Portada - Top Relatos - Enviar Relato - Archivos

 

    CATEGORIAS

    Anteriores

Domingo, 16 noviembre
· EL PANADERO
· A MI TIA LE DI CREMA POR EL CULO
Viernes, 14 noviembre
· MUJER ARDIENTE
· MARGARITA, MI ARDIENTE MADURITA
· MI PADRASTRO Y LUIS
Jueves, 13 noviembre
· MIRANDO VIDEOS PORNO
· ME COMI TRES NEGROS
· SU FANTASIA LA HICE MIA
Miércoles, 12 noviembre
· RITA, ME CAUTIVO
· EN LA FINCA CON ANDRES
· MI PADRE, MI TIO Y YO
Martes, 11 noviembre
· EL GUARDIA DEL TRABAJO
· MADURA Y BIEN FORMADA
· TRIO CON UN DESCONOCIDO
Lunes, 10 noviembre
· SEIS MESES SIN RELACIONES
· CAI EN SUS REDES
· EL AGUA
Domingo, 09 noviembre
· NUESTRO LUJURIOSO MOMENTO
· QUE RICO SENTIRLA ADENTRO
· UN MANJAR PARA MI
Viernes, 07 noviembre
· TRAVESURAS DEL CHAT
· LA VIRGINIDAD TARDIA
· DESPEDIDA DE SOLTERA
Jueves, 06 noviembre
· MI TIO RICHARD
· EN MIS 20 AÑOS
· MADURA ARDIENTE
Miércoles, 05 noviembre
· LA INSACIABLE
· QUISIERA CONTAR DE MI
· AGUARDANDO EL MICROBUS
Martes, 04 noviembre
· MADURA, SU AFICION ERA EL SEXO

Artículos Viejos

Dominación: Dominacion: UN DURO D?A DE TRABAJO
Enviado el Martes, 07 diciembre a las 17:09:19 por full

 ?Pero quien co?o llamar? a estas horas?!? ? me pregunto enfadado y medio dormido.


Miro el reloj y veo que son las siete y media de la mañana.

“Para un día que me dan libre...” – maldigo.

“Sí?” – pregunto al coger el teléfono.

“Hola.” – me dice un voz dulce y aterciopelada. Es Ángela!

“Hola, mi Señora. Buenos días.” – me apresuro a decir intentando poner una mejor voz.

“Vaya, espero no haberte despertado.” – me dice con ligero tono de sarcasmo.

“No se preocupe, mi Señora.” – le digo resignado.

“Bueno, te llamaba porque quiero que me lleves al trabajo.” – me explica.

“Tiene algún problema con su coche?” – le pregunto ya un poco más despierto.

“No, ninguno.” – me explica. “Simplemente quiero que me lleves.”

“Entendido, mi Señora.” – contesto.

“Tienes veinte minutos.” – me dice.

“Entendido, mi...” – me ha colgado.

Me aseo y desayuno algo rápido. Mientras me visto, tengo la intuición que no va a ser un día muy relajado.
Salgo de casa y me dirijo a casa de Ángela a toda prisa. Mientras conduzco, bostezo en numerosas ocasiones. Todavía tengo mucho sueño y lo noto.

Llego a las ocho menos dos minutos a casa de Ángela. Aparco en un vado y salgo corriendo a llamarla por el interfono. Por suerte, Ángela no tarda en bajar.

“Al coche.” – es lo primero que me dice.

“Sí, mi Señora.” – contesto. Me apresuro a abrirle la puerta trasera para que entre. Cierro la puerta y, luego, me introduzco yo.

“Buenos días, mi Señora.” – le digo por el retrovisor mientras arranco.

“Buenos días, esclavo.” – me contesta.
“Qué tal está, mi Señora?” – le pregunto.

“Bien. Más despierta que tú, por lo que veo.” – me dice haciendo clara referencia a mis continuos bostezos.

“Ay, lo siento, mi Señora.” – me disculpo.

“Quiero que hagas una serie de tareas.” – me explica.

“Lo que Usted diga, mi Señora.” – le digo. En ese preciso momento, se confirman mis sospechas. No va a ser un día de descanso.

“Quiero que me limpies la casa y que hagas unas compras.” – me explica. “Aquí detrás te dejo las llaves de casa y la lista con las cosas que quiero que compres. Tienes hasta la hora que vuelva a casa.”

“Entendido, mi Señora.” – contesto.

En ese preciso momento, suena el móvil de Ángela. Tras intercambiar un par de saludos, deduzco que se trata de Diana. La conversación no dura mucho.

“Diana quiere que la acompañes al trabajo.” – me dice Ángela guardando el móvil.

“Al trabajo?!” – digo sorprendido sabiendo que vive a cinco minutos del trabajo.

“Algún problema?” – me pregunta Ángela amenazantemente.

“No, no. Ninguno, mi Señora.” – contesto sumisamente.

“Bien. Pues entonces, cuando me dejes a mí acompáñala a ella.” – me indica.

“Sí, mi Señora.” – contesto.

Llegamos a lugar donde trabaja Ángela. Aparco en doble fila y me apresuro a salir para abrirle la puerta, pero sale sola. Más tarde caigo en que alguien de su trabajo podría ver la escena y preguntar. Siempre se aprenden cosas nuevas.
“Adiós, mi Señora.” – me despido.

“Hasta luego.” – me dice.

Cojo el coche y me dirijo a casa de Diana. Está visto que no me van a dejar descansar en mi día libre. Parado en un semáforo, alargo el brazo y cojo las llaves de casa de Ángela y la lista para echarle un vistazo. Por suerte, no hay nada raro y creo que podré comprarlo todo en un tiempo razonable.

A las nueve menos cuarto llego a casa de Diana. Aparco cerca y voy a llamarla por el interfono.

“Buenos días, mi Señora.” – le digo cuando sale.

“Hola.” – me dice. Saca un cigarrillo y se lo enciende. “Vamos.”

Durante unos segundos, nadie dice nada. Yo sigo bostezando en un par de ocasiones.

“Quiero que me hagas un par de trabajillos.” – me dice de repente.

“Claro, mi Señora. Lo que Usted diga.” – contesto.

“Quiero que me pases el trapo por toda la casa y que me compres un par de cosas.” – me dice sacando las llaves de su casa del bolso y ofreciéndomelas.

“Claro, mi Señora.” – le digo cogiendo las llaves.

“Quiero que compres un florero que creas que me pueda gustar y unas flores que poner en él.” – me explica.

“Entendido, mi Señora.” – respondo.

“Anda, vete ya.” – me dice al llegar a su lugar de trabajo.

“Sí. Hasta luego, mi Señora.” – me despido.

Cuando son las nueve y diez, me dirijo a un cajero para sacar dinero. Cuando me giro, veo una tienda que me puede servir y entro. Tras estar un buen rato debatiendo entre tres floreros, me decido por uno y me lo llevo. Luego, toca elegir las flores. “Con esto si que voy a perder tiempo.” – pienso. Al final, me decido por unas orquídeas y salgo disparado hacia casa de Diana.

A las once menos diez, llego a casa de Diana. Tiene una casa pequeña pero muy acogedora. Bien iluminada y confortable. Busco un trapo, lo humedezco y me pongo manos a la obra.
Cuando llevo una hora, empiezo a estar cansado pero miro la hora y veo que si me paro no tendré tiempo para hacerlo todo. Así que, sigo limpiando sin parar.

Acabo de limpiar la casa de Diana a la una y quince minutos. Estoy rendido y más si pienso que todavía me queda la casa de Ángela. No tengo otra elección que hacerlo, así que me levanto y me voy. Mientras voy en coche, veo que no he planificado bien las tareas. Limpiar dos casas seguidas es algo muy duro.

A las dos menos cuarto, llego a casa de Ángela. Empiezo a limpiar pero un nuevo problema surge. El hambre hace acto de presencia. Tengo la tentación de ir al frigorífico y coger algo, pero creo que eso no le gustaría a Ángela. Además, veo que si me pongo a comer no me dará tiempo a hacer todas las tareas.
Me pongo un poco de música para olvidarme del hambre y del cansancio. Comienzo a animarme con la música pero, como sabréis, todo lo bueno dura poco.
Suena mi móvil. Es Ángela.

“Estás limpiando?” – me pregunta.

“Sí, mi Señora.” – contesto.

“Buen perrito.” – me dice. “Has limpiado ya la casa de Diana?”

“Sí, mi Señora.” – vuelvo a contestar. Ahora veo que las dos estaban de acuerdo en todo esto.

“Has comido ya?” – me pregunta.

“No, mi Señora.” – le explico. Esta pregunta hace volver a mi apetito con más fuerza que antes.

“Tendrás hambre, verdad?” – me pregunta.

“Sí, mi Señora.” – respondo un tanto resignado.

“Yo estoy degustando una deliciosa ensalada verde muy bien aliñada.” – me comienza a explicar. Digo, a torturar. “Y luego me comeré un filete de ternera a la pimienta verde.”

“Me hace la boca agua, mi Señora.” – le digo.

“Ja ja ja! Estupendo!” – me dice.

“Bueno, te dejo que tengo que comerme este delicioso manjar. Vuelve a tus tareas. Ya habrá tiempo para comer cuando acabes.” – me dice. “Ah! Y nada de tocar el frigorífico, eh.”

“Sí, mi Señora.” – contesto.

“Venga, hasta luego.” – me dice.

“Adiós, mi Señora.” – me despido.

Con un apetito increíble, vuelvo a la tarea de limpiar la casa. Lo hago rápido y seguramente no todo lo bien que debería pero el hambre aprieta que es un escándalo.
Acabo de limpiar a las cuatro y media. El cansancio le ha ganado la partida al apetito. Descanso unos diez minutos en el sofá para recuperar energías. Pienso en descansar hasta un poco antes de que abran las tiendas para, entonces, ir a comprar lo de Ángela.
De nuevo, me suena el móvil. Es Ángela otra vez.

“Hola.” – me dice.

“Hola, mi Señora.” – contesto.

“Quiero que vengas a mi oficina.” – me indica. “Habrás acabado de limpiar ya, verdad?”

“Sí, mi Señora.” – contesto.

“Pues venga, ya tardas.” – me dice.

“Voy, mi Señora.” – le digo. “Hasta ahora.”

Salgo de casa de Ángela todavía con un hambre terrible hacia su oficina. En ese preciso momento, suena mi móvil otra vez. Esta vez se trata de Diana.

“Hola.” – me dice.

“Hola, mi Señora.” – digo mientras abro la puerta de mi coche.

“Tan solo llamaba para decirte que quiero que estés a la salida de mi trabajo cuando yo salga. A eso de las seis.” – me explica.

“Entendido, mi Señora.” – digo.

“Una cosa más.” – me indica.

“Sí, mi Señora?” – pregunto expectante.

“Quiero que lleves puestas las pinzas que te di el otro día.” – me explica.

“En los pezones, mi Señora?” – pregunto.

“Pues claro, dónde va a ser?” – me dice.

“Entendido, mi Señora.” – contesto.

“Pues ala, hasta luego.” – me dice antes de colgar.

“Hasta...” – no me da tiempo a acabar la frase.
A las cinco y diez minutos llego al despacho de Ángela. Pregunto por ella y me indican a dónde tengo que ir. Entro en un despacho privado. Ahí me la encuentro. De espaldas y consultando unos folletos.

“Hola, mi Señora.” – digo para hacer notar mi presencia.

“Ah, hola.” – me dice girándose. “Ven aquí.”

“Sí, mi Señora.” – contesto.

“Átame el zapato que se me ha desatado.” – me indica.

“Sí, mi Señora.” – digo. Me agacho y le ato el zapato.

“Ya está, mi Señora.” – le digo alzándome.

“Muy bien. Ya puedes marcharte.” – me indica.

“Sí, mi Señora.” – contesto. Mientras abandono el edificio, pienso en si me van estar mareando todo el día de aquí para allá. Mi conclusión es que no puedo hacer otra cosa. Este es mi destino, ser utilizado. Por otra parte, es un honor pero es muy duro.

Salgo del despacho de Ángela a las cinco y veinte y me dirijo a un supermercado para comprar las cosas de la lista. Aprovecho y me compro algo para comer que estoy muerto de hambre. Compruebo una vez más que las colas en los supermercados no están hechas para los que tienen prisa.
Llego a las seis y seis a la salida del trabajo de Diana. Veo que me está esperando. Eso no es bueno.

“Llegas tarde.” – me dice cuando entra.

“Lo siento, mi Señora.” – digo sumisamente.

“Llévame al gimnasio.” – me indica.

“Sí, mi Señora.” – contesto.

Durante el trayecto, Diana no me dice nada. Simplemente, saca un cigarrillo y se lo enciende.
“Ven a recogerme dentro de hora y media.” – me indica saliendo del vehículo.

“Sí, mi Señora.” – contesto.

Dejo a Diana en el gimnasio y me dirijo a casa de Ángela para llevar la compra.

A las siete menos diez, llego a casa de Ángela. Justo un poco antes de la hora habitual a la que llega Ángela. Subo todos los paquetes y los coloco cada uno en su sitio.
Estando cerca de la entrada, oigo como alguien sube por las escaleras. Echo un vistazo por la mirilla y veo que se trata de Ángela. Me apresuro a entreabrir la puerta y a ponerme de rodillas.

“Hola, esclavo.” – me dice al cerrar la puerta.

“Hola, mi Señora.” – respondo.

“Has hecho todo lo que te pedí?” – me pregunta.

“Sí, mi Señora.” – respondo.

“Bien, ya puedes marcharte.” – me dice.

“Sí, mi Señora.” – digo. Me levanto y salgo sin más.

Sin tiempo para la reflexión, salgo en busca de Diana. Llego al gimnasio y, por suerte, puedo aparcar a la entrada. Tras esperar unos minutos, Diana aparece por la puerta. Observo como un par de tíos la miran y hablan entre ellos. Diana es el centro de atención allá por donde va.
Hago sonar el claxon para que me vea. Tras agitar el brazo, me ve.

“Hola.” – me dice al entrar al coche.

“Hola, mi Señora.” – le digo. “Está Usted muy guapa.”

“Yo siempre estoy guapa.” – me indica.

“Sí, esto... claro, mi Señora. Yo sólo quise decir que...” – balbuceo.

“Calla y arranca el coche.” – me corta.

“Sí, mi Señora.” – contesto. Me apresuro a sacar el coche de allí.

“Qué tal el día?” – me pregunta.

“Duro, mi Señora.” – le contesto sinceramente.

“Ha sido por culpa de nuestro lado oscuro.” – me explica. “Cuando nos dijiste que tendrías un día libre, nuestras mentes perversas comenzaron a maquinar y he aquí el resultado.”

“Por lo que yo sé, lo has hecho bastante bien salvo el pequeño retraso cometido cuando me has venido a buscar al trabajo.” – me explica. “Felicidades.”

“Gracias, mi Señora.” – respondo muy contento.

“Aunque, como sabrás, yo no dejo pasar ni una y tendrás tu castigo por haber llegado tarde.” – me explica.

Yo me alegro por varios motivos. Primero, por estar al lado de mi Señora. Segundo, por adivinar el final del día. Y, tercero, por haber hecho las cosas bien.
Llegamos a casa de Diana y la acompaño hasta su piso. Yo subo con la esperanza de pasar y hacer algo, pero pronto descubro que no va a pasar nada.

“Ya te puedes largar.” – me dice Diana casi con desprecio.

“Ya?” – digo apesadumbrado.

“Sí. Vamos, lárgate.” – insiste.

“Sí, mi Señora. Hasta luego.” – me despido.




relatos eroticos

 


 

    Enlaces Relacionados

· Más Acerca de
· Relatos de full


Relato mas leido sobre :
Un viejo: me folla

    Votos del relato

Puntuación Promedio: 5
votos: 1


Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo

    Opciones


"Login" | Entrar/Crear Cuenta | 0 Cometarios
Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.
 

 

 

 

Fullrelatos.com relatos eroticos gratis a full © 2008

Resolución 800 x 600 pixeles