Hetero, infidelidad, exhibicionismo. Delante de sus narices su esposa le es infiel con distintos hombres
Continuación del relato erótico "La primera Orgía de Mi esposa y Mía" publicado en "El Rincón de Marqueze.net" el día 8 de Marzo de 2002.
Ayer había escrito y quiero continuar con mi historia de adicto al sexo.
Debo confesarles que le conté a mi esposa, una vez llegué en la noche de
trabajar y se emocionó tanto, que terminamos haciendo el amor en la escalera
del edificio, pues a ella le calientan estas cosas. Por suerte ningún vecino
salió, pues nos hubiera encontrado tirando como conejos. Una vez entramos al
apartamento, nos dedicamos a follar como locos, toda la noche. Eso me animó
a escribir lo de hoy.
Otra experiencia memorable fue un viaje que hicimos a Melgar, fue la primera
vez que mi esposa me fue infiel en mis narices (hablamos de infidelidad
cuando yo no participo, lo demás le damos el nombre de orgía), con varios
hombres no al mismo tiempo -, pero en un cachondeo permanente, en
donde todos pensaban que yo no me daba cuenta de nada, cuando en realidad
terminé azuzando a mi esposa Carolina.
Cerca de Bogotá hay un balneario que se llama Melgar. Bogotá es tierra fría
y este sitio es tierra caliente. Un día le dije de improviso a Carolina, en
la noche, alista dos vestidos de tierra caliente que nos vamos en 5 minutos
para Melgar. Siempre íbamos a la casa de un hermano de ella, que nos
prestaba permanentemente la casa.
Le dije que recogeríamos a unos amigos de la oficina, tres, ella conocía a
dos de ellos y al otro no, le dije que si quería invitar a alguien, ella
invitó a una amiga que se llama Lilian, la cual está buenísima, tiene un
culo de exposición.
Mi esposa salió con una bata vaporosa, extraminifalda, un poco amplia, sin
sostén, y con una pequeña maletica (casi un monedero) en donde me dijo que
llevaba dos vestidos de baño, me dijo que permanecería en vestido de baño
todo el tiempo, pues hacía tiempo que no se bronceaba. Yo al imaginar que
vestidos de baño llevaría sentía un palpitar en mi verga, un vacío en mi
estómago y un nerviosismo, signo indiscutible de que ya estaba excitado.
Primero recogimos a Lilian, quien salió con una maleta, un vestido muy corto
también, y con esa mirada de lujuria que se reconoce en las mujeres que
quieren que se las tiren ahí mismo y que no ponen reparos a nada.
Recogimos a los demás amigos, Germán, Camilo y Juan Carlos, este último no
lo conocía Carolina, pero inmediatamente vi que tanto ella como él se habían
fijado mutuamente el uno en el otro. Comencé a planear mi estrategia en ese
mismo instante. Como la camioneta al fin y al cabo no es un camión, en la
parte de atrás no cabían tres hombres relativamente robustos y una mujer
delgada, pero si podrían ir un hombre adelante, como copiloto y dos mujeres
y dos hombres atrás, yo les convencí de que era más cómodo. Invité a Germán
para que se sentara conmigo adelante. Mi mujer se hizo atrás, pero se pasó
entre el caro, lo que hizo que el vestidito se desacomodara todo y se viera
que no tenía sostén y que sus bragas eran diminutas, sensuales y que dejaban
al descubierto casi la totalidad de las partes intimas de Carolina. Sé que
Juan Carlos estaba observando con atención y que pudo evidenciar lo que
acabo de decir. Les dije, adicionalmente, que tenía una botella de ron, que
yo no tomaría para poder conducir, pero que ellos se tomaran un buen trago.
Sabía que eso desinhibía a mi mujer, como ya se los he dicho.
En un sitio que se llama Soacha se forma normalmente un trancón fenomenal,
lo que obliga a que uno deba ir muy despacio. Veía por el retrovisor que mi
esposa ya tenía el brazo de Juan Carlos pasándole la espalda, que Camilo
había hecho avances con Lilian y que mi acompañante estaba que me mataba por
no haberlo dejado ir atrás y haber, mejor, escogido a otro. Yo era presa de
la excitación. Mi mujer poco a poco perdía la compostura por efectos del
licor y ya no se preocupaba qué tapaba o no su enorme faldita.
Pude ver que Juan Carlos le metía mano por el vestido en busca de las tetas
de mi mujer, lo que me sugirió que debía ayudarles. Cuando salimos del
trancón, sugerí que descansáramos un poco y que comiéramos algo, era un
parador de carretera típicos en Colombia, donde se consiguen recuerdos,
dulces, quesos, etc... Mi mujer me pidió que le acompañara al baño y yo le
dije que estaba con las piernas entumidas del trancón, pero que fuera con
Lilian, pero ella me dijo que también estaba cansada. Juan Carlos se ofreció
a ir con ella y yo acepté. Yo me dije, aquí mismo se la van a tirar. Como a
los cinco minutos dije que tenía ganas de comprar un queso para llevar, y me
paré y comencé a caminar de un lado para otro, pronto los vi, estaban
haciendo fila para entrar a un baño, que supuse estaba sucio. Pues ellos,
alejados de la vista de todos, se estaban dando tremendo beso, y el le
tocaba las tetas por debajo del vestido, y a veces le metía mano en su
culito, en fin la estaban magreando a toda regla. Yo me dije, esto es un
record, una mujer casada y un tipo que no se conocen se ligan en 45 minutos
y están que culean.... después leyendo los relatos de marqueze, me di cuenta
que mi mujer estaba algo quedadita.
Entraron los dos al baño, y yo me agazapé en un sitio donde pudiera ver que
pasaba dentro. Me fui detrás de la casa, en donde había un patio lleno de
árboles y oscuro, me aposté en la ventana, y cuando pude con claridad, ya mi
esposa tenía el vestido remangado en la parte de arriba y él le chupaba las
tetas. Ella le dijo que pararan y se alzo la bata, se bajo las tanguitas y
se sentó a orinar, creo que el sonido de la meada lo excitó, pues sacó su
verga (que era enorme) y se la puso en su boca. A mi mujer no hay nada que
le guste mas que mamar una buena verga. Terminó de mamarsela, pues ella se
paró, separó las piernas y con su propia mano dirigió la verga que se le
ofrecía y que ya estaba lubricada a su chocha, que como siempre estaba muy
bien rasurada. Juan Carlos la comenzó a bombear, le entraba y le salía, me
imaginaba que ella, como lo hace conmigo debía estar apretando la chochita
para sentirlo más, no se habían puesto condón, por lo que imaginaba que
chorrearía semen toda la noche.
El tipo se vino gimiendo y mi mujer tuvo un orgasmo al mismo tiempo. Se
dieron un beso nuevamente, y el se guardó la verga no sin antes limpiarla
con la tanguita de ella, que se la pidió como recuerdo de ella. Ella se la
regaló.
Me fui rápidamente y me los encontré como si nada. Mi mujer me dijo que
habían estado mirando cosas para poder llevar y yo les dije que estaba en lo
mismo. Ella me tomó de la mano sin soltar la mano de Juan Carlos. Olía a
semen.
Volvimos al restaurante donde estaban los demás y pude ver que Germán había
hecho avances con Lilian, por eso le pedí a Camilo que me acompañara
adelante. Mi mujer prácticamente estaba despatarrada sobre Juan Carlos,
fingiendo que no estaba haciendo nada. Unos gemidos la delataron, pero yo me
hice como si no me hubiera enterado. El tipo le debía estar metiendo los
dedos en la chocha. Yo evitaba mirar para atrás por el retrovisor, pues eso
me hubiera puesto en evidencia. Acomodé el espejo lateral, que me permitía
ver las sombras de ellos, ellos se habían hecho detrás de mí para que yo no
los pudiera ver. De un momento a otro, pude ver como Lilian hacía cara de
lujuria y Germán cara de sorpresa, miré a mi mujer y a Juan Carlos y vi como
ella se movía arriba y abajo, se la estaban comiendo en mis narices, ella se
metía un dedo en la boca para no llorar y gemir de placer. Veía su cara de
gusto. De pronto ella comenzó a tener sus orgasmos de espasmos, se movía
involuntariamente, y entrecerraba los ojos sin poder controlar sus manos, no
pudo reprimir un gemido. Yo para hacerme el huevón, le dije que si le dolía
algo, ella me dijo que le dolía un poco la cabeza. Juan Carlos también se
vino con un gemido, y yo como haciendo un chiste, dije pero si todos van
enfermos, aquí yo soy el único sano.
Bueno, vi que Juan Carlos se corrió nuevamente dentro de la chocha de mi
mujer, quien no podía ocultar el gusto que había sentido. Germán le metía
mano a Lilian y también le estaba masajeando las tetas y con seguridad que
le tendría algún dedo morreandole el culo.
Por fin llegamos a la casa de mi hermano de mi esposa. Mientras que yo
prendía el sistema eléctrico y conectaba el agua, yo deje solos a Juan
Carlos y Carolina, y les pedí que entraran las maletas, a Lilian y Germán
les pedí que entraran el mercado. A Camilo le pedí que organizara los
parasoles de la piscina. Yo también iría a conectar el gas para la estufa,
etc...
Vi que Carolina estaba distribuyendo las habitaciones, y que entró en una
con Juan Carlos, quien la estaba manoseando de nuevo, le manoseaba las tetas
y se las descubrió para darle chupetones que de nuevo hicieron que mi verga
se parara de manera inconsciente. Pensé que tirarían otra vez, y me dije que
para mi gusto, podía ver a mis anchas. Pero Carolina estaba algo nerviosa,
sabiendo que yo estaba merodeando por todas partes, se lo dijo en voz baja a
Juan Carlos: Eduardo puede vernos... y qué le decimos....
Ella salió y le señaló a Germán y Lilian otra habitación, es decir, que
en la otra habitación dormirían Camilo y Juan Carlos y nosotros en la más
espaciosa. Germán llevó sus maletas y las de Lilian, dejó que ella escogiera
su cama, lo que era una mera formalidad, pensé yo, pues esa noche la
tendrían taladrada en una misma cama. Bueno, yo dije que prepararía la
comida, ya que quería comer espaguetis, que son mi especialidad, y les dije
que si querían se fueran para la piscina, que yo les llamaría cuando todo
estuviera listo. Mi esposa se ofreció a ayudarme, estaba muy achantada
conmigo, no me miraba a la cara, sabía que se estaba sintiendo mal y que no
quería herirme, yo para mortificarla más le dije que no se preocupara, que
la amaba muchísimo y que mejor fuera a divertirse. Ella me pidió que la
acompañara a cambiarse, y yo le dije que no, pues tenía mucha hambre y
quería que la cena estuviera lista lo antes posible.
Yo me comporte, sin embargo, más cariñoso que de costumbre. No puedo negar
que sentía algo de celos y de vergüenza de creer que ellos me estaban
haciendo hacer el tonto, pero la excitación de saber que mi esposa había
sido culeada en mis narices era mucho mayor. Bueno, argumentando que había
una falla en el gas de la cocina, salí de la casa hacia el tanque de gas,
pero en realidad me aposté en un sitio en donde podía ver que pasaba en las
habitaciones. Camilo y Juan Carlos hablaban de mi mujer, Juan Carlos le
decía que estaba muy buena, que se la quería culear otra vez, y Camilo decía
que había visto todo lo que había pasado, que no entendía como yo no lo
había visto, que él también intentaría algo. Juan Carlos le dijo que esa
noche iba intentar comérsela de nuevo, y que una vez se lo hubiera hecho,
que le dejaba el camino libre. En la habitación de German y Lilian el
ambiente ya estaba un poco más caliente, pues ella estaba con las tetas al
aire, escogiendo que vestidito de baño ponerse, y Germán los observaba y le
decía si quería esa tanga o no. Las tangas, sobra decirlo eran minúsculas,
cada vez que se la cambiaba, se podía ver su chochita, no rasurada como la
de Carolina, que le gusta sin un pelito, sino una chochita recortada.
Me acerqué a la ventana de mi habitación y pude ver que mi esposa estaba con
cara pensativa, no hacía nada, no se cambiaba sino que seguí pensando.
Volví a entrar a la casa, y la llamé y le pregunté que por qué no se había
cambiado. Ella me dijo que quería darse antes un duchazo, yo pensé que era
la ocasión perfecta para otro polvazo de ella. Pero le quería dar esta vez
la oportunidad a Camilo, ella se fue de nuevo para la habitación y sabía que
tarde que temprano me tendría que pedir que le pasara el jabón, que estaba
en la maleta. Ella es muy descuidada y siempre olvida estas cosas.
Efectivamente, me llamó a gritos y me pidió que le pasara el jabón y que le
alistara el vestido de baño que quería yo que ella se pusiera. Como yo tenía
las manos llenas de la salsa que estaba preparando, le pedí a Camilo que
entrara y sacara de la maleta un jabón y que además, en una pequeña maletica
habían unos vestidos de baño de mi esposa, que sacara uno rojo, no
necesitaba especificar más, pues si bien no es el vestido de baño más
pequeño que tiene Carolina, si es seguro que es incluso más minúsculos que
los que usaría Lilian en este paseo.
El entró y sacó el jabón, pude ver la cara que puso cuando miró el vestido
de baño, y abrió la puerta del baño y me imagino que vio a Carolina desnuda,
pues cuando cerró tenía la cara roja y sus ojos disparaban lujuria, además
su verga enhiesta se paraba haciendo de su pantaloneta una carpa.
Era obvio que en ese momento no pasaría nada, pues Camilo pensaría que yo
estaría al tanto, pero lo que quería era que se excitara y que no aguantara
más.
Bueno, por fin salió Carolina, se había duchado, se había puesto la tanguita
roja, estaba divina, se veía espectacular. Juan Carlos y Camilo no podían
creer lo que se les ofrecía a sus apetitos, yo simplemente me hacía el
desentendido. Ellos pasaron rápidamente a la piscina, pues sus vergas, era
evidente, las tenían muy paradas. Carolina fue después, no sin antes
insistirme que también fuera a la piscina, que tal vez nadie tenía hambre y
que podía dejar guisando la comida, sin necesidad de quedarme junto a la
estufa. Yo accedí y le dije que se fuera adelantando a la piscina y que yo
ya llegaría, que me daría también un duchazo, y que por qué no organizaba
algún juego para la piscina, de esos que ella conocía (no me refería a
ningún juego de índole sexual) y que nos divertirían a todos. En esos
momentos oímos como Lilian gemía y comprendimos que Germán le estaba dando
un polvazo de primera línea. Carolina me sonrió, siempre hemos sido
liberales en este tema, y nos pareció excitante, lo noté en su mirada.
Me decidí a contarle a ella que había visto todo y que sabía lo que había
pasado en el viaje. Ella me miró con sorpresa, no sabía que reacción
tomaría yo. Le dije que si bien antes habíamos hecho orgías y
exhibicionismo, y que también habíamos tenido tríos, me molestaba un poco el
que me fuera descaradamente infiel, pues una cosa es que lo hagamos juntos,
pero que otra es que lo haga a mis espaldas. Pero también le aclaré que
haber visto lo que vi me calentó mucho y que quería que continuara, que la
verdad, a la final, no estaba ofendido y que me siguiera engañando.
Ella me sonrió con la sonrisa de puta que ponía en esas situaciones. Yo le
dije que mientras yo no estuviera presente, que fuera de los más explicita y
exhibicionista posible, que les calentara los huevos hasta que ya no
pudieran más y que yo me cuidaría de ser visto, pero que vería todo. Que
cuando intentaran algo más, yo aparecería y los dejaríamos con dolor en las
huevas, pero que ya les daríamos a cada uno su premio. Ella estuvo de
acuerdo.
Fue una noche muy larga, hasta aquí va la primera parte de mi segundo
relato, haré una segunda parte de mi segundo relato y quizás una tercera.
Esa noche no dormimos hasta las cuatro de la mañana.