Contaba yo con 18 años, era un desplegar de hormonas ambulante y me encontraba a punto de ir a “estudiar” solo a Inglaterra. Se suponía que iba a perfeccionar mi inglés, aunque la verdad regresé hablando un italiano totalmente fluído. Ya entenderán por qué.
Después de un viaje bastante largo y sin ver muchas chicas guapas en el grupo llegamos al aeropuerto de Heathrow. Ahí fue cuando llamó mi atención Bárbara. Una chica 1 año mayor que yo, originaria de Coahuila. Bárbara tenía ojos negros, con una mirada muy intensa, cabello lacio castaño claro a la altura de la barbilla, y unos labios como para poder perderse en ellos. Su figura era delgada aunque engañosa (después corroboré que debajo de esas camisas que usaba se escondían un par de tetas copa C.). En ese entonces yo tenía una novia acá en México, pero la verdad, no tenía intensiones de serle fiel a 33,000 km. de distancia.
Estábamos en migración cuando veo que tenía una chamarra del equipo de football americano de la misma escuela a la que yo asistía (que tiene varios campus por todo México), pero que le quedaba notablemente grande. Asumí que no era de ella y sin haberme presentado le pregunté: ¿quién va en el Tec?, ella volteó sorprendida porque la chamarra no mostraba logos evidentes de la universidad y contestó “de mi novio, por qué?”. Todavía hacían eco las palabras novio en mi cabeza cuando pensé “qué poca madre! Estoy hasta el otro lado del planeta y la primera mujer a la que me acerco me restriega en las narices a su novio en la primer frase que me dice”.
“es que yo también estudio en esa universidad”, le contesté.
En ese momento le tocaba pasar a que le revisaran sus documentos por lo que la plática se truncó de golpe. Más tarde estábamos todo el grupo cambiando cheques de viajero y dólares a libras, cuando llega a mi nariz una fragancia que me puede volver loco. Como por reflejo, pregunto: “quién trae Fendi?”
Voltea Bárbara con una sonrisa en sus labios y contesta: “yo, por qué?” Era una oportunidad de cobrarme lo de la chamarra demasiado buena como para dejarla pasar.
Con una sonrisa que no pude evitar contesté: “es que es el perfume que usa mi novia” Su mirada la delató. Habíamos entrado en un juego de seducción prohibido de ver quién caía primero.
Me fui en uno de esos paquetes de intercambio donde te quedas en casa de una familia local. La taxista (si, era mujer) llegó a la calle supuesta, toma mis maletas y se mete en la casa marcada con el número 24. Mis pupilas se dilataron al ver salir de esa casa a una mujer como de mi edad, hablando en italiano y preguntando que quién era yo, que si hablaba italiano, que tenía todos los problemas del mundo para que le entendieran, etc. Mi familia es de Italia y aunque en ese entonces no lo hablaba muy fluido lo entendía a la perfección y me hacía entender bastante bien. Yo estaba boquiabierto al ver a esta mujer. Era rubia, de cabello rizado, abajo del hombro, medía como 1.65 con unos labios bastante besables y con las típicas curvas de las italianas. Alcancé a balbucear algo así como “yo, yo hablo italiano!” Supongo que casi he de haber estado brincando con la mano alzada! Volteé al cielo a agradecer mi suerte. Pensaba que iba a quedarme en la misma casa que esa hermosura y casi no podía creerlo. Oh Decepción! cuando veo a la taxista salir de nuevo con mis maletas, diciendo, “esta no es la casa, es junto, en el 26”. Pues ella me dice algo así como “pues aquí voy a estar, si necesitas algo”. Siendo como soy reaccioné con un “qué vas a hacer en la tarde?” Ella me comentó que iba a salir con unos amigos que ese día tenían una fiesta y me invitaba a acompañarlos” accedí y quedamos de vernos en la tarde. Estaba tan emocionado que ni siquiera me acordaba de la hermosura de Coahuila que había conocido unas horas atrás.. Entré a casa de mis “padres adoptivos” y después de presentarme, intercambiar opiniones, cumplidos, agradecimientos, etc. Desempaqué mis cosas y me dispuse a esperar a la hora acordada. En eso me di cuenta de que no sabía su nombre! Cómo iba a ser posible!
Total, dio la hora y salí a ver si estaba, para mi sorpresa se disponía a tocar el timbre de mi casa. Ella llevaba unos jeans no muy ajustados, una camiseta negra muy entallada (de las que se usaban en esa época) y una chamarra de mezclilla. Se veía tan sensual con el cabello suelto, dejando que el viento lo meciera a su merced. Pues finalmente nos presentamos en forma y me enteré que se llamaba Paola. Caminamos unas cuantas cuadras y nos encontramos con sus amigos, unos punks de Euzkadi, de lo más alivianados y otra italiana, que también se llamaba Paola. Ella era de ojos verdes, cabello lacio como a la altura de la barbilla negrísimo que hacía un hermoso contraste con su piel totalmente blanca. Era un poco más bajita que la otra Paola, también era delgada aunque sus senos eran más pequeños. Sus caderas, nalgas y piernas no negaban su ascendencia tampoco. Para fines prácticos de ahora en adelante, la Paola rubia la llamaré Paola1 y a la de cabello negro Paola2. Los punks se llamaban Gorca, Tamara y Dany. Llegamos a la fiesta, que se llevaba a cabo en una casa enorme, como si fueran unas residencias estudiantiles. Habían varios totalmente borrachos, otros pasadísimos de fumar hachís. Cuando me refería a que Gorca, Tamara y Dany eran alivianadísimos era porque aunque ellos fumaban hachís (y se ponían unos viajes tremendos “cruzándose” con cerveza!) y me ofrecían, ante mi negativa no eran insistentes ni salían con el típico “ándale, no te pasa nada”. Eso me cayó muy bien de ellos. Pues estaba yo platicando con Gorca cuando vi que las “Paolas” estaban hablando y fue muy evidente que Paola2 estaba cuestionando a Paola1 sobre mi. La sonrisa de Paola1 me dio cierta seguridad y para qué negarlo, infló también un poco mi ego. Yo pensaba que íbamos a tomar bastante cerveza y acabar todos en nuestras respectivas casas sufriendo el efecto “helicóptero”. Estaba tomando mi segunda cerveza cuando llegó Paola1 y se sentó a mi lado. Empezamos a platicar sobre México e Italia, lo que cada quien hacía y poco a poco la plática giró hacia nuestras vidas personales. Me preguntó si tenía novia y le contesté que si. Su siguiente pregunta fue con toda la mala intensión: “y ella está ALLA en México, verdad?”, cuando contesté que si, acercó su cara a la mía y pasó un lengüetazo por encima de mis labios. Me quedé frío! Ella se levantó y caminó hacia una puerta, se detuvo a medio camino y volteó a verme, todavía congelado sintiendo la humedad de su saliva en mis labios. Sonrió y con un movimiento de cabeza me indicó que la siguiera. Así lo hice y tras subir unas escaleras llegamos a un pasillo con varias habitaciones. Ella escogió una que tenía un escritorio y varias sillas. Me recordaba esas habitaciones de terapia sicológica en grupo que salen en algunas series de la televisión. Entró y cerró con seguro. Giró y se abalanzó sobre mi, echando sus brazos alrededor de mi cabeza y jalándome para meter su lengua hasta el fondo de mi garganta. Yo no sabía qué pensar. Eso era totalmente nuevo para mi. Ahí estaba yo cuestionándome qué era lo que había pasado. Acostumbrado a mis 18 años a tener que dar un enorme rollo para convencer que una mexicana quisiera “echar beso”, me encontraba con una situación donde una mujer sumamente atractiva estaba haciendo todo el trabajo de seducción sin que yo pusiera resistencia, por supuesto! Cada vez nuestros besos se hacían más agresivos, como si quisiéramos llegar a los tobillos de la otra persona, su lengua se sentía caliente y suave. Mis manos ya se encontraban masajeando unas majestuosas tetas cuyos pezones se sentían erectos a través de la camisa entallada que llevaba. Su chamarra ya estaba en el piso y una de mis manos se deslizó por su espalda hasta llegar a comprobar que efectivamente esas nalgas se sentían tan bien como se veían. Sin embargo, no quería presionar demasiado las cosas, no quería echarlo a perder. Así que traté de contenerme y hacerme a la idea de que estaba fajando delicioso con esta recién conocida. En un momento pasó la imagen de Bárbara por mi cabeza pero inmediatamente desapareció. Eso me llamó la atención al día siguiente que más tranquilo recapitulaba sobre lo acontecido.
Paola1 había estado todo este tiempo con sus brazos alrededor de mi nuca, abrazándome. Una mano mía seguía manoseando su teta y la otra jalando sus nalgas hacia mi. Sus manos entonces empezaron a frotar mi pecho, mientras me besaba con cierta ansiedad el cuello. La sensación era electrizante. Tomó mi camiseta por la parte de abajo y la subió para quitármela, lo mismo hice yo, ya sin preocuparme si era la “táctica” adecuada o no. Sus manos se fueron hacia mis jeans y los desabrocharon. Sin dejar de besarme todo este tiempo, introdujo una de sus manos en mis boxers y tomó mi erección en su mano. Estaba hasta arriba, tanto que casi me dolía. Mis jeans se escurrieron al piso y ella besando mi torso hacia abajo quedó hincada frente a mi. Con una mano detenía la base de mi verga y con la otra frotaba una de sus tetas sobre su pequeño brassiere negro satinado. Pasó sus labios por los lados como acariciándola. Ella tenía los ojos cerrados y murmuraba en italiano algo así como “huele tan bien, mmmm, se siente tan bien” Yo estaba totalmente extasiado. No podía creer que realmente esto estuviera pasando en el primer día que nos conocimos! Estaba en eso cuando sentí su lengua acariciar desde mis huevos hasta mi glande por la parte de abajo. Sentí escalofríos por todo el cuerpo. La veía como restregaba mi verga contra su cara, arrastrándola por sus cachetes y labios, viéndome de vez en cuando a los ojos y preguntándome “te gusta? Me deseas?” No saben le estresante que era hacer un esfuerzo para poder recordar las palabras que quería decirle en italiano! Ella insistía en poner a prueba mi italiano y con esa respiración entrecortada que denotaba que su excitación no era menor a la mía me preguntaba “dime cuantas ganas tienes de que te la mame?” cuando balbuceé “tutto”, ella tomo mi verga y de un solo movimiento, lentamente, la metió en su boca completa. Sus labios se sentían mejor que cualquiera que hubiera conocido hasta entonces. Empezó a mover su cabeza hacia delante y hacia atrás sincronizadamente con su mano que me masturbaba. Sintiendo su lengua dibujar círculos alrededor de mi glande no tardé en venirme y exploté totalmente en su boca, algunas gotas escurrieron por su barbilla, pero fueron pocas. Veía su garganta como tragaba mi semen y eso me excitó aún más. Se incorporó y me besó, dejando que algo de mi semen (que no se había tragado) entrara en mi boca. Sentir su lengua con mi propio sabor fue una sensación nueva para mi, fue como muy íntimo, muy personal. Debo confesar que me gustó probar mi propio semen. Ella terminó de desnudarse quitándose los jeans y una diminuta tanga negra que hacía juego con su brassiere y me indicó que “ahora era mi turno”. Yo la veía (ya también totalmente desnudo) parada frente a mi, mostrando unos vellos púbicos rubios, rizados y abundantes, aunque depilados en las orillas. Sus tetas eran grandes, aunque no demasiado, firmes, con aureolas café claro y pezones grandes que se proyectaban hacia delante como 1 cm. Su abdomen aunque no era plano, no denotaba en absoluto gordura, sino más bien cierta “normalidad” en su figura. Se sentó en la orilla del escritorio que había allí, separando sus piernas, mostrando sus labios brillantes y dilatados y recargando sus manos detrás de ella sobre la superficie del escritorio. Me paré frente a ella y la empecé a besar en el cuello. Pasaba mi lengua por sus hombros y hacia arriba por su cuello hacia su oreja, introduciendo mi lengua en ocasiones dentro de ella, mordiendo levemente su lóbulo. Eso le gustaba, cada que lo hacía jalaba aire y emitía un sonido de placer. Seguí saboreando su piel, suave y ahora con un ligero sabor salado por nuestra excitación, bajando por en medio de sus senos, y tomando cada uno en mis manos. Alternadamente empecé a mamarlo, metiendo sus pezones entre mis labios, succionándolos, acariciándolos con movimientos rápidos de mi lengua. Ella me pidió que la mordiera, lo cual hice levemente, pero ella insistía que lo hiciera más duro, tenía miedo de lastimarla, pero parecía que Paola1 sentía alguna relación entre el dolor y el placer. Mientras hacía esto con uno de sus pezones, con mi mano apretaba y acariciaba el otro. Después de un rato de saborear tan deliciosas tetas, bajé por su abdomen hasta sentir sus vellos en mis labios, me hinqué y me dispuse a devolver el favor que ella me había dado, Separé sus labios y con la punta de mi lengua acaricié su abertura rozada y brillante, con un olor intenso. Sus sonidos eran bastante motivantes, diciéndome qué le hiciera, llamándome siempre por mi nombre; yo obediente hacía todo lo que ella me decía (vaya que aprendí con Paola1 cómo mamarle la pucha a una mujer!). me pedía que evitara su clítoris hasta que ella me avisara. Siguiendo sus direcciones, metí mi lengua tan dentro como pude y ahí la movía en círculos. Esto parecía gustarle bastante, puesto que su voz cada vez sonaba con mayor fuerza, me pidió entonces que mamara su clítoris, con una mano levanté su capuchón hacia atrás y pasé mi lengua con rápidos movimientos laterales. Eso la puso al borde y al escuchar sus gritos sentí como su cuerpo se contraía y cómo su lubricación se volvía un poco más espesa. Estoy seguro que alguien nos habrá escuchado. Recuperándose me vio con una mirada que me indicó que no habíamos terminado todavía. Tomó mi verga, semi-flácida en ese momento, puso un poco de saliva en su mano y empezó a frotarla con movimientos circulares (alrededor de mi verga) y de arriba abajo. Conforme subía apretaba un poco más y cuando bajaba liberaba la presión. Esta mujer realmente sabía lo que hacía!!; en menos de un minuto yo estaba otra vez “up”. Me preguntó si traía protección y pues como yo no me esperaba nada de esto el PRIMER día, le contesté que no, sintiéndome como un perfecto idiota. Ella alcanzó su chamarra y con una sonrisa como pensando “ingenuo”, sacó una tira de 3 condones, abrió uno y en algo que me pareció totalmente tierno pero a la vez erótico, me lo colocó. Me miró y me dijo “no quiero estemos preocupados por nada”. Diciendo esto me besó y se sentó otra vez en el escritorio, jalándome hacia ella. Tomé mi verga y empecé a rozar su entrada con mi glande. Paola1 empezó a gemir pidiéndome que se la metiera. La verdad yo me MORÍA de ganas de sentirme dentro de ella así que no me hice mucho del rogar. Ella estaba tan lubricada que entré totalmente sin problemas, me estaba poniendo como loco, se sentía tan bien! Además la idea de que era alguien que me atraía totalmente y que acababa de conocer, me daba una especial excitación. Recuerdo que hubieron muchos sonidos de placer y gemidos, pero casi no hablamos nada coherente en esos momentos.
Normalmente después de que me vengo tardo un buen rato en volverme a venir, lo cual agradecí en esos momentos, puesto que esto permitió que Paola1 experimentara otros 3 orgasmos. Uno en esa posición en la que estábamos, otro encima del escritorio (doggie style) y el último con ella sobre mi, con sus piernas hincadas a mis lados, dándome la espalda. En esa posición fue cuando yo volví a venirme estando dentro de ella. Fue bastante, BASTANTE rico. Nos quedamos abrazados encima del escritorio por unos momentos sin decir nada. Nos besamos un rato, aunque sin la pasión de hacía unas 2 horas. Nos levantamos, nos vestimos y regresamos a la fiesta. Para la hora a la que bajamos Paola2, Dani y Tamara ya se habían ido y Gorca estaba sentado (más bien desparramado) en el piso balbuceando algunas cosas en un inglés poco entendible, mientras alguien en su mismo estado fingía entenderle. Paola1 y yo nos tomamos otra cerveza y regresamos. Eran como las 12 de la noche.
Nos despedimos y ella me dijo que no podría verme sino hasta 3 días después, puesto que iba a salir de viaje con unas amigas suyas, incluyendo a Paola2.
Al día siguiente, domingo, tuvimos tiempo de conocer un poco mejor el lugar y dimos un pequeño tour por las principales avenidas. Todo el camino estuvimos platicando Bárbara y yo sobre mil cosas y nos empezamos a conocer mejor, aunque el elemento “ver quién seduce a quién” siempre estaba presente en las miradas, en las sonrisas en las sutiles insinuaciones. Ese día la pasamos bien, pero no pasó nada.
Al día siguiente era el primer día de clases. Nos hicieron exámenes para ver nuestro nivel de inglés y situarnos en aquel que nos correspondiera. Bárbara y yo quedamos separados. “Ni modo”, pensé, “la voy a ver menos, por lo que las veces que la vea más vale que valgan la pena”.
Platicábamos en los recesos y después de clase, pero parecía que no iba a ningún lado con ella. Realmente la deseaba, pero tampoco soy del tipo de forzar las cosas. Creo que el sexo es cosa de dos, no de uno. Me consolaba la idea de que al día siguiente llegaba Paola1. Ese día la fui a buscar a su casa, pero me dijeron que estaba en un pub con Paola2 y los demás. Fui a buscarla allá y ella estaba en la barra del pub, sola esperando a Paola2. Los demás estaban afuera en su ritual de embriaguez. La actitud de Paola1 fue más bien indiferente. Yo estaba totalmente desconcertado, sin saber qué pensar, hablé con ella, pero todo se limitó a “pues tenía ganas de coger contigo y lo hicimos, fue muy rico, pero no es como para que estemos todo el día juntos”. Pensaba que me estaba mandando a volar, pero ella me aseguraba que no era así, que le gustaba estar conmigo, pero que no quería que yo interpretara algo que no era. Entre ella y yo no había ningún lazo sentimental. Otra vez esta era una situación nueva para mi…. Y desconcertante.
Me quedé medio deprimido tomando unas cervezas con Gorca, quien me trataba de animar diciendo que las italianas así eran, calientes, pero sin sentimientos. Pero eso si, si llegaba a enamorar a una, haría lo que fuera por retenerme. Yo lo escuchaba a lo lejos inmerso en mi confusión, después de algunos tragos más decidí que era mejor retirarme, por alguna razón (tal vez esa inclinación al sufrimiento que tenemos los hombres) entré al pub para despedirme y mi día no pudo haber cerrado con algo más shockeante. Allá estaban las “Paolas” sentadas en una mesa al fondo besándose “big time”, apasionadamente. Paola1 tenía sus manos en la cintura y tetas de Paola2, quien sostenía a Paola1 de la barbilla y cuello. Sus lenguas se acariciaban escondidamente dentro de sus bocas. Lo que me llamó más la atención es que nadie en todo el Pub les ponía atención. Era como si no estuviera pasando nada. Mi verga reaccionó de inmediato despertándose. Ver a esas dos mujeres besándose, disfrutándose, era muy excitante. Eran unos besos más bien peculiares, denotaban sentimientos, no solo deseo. Creo que eso fue lo que más me enceló. Pedí otra cerveza y “en honor a la patria” un tequila (que por cierto salió carísimo!). Pues ahí estaba yo, con mis 18 años creyendo ser el dueño del mundo pero en mi actitud de hombre dolido (por qué seremos tan melodramáticos en nuestra juventud?), me tomé el tequila de golpe y salí a tomarme la cerveza., que tampoco duró mucho. De ahí ya sintiéndome mareado me fui a descansar.
Al día siguiente fui a clases y vi a Bárbara quien se mostró algo receptiva a mis insinuaciones, pero sin llegar a nada todavía. El resto del día pasó como de flojera y en la tarde me encontré con Gorca en el pub de siempre. Estábamos solos, yo no tenía ganas de tomar, pero me invitó una cerveza. Mientras la tomábamos, mi ánimo no era el mejor. Vi a Paola1 llegar al pub y saludarnos a lo lejos. “Lo único que me faltaba!”, pensé; me levanté y cuando salía del pub vi que Paola1 se dirigía a donde estaba con Gorca, me vió con cara de cuestionamiento mientras me salía. Iba yo caminando hacia mi casa, que por cierto estaba como a unos 10 minutos a pie cuando una voz femenina me sorprende preguntando “sei arrabbiato?” (estás enojado?), volteo y después de una pausa le contesto “no, estoy desconcertado, triste, no sé qué pensar. Qué pasa entre nosotros? Qué pasa entre tu y Paola2?”, ella me contestó que era su amiga y que la quería mucho. No sabía que yo las había visto besándose, pero cuando se lo dije ella no pareció inquietarse ni inmutarse. Fue como si le hubiera dicho “vi que te gustaba la pimienta”! pues me dijo que no quería que estuviéramos así, por lo que me invitaba al cine. Ese día ya era tarde, por lo que quedamos para el día siguiente.
Era viernes y en la mañana cuando iba para la escuela, me la encontré y me dijo que no podría ese día, que algo se le había presentado. No sé qué cara habré puesto, porque ella se apresuró a decirme “discúlpame, no es que no quiera ir contigo al cine. Te juro que te lo voy a compensar mañana”. Así todo el viernes me la pasé tratando de sacar a Paola1 de mi cabeza. Estuve toda la tarde con Bárbara en una disco, donde me divertí extorsionando a unos chavos del curso que eran menores de edad (17 años): Por cada cerveza que les comprara, ellos me pagaban una. JAJAJAJA! Recuerdo que ese día moría de ganas de besar a Bárbara pero ella parecía estar disfrutando torturarme, girando su cara cada que me acercaba y soltando una carcajada. Ese día me regresé a casa sin beso y con una excitación bastante intensa, así que cuando llegué me encerré en el baño y me masturbé. Imaginaba a Bárbara desnuda, sentada sobre mi, besándonos larga y lentamente… la imaginaba con abundante vello púbico (no sé por qué, siempre la imaginé así), y con pezones grandes y claros… imaginaba que me pedía que se la metiera más y más hasta casi desgarrarla… imaginaba sus tetas rebotando con cada movimiento y su voz haciéndose más aguda conforme nos veníamos…..fue un orgasmo muy intenso.
El sábado me arreglé y fui a buscar unos discos en la mañana, comí algo en la calle y después me dirigía mi casa para lavarme los dientes y pasar por Paola1. Íbamos a ir a la 1ª función que empezaba a las 4:00 PM. La película era una de Meryl Streep (A cry in the dark) que me pareció buena a secas. Me tenía más atento la mano de Paola1 que acariciaba mi muslo, me tomaba de la mano entrelazando nuestros dedos, abrazando mi brazo, etc Estaba irreconocible de afectuosa. Terminó la película y me pidió si podíamos pasar a su casa por una chamarra por que le estaba dando frío. Como yo no traía tampoco una, no se la podía ofrecer, así que fuimos a su casa. En el camino, nos encontramos a Bárbara que iba con otras amigas quienes al verme con Paola1 voltearon a ver a Bárbara quien nada más me envió una mirada peculiar y sonrió como diciendo “luego hablamos tu y yo”. Al llegar, antes de entrar, se acercó a mí lentamente y me preguntó la hora. Eran las 6:30 pasadas, lo recuerdo bien. Ella sonrió y me abrazó por la nuca besándome en los labios. “mis papás vana estar fuera hasta tarde, quieres pasar?” Su voz seductora era demasiado intensa como para negarse, aún cuando pensé “eres un fácil”, no me resistí y entré con ella. Me ofreció algo de tomar y me sentó en la sala. Cuando ella regresó con la coca que le había pedido, la dejó sobre la mesa y se sentó hincada sobre mi. Tenía sus tetas exactamente frente de mi cara. La abracé y empecé a mordisquearlas por encima de su camisa azul. Después de cómo 5 minutos de esto, me tomó de la mano y subimos a donde estaba su recámara. Se frenó y me dijo “avanti”. Entré y enorme fue mi sorpresa al encontrarme ahí a Paola2, desnuda acostada sobre su cama. Su cuerpo era más blanco que el de Paola1, con hermosos senos, más pequeños que los de Paola1, con pequeños pezones rosados. Ella estaba totalmente depilada, lo cual le daba un aire de inocencia infantil pero que contrastaba con su mirada saturada de deseo. Volteé a ver a Paola1 quien con una sonrisa malévola me dijo “te dije que iba a compensarte”, al tiempo que se quitaba su camisa y sus pantalones…. Llevaba un juego de ropa interior color azul fuerte que se le veía extraordinariamente sexy. Sus pezones se transparentaban a través del encaje y la pequeña tanga que le hacía juego desaparecía en medio de sus nalgas. Me disponía a desvestirme cuando Paola2 se levanta y me dice “lasciami farlo”. Me desabrochó botón tras botón, besando mi pecho a medida que lo iba descubriendo. Mientras yo clavaba mi lengua en la boca de Paola1 quien ya estaba también desnuda y me tenía abrazado pasando sus brazos por mis costados y hacia mis hombros. Paola2 ya me había desabrochado toda la camisa, pero fue Paola1 quien la quitó de mi torso. Mientras, Paola2 me quitaba los zapatos y los calcetines y Paola1, todavía parada detrás de mi me desabrochaba el cinturón y los botones de mi pantalón, el cual se deslizó ágilmente al piso donde Paola2 se encargó de liberar mis piernas de ellos. Paola2, después de desaparecer mis pantalones se incorporó para deslizar mis boxers que no ocultaban en absoluto mi erección. Mientras ella los bajaba, Paola1 se hincó a su lado. Sentir sus dos bocas acariciando mi verga ha sido una de las experiencias más extasiantes que he vivido. No solo sensorialmente sino visualmente fue de lo más erótico, ver como recorrían mi erección y sus lenguas se encontraban me tenía al borde del delirio. Me acostaron sobre la cama y se tomaban turnos a mamármela, cada una a mis costados. Tengo que reconocer que Paola1 era muy buena en el sexo oral, pero Paola2 era simplemente una campeona. Mientras me la mamaba Paola1, separó mis piernas y empezó a jugar con mis huevos. Se sentía bastante bien, llegó el turno de Paola2 y sin que Paola1 dejara de acariciar mis huevos, Paola2 metió su mano debajo de mi y empezó a masajear mi ano. Eso era una sensación nueva para mi, nunca antes alguien lo había hecho y por supuesto a mi nunca se me hubiera ocurrido. Entre la lubricación de su pucha (que había estado explorando) y la de sus salivas tenía mi ano muy lubricado, lentamente metió su dedo medio hasta adentro de mi, estimulando mi próstata desde adentro. Seguían turnándose para mamármela y yo me sentía en la gloria. No tardé mucho en venirme intensamente en la boca de Paola2. Mientras lo hacía ella mantenía solo el glande dentro de su boca y Paola1 se encargaba de dar lengüetazos a través de mi erección. Se incorporaron y vi como repetían el “ritual” que Paola1 había practicado conmigo días atrás, observando como mientras se besaban escurría mi semen por sus cuellos. Se preguntaron quién “iría primero”. Paola2 dijo que quería sentirme dentro, por lo que Paola1 se sentó con su espalda ligeramente acostada, recargada contra la cabecera separando sus piernas. Paola2 se hincó en frente y se agachó para empezar a mamarle su muy humedecida pucha. La posición que adoptaba era obvia para que la cogiera por atrás, como tanto me gusta. Ese día llevé condones “por si acaso” y me felicité por mi anticipación. Me puse uno rápidamente y me dispuse a participar de mi primer menage a trois. Tomé a Paola2 por las caderas, admirando su bien formado culo, puse la cabeza de mi verga en su abertura rosada, ella empezó a mover sus caderas en círculos permitiendo que mi verga se introdujera poco a poco. Su voz dejaba escapar sonidos de placer que se mezclaban con el sonido de la humedad de Paola1 quien estaba delirante de cómo se la estaba mamando Paola2. Le decía cosas como “asi, tu sabes cómo, tu me enseñaste, te amo, desde que me hiciste tuya, no puedo vivir sin tu lengua, te amo Paola” Eso me tenía bastante excitado, pero como ya me había venido, sabía que me esperaba una sesión bastante intensa y rica. Paola1 empezó a gemir y a gritar, “si, mi amor, hazme tuya otra vez! Cógeme con tu lengua!” y con un grito sordo sentimos su orgasmo. Paola2 respiraba agitadamente y desde que había dejado de mamársela a Paola1 murmuraba cosas como “me gusta, siempre me ha gustado la verga, se siente tan bien, quiero compartir esto siempre contigo mi amor, quiero coger con todos tus amantes. Vamos, dame tu verga hasta adentro, párteme en dos.” Paola1 se había acostado boca arriba y metido debajo de Paola2 mamándole las tetas. “Si, eso es! Oh Se siente tan bien tu lengua en mis tetas, mmm! Me encanta cómo las succionas!” diciendo esto empezó a mover sus caderas hacia delante y hacia atrás. Entre sus movimientos escuché que me pedía que le metiera un dedo por el ano, así lo hice, sintiendo mi verga entrando y saliendo debajo de una delgada membrana. Sus movimientos se hicieron cada vez más rápidos hasta que se quedó quieta y se movió muy lentamente, gritando a todo pulmón su orgasmo. (Luego aprendí que ese cambio de ritmo es una manera de hacer que los orgasmos sean más intensos). Paola1 dijo “ahora me toca a mi sentir esa verga dentro de mi. Me acostaron boca arriba y después de que Paola1 se posicionara sobre mi verga con el glande entre sus labios, descendió lentamente hasta que la tuvo toda dentro de ella. Paola2 separo sus piernas a los lados de mi cabeza, dejando que su pucha descansara a unos milímetros de mi boca, extendí mi lengua y se la mamé como Paola1 me había enseñado. Los sonidos de placer de las dos se encimaban y de vez en cuando se enmudecían en un beso, sus manos estaban acariciando las tetas de la otra mientras Paola1 se movía hacia arriba y hacia abajo y Paola2 movía lentamente sus caderas en círculo. Era un espectáculo realmente delicioso. Paola2 no tardó en venirse, dejando escapar un pequeño chorro de sus jugos sobre mi lengua. Se hincó junto a mi y me besó en los labios, profanando mi boca con su lengua un largo rato, diciéndome entre besos “eres muy bueno, me la mamaste delicioso, Paola tenía razón”. Esto hizo que mi ego estuviera en el cielo!. Paola1 seguía montando mi verga preguntándome “te gusta? Te gusta coger con las dos? Te gusta vernos?” Paola2 se había hincado ahora a su lado, tomando sus pezones en su boca, mamándolos, bajando por su abdomen. Levantó a Paola1 y tomando mi verga la dirigió al ano de Paola1 quien trató de resistirse, aunque no mucho realmente. Decía “no, por favor, nunca lo he hecho así, me va a doler mucho, es más grueso que tu dedo”. Paola2 pareció no escucharla y cuando mi verga estaba en su ano, empezó a bajarla lentamente. No fue muy difícil entrar, puesto que mi verga estaba completamente lubricada. Ella gemía, no sé si de placer o de dolor, pero movía sus caderas hacia delante y hacia atrás logrando que mi verga entrara y saliera de ella. Era una sensación totalmente distinta, la presión era más intensa. Teniendo mi verga en el ano de Pola1, Poal2 gateó por encima de mi para mamarle la pucha a Paola1, sin embargo esa posición no era muy cómoda, así que Paola1 giró dándome la espalda y con sus pies apoyados a mis lados. Con esto, yo podía separar mis piernas y dejar que Paola2 estuviera en medio mamándole su pucha. Llegó un momento en el que Paola1 gritaba y se movía violentamente, recostándose sobre mi. Esto hizo que mi verga entrara totalmente en ella. Y le permitiera a Paola2 tener un mejor ángulo. En esa posición, Paola2 no solo le mamaba el clítoris a Paola1, sino que también introducía do o tres dedos en su pucha. Esto yo lo sentía y me daba una sensación de perversión. Los tres estábamos embriagados por el deseo y la lujuria, perdíamos el control de nuestros impulsos, nuestras voces sonaban cada vez más fuerte, gritando las sensaciones que nos dábamos. Recuerdo que Paola2 me gritaba “cógetela más duro, enséñale a esta perra por qué nunca me va a poder dejar!” paola1 gritaba, no puedo! Me está matando! Me encanta! Dame más! Necesito más! Mámame mi pucha, amor!, yo estaba extasiado escuchándolas, aunque de mi boca salían de la misma forma maldiciones y exclamaciones de placer. Paola1 empezó a moverse más rápido (si es que era posible) y gritando apretó sus tetas con bastante fuerza. Su orgasmo debió haber durado cerca de un minuto. Cayendo exhausta sobre mi. Su cadera seguía moviéndose pero no con la misma intensidad. Así que me salí de ella, viendo como su culo estaba totalmente dilatado y enrojecido. Paola1 me vio y me dijo, “por favor, hazle sentir el placer que me diste” Tomé a Paola2 y la puse boca abajo. Era también la primera vez que yo me cogía a alguien por el ano pero ya estaba maquinando nuevas (para mi) formas de practicar esta nueva modalidad. Separé sus nalgas e introduje mi todavía erecta verga lentamente. Ella gritaba “ah! Me encanta! Métemela más! Haz que el dolor se vaya!, métemela toda!” Lentamente empecé a moverme cogiendo su culo. Paola1 nos veía y acariciaba su clítoris, pero no como para darse placer, sino más bien como para relajarse. Se le veía exhausta, aunque con una mirada de lujuria intensa. Mientras yo seguía cogiéndome a su amante por el culo, le decía “te gusta verdad? Te gusta que te coja así? Te gusta sentir mi verga en el culo?” ella respondía “SI!” con tanta ansiedad! Me decía “estoy a punto, no pares, sigue así!” Yo estaba por venirme, ya sentía la promesa del orgasmo en mi cuerpo, pero quería esperarme a que ella se viniera, era casi una tortura aguantarme, finalmente ella grita “si, así, si, por fin! Por fin así! Aaaah!!!” escucharla decir esto fue lo único que faltaba para que empezara a inundar el condón con mi semen, Fue un orgasmo demasiado intenso! Tanto que hasta sentí que me mareaba, que el mundo me daba vueltas. Caí sobre la espalda de Paola2. Después de eso nos metimos a bañar, enjabonando nuestros cuerpos, acariciándolos, admirándonos. Yo estaba muerto y no podría mantener una erección mucho tiempo, no después de la forma como estás dos mujeres me habían tratado! Salimos de la regadera y nos secamos. Nos acostamos desnudos un rato, yo con una Paola a cada lado, acariciando sus espaldas y dejando que ellas acariciaran muy despacio mi vello púbico y mi verga totalmente flácida para entonces. El ambiente olía a sexo, a lujuria, a pasión. Platicamos sobre lo intenso que había sido, sobre lo mucho que lo habíamos disfrutado, sobre cómo lo habían planeado, y cosas así. Repetimos nuestra sesión dos veces más antes de que nos despidiéramos. Cuánto aprendí de ellas! Tuve contacto con ellas por correspondencia por cuatro meses aproximadamente después de que regresé a México, y aún cuando ya ha pasado bastante tiempo desde ese primer Menage a trois con las “Paolas” y aún cuando he tenido este tipo de experiencias acá en México, creo que esa siempre estará en un lugar muy especial.