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He conseguido hablar por tel?fono con Charo. Est? en Madrid y el f?n de semana marcha a ver a su madre al pueblo leon?s en donde vive desde hace a?os (es una conocida pintora de impactantes paisajes monta?eses) para participarle que est? embarazada y pasar unos d?as con ella.
Consuelo y Jericó han marchado hace dos días hacia Perú.
"¿Tu cómo estás, te diviertes, has conseguido aprobar
asignaturas pendientes?. ¿Sigues pensando en que nos casemos o ya te
has arrepentido?. ¿Follas mucho?, yo ya lo hecho en falta, hace un par
de noches me tuve que masturbar para poder dormir. Si no nos vemos pronto voy
a tener que buscar un rabo sabrosón que me de marcha. Tu haz lo que quieras,
pero ya sabes que se acabó la vida de soltero ligón y follador
que pareces llevar ahora el día que nos casemos"
Tras unas cuantas bromas y asegurarnos mutuamente que nos queremos, quedamos
en vernos en León capital una semana más tarde, en el Hostal San
Marcos, y volver definitivamente a Madrid, a la casa de Manzanares. Ya tengo
ganas de estar con ella y comenzar la nueva vida que tanto me ilusiona, aunque
no me hago idea de qué pueda ser estar casado con hijos.
Suena el teléfono, es Rosa: "Luis, salimos en nuestro barco durante
todo el fín de semana. También vendrán unos conocidos de
Cosme; lo vamos a pasar bien y prepárate porque intentaré que
las noches sean para disfrutar, claro".
El barco es un yate impresionante preparado para travesías transoceánicas,
de larga y estilizada cubierta en el que además de las personas de la
tripulación (capitán, dos marineros y una joven que ejerce de
camarera y cocinera) embarcamos Rosa, Cosme, un matrimonio belga de simpáticos
cuarentones residentes en España y yo en un ambiente de alegría
y ganas de diversión. Aunque el tiempo ha cambiado y es bastante fresco,
el mar nos ofrece un día agradable, tranquilo, soleado, para navegar
cerca de la costa. Risas, copas, bromas, anécdotas, una excelente comida,
más copas y el sopor propio del sol y el alcohol determinan que bajemos
a los camarotes a dormir la siesta.
Me desnudo y voy a echarme en la cama cuando muy suavemente llaman a la puerta
y entra Rosa, únicamente vestida con una corta camiseta, enseñando
su culo y su sexo y con ánimo de marcha ("cómete mi chichi;
quiero ponerme muy susy porque te voy a hacer una jugada"); coge mi
cabeza y la acerca a su blanco vellón para que empiece a lamer su ya
mojado coñito ("lo haces muy bien, Luis, ¡cuánto me
gusta!"). Apenas llevo tres o cuatro minutos cuando me empuja para separarme
de ella: "déjame, no quiero correrme; me voy con Cosme, se que él
hoy tiene ganas. Se suele poner muy excitado cuando estamos con el matrimonio
belga, la gordita le pone muy cachondo".
Sin decir más se va dejándome con un cipote gordo y necesitado
que no dejo de acariciarme lentamente. Entiendo a Cosme porque la gordita belga
(se llama Marie Louise y todos la llaman Milí) es una señora de
poco más de cuarenta años que está un poquito pasada de
peso pero que está muy buena: media melena de color castaño rojizo,
ojos verdes, labios gruesos rojos, tetas grandes, altas, llenas, duras, caderas
anchas redondeadas que cobijan un trasero grande y prieto, piernas largas con
muslos redondeados un poquito gruesos y un verdadero afán exhibicionista,
porque desde que subió al barco ha estado vestida (¿?) con un
mínimo biquini de un rojo brillante con una braguita que deja ver su
glorioso culo, excepto una excitante estrecha cinta en su raja y un sujetador
que casi descubre la totalidad de las grandes tetas. Excitante, sí señor
y calentona, dejándose querer; quedona, algo descarada, del tipo calientapollas.
Tiene buen gusto Cosme.
De nuevo llaman muy suavemente a la puerta ("¿Luis?, abre; ven,
que vamos a jugar"). Rosa, completamente desnuda excepto unas bonitas medias
negras transparentes y un pañuelo negro anudado al cuello, cosas que
ha debido ponerse ahora mismo, me coge de la mano mientras toca suavemente el
rabo y me introduce en el servicio de un pequeño camarote situado junto
al suyo ("quiero que me veas mientras lo hago con mi marido, quédate
aquí y a través de esta claraboya nos podrás observar.
No te masturbes porque cuando acabe tu y yo nos lo montamos").
La claraboya es un orificio en la pared tapado habitualmente por un espejo
que permite ver el dormitorio del matrimonio y los grandísimos espejos
que recubren las paredes. Rosa está arrodillada en el suelo chupándole
la polla a Cosme sentado en la cama; da la impresión de que se han colocado
en el lugar que mejor permite observarlos así como donde mejor se refleja
su actuación. Al cabo de un rato el marido tiene una erección
tremenda que pone de relieve una polla muy larga y estrecha, se pone de pies
y levanta a su mujer dando un seco tirón del pañuelo que lleva
al cuello, mientras le oigo medio gritar: "zorra, ¿ya has gozado
con Luis o has quedado para luego?; te pone tu ex, eh; vas a darme gusto y voy
a decirte todo lo que me apetezca"
"Sí, por favor, díme todo lo que me gusta; cariño,
no te cortes". Un nuevo tirón al pañuelo y Rosa se arrodilla
en la cama para que Cosme se la meta en el coño de un empujón,
quedándose quieto después de agarrarse como con dos garras a los
glúteos ("¡muévete sin parar!; no quiero cansarme").
Los gemidos de la mujer van creciendo en intensidad según crece también
el movimiento de vaivén que realiza y los comentarios del hombre ("me
gustas golfa, sigue así; quiero correrme; ¡vamos putón,
no pares!) que agarra el culo de mi ex apretando, pellizcando y dándole
golpecitos con la mano que es evidente encantan a Rosa ("sí, cariño;
pégame, más fuerte, más, más"). Llevan más
de diez minutos de rápida follenda cuando el hombre (no deja de sorprenderme
el tremendo ritmo que se gasta este sesentón enfermo del corazón)
empieza a gritar ("me corro, amor; no pares, sigue cariño, sigue")
hasta que se desploma sobre su mujer dando una especie de corto alarido ("aaayyyuuuyyy").
Estoy muy brutote, o viene Rosa o me follo un agujero en la pared.
Apenas han pasado cinco minutos y ya estamos dándole Rosa y yo en mi
camarote. Estoy cómodamente tumbado en la cama y ella me está
echando un polvete suave y lento, apenas se mueve, mientras comentamos lo sucedido
en la otra habitación: "te has excitado mucho, ¿verdad?;
siempre que Milí está con nosotros Cosme me folla, normalmente
se lo hago con la boca para que no se canse demasiado. ¿Te ha gustado
verme?, a mí me ha encantado saber que me estabas mirando, por cierto,
no eras el único porque la belga estaba en un cuartito junto al que estabas
tu"
"Podías habernos juntado, así el calentón habría
tenido sofoco con la gordita belga que está muy buena y me parece que
es caliente, caliente"
"¿No te valgo yo?, también te pone esa zorra tetona y salida,
eh. ¿Sabes lo que dicen que les gusta a todas las belgas?"
Mientras ha durado la charla los dos nos hemos ido poniendo mucho más
excitados y ahora Rosa se mueve con rapidez y ganas mientras yo también
intento acoplarme a ese ritmo tan bueno que nos va a llevar al orgasmo enseguida.
Mi susy ex da un gritito y se corre durante el buen rato que duran sus contracciones
vaginales, lo que me sirve para eyacular con verdaderas ganas. Quedamos adormecidos
juntos durante un buen rato, hasta que me da un beso que nos reanima.
"Voy a ver a Cosme. No te preocupes, él sabe perfectamente que
he estado contigo y además lo hemos hablado y lo permite porque eso le
gusta y excita. Espero que le hayas causado buena impresión a Milí,
nos ha estado mirando mientras lo hacíamos porque es algo que la pone
mucho y siempre me lo pide. A mi marido y a mí nos gusta, en ocasiones,
ver a los invitados que traemos al barco y todos los camarotes pueden ser observados
discretamente. Lo que gusta a las belgas es que les den por el culo y como al
marido de ésta sólo le gustan los culos de los tíos (ten
cuidado, le tira los tejos a todos los hombres que le tratan y la verdad es
que tiene mucho éxito) y ella hoy no ha hecho nada de nada, esta noche
seguro que la vas a encular. No se si voy a tener celos".
Se marcha, nos despedimos hasta la cena y quedo dormido rápidamente,
no sin antes preguntarme cómo es posible que yo aguante tanto y tan seguido
si no soy ningún jovencito y hasta no hace mucho tiempo (hasta mi primera
vez con Nora a la que, por cierto, este ambiente seguro que le va) una vez
me corría ya se acababa el asunto o tardaba bastante en volver a tener
una erección. Bueno, tengo que descansar por si luego hay más
sexo previsto. Me encanta.
La cena ha sido esplendorosa, tanto que hemos hecho venir a la joven cocinera
para que brindara con nosotros. Después hemos seguido dándole
con ganas al champagne en un ambiente alegre, simpático y erótico
(al menos para mí) propiciado por la vestimenta (más bien desvestimenta)
de Rosa y Milí, que parecen decididas a mostrar su cuerpo casi por completo
en cada uno de sus movimientos y gestos gracias a los escotes, rajas y cortas
faldas que llevan sin ningún tipo de ropa interior. A pesar de que llevo
una temporada metiendo más que en toda mi vida, estoy muy caliente.
A media tarde el frío y la débil lluvia han hecho su aparición,
de manera que permanecemos en una bonita sala recubierta de madera con una gran
mesa central y adosados a la pared varios cómodos sofás, con los
inevitables espejos presentes en todo el barco. Las conversaciones han dejado
de ser totalmente coherentes y nos reímos por todo, empezando a hacer
chistes subidos de tono y a referirnos a nosotros mismos, lo que suma calidez
al ya caliente ambiente y hace aún más evidente que estamos un
poco pasados de alcohol. Jorge (George) empieza a mostrar una pluma muy exagerada
animado por su mujer y por Rosa, provocando las carcajadas de un relajado Cosme
y un cierto sentimiento de vergüenza ajena en mí, que he dejado
claro que los hombres no me van de ninguna de las maneras. Entra uno de los
marineros a terminar de recoger la mesa y Jorge le tira los tejos en francés
alabando su boca y su culo, a lo que responde el joven, también en perfecto
francés, diciendo que más actuar y menos hablar. El ambiente se
puede cortar durante unos segundos en los que todos esperamos algo, lo que rompe
Cosme con voz sugerente: "todos somos mayorcitos y nos conocemos; sabemos
que a todos nos gusta el sexo y que nos excita ver lo que los demás hacen.
Aquí ninguno nos vamos a asustar de nada, así que ¿por
qué no nos lo montamos tal y como nos gusta en esta sala y nos damos
placer con el cuerpo y con la vista?"
El belga y el marinero no necesitan más y se desnudan mirándose
a los ojos. Dos cuerpos trabajados en el gimnasio, uno muy joven y otro muy
cuidado, se abrazan y se dirigen hacia uno de los sofás, en donde comienzan
a besarse mientras les miramos todos los demás. Antes de que haya ninguna
duda ni malentendido, Rosa se desnuda, se sienta junto a Cosme y empieza a desnudarle
mientras se besan. Es la señal para que Milí se quite rapidamente
la ropa ante mí e inmediatamente se lance a comerme la boca y a masajearme
el rabo, mientras intento terminar de desnudarme, sorprendiéndome grata
y excitantemente el que lleve completamente rasurado su sexo.
El ambiente está que arde y me resulta muy excitante. El marinero está
arrodillado ante un sentado Jorge que tiene los ojos cerrados mientras le hacen
lo que parece una colosal mamada; Cosme está mirándonos a los
demás echando constantes miradas a los espejos mientras su mujer, sentada
en el suelo, se la chupa e igualmente no pierde detalle de lo que hace mi polla
en el trasero de la gordita. ¡Joder!, qué culo más bueno,
parece especialmente hecho para tener una polla dentro y darle gusto; he entrado
con total facilidad hasta meterla entera y es como si fuera una lengua grande,
suave, mojada y caliente que envuelve y aprieta por todos lados mi excitado
pene. Ni me muevo, simplemente dejo hacer a la mujer y su sabio culo que acaricia,
aprieta, roza y exprime mi polla que parece estar contenta y sorprendida ante
tal maravilla.
El marinero le está rompiendo el culo al belga, que está encantado
dando unos tremendos grititos de loca excitada, dándole caña con
un rabo curiosote y hablándole (parecen insultos) en un extraño
idioma que después me entero que es flamenco, le lanza algún que
otro azote que provoca más exclamaciones de gusto en el enculado; Cosme
ha puesto a Rosa, que no deja ni un momento de mirar los espejos, doblada por
la cintura con la cabeza apoyada en el asiento del sofá para meterle
su larga polla y exigirle con algún que otro sinónimo de puta
que se mueva rápidamente y yo ya hace unos minutos que estoy entregado
a un gratificante movimiento de mete-saca rápido en este estupendo y
acogedor agujero, obteniendo variados gritos de gusto de su dueña. En
uno de los espejos veo reflejada la imagen de la cocinera medio asomada a la
puerta de la sala y masturbándose bajo la falda con frenético
movimiento al mismo tiempo que se toca las tetas con la otra mano.
Cosme da una especie de largo grito y se corre, dando dos fuertes y sonoros
azotes a su mujer, antes de sentarse en el sofá, agarrar una de las copas
de champagne y disponerse a ver el resto de la función. Rosa se ha acercado
a Milí y a mí para centrar su mirada en la polla que entra y sale
con total facilidad, sin dejar de tocarse el empapado chichi. El pajote que
el joven está haciendo a Jorge mientras sigue enculándole da resultado
y se corre con varios sonoros y aflautados gritos, siguiéndole poco después
el marinero que se desploma en el suelo tras sacarla del oscuro agujero belga
con un brusco movimiento. La cocinera se ha acercado al sofá en donde
se sienta Cosme y sigue mirando con expresión de sorpresa, aunque se
ha debido correr y ya no se toca.
Estoy a punto, agarro con más fuerza los glúteos de la mujer
y eyaculo en una de mis mayores corridas de los últimos tiempos y, desde
luego, la mejor dentro del culo de una tía. No tengo problema en sacarla
y quedo de pie recuperando el resuello mientras oigo decir a Cosme: "amigo
mío, ahora tienes que darle gusto a esas dos fieras, espero que nos prepares
un buen espectáculo porque las hembras lo merecen y me temo que están
ambas muy susys".
Desde luego que sí, Milí considera que debe ser la primera y
pide que se la meta en el chocho que me ofrece tumbándose sobre la mesa
y poniendo el culo al borde de la misma para que la penetre estando en pie,
cosa que hago con la polla morcillona y algo flojilla, agarrándome a
los muslos de ella. Rosa decide darme otra sorpresa (si me lo hubiera hecho
hace años otro gallo nos cantaría ahora) y ayudarme a lograr empalmarme,
se arrodilla tras de mí y juega con su lengua en el culo, la raja, los
glúteos y el agujero, lame, entra, chupa, muerde, sale, ... Qué
bien, qué excitante, y si no que se lo pregunten a la belga que nota
como mi rabo crece y se pone duro dentro de ella, tanto que empiezo a empujar
como un poseso, a moverme a toda velocidad, con desesperación, con urgencia,
sintiéndome apresado por los muslos de Milí que aprieta con una
tremenda fuerza sus piernas alrededor de mi cuerpo y grita durante muchos segundos,
apretando aún más los muslos, durante el tiempo que dura su largo
orgasmo.
Mi corrida es buenísima, corta, intensa, profunda. Rosa ha mantenido
su lengua dentro de mí durante todo el rato y ahora continúa entrando
y saliendo lenta y suavemente, como si de un masaje relajante se tratara, incluso
después de que la gordita se levante y vaya a sentarse junto a Cosme
y la cocinera. Esa especie de serpiente que entra y sale de mi culo es especialmente
agradable y cuando bastantes minutos después consigue que mi pene de
señales evidentes de recuperación, todos los presentes aplauden
y lanzan exclamaciones de gozo dedicadas a la lengua de Rosa. Es su marido quién
pone algo más de pimienta en el ambiente: "querida mía, ahora
debes conseguir que la polla de Luis esté lista para darte gusto, así
que cómesela como tu sabes y no nos defraudes a los que estamos mirando,
aunque quizás dentro de un rato debamos ayudarte un poco para que consigaís
follar, ¿no?"
Rosa y yo estamos de pie, fuertemente abrazados porque nos han atado las manos
de cada uno a la espalda del otro. Tengo mi rabo, medianamente tieso y duro
tras el trabajo bucal de mi ex, introducido en su mojado sexo y desde hace unos
minutos estamos a oscuras de manera que desconocemos quienes de los presentes
nos están acariciando, besando, chupando y metiéndonos mano por
todo nuestro cuerpo. Me parece tremendamente excitante y los efectos los va
notando la mujer, que me lo dice al oído ("cómo te pones,
cabronazo; qué bien me lo vas a hacer con ese cipote gordo y duro")
al mismo tiempo que comienza un lento movimiento de arriba-abajo y derecha-izquierda
que le permite restregarse entera conmigo ("me gusta sentir como nos rozamos
y restregamos en todo el cuerpo; qué susy me estoy poniendo, cariño").
Siguen tocándonos, besando y lamiendo y las respiraciones se empiezan
a oir más fuertes, rápidas y excitadas, aunque nadie nos habla
ni dice nada. La polla ya la tengo en un perfecto estado de erección
y a pesar de lo medianamente incómodo de la postura (en algún
momento parece que flotamos en la oscuridad de la habitación sujetos
por las manos y labios de los que nos rodean) la excitación de Rosa y
mía va subiendo a niveles de necesidad de orgasmo. Echo de menos no poder
utilizar las manos, lo que intento paliar moviendo la cabeza para comerle boca,
tetas y pezones a mi partenaire. Ya llevamos unos minutos con un movimiento
de cópula que quiere ser más rápido, mientras que parecen
multiplicarse las bocas, lenguas, dientes y manos que nos excitan. La mujer
se echa con fuerza sobre mí ("es Cosme, quiere sodomizarme; ¡joder!,
que calentura tiene, está como nunca") intentando doblarse algo
por la cintura, lo que me obliga a apretarme a su pubis y a recostarme en un
sofá, e inmediatamente empieza a hablar y gemir un poco más fuerte
("sí, sí; ¡qué dura está!, no pares,
sigue") mientras el movimiento que me empuja hacia atrás me indica
que su marido la está enculando con ganas ("qué bien tener
dos pollas, ¡no pareís!, vamos, vamos").
Varios gemidos seguidos de fuertes contracciones son la señal del orgasmo
de Rosa, que se desliza hasta uno de los sofás cuando Cosme sale de ella
segundos después y alguien libera sus manos. Sin dejarme ver qué
pasa Milí toma el lugar de mi ex, se introduce el pene semierecto (o
quizás sea mejor decir semicaído) y comienza a comerme la boca
con verdadera fiereza. Rosa ha encendido las velas de uno de los candelabros
("quiero verte gozar, Luis") y eso me permite ver la escena completa:
todos estamos desnudos, Cosme está sentado mientras su mujer le masturba
suavemente; el joven marinero está arrodillado a cuatro patas aguantando
las lentas embestidas del rabo de Jorge y la cocinera comienza a restregarse
con un lento movimiento arriba-abajo contra la parte trasera de mi cuerpo, chupando
y mordisqueando mis orejas con gran suavidad y haciéndome sentir su mata
de vello rizado que parece un bosque.
La actuación de la cocinerita me ha empalmado de nuevo y me excitan
sobremanera los golpecitos y restregones que da con su peludo monte de Venus
en mi culo; la belga gordita se ha puesto muy contenta con mi rabo tieso y no
deja de moverse adelante-atrás y en círculos al mismo tiempo que
juega a apretar, arañar y mordisquear mis pezones. Voy a durar poco,
en especial porque Milí está ya pegándome un movimiento
de metesaca de órdago y la cocinera hace lo propio; me parece estar en
una excitante coctelera y tanto me mueven que me corro dando un grito largo
y fuerte ("aaayyyyyyyyy"). Intento sentarme, pero como no me sueltan
las manos sigo en pie emparedado por las dos mujeres que se restriegan y aprietan
contra mi cuerpo (mi polla se bajó ya hace unos minutos) como dos posesas
buscando su satisfacción. La joven da un pequeño respingo acompañado
de varios suspiros y se corre durante largo rato (creo que es la primera vez
que satisfago a una titi con mi culo) mientras que la belga madurita se separa
de mí y termina acariciando su clítoris a una velocidad de vértigo
hasta que se desploma sobre uno de los sofás. Los aplausos de los espectadores
subrayan que ya hemos terminado todos.
Hemos tenido que volver a puerto urgentemente ante el rápido empeoramiento
de la mar, la lluvia cada vez más copiosa y fría y el acusado
descenso de las temperaturas.
Consuelo y Jeric? han marchado hace dos d?as hacia Per?.
"?Tu c?mo est?s, te diviertes, has conseguido aprobar asignaturas pendientes?. ?Sigues pensando en que nos casemos o ya te has arrepentido?. ?Follas mucho?, yo ya lo hecho en falta, hace un par de noches me tuve que masturbar para poder dormir. Si no nos vemos pronto voy a tener que buscar un rabo sabros?n que me de marcha. Tu haz lo que quieras, pero ya sabes que se acab? la vida de soltero lig?n y follador que pareces llevar ahora el d?a que nos casemos"
Tras unas cuantas bromas y asegurarnos mutuamente que nos queremos, quedamos en vernos en Le?n capital una semana m?s tarde, en el Hostal San Marcos, y volver definitivamente a Madrid, a la casa de Manzanares. Ya tengo ganas de estar con ella y comenzar la nueva vida que tanto me ilusiona, aunque no me hago idea de qu? pueda ser estar casado con hijos.
Suena el tel?fono, es Rosa: "Luis, salimos en nuestro barco durante todo el f?n de semana. Tambi?n vendr?n unos conocidos de Cosme; lo vamos a pasar bien y prep?rate porque intentar? que las noches sean para disfrutar, claro".
El barco es un yate impresionante preparado para traves?as transoce?nicas, de larga y estilizada cubierta en el que adem?s de las personas de la tripulaci?n (capit?n, dos marineros y una joven que ejerce de camarera y cocinera) embarcamos Rosa, Cosme, un matrimonio belga de simp?ticos cuarentones residentes en Espa?a y yo en un ambiente de alegr?a y ganas de diversi?n. Aunque el tiempo ha cambiado y es bastante fresco, el mar nos ofrece un d?a agradable, tranquilo, soleado, para navegar cerca de la costa. Risas, copas, bromas, an?cdotas, una excelente comida, m?s copas y el sopor propio del sol y el alcohol determinan que bajemos a los camarotes a dormir la siesta.
Me desnudo y voy a echarme en la cama cuando muy suavemente llaman a la puerta y entra Rosa, ?nicamente vestida con una corta camiseta, ense?ando su culo y su sexo y con ?nimo de marcha ("c?mete mi chichi; quiero ponerme muy susy porque te voy a hacer una jugada"); coge mi cabeza y la acerca a su blanco vell?n para que empiece a lamer su ya mojado co?ito ("lo haces muy bien, Luis, ?cu?nto me gusta!"). Apenas llevo tres o cuatro minutos cuando me empuja para separarme de ella: "d?jame, no quiero correrme; me voy con Cosme, se que ?l hoy tiene ganas. Se suele poner muy excitado cuando estamos con el matrimonio belga, la gordita le pone muy cachondo".
Sin decir m?s se va dej?ndome con un cipote gordo y necesitado que no dejo de acariciarme lentamente. Entiendo a Cosme porque la gordita belga (se llama Marie Louise y todos la llaman Mil?) es una se?ora de poco m?s de cuarenta a?os que est? un poquito pasada de peso pero que est? muy buena: media melena de color casta?o rojizo, ojos verdes, labios gruesos rojos, tetas grandes, altas, llenas, duras, caderas anchas redondeadas que cobijan un trasero grande y prieto, piernas largas con muslos redondeados un poquito gruesos y un verdadero af?n exhibicionista, porque desde que subi? al barco ha estado vestida (??) con un m?nimo biquini de un rojo brillante con una braguita que deja ver su glorioso culo, excepto una excitante estrecha cinta en su raja y un sujetador que casi descubre la totalidad de las grandes tetas. Excitante, s? se?or y calentona, dej?ndose querer; quedona, algo descarada, del tipo calientapollas. Tiene buen gusto Cosme.
De nuevo llaman muy suavemente a la puerta ("?Luis?, abre; ven, que vamos a jugar"). Rosa, completamente desnuda excepto unas bonitas medias negras transparentes y un pa?uelo negro anudado al cuello, cosas que ha debido ponerse ahora mismo, me coge de la mano mientras toca suavemente el rabo y me introduce en el servicio de un peque?o camarote situado junto al suyo ("quiero que me veas mientras lo hago con mi marido, qu?date aqu? y a trav?s de esta claraboya nos podr?s observar. No te masturbes porque cuando acabe tu y yo nos lo montamos").
La claraboya es un orificio en la pared tapado habitualmente por un espejo que permite ver el dormitorio del matrimonio y los grand?simos espejos que recubren las paredes. Rosa est? arrodillada en el suelo chup?ndole la polla a Cosme sentado en la cama; da la impresi?n de que se han colocado en el lugar que mejor permite observarlos as? como donde mejor se refleja su actuaci?n. Al cabo de un rato el marido tiene una erecci?n tremenda que pone de relieve una polla muy larga y estrecha, se pone de pies y levanta a su mujer dando un seco tir?n del pa?uelo que lleva al cuello, mientras le oigo medio gritar: "zorra, ?ya has gozado con Luis o has quedado para luego?; te pone tu ex, eh; vas a darme gusto y voy a decirte todo lo que me apetezca"
"S?, por favor, d?me todo lo que me gusta; cari?o, no te cortes". Un nuevo tir?n al pa?uelo y Rosa se arrodilla en la cama para que Cosme se la meta en el co?o de un empuj?n, qued?ndose quieto despu?s de agarrarse como con dos garras a los gl?teos ("?mu?vete sin parar!; no quiero cansarme"). Los gemidos de la mujer van creciendo en intensidad seg?n crece tambi?n el movimiento de vaiv?n que realiza y los comentarios del hombre ("me gustas golfa, sigue as?; quiero correrme; ?vamos put?n, no pares!) que agarra el culo de mi ex apretando, pellizcando y d?ndole golpecitos con la mano que es evidente encantan a Rosa ("s?, cari?o; p?game, m?s fuerte, m?s, m?s"). Llevan m?s de diez minutos de r?pida follenda cuando el hombre (no deja de sorprenderme el tremendo ritmo que se gasta este sesent?n enfermo del coraz?n) empieza a gritar ("me corro, amor; no pares, sigue cari?o, sigue") hasta que se desploma sobre su mujer dando una especie de corto alarido ("aaayyyuuuyyy"). Estoy muy brutote, o viene Rosa o me follo un agujero en la pared.
Apenas han pasado cinco minutos y ya estamos d?ndole Rosa y yo en mi camarote. Estoy c?modamente tumbado en la cama y ella me est? echando un polvete suave y lento, apenas se mueve, mientras comentamos lo sucedido en la otra habitaci?n: "te has excitado mucho, ?verdad?; siempre que Mil? est? con nosotros Cosme me folla, normalmente se lo hago con la boca para que no se canse demasiado. ?Te ha gustado verme?, a m? me ha encantado saber que me estabas mirando, por cierto, no eras el ?nico porque la belga estaba en un cuartito junto al que estabas tu"
"Pod?as habernos juntado, as? el calent?n habr?a tenido sofoco con la gordita belga que est? muy buena y me parece que es caliente, caliente"
"?No te valgo yo?, tambi?n te pone esa zorra tetona y salida, eh. ?Sabes lo que dicen que les gusta a todas las belgas?"
Mientras ha durado la charla los dos nos hemos ido poniendo mucho m?s excitados y ahora Rosa se mueve con rapidez y ganas mientras yo tambi?n intento acoplarme a ese ritmo tan bueno que nos va a llevar al orgasmo enseguida. Mi susy ex da un gritito y se corre durante el buen rato que duran sus contracciones vaginales, lo que me sirve para eyacular con verdaderas ganas. Quedamos adormecidos juntos durante un buen rato, hasta que me da un beso que nos reanima.
"Voy a ver a Cosme. No te preocupes, ?l sabe perfectamente que he estado contigo y adem?s lo hemos hablado y lo permite porque eso le gusta y excita. Espero que le hayas causado buena impresi?n a Mil?, nos ha estado mirando mientras lo hac?amos porque es algo que la pone mucho y siempre me lo pide. A mi marido y a m? nos gusta, en ocasiones, ver a los invitados que traemos al barco y todos los camarotes pueden ser observados discretamente. Lo que gusta a las belgas es que les den por el culo y como al marido de ?sta s?lo le gustan los culos de los t?os (ten cuidado, le tira los tejos a todos los hombres que le tratan y la verdad es que tiene mucho ?xito) y ella hoy no ha hecho nada de nada, esta noche seguro que la vas a encular. No se si voy a tener celos".
Se marcha, nos despedimos hasta la cena y quedo dormido r?pidamente, no sin antes preguntarme c?mo es posible que yo aguante tanto y tan seguido si no soy ning?n jovencito y hasta no hace mucho tiempo (hasta mi primera vez con Nora a la que, por cierto, este ambiente seguro que le va) una vez me corr?a ya se acababa el asunto o tardaba bastante en volver a tener una erecci?n. Bueno, tengo que descansar por si luego hay m?s sexo previsto. Me encanta.
La cena ha sido esplendorosa, tanto que hemos hecho venir a la joven cocinera para que brindara con nosotros. Despu?s hemos seguido d?ndole con ganas al champagne en un ambiente alegre, simp?tico y er?tico (al menos para m?) propiciado por la vestimenta (m?s bien desvestimenta) de Rosa y Mil?, que parecen decididas a mostrar su cuerpo casi por completo en cada uno de sus movimientos y gestos gracias a los escotes, rajas y cortas faldas que llevan sin ning?n tipo de ropa interior. A pesar de que llevo una temporada metiendo m?s que en toda mi vida, estoy muy caliente.
A media tarde el fr?o y la d?bil lluvia han hecho su aparici?n, de manera que permanecemos en una bonita sala recubierta de madera con una gran mesa central y adosados a la pared varios c?modos sof?s, con los inevitables espejos presentes en todo el barco. Las conversaciones han dejado de ser totalmente coherentes y nos re?mos por todo, empezando a hacer chistes subidos de tono y a referirnos a nosotros mismos, lo que suma calidez al ya caliente ambiente y hace a?n m?s evidente que estamos un poco pasados de alcohol. Jorge (George) empieza a mostrar una pluma muy exagerada animado por su mujer y por Rosa, provocando las carcajadas de un relajado Cosme y un cierto sentimiento de verg?enza ajena en m?, que he dejado claro que los hombres no me van de ninguna de las maneras. Entra uno de los marineros a terminar de recoger la mesa y Jorge le tira los tejos en franc?s alabando su boca y su culo, a lo que responde el joven, tambi?n en perfecto franc?s, diciendo que m?s actuar y menos hablar. El ambiente se puede cortar durante unos segundos en los que todos esperamos algo, lo que rompe Cosme con voz sugerente: "todos somos mayorcitos y nos conocemos; sabemos que a todos nos gusta el sexo y que nos excita ver lo que los dem?s hacen. Aqu? ninguno nos vamos a asustar de nada, as? que ?por qu? no nos lo montamos tal y como nos gusta en esta sala y nos damos placer con el cuerpo y con la vista?"
El belga y el marinero no necesitan m?s y se desnudan mir?ndose a los ojos. Dos cuerpos trabajados en el gimnasio, uno muy joven y otro muy cuidado, se abrazan y se dirigen hacia uno de los sof?s, en donde comienzan a besarse mientras les miramos todos los dem?s. Antes de que haya ninguna duda ni malentendido, Rosa se desnuda, se sienta junto a Cosme y empieza a desnudarle mientras se besan. Es la se?al para que Mil? se quite rapidamente la ropa ante m? e inmediatamente se lance a comerme la boca y a masajearme el rabo, mientras intento terminar de desnudarme, sorprendi?ndome grata y excitantemente el que lleve completamente rasurado su sexo.
El ambiente est? que arde y me resulta muy excitante. El marinero est? arrodillado ante un sentado Jorge que tiene los ojos cerrados mientras le hacen lo que parece una colosal mamada; Cosme est? mir?ndonos a los dem?s echando constantes miradas a los espejos mientras su mujer, sentada en el suelo, se la chupa e igualmente no pierde detalle de lo que hace mi polla en el trasero de la gordita. ?Joder!, qu? culo m?s bueno, parece especialmente hecho para tener una polla dentro y darle gusto; he entrado con total facilidad hasta meterla entera y es como si fuera una lengua grande, suave, mojada y caliente que envuelve y aprieta por todos lados mi excitado pene. Ni me muevo, simplemente dejo hacer a la mujer y su sabio culo que acaricia, aprieta, roza y exprime mi polla que parece estar contenta y sorprendida ante tal maravilla.
El marinero le est? rompiendo el culo al belga, que est? encantado dando unos tremendos grititos de loca excitada, d?ndole ca?a con un rabo curiosote y habl?ndole (parecen insultos) en un extra?o idioma que despu?s me entero que es flamenco, le lanza alg?n que otro azote que provoca m?s exclamaciones de gusto en el enculado; Cosme ha puesto a Rosa, que no deja ni un momento de mirar los espejos, doblada por la cintura con la cabeza apoyada en el asiento del sof? para meterle su larga polla y exigirle con alg?n que otro sin?nimo de puta que se mueva r?pidamente y yo ya hace unos minutos que estoy entregado a un gratificante movimiento de mete-saca r?pido en este estupendo y acogedor agujero, obteniendo variados gritos de gusto de su due?a. En uno de los espejos veo reflejada la imagen de la cocinera medio asomada a la puerta de la sala y masturb?ndose bajo la falda con fren?tico movimiento al mismo tiempo que se toca las tetas con la otra mano.
Cosme da una especie de largo grito y se corre, dando dos fuertes y sonoros azotes a su mujer, antes de sentarse en el sof?, agarrar una de las copas de champagne y disponerse a ver el resto de la funci?n. Rosa se ha acercado a Mil? y a m? para centrar su mirada en la polla que entra y sale con total facilidad, sin dejar de tocarse el empapado chichi. El pajote que el joven est? haciendo a Jorge mientras sigue encul?ndole da resultado y se corre con varios sonoros y aflautados gritos, sigui?ndole poco despu?s el marinero que se desploma en el suelo tras sacarla del oscuro agujero belga con un brusco movimiento. La cocinera se ha acercado al sof? en donde se sienta Cosme y sigue mirando con expresi?n de sorpresa, aunque se ha debido correr y ya no se toca.
Estoy a punto, agarro con m?s fuerza los gl?teos de la mujer y eyaculo en una de mis mayores corridas de los ?ltimos tiempos y, desde luego, la mejor dentro del culo de una t?a. No tengo problema en sacarla y quedo de pie recuperando el resuello mientras oigo decir a Cosme: "amigo m?o, ahora tienes que darle gusto a esas dos fieras, espero que nos prepares un buen espect?culo porque las hembras lo merecen y me temo que est?n ambas muy susys".
Desde luego que s?, Mil? considera que debe ser la primera y pide que se la meta en el chocho que me ofrece tumb?ndose sobre la mesa y poniendo el culo al borde de la misma para que la penetre estando en pie, cosa que hago con la polla morcillona y algo flojilla, agarr?ndome a los muslos de ella. Rosa decide darme otra sorpresa (si me lo hubiera hecho hace a?os otro gallo nos cantar?a ahora) y ayudarme a lograr empalmarme, se arrodilla tras de m? y juega con su lengua en el culo, la raja, los gl?teos y el agujero, lame, entra, chupa, muerde, sale, ... Qu? bien, qu? excitante, y si no que se lo pregunten a la belga que nota como mi rabo crece y se pone duro dentro de ella, tanto que empiezo a empujar como un poseso, a moverme a toda velocidad, con desesperaci?n, con urgencia, sinti?ndome apresado por los muslos de Mil? que aprieta con una tremenda fuerza sus piernas alrededor de mi cuerpo y grita durante muchos segundos, apretando a?n m?s los muslos, durante el tiempo que dura su largo orgasmo.
Mi corrida es buen?sima, corta, intensa, profunda. Rosa ha mantenido su lengua dentro de m? durante todo el rato y ahora contin?a entrando y saliendo lenta y suavemente, como si de un masaje relajante se tratara, incluso despu?s de que la gordita se levante y vaya a sentarse junto a Cosme y la cocinera. Esa especie de serpiente que entra y sale de mi culo es especialmente agradable y cuando bastantes minutos despu?s consigue que mi pene de se?ales evidentes de recuperaci?n, todos los presentes aplauden y lanzan exclamaciones de gozo dedicadas a la lengua de Rosa. Es su marido qui?n pone algo m?s de pimienta en el ambiente: "querida m?a, ahora debes conseguir que la polla de Luis est? lista para darte gusto, as? que c?mesela como tu sabes y no nos defraudes a los que estamos mirando, aunque quiz?s dentro de un rato debamos ayudarte un poco para que consiga?s follar, ?no?"
Rosa y yo estamos de pie, fuertemente abrazados porque nos han atado las manos de cada uno a la espalda del otro. Tengo mi rabo, medianamente tieso y duro tras el trabajo bucal de mi ex, introducido en su mojado sexo y desde hace unos minutos estamos a oscuras de manera que desconocemos quienes de los presentes nos est?n acariciando, besando, chupando y meti?ndonos mano por todo nuestro cuerpo. Me parece tremendamente excitante y los efectos los va notando la mujer, que me lo dice al o?do ("c?mo te pones, cabronazo; qu? bien me lo vas a hacer con ese cipote gordo y duro") al mismo tiempo que comienza un lento movimiento de arriba-abajo y derecha-izquierda que le permite restregarse entera conmigo ("me gusta sentir como nos rozamos y restregamos en todo el cuerpo; qu? susy me estoy poniendo, cari?o").
Siguen toc?ndonos, besando y lamiendo y las respiraciones se empiezan a oir m?s fuertes, r?pidas y excitadas, aunque nadie nos habla ni dice nada. La polla ya la tengo en un perfecto estado de erecci?n y a pesar de lo medianamente inc?modo de la postura (en alg?n momento parece que flotamos en la oscuridad de la habitaci?n sujetos por las manos y labios de los que nos rodean) la excitaci?n de Rosa y m?a va subiendo a niveles de necesidad de orgasmo. Echo de menos no poder utilizar las manos, lo que intento paliar moviendo la cabeza para comerle boca, tetas y pezones a mi partenaire. Ya llevamos unos minutos con un movimiento de c?pula que quiere ser m?s r?pido, mientras que parecen multiplicarse las bocas, lenguas, dientes y manos que nos excitan. La mujer se echa con fuerza sobre m? ("es Cosme, quiere sodomizarme; ?joder!, que calentura tiene, est? como nunca") intentando doblarse algo por la cintura, lo que me obliga a apretarme a su pubis y a recostarme en un sof?, e inmediatamente empieza a hablar y gemir un poco m?s fuerte ("s?, s?; ?qu? dura est?!, no pares, sigue") mientras el movimiento que me empuja hacia atr?s me indica que su marido la est? enculando con ganas ("qu? bien tener dos pollas, ?no pare?s!, vamos, vamos").
Varios gemidos seguidos de fuertes contracciones son la se?al del orgasmo de Rosa, que se desliza hasta uno de los sof?s cuando Cosme sale de ella segundos despu?s y alguien libera sus manos. Sin dejarme ver qu? pasa Mil? toma el lugar de mi ex, se introduce el pene semierecto (o quiz?s sea mejor decir semica?do) y comienza a comerme la boca con verdadera fiereza. Rosa ha encendido las velas de uno de los candelabros ("quiero verte gozar, Luis") y eso me permite ver la escena completa: todos estamos desnudos, Cosme est? sentado mientras su mujer le masturba suavemente; el joven marinero est? arrodillado a cuatro patas aguantando las lentas embestidas del rabo de Jorge y la cocinera comienza a restregarse con un lento movimiento arriba-abajo contra la parte trasera de mi cuerpo, chupando y mordisqueando mis orejas con gran suavidad y haci?ndome sentir su mata de vello rizado que parece un bosque.
La actuaci?n de la cocinerita me ha empalmado de nuevo y me excitan sobremanera los golpecitos y restregones que da con su peludo monte de Venus en mi culo; la belga gordita se ha puesto muy contenta con mi rabo tieso y no deja de moverse adelante-atr?s y en c?rculos al mismo tiempo que juega a apretar, ara?ar y mordisquear mis pezones. Voy a durar poco, en especial porque Mil? est? ya peg?ndome un movimiento de metesaca de ?rdago y la cocinera hace lo propio; me parece estar en una excitante coctelera y tanto me mueven que me corro dando un grito largo y fuerte ("aaayyyyyyyyy"). Intento sentarme, pero como no me sueltan las manos sigo en pie emparedado por las dos mujeres que se restriegan y aprietan contra mi cuerpo (mi polla se baj? ya hace unos minutos) como dos posesas buscando su satisfacci?n. La joven da un peque?o respingo acompa?ado de varios suspiros y se corre durante largo rato (creo que es la primera vez que satisfago a una titi con mi culo) mientras que la belga madurita se separa de m? y termina acariciando su cl?toris a una velocidad de v?rtigo hasta que se desploma sobre uno de los sof?s. Los aplausos de los espectadores subrayan que ya hemos terminado todos.
Hemos tenido que volver a puerto urgentemente ante el r?pido empeoramiento de la mar, la lluvia cada vez m?s copiosa y fr?a y el acusado descenso de las temperaturas.
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