Ella me sorprendi? dici?ndome que qu? ninfa tan hermosa
Le consesé lo que había ocurrido durante mi estanca en el hotel,
ella se mostró realmente interesada en Leticia, haciéndome un interrogatorio
en tercer grado mientras me acariciaba suavemente.
Ella estaba absolutamente caliente, deseosa de un buen polvo marital que encantado
le concedí, pero en mi mente estaba Leticia, no mi hermosa mujer y ella
se dio cuenta casi en el acto.
-No te la puedes quitar de la cabeza-afirmó.
-Perdóname, estoy obsesionado.
-A mi también me gusta mucho.
-¿Cómo? ¿Te gustan las adolescentes?
-Perdona que no te lo haya dicho antes, pero me gustan las mujeres. Durante
nuestro noviazgo, además de contigo, también me lo montaba con
mi compañera de habitación en la residencia. Hacia mucho tiempo
que mis fantasmas lésbicos parecían haberme abandonado pero con
esa ninfa con cara de angel han vuelto todos de golpe. Perdoname.
-Sabes que nunca te he pedido que me seas fiel pero, ¿lo has hecho con
alguna mujer desde que nos casamos?
-Un par de veces con una compañera de trabajo-ella era profesora de
instituto-Me encanta comer almeja. La verdad es que las confesiones estaban
llegando demasiado lejos pero mi sentimiento de culpabilidad había cambiado
sensiblemente. Consensuamos un plan; ambos queríamos disfrutar de la
juventud y de la belleza de Leticia, con lo que yo me reafirmé en mi
intención de seducirla para nosotros.
-Coño, se me olvidaba, tengo que reparar el coche.
Fuimos juntos hacia el lugar en que estaba mi coche y con mis escasos conocimientos
de mecánica arregle el pequeño desaguisado. Arranqué el
motor y ella, sentada a mi lado, se recostó y empezó a lamerme
el pene; realmente hacia las mamadas cono madie, en aquellos instantes lo hubiese
dado todo por tener "una almeja" en mi entrepierna. Me corrí
en su boca y ella se lo tragó todo.
Aquella noche estabamos los dos tan calientes que follamos como locos durante
horas e incluso me permitió que le follara el culo, lo que solo ocurría
en ocasiones muy puntuales, no es que no le gustase solo que al día siguiente
estaba toda dolorida. Leticia llegó temprano a la clase siguiente. Me
guiñó un ojo y casi se me sale el pene del calzoncillo. Tanto
Leticia como Chelo estaban en el mismo grupo, el de los más expertos
y aunque ninguno de los dos tenía madera de profesional, jugaban realmente
bien. Pese a todo la mejor jugadora a mis ordenes era Penelope, el ser más
asexuado que yo haya conocido y con un fuerza solo comparable a su fealdad.
Yo estaba lanzando bolas y mis alumnos las golpeaban de reves.
Leticia golpeaba a dos manos y el gesto técnico no era del todo bueno,
tardaba mucho en impactar y la bola salía alta. Ordené a Penelope
que lanzara ella bolas a Leticia, y el resto de los alumnos se pusieron a jugar
un partido de dobles en una pista adyacente. Yo miraba a Leticia fijamente,
acariciándome la entrepierna disimuladamente con el mango de mi raqueta.
Era maravilloso ver lo gracilmente que se desplazaba y como sus pechos botaban
ligeramente bajo su remera, apostaría yo que sin sujetador. Pero el gesto
continuaba siendo técnicamente deficiente.
Le dije a Penelope que parara un momento y me coloqué al lado de Leticia,
a su espalda, con mi protuberante entrepierna pegada a su faldita de tenis.
Ella tenía firmemente cogida la raqueta con una empuñadura más
que correcta.
Le cogí ambas muñecas y le hice repetir el gesto, acariciando
con mi codo sus pechos, duros y con los pezones erectos. Repetiríamos
el gesto en infinidad de ocasiones, me estaba poniendo como una moto y creo
que ella también. Volví a lanzarle bolas y el resultado mejoró
sensiblemente.
Di por terminada la clase con los preceptivos estiramientos para todos menos
para Leticia, que continuó pegando reveses, cada vez con mejor estilo.
Chelo, antes de irse, me dio las gracias sin especificar porqué,
no hacía falta.
-Vamos a jugar un rato-le dije a Leticia cuando ya no quedaba nadie más
en las pistas. Empece jugando muy suave, ella tampoco era una experta pero no
podía confiarme. Poco a poco golpeaba mis golpes más fuerte castigándole
el reves, ella se defendía bastante bien. Gane el set 6-1 y nos acercamos
a la red donde le tendí la mano.
-Perdona la indiscreción, Leticia, ¿cómo estuvo la otra
noche?
-Supongo que bien, yo esperaba bastante más.
-¿Era la primera vez de Chelo
relatos eroticos?
-El dice que no pero yo creo que si. Tal vez hubiese sido mejor con alguien
con más experiencia. Esto último lo dijo guiñándome
un ojo. Sabía que la tenía a huevo, pero no sabía como
lanzar el ataque definitivo.
-Vamos a hacer estiramientos-propuse.
Ella se apoyaba en mi para soltar sus musculos y sus sudorosas manos recorrían
parte de mi cuerpo.
Casi sin quererlo sus labios se encontraron con los míos y nos fundimos
en un beso humedo, compartiendo lenguas.
Yo le acariciaba las nalgas por debajo de su falda corta y otro tanto hacía
ella.
-Mejor vamos a mi casa-le dije-No me gustaría nada que nadie nos sorprendiera.
Una vez en mi casa retornamos al beso y ella me bajó el pantaloncillo
quedando sorprendida al ver mi pene totalmente erecto y empezó a acariciarlo
con su suave mano derecha.
Yo le levanté la camiseta y empecé a lamerle los senos, prestandole
especial atención a sus deliciosos pezones. Por cierto, no llevaba sujetador.
Practicamente le arranqué la minifalda y empecé a acariciar suavmente
los labios de su vagina.
Su respiración se entrecortaba mientras continuaba masturbándome
(muy torpemente). Sin que ninguno de los dos nos dieramos cuenta apareció
mi mujer quien se sorprendió de vernos tan compenetrados tan pronto.
Leticia no la vio y ella se escondió. Instantes más tarde la vi
con la camara grabandonos mientras se masturbaba con un consolador de majestuosas
dimensiones. Me eché en el sofa (dejándole a mi mujer un plano
magnífico) y me atrajé a Leticia. Cogí un condón
de no sé muy bien dónde (o si, todo estaba preparado) y me lo
coloqué sin desplegarlo en la punta del pito.
-Pónmelo-le dije a Leticia.
Ella alargó las manos pero yo le dije que lo hiciera con la boca. Me
miró con cara de extrañeza y me dijo:
-No he tenido nunca una polla en la boca.
-Alguna vez tenía que ser la primera, tampoco te preocupes.
Lo hizo delicadamente y con una habilidad impropia de las principiantes. Practicamente
acabó con una señora polla enterita entre sus labios. Empezó
a lamermela, subiendo y bajando, lubricando el preservativo.
Yo, mientras tanto, jugaba con su coñito y le metí un dedo durante
la mamada.
Me coloqué a la entrada de la chorreante vagina y de un golpe y sin
la menor dificultad se la metí entera. Su vagina era realmente estrecha
pero estaba tan mojada que no le hacía daño.
Se movía como una loca y daba todas las muestras de estar pasándoselo
fantástico. No tardó nada en correrse por primera vez pero antes
de que pudiera repetir (o yo hacerlo por vez primera) apareció mi mujer,
que había dejado la camara grabando en un tripode.
-Aparta, pequeña putita-le dijo a Leticia y ocupó su lugar, colocándose
mi polla a punto de caramelo en el su no tan estrecho coño-Lameme los
pezones.
Leticia, absolutamente acojonada, cumplió con las ordenes y obtuvo como
gratificación de mi señora dos dedos su coño que la estaban
enloqueciendo, alcanzando orgasmo tras orgasmo.
No tardé nada en correrme (sin condón, ella me lo había
quitado) dentro de Verónica (así se llama mi mujer).
Verónica nos redistribuyó, ella echada en el sofá, yo
comiéndole el coño mientras ella le comía la almejita a
Leticia que estaba arrodillada sobre su cara.
Así estuvimos durante largo rato y...