bien puta hoy. Quiero ser cogida como nunca. Liberarme. Y gozar, gritar, sin reparos, sin trabas, sin moralinas. – Quiero gritarlo, pero no me animó y solo sigo repitiendo: Si. Si. Si.
Sus dientes se clavan en mi cuello, mientras sus dedos siguen recorriendo mi raja, apretando mi clítoris, abriendo mis labios. Siento una catarata que cae sobre sus dedos, que fluye hacia abajo, por mis muslos, y goteando de su mano, cayendo en mi tanga estirada en mis rodillas.
- Si. Mami, bien puta te quiero. Hoy vas a gritar como una yegua. Te vas a comer tres pijas y vas a gozar como la puta yegua que sos. ¿Te vas a comer las tres pijas, nena? ¿Vas a gozar como una putita?
- Sí – Gimo. Y entre jadeos reparo en lo que me ha preguntado. Por un segundo mi mente grita “No, las tres no. Solo a vos”, pero la punta de sus dedos acarician los bordes de mi hueco, y jadeo y grito: Si..Si..Siiiii.
Siento que se aparta. Y me vuelvo. Esta desprendiéndose el pantalón. Se baja el calzoncillo y gimo al verlo. Su pija es grande, mas grande de lo que adivinaba al tocarlo por sobre el pantalón y esta con una erección completa. Julian no solo es hermoso, sino que tambien esta muy bien armado.
Ahora el se recuesta sobre la mesada, pero apoyando su cola en ella.
- Sacame el pantalón, me ordena.
Me arrodillo a sus pies y le quito zapatos, pantalón y calzoncillo.
El se abre de piernas y yo le beso entre sus muslos.
- Dale, mami, segui subiendo que te gusta.
Subo, besando, hasta llegar a sus huevos. Me detengo y meto uno en mi boca, luego el otro. Los lamo. Sigo subiendo, lamiendo toda esa verga larga, disfrutando de su tamaño, tiene la cabeza toda mojada. Me la paso por las mejillas, los ojos, la nariz, enbardunando toda mi cara con el jugo que le chorrea de su punta.
Siento ruidos a mis espaldas y adivino que los otros dos se acercan. Hago un intento de levantarme, pero Julian me toma mi cabeza y presiona hacia abajo, impidiendomelo.
- Seguí.
Lamo la cabeza, y me la meto en la boca, tratando de engullir todo lo que puedo. Siento sus pasos detenerse. Los presiento a mi espalda, cerca, y trató de no pensar, me concentro en meterme la verga. Me atraganto y toso, pero no dejo de lamerla.
- Epa, Marianita, te dejamos dos minutos sola y ya te estas emgranpando una verga.
- No se puede ser tan putita, nena.
“Si se puede” quiero gritar “miren como me pongo de puta. Miren como me convierto en su puta. Para que me disfruten. Para que me hagan disfrutar. Para que me hagan conocer la cara de dios.”.
- Miren como tiene la concha, esta que no da mas. – dice julian. Siento como se arrodillan a mi lado.
- ¿Estas calentita, marianita? ¿Te mojaste rico?
Me concentro mas en la pija de Julian, para no responder. Con una de mis manos le agarro la pija y lo masturbo mientras la otra le acaricia los huevos, mientras lamo y me meto todo en la boca.
Mariano y Alberto se arrodillan cada uno a mi lado. Me toquetean mis tetas. Y entre los dos me desprenden y bajan la pollera, dejandola en mis rodillas junto con mi tanga. Siento un escalofrio cuando me dejan con la cola al aire. Siempre me ha gustado ese momento en que quedo desnuda delante de mi chico, en el que me ve por primera vez. Me gusta sentir como suspira al verme, como gime de placer al ver mi cuerpo, especialmente mi cola, que es perfecta. Pero esta vez es diferente.
Esta vez, al desnudarme, al sentirlos gemir al ver mi cola, dura, parada, bien redondita, perfecta, al sentirlos apretar y manosear mis nalgas, siento que es el momento de no retorno. Ya no hay vuelta atrás, ya soy de ellos. Siento como un hilo de baba me sale y cuelga hacia mi tanga. Mariano la vé, y casi grita al llamarlo a Alberto, al mostrarle como esta de cachonda su putita, como su coño chorrea.
- Mamita, que putita divina que resultaste. – Me dice Alberto. Y su mano, por delante, me manosea el clítoris, mientras Mariano, por detrás, me abre los labios, y me pasa sus dedos por mi raja, provocando mas chorros de jugo.
Con su otra mano, me toma del cabello y me tira hacia atrás, liberando la pija de Julian de mi boca.
Intento seguir con mi mamada, volver a esa pija que me impide pensar, que aunque parezca una locura es el único eslabón con mi decencia, porque mientras estoy concentrada en chupar y lamer, no necesito reconocer que estoy con tres hombres, y que van a cogerme, los tres, como a una puta de cabaret, pero ni siquiera por dinero, porque me he entregado yo solita, porque estoy aquí, arrodillada, lamiendo, chupando, chorreando, porque lo he querido.
- Mirame, me dice Alberto y me mira a los ojos, sonriendo. – Como te gusta la pija, putita.
Me lo dice mirandome a los ojos, y pellizca mi clítoris, mientras en ese momento Mariano mete la punta de sus dedos en mi concha. Y siento una primera contracción, gimo, doy un pequeño grito, abro mis labios y mis ojos al gemir. No se que cara pongo, pero Alberto me grita: Si, dale, si, si, vamos, acabate. Dale.
Siento que me estoy por venir. Apoyo mis manos en el borde de la mesada. Quiero hundir mi cara entre las piernas de julian, pero Alberto me tira aun mas el pelo hacia atrás, obligandome a tirar mi cabeza hacia atrás, mi cara hacia el techo, asi pueden los tres verme acabar.
Mariano mete mas sus dedos y los mueve dentro mio. Doy un grito. Julian me toma mi cara entre sus manos. Y me alienta. Los tres me alientan.
Alberto vuelve a apretar mi clítoris, y estallo. No es un gran orgasmo. Es uno de mis “Primeros”. Pero gimo y grito, y mi cara demuestra que lo disfrute. Mi coño expulsa chorros de jugo.
Alberto me atrae hacia el. Y yo me recuesto sobre su pecho, vencida. Estoy llorando de humillación. Me han derrotado, ya soy completamente suya, con ese orgasmo público derribaron todas mis barreras. Ya soy vuestra, haganme lo que quieran.
. Mariano saca su mano, que esta toda mojada y pringosa de mis jugos y se las muestra. Se chupa los dedos, se chupa mis jugos. Los otros dos se inclinan sobre mi, y me toquetean, me acarician, bajan hasta mi entrepierna, me abren, y meten sus dedos y los sacan tambien mojados. Tambien los chupan. Me hacen chupar mis propios jugos. Me mojan la cara con mis jugos.
Julian me levanta, me lleva hasta el consultorio y se sienta en el sillon de la doctora. Soy chiquita y el es fuerte, asi que me levanta y me hace quedar de cuclillas sobre el sillon, de frente a el, con la punta de su verga en mi entrada.
Me deslizo hacia abajo, tragandome su verga en mi descenso. Lo siento entrar, gimo, su verga es larga. Y a medida que bajo siento como mis paredes empapadas la reciben con placer. Empiezo a gemir, pero siento que mi cola choca contra algo y el avance de la pija se detiene.
Alberto ha agarrado con su mano la base de la pija de Julian. y por lo tanto solo puedo devorarla hasta allí. Gimo. Pero el solo me mira sonriente, y me empuja hacia arriba. Me levanto, haciendo que su pija casi salga toda, dejando apenas la cabeza adentro. Me tiro hacia abajo, casi con desesperación, hasta encontrar nuevamente el tope. Gimo.
- Pedi por favor, me dice Alberto.
- No seas hijo de puta, le digo.
- No, te quiero puta completa, rogando por pija.
- Hacela sufrir, dice Julian.
Alberto y Mariano estan con nosotros, en el consultorio, desnudandose, preparandose para cogerme tambien.
Me giro hacia ellos, ya no tengo …, estan los dos ya totalmente desnudos. Sus vergas no son tan grandes como la de Julian, pero no estan mal. La de Alberto es gorda. Me quedo mirandola un momento, pensando si la voy a aguantar.
- Chicos, por favor, diganle que no sea asi.
Ellos solo se rien. Roga por pija, marianita, me dice Alberto.
Se acercan. Me quitan la remera. Quedo completamente desnuda, solo con mis medias negras. Se porque me las dejan. Con ellas me veo una puta total. Alberto se moja un dedo en su boca, y me lo pasa por el agujero del culo.
Fin de la primera parte.. si les gusto ..comenten y pondre el resto."
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