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Infidelidad: EL DESEO: FUE MAS FUERTE
Enviado el Jueves, 25 noviembre a las 16:23:43 por roger

 Mauro baj? sus manos hasta mis nalgas y las acariciaba de forma muy sensual mientras segu?amos bes?ndonos. Yo not? que mi excitaci?n iba en aumento y esta pudo m?s que mi sentido com?n y me dej? llevar.

Antes de contarles lo que me pasó, les cuento un poco como soy yo. Soy una chica de 25 años, rubia con los ojos marrón claro. Mi cuerpo es bastante normal, poco pecho y demasiado culo para mi gusto, pero ninguna de las dos cosas son exageradas, así que no estoy del todo mal.

Llevo ya unos cuantos años haciendo la carrera en Madrid, donde nací y donde he vivido toda la vida. Y en todos estos años he conocido a muchos chicos y chicas con los que he congeniado mejor o peor. El caso es que conozco a mucha gente en mi Facultad.

Como sabrán los que hayan hecho o estén haciendo cualquier carrera, nos pasamos allí tantas horas que parece que vivamos allí. Clases, biblioteca, cafetería...

Me sucedió que un día, estábamos celebrando el 10 aniversario de la constitución de mi Facultad, y en lugar de clases, se organizó una fiesta en la cafetería con minis gratis durante unas horas. Yo quedé allí con mis amigos. Llegué sobre las 18:00 de la tarde, que en invierno ya es de noche, y los encontré a todos; unos más bebidos que otros, porque habían llegado antes.

Entre el alcohol y las risas, nos fuimos desinhibiendo poco a poco, y empezamos a hacer bromas un poco picantes. Nos conocemos desde hace años, así que todos sabemos como y donde "atacar" a los demás... Estuvimos jugando a los típicos juegos en los que la gente destapa sus secretos (del estilo de "yo siempre...; yo nunca....") y la cosa se fue poniendo cada vez más caliente.

Las miradas cada vez tenían más contenido sensual por parte de todos.

Cerraron la cafetería, pero la facultad seguía abierta, así que nos quedamos por allí, terminando los minis que aún teníamos. Yo tuve que ir al servicio, y cuando me estaba lavando las manos, vi por el espejo que uno de mis compañeros se había metido también. Le dije que se había equivocado de servicio, y él me contestó que no le importaba. Total, no había nadie más que yo.

Ya que estábamos allí, yo pretendía esperarle para volver los dos juntos, por si se equivocaba otra vez, y cuando él se estaba lavando las manos, me vio apoyada en la puerta. Me acerqué porque mientras hablábamos, me miraba como si estuviera demasiado lejos para enfocarme (cosas de la bebida) y me fijé en que tiene unas manos preciosas. Se lo dije y con ellas recién secas por el seca manos de aire caliente, me las puso en la cara, cubriendo mis mejillas. - Mmmmmh! qué calientitas, con el frío que hace! - Y en esta posición tan inocente, nos quedamos mirándonos durante unos segundos, que me parecieron horas. Él se acerco más a mi y me besó mientras me apretaba contra su cuerpo. Fue un beso de lo más excitante para mi. Sus labios húmedos y cálidos, su lengua moviéndose tímida, despacio en mi boca, que la recibía temerosa, sus manos en mi rostro, y nuestros cuerpos totalmente pegados. Yo podía sentir su miembro pegado a la parte más baja de mi estómago. Esa sensación me encantó. Me excitó como no lo había estado antes.

El esperaba una respuesta por mi parte, así que yo le rodeé el cuello con mis brazos y le apreté más a mi cuerpo. Cada vez nuestras lenguas se volvían menos tímidas, y buscaban con mas fuerza la lengua del otro. Mauro bajó sus manos hasta mis nalgas y las acariciaba de forma muy sensual mientras seguíamos besándonos. Yo noté que mi excitación iba en aumento, y me acordé de que yo tengo novio y el tiene novia. Me aparté con todo el dolor de mi corazón, y le dije que debíamos pensarlo mejor. Que teníamos dos relaciones estupendas que se irían al garete si nos dejábamos llevar. Mauro estuvo de acuerdo conmigo, y me dijo que saliera, que el vendría dentro de un momento. Supongo que iba a hacer lo posible por que nadie notara su erección...

Así, nos volvimos a reunir todo el grupo. Mientras no estábamos, habían decidido que saldríamos por los bares de Moncloa. Así que cogimos caminito hacia el Metro. Durante el trayecto, íbamos todos hablando y riendo, y de vez en cuando, Mauro y yo nos dedicábamos una mirada que nos recordaba lo que nos acababa de pasar. Entramos en el primer bar, pedimos unas cervezas y estuvimos bailando, solos, porque aún era pronto y los bares estaban casi vacíos. Bailábamos unos con otros cuando era "pachanguita" que se pudiera bailar por parejas, como salsa, merengue, etc. Y todos en grupo cuando no se podía bailar en parejas. En un momento dado, sonó una salsa, y Mauro me agarró para bailarla juntos. Ya habíamos bailado más veces, así que nadie se sorprendió más que yo. Este chico baila genial, y a mi siempre me a excitado un poco bailarla con él, por lo morboso de la situación, delante de todo el mundo, teniendo los dos pareja formal... Me daba muchas vueltas y me agarraba fuerte cuando tocaba

Yo volví a ponerme a 100, pero cuando la música terminó, lo único que acerté a hacer fue un guiño de ojo. El me respondió con un abrazo que nadie interpretó más que como un abrazo entre amigos.

Después de unas cuantas canciones más, yo tenía mucha hambre, así que propuse ir a tomar unas hamburguesas. Fuimos unos cuantos. No tardamos mucho. Al volver yo fui a pedirme una cerveza, y cuando iba hacia la barra, Mauro me cogió por la cintura y me miró con unos ojos lascivos que no le había visto antes. Me dijo: - creo que ya lo he pensado - y me empujó un poco hacia atrás hasta que di con la pared en mi espalda. El avanzó todavía un paso más para acercarse, y empezó a besarme el cuello, la oreja, las mejillas. Con sus manos apoyadas en la pared, a ambos lados de mi, impedía que me retirase. Yo hice un vago intento de quitarme pero realmente no quería. No quería herir a mi novio, pero me estaba volviendo loca solo de pensar en lo que Mauro me hacía.

Le rodeé por la cintura y le puse mis manos en sus glúteos. Le pegué contra mi y noté su erección de nuevo, como la había sentido en el servicio esa misma tarde. Le mantuve apretado contra mi mientras el me besaba el cuello y yo me movía sutilmente rozándome contra su sexo.
Pudo más mi excitación que mi sentido común y me dejé llevar. Mauro ya no usaba sus brazos como jaula, sino que me abrazaba con pasión. Me acariciaba la espalda, el culo, la cabeza... yo quise besarle el cuello y me estorbaba su camisa, así que le fui desabrochando para poder besarle el cuello y le acariciaba el tórax, que es una de las cosas que me vuelven loca de los chicos... cuando vimos que la cosa se estaba poniendo demasiado caliente como
para parar, y demasiado fuerte para que nos viera cualquiera, nos refugiamos debajo de unas escaleras que tiene el local. Allí había unos bidones de cerveza. Mauro se sentó y yo me senté a horcajadas con las rodillas en los bidones. Mi boca le quedaba demasiado alta, así que empezó a besarme el pecho.
Yo llevaba una camiseta de tirantes y un sujetador normalito. Mauro luchaba con mi sujetador, intentando bajarlo un poco para acceder a mis tetas. Me quité el sujetador con una mano y lo guardé en mi bolso. Mauro se sorprendió, no se si de lo lanzada que me veía o de mi destreza para quitármelo. Entonces, tuvo vía libre para bajarme la camiseta un poco y llegar a jugar con mis pezones y sus alrededores. De vez en cuando subía a cuello, o me decía cosas al oído con las que yo había ya fantaseado en otras ocasiones: - me estas volviendo loco- ; -Cuántas veces he deseado esto! - ; -Eres una chica sorprendente.. -.

Mientras nos besábamos y lamíamos la cara y el pecho, nos movíamos a un ritmo suave. Con los pantalones puestos, sentíamos lo suficiente para estar los dos al borde del orgasmo. Le pregunté si quería que le llevase al orgasmo con la boca, y me dijo que no quería soltarme por nada del mundo. Eso creo que consiguió que me excitase más aún. Aceleré el ritmo un poco cuando sentí que yo me corría. No fue muy intenso porque con los pantalones puestos, y el exceso de alcohol, se pierde intensidad, pero con la situación estaba disfrutando más que de sobra. De hecho, no me habría importado no llegar al clímax.
Cuando notó por mi cara y mis movimientos que yo ya había llegado, me dio un enorme e increíble beso, mezcla de amor y lujuria. Me levante de esa posición porque ya estaba incómoda, y le cogí de la mano. Le llevaba al servicio de las chicas buscando un poco más de intimidad, cuando pasamos por la puerta del almacén abierta. Nos metimos y dejamos la puerta medio entornada para no levantar las sospechas de los camareros que esperaban verlo abierto.

Tiramos unos cartones al suelo y nos tumbamos. Me acerqué a Mauro y le di un lametón desde el cuello hasta el ombligo. Le miré a la cara y tenía otra vez esa cara de sorpresa como cuando me quité el sujetador. Comencé a besarle el glande que estaba totalmente hinchado. Estaba empapado de líquido pre seminal. Yo le empecé a chupar muy poquito a poco, echándole el aliento cálido mientras le acariciaba con mis manos. Le estaba haciendo una mamada suave y tranquila, y de vez en cuando levantaba la vista para ver su cara. De vez en cuando, me agarraba con sus manos para guiarme y para forzar que entrase un poco
más en mi boca. Cuando noté que se iba a correr, me retiré un poco para que pudiera ver como entraba su semen en mi boca, como quien bebe de una fuente.

Nos quedamos un momento relajados, uno junto al otro, abrazados. El me acariciaba la cara con suavidad y bajó por el brazo. Nos estábamos volviendo a excitar y él me acariciaba de nuevo el pecho, la tripa, la espalda... el culo, los muslos, y de vez en cuando rozaba mi entrepierna. Yo volví a humedecerme y Mauro lo notó. Dejó su mano en mi monte como jugando con el vello que me dejo sin depilar. Sintió que los labios los tenía depilados, y empezó a meter su dedo entre ellos. Cuando acarició el clítoris, que estaba a flor de piel, un
escalofrió recorrió mi cuerpo. Jugó un rato con sus dedos. Metía uno o dos, los sacaba y jugaba con mi botón un momento. Comenzó a bajar la cabeza hasta la altura de mi sexo, y empezó a hacerme un trabajito estupendo. Me lamía con su lengua blanda y suave. Notaba el calor de su aliento. Me chupaba despacio, muy despacio, y yo le pedía que fuera un poco más brusco. Le pedí que me follara. Quería sentirle dentro de mi. Necesitaba una verga dura que entrase hasta el fondo. Se terminó de quitar los pantalones que yo solo le había bajado, y se colocó encima de mi. La postura del "misionero" siempre me había parecido la más aburrida y la menos placentera, pero en esa ocasión la cosa era muy distinta. Me colocó su pene en la entrada de mi vagina, y antes de dar el primer empujón, volvió a mirarme a los ojos. Una mirada dulce. Entonces, empujó despacio. Sentí como entraba el glande, y lo volvía a sacar. Solo la puntita... Yo estaba cada vez más desesperada porque me la metiera hasta el fondo, así que en una de sus entradas, yo levanté mi pelvis y conseguí que entrase casi toda. Mauro


relatos eroticos me sonrió, y la siguiente embestida la hizo con todas sus fuerzas. Yo sentía su verga muy dentro de mi; me sentía llena por completo. Después de unas embestidas, yo sentí que me llegaba el orgasmo, y cuando estaba apunto de decírselo, me dijo que él estaba a punto. El aguantó hasta que me llegó a mi, y se dejó llevar. Acabamos en un orgasmo simultáneo increíble.

Nos vestimos, y salimos como si nada hubiera ocurrido. Lo único es que los dos estábamos un poco cansados y nos fuimos pronto a casa. Me acompañó al metro y quedamos en que no llegaría más lejos. Nos olvidaríamos de lo que había ocurrido. Así que seguimos siendo amigos...

 


 

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