Navegando a trav?s de Internet me encontr? esta p?gina de relatos er?ticos, de los que siempre he sido un gran seguidor, puesto que creo que excitan m?s que incluso ver una pel?cula porno. Antes de comenzar la historia que voy a contar, dir? que es totalmente ver?dica y, que no hay nada de inventiva en la misma.
Para situarnos en la historia, presentar? a los protagonistas de la misma,
que no son otros que mi t?a Mar?a y un servidor. Los acontecimientos se
desarrollaron hace aproximadamente 12 a?os, cuando yo ten?a 22 y mi t?a 47. Mi
t?a, la cual es hermana de mi madre, siempre ha vivido con nosotros y para m? ha
sido como una segunda madre, es decir, me ha visto nacer, por lo que siempre
hemos tenido mucha confianza el uno con el otro.
Con la entrada en la ?poca de adulto, yo empec? a fijarme cada vez m?s en mi t?a
y en las mujeres maduras, que aunque no dispone de un cuerpo espectacular, s?
hay que decir que se conserva muy bien para la edad que tiene, es decir, posee
unos pechos muy bien puestos y un culo de los que yo llamo resping?n.
Yo notaba que a medida que iba creciendo, cada vez se fijaba m?s en m?, al igual
que yo en ella. Al tener mucha confianza no dudaba por ejemplo en entrar al
cuarto de ba?o donde estaba yo para coger cualquier cosa, as? que en m?s de una
ocasi?n me pill? haci?ndome una paja, claro que yo tampoco me quedaba corto, y
cuando ten?a la menor oportunidad intentaba verla c?mo se desnudaba en su
habitaci?n, aunque nunca llegu? a verla por completo. Tambi?n aprovechaba cuando
ella no estaba para ir a su habitaci?n y cogerle las bragas y los sujetadores y
a masturbarme pensando en ella.
Mi pasi?n por ella iba en aumento, y so?aba con poderla ver cualquier parte de
su hermoso cuerpo. Siempre estaba al acecho, y as? por ejemplo, estando en la
playa junto a ella pude verla c?mo asomaba parte de su pubis negro por la
entrepierna, pero cuando ella se dio cuenta, enseguida se lo coloc?.
Como ?bamos a veranear toda la familia junta, es decir, mis padres, mi hermano y
abuelos, nos ten?amos que amoldar en la casa que tenemos en Almer?a, as? que yo
me las ingeniaba para dormir con ella, ya que mi hermano no soportaba dormir con
nadie. Creyendo que yo me encontraba en un profundo sue?o, y al despertarse
antes que yo, aprovechaba para vestirse en la misma habitaci?n, pero lo que no
sab?a es que yo me encontraba despierto, por lo que la pude ver en alguna
ocasi?n c?mo se bajaba el pantal?n del pijama para ponerse las bragas, y me
mostraba su hermoso culo blanquecino. En otra ocasi?n, al tumbarse en la cama y
ponerse las bragas, la pude ver su co?ito negro. Huelga decir, que tras irse de
la habitaci?n, lo primero que hac?a era cascarme una paja pensando en el hermoso
espect?culo que me hab?a brindado.
En una ocasi?n, yo me desvel? a media noche y encend? la luz de la mesita, y la
girarme pude ver c?mo mi t?a ten?a el camis?n subido hasta casi la cintura, por
lo que mostraba parte de su monte de venus y culo. Yo no pod?a creer lo que
estaba viendo, y mi coraz?n empez? a latir a mil por hora. Sigilosamente me
levant? y empec? a masturbarme delante de ella, intentando hacer el menor ruido
posible. Cuando me encontraba en plena faena, hice un movimiento en falso y me
tropec? con la pata de la cama, por lo que el ruido la despert? y me pill?
fraganti. El mundo se me vino encima y yo no supe qu? decir, pero ella, lejos de
reprimirme me dijo que qu? estaba haciendo, a lo que yo no supe qu? contestarle.
A continuaci?n me dijo que si nunca hab?a visto el chichi de una mujer, a lo que
yo le contest? que no, puesto que todav?a era virgen. Entonces sin mediar
palabra, ella cogi? mi mano y empez? a guiarme primero por su monte de Venus y
despu?s a bajar hasta palpar su vagina.
Despu?s me dijo que cerrara la puerta con cerrojo y que no hiciera ning?n ruido,
a lo que yo obedec? como si fuera un perro. Cuando me di la vuelta ella empez? a
subirse el camis?n y en unas d?cimas de segundo me encontr? delante de mi t?a
como vino al mundo. La imagen que siempre ansi? contemplar. Me pregunt? que si
hab?a echo el amor alguna vez, a lo que le contest? que no. Mi sorpresa fue
may?scula cuando ella me respondi? que tambi?n era virgen, algo que aunque
estaba soltera, no me imaginaba.
A continuaci?n se abri? de piernas y cogiendo mi pene con su mano, empez? a
introduc?rselo lentamente en su vagina que empezaba a estar lubricada; yo not?
que algo de dolor le produjo, pero enseguida est?bamos el uno entregado al otro
en un continuo movimiento de caderas, y comi?ndole los pezones sonrojados que
tiene con mis dientes. No tard? mucho en correrme en su hermoso chochito maduro,
llegando a descargarle toda mi leche, como nunca antes lo hab?a hecho. Ella
tambi?n se corri? junto conmigo y las ?nicas palabras que lleg? a articular
fueron: ?gracias sobrino?.
Desde aquel entonces, casi todas las noches lo hicimos, hasta que acab? el
verano. La historia continu? unos cuantos a?os m?s, pero ahora ella ya no est?
con nosotros y ya dejamos de hacerlo.
Lo que m?s me gust? fue que tanto mi t?a como yo perdimos la virginidad juntos y
fue lo m?s parecido a estar en el para?so.