Gays: AHORA SOMOS TRES
Enviado el Miércoles, 06 febrero a las 17:20:22 por JuPo
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Empuje hacia atras, no descanse hasta sentir sus bolas contra mi culo, me volvi loco culeando, mi pareja siguio mamando mi verga, y se las ingenio para mamar sus bolas de nuevo
Debo confesar para que vayan entendiendo el título de esta historia que es real, que somos una joven pareja de profesionales, de veintiséis y veintiocho años, tenemos siete años compartiendo todo y sentimos que somos una pareja completa, compartimos un bello apartamento con todo lo indispensable para ser feliz. Tenemos una vida sexual muy activa, sin inhibiciones, nada que envidiarle a una pareja hombre - mujer.
Una noche, en una de nuestras rondas por la ciudad donde vivíamos, surgió la conversación de cómo seria hacer el amor ambos con otra persona, ese hecho se convirtió en obsesión y muy frecuentemente salíamos en busca de la persona ideal para satisfacer nuestra fantasía, el hecho, es que nunca coincidíamos en materia de gustos por el hombre anhelado, mientras tanto, ya este hombre existía en nuestras fantasías y juegos sexuales y siempre salía retratado en nuestra cama, hacíamos el amor imaginándolo haciéndonos de todo lo que esa mente morbosa se le podía ocurrir. Pero en la calle nunca nos poníamos de acuerdo en la escogencia, quiero aclarar que estas diferencias nunca nos trajeron ningún tipo de problemas, ya que el acuerdo debía ser que el tipo nos gustara a los dos.
Debo decir que mi pareja, por las noches estudia a nivel de postgrado y generalmente, lo llevo a allá cada vez que tiene clases, para que no deje su carro estacionado allí y se lo puedan robar, siempre al dejarlo me decía que le trajera algo "bueno" cuando lo viniese a buscar de regreso. Ya se imaginaran a que se refería. El hecho es que en mi ronda no veía nada que nos pudiera gustar a ambos, debo decirles que somos de muy buen cuerpo, yo blanco de ojos verdes y el un morenote claro increíble. Por lo que a el le gustan blancos y a mi morenos.
Cierta noche, vi un moreno con un cuerpo espectacular y les juro que en ese momento, solo pensé en mí. Pasé y le miré al cual él respondió del mismo modo. Di la vuelta y pase de nuevo y esta vez estacioné muy cerca de él. Se acercó y le pregunté, ¿para donde vas? Me dijo que al centro de la ciudad, como yo no frecuento esa zona, le dije que no llegaba tan lejos. El miró mi cara de lujuria y al retirarse se tocó muy disimuladamente su gran paquete, quedé electrificado. Le llamé de nuevo y le dije que si quería lo podía dejar un poco más cerca y aprovechábamos para platicar. Él aceptó y subió. Después de las típicas preguntas de rigor a la vez que no apartaba la vista del inmenso paquete, le dije que se notaba excitado, a lo que me respondió que tenía unas ganas bárbaras de tirar. Inmediatamente acaricié su paquete y preguntó que si lo quería conocer, se bajó la bragueta y mostró una verga descomunal, como 26 centímetros de hermosa y gruesa carne...
En ese momento circulábamos por una calle poco transitada, por lo que estacioné y me lancé sobre ese adonis. Con mi garganta educada por el ejercicio diario, no tuve muchos problemas para engullirme ese mazo de carne, sangre y venas. Mamé con devoción hasta que la luz de otro carro, me hizo detener. (Debo decirles que fue mi primer miembro diferente después de siete años). Continué manejando ya se acercaba la hora de buscar a mí pareja, en ese momento le dije:
- Si quieres te pasamos a buscar dentro de una hora, a lo que extrañado preguntó: - ¿Te pasamos? - Si le dije, voy a buscar un amigo a la universidad y estoy casi seguro que le encantaría conocerte.
-¿No te gustaría hacer el amor entre tres, no sería maravilloso sentir dos lenguas ese hermoso palo que tienes? Mientras uno recorre tu verga el otro mame tus bolas. -Si respondió, ¿como es él?
-Es un año menor que yo, alto, moreno atlético. - Creo que la pasaremos.
Lo dejé en el sitio convenido y fuí a la universidad a recoger a mi pareja, tardó un poco y yo estaba ansioso.
Cuando lo vi venir me alegré.
Al subir y saludar le dije, -Huele mi mano. Que te parece.
Me dijo, - Huele a verga joven y fuerte.
Se lo describí, yo sabía que no le gustan los morenos, pero se lo describí de tal forma para entusiasmarlo. Sobre todo cuando le dije tiene una herramienta bestial. Imponente,
De todas formas, le dije, depende de ti a ti no te emocionan los morenos, a mi sí, pero tenemos que estar de acuerdo para esto. Vamos lo observas y decides.
Así lo hicimos y respondió con agrado, no sé si realmente le gustó, lo hizo por complacerme o por curiosear esa enorme verga.
Acerqué, el carro y él subió, después del saludo de rigor, se lo presenté, diciéndole. Este es el muchacho del cual te hablé. Entablamos una semi conversación. Estando los dos en el puesto de adelante, le dije tiene una tranca descomunal, el muchacho no escuchó, solo el murmullo, a lo que dijo, ni escuché. Mi pareja le dijo, me está comentando que tienes un monstruo divino entre las piernas. Se rió. Le dije:
- ¿Nos la muestras?
Inmediatamente se bajó la bragueta y los pantalones hasta la rodilla. Mi pareja sonrió con picardía y lujuria.
Le dije: - ¿La quieres probar? y en el acto se lanzó al puesto de atrás y mamó como loco, al despegarse le seguí en el acto estacionando el carro. Mamé poco pero con maestría. Me despegué y se volvió a lanzar. Les dije arréglense que falta poco para llegar a la casa. Nuestra fantasía había comenzado a realizarse.
Llegamos a la casa muy seriecitos, ante la vista indiferente de nuestros vecinos, ni se imaginaban el destape que se iba a producir al cruzar la puerta.
Lo invitamos a sentar y ofrecimos un trago. Mi pareja se sentó a su lado y yo traté de sentarme al frente, pero me llamaron y dijeron que los acompañara. Accedí, me siento y pongo mi pierna sobre la del visitante, veo a mi pareja magreándole el paquete y besándolo en la boca. Me incorporé de inmediato y comencé a bajarle el pantalón, me arrodillé delante de él y comencé a mamar con gula, no existió parte de ese palo que no recorrí, el glande brillante de sus líquidos fue mi gran fuente de excitación, el ojete estaba en su punto, mamé donde solo los hombres saben producir placer, mi pareja entró por debajo de sus piernas, apoderándose de unas lindas bolas tan perfectas como una manzana, allí se encontraron nuestras bocas por primera vez, nos besamos con amor, pero el objetivo no éramos los dos, subí hasta su boca y nos besamos con pasión nuestras lenguas se entrelazaron como nunca.
Mientras tanto mi pareja se deleita viajando entre sus bolas y la tranca. Mientras nos besamos abrí su camisa y me apoderé de sus tetillas, perfectas, en ese momento sentí que estaba en nuestras manos, mi pareja subió y entre besos, caricias, estuvimos un largo rato, a todo esto ya nosotros estábamos desnudos. Me subí a horcajadas sobre él para sentir su falo entre mis nalgas, ¡que placer!, fue eléctrico el contacto. Le dije a mi pareja que si quería experimentar lo que sentí. No lo pensó dos veces y se sentó sobre él. Se veían divinos, mis dos morenos favoritos. Aproveché la posición y le mamé el nabo a mi pareja, lo tenía a mil. Su glande parecía una taza de miel. Que gusto sentí. Me posicioné de nuevo de la verga de nuestro amigo y mamé hasta sentir sus jadeos, sabía que terminaría en cualquier momento, busqué la cara de mi pareja y ese glande nos lo repartíamos por igual, cuando al fin sentíamos que se venía colocamos nuestras bocas abiertas muy juntas para esperar ese néctar, ¡que trallazos de leche sobre nuestras caras, labios y lenguas!, que manjar tan delicioso.
Respiró profundo, aproveché y busqué su última gota en el ojete. Quedó, exhausto, pero su extrema juventud y la situación hizo que se excitara muy pronto, fue otra sesión inimaginable, quería experimentar más, quería saber la resistencia de mi esfínter al recibir esa polla. Le pregunté a mi pareja si quería que esa verga se lo cogiera, dijo que no. Me devolvió la pregunta, respondí afirmativamente. El muchacho quería meterla. Me puso en cuatro, sobre el sofá, me dio unos lengüetazos en el culo que me hicieron delirar, a todo esto mi pareja estaba mamándome la pija, para mayor placer. Sentí algo tremendamente caliente en la puerta, pensé, son 26 cm y muy gorda, mi pareja me ayudó, abrió mis nalgas con sus manos y enfiló ese cabezón, sentí la primera embestida, ya el glande estaba adentro, ya pasó lo peor ahora viene lo bueno...
Empujé hacia atrás buscando todo el tallo, no descansé hasta sentir sus bolas contra mi culo, creo que me volví loco culeando, mi pareja siguió mamando mi verga, de allí subió a mis tetillas, donde sabe que me hace enloquecer. En ese momento el muchacho se sentó y cabalgué como loco sobre él, mi pareja se las ingenió para mamar sus bolas de nuevo. Creo que casi nos pusimos de acuerdo, para venirnos.
Los gemidos del muchacho eran ruidosos, los míos eran tremendos, mi pareja se masturbaba mamándole sus testículos, al escucharme sabía que me venía, quien mejor que él, metió su cabeza entre los dos abdomen y alcanzó mi verga, nos venimos los tres al mismo tiempo. Fue un derroche de placer. Nos recostamos y dormimos por un rato. Al despertar el muchacho se estaba arreglando, dijo que debía amanecer en sus casa. Lo llevamos hasta el sitio convenido, después de vestirnos, las piernas me temblaban mientras manejaba. De regreso mi pareja me dijo que nunca me había visto soltar tanta leche como en esa ocasión, claro, era la nueva experiencia.
Ya en la casa, nos duchamos y nos acostamos, hicimos el amor de nuevo, sin acordarnos de lo que pasó poco antes. Hemos visto al muchacho varias veces, pero no lo hemos invitado a subir. Le bautizamos el "electro" por lo descomunal de su verga.
De vez en cuando, subimos a alguien al carro y nos lo mamamos hasta hacerlo acabar, pero no hemos vuelto a llevar a alguien a la casa. Es nuestro nido de amor y solo para dos. Ahora somos tres, pero solo dos fijos él y yo, el tercero varía de acuerdo al gusto.
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