Movia mi lengua raspando su clitoris y entrando y saliendo de su hoyo, sin pensarla meti mi verga por su vagina empapada; en unos segundos de mete-saca me vine litros dentro de su riquisimo agujero.
El siguiente es un relato 100% real, en el que cito con precisión el lugar y circunstancia en que sucedió para que puedan repetir la experiencia erótica que viví.
Vivo en la Cd. De México, en el DF, tengo 35 años, 1.75mts., cuerpo normal (no gordo ni esquelético; trato de hacer ejercicio), es decir, soy muy normal, mi verga es de un tamaño muy normal, es más, cuando no está parada es pequeña.
El lunes pasado estaba sentado a las 11:00 de la mañana en un café de la calle de Insurgentes Sur, que se llama “Café de la Selva”, ya que mi oficina está en la esquina, soy abogado. Llegaron tres señoras como de cincuenta años, se sentaron en una mesa al lado de la mía; yo leía un periódico y no hice mucho caso, pero de repente voltee y pude que una de ellas tenía una falda corta, que al sentarse permitía ver el borde de sus medias; iba vestida de café claro, elegante, pelo castaño claro, un poco llenita, con unas tetas mediana-grande, un culote y unas piernas suculentas envueltas en medias color piel.
No tengo mucho éxito con las mujeres y no pensé que esta mujer (se llama Olga) hubiera siquiera notado mi presencia, por lo que estuve viendo sus piernas todo el tiempo. En un momento al levantarse al baño pude ver su entre-pierna, noté unos calzoncillos blancos (de inmediato se me paró la verga).
Después de un rato seguí leyendo y al volver a ver a mis vecinas de mesa me di cuenta de que se habían ido sus dos amigas, dejando sola a Olga, quien hablaba por su celular. Mi timidez es extrema, así que ni consideré acercarme ni nada (estaba seguro de que me mandaría al carajo); pero sentí que me veía directamente, y en un momento nos sonreímos (pensé que hasta allí llegaría todo, como sucede frecuentemente, cuando por educación sonríe la gente entre sí); de repente me preguntó por una sucursal de Banamex y le expliqué que había uno al lado, y entonces comenzó una plática boba acerca de los asaltos y le conté que me habían asaltado y ella me platicó de otros casos, lo de siempre, pero eso dio pie a que se pasará a mi mesa, pues según me dijo, en la suya estaba muy fuerte el sol.
Al sentarse sentí su pierna chocando con la mía, así que me moví, pero cuando volví a sentirla tocar su riquísima rodilla contra mi pierna ya no moví nada; nuestra plática era muy normal, de hecho nos hablábamos de usted. En un momento dado y no sé como empezamos a hablar de cosas calientes, me dijo:
- Eso de las “chichis” de Janet Jackson es una mamada, no crees? - Si - le dije, medio impresionado por su cambio en el vocabulario - Putos gringos, andan matando cabrones en Irak y se impresionan con una teta en T.V. - Si, además estaba rica la tetita, eso que ni que - contesté medio para calentar el ambiente.
- A ver si un día se saca la verga un negro en tele para que también haya para nosotras Y con eso ya empezamos a romper el hielo.
Entonces me platicó de su marido.
- Es que la verdad nunca me ha gustado coger con él, porque tiene una vergota que nomas me lastima. - No me digas, que mala onda - Y tú la llevas bien con tu esposa? - No soy casado - le dije y con eso empezó todo a ir bien.
Después de un par de cafés, me dijo que se estaba meando, y yo de broma le dije que yo también:
- ¿Que tal si vamos juntos? - pregunté. - ¿A que no te atreves?
Y nos paramos a los baños; debo decirles que eran como las 12:00 de la mañana, por lo que había muy poca gente en el sitio. Llegamos a los baños como están divididos nos metimos al de Hombres; no podía creerlo, entró y se levantó la falda, se bajo los calzones y se sentó, me percaté entonces que no eran pantimedias sino medias las que traía; empecé a oir caer un gran chorro de pipí, y ella me dijo:
- Y tú, ¿no vas a hacer? - Si, pero cuando acabes, ¿no? - Que, ¿te da pena? - No -
En ese momento me saqué la vergota super parada y la puse en su cara, ella la tomo con su mano y la dirigió hacia un hueco frente a ella para que lanzara mi pipí al water, cosa que hice inmediatamente; se me pusó durísimo el pito al sentir su mano tocándolo.
Después se levantó y acercó mi pene a su estómago, restregándose a él, entonces me hinqué y comence a lamer su concha, ella se sentó en el escusado y abrió sus piernas, entonces vi su velluda concha, y metí mi lengua, me tragué los restos de pipí, y empecé a mover mi lengua con calma raspando su clítoris y entrando y saliendo de su hoyo; después de un momento ella se levantó y reclinó hacia delante y yo sin pensarla metí mi verga por su vagina empapada; en unos segundos de mete-saca me vine litros dentro de su riquísimo agujero.
Salimos del baño, nadie se dio cuenta, nos sentamos, pagué, salimos, ella se subió en su coche, yo caminé a mi oficina y listo, colorín colorado, no nos hemos vuelto a ver, no tiene mi teléfono ni yo el suyo.
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