Sobrinita
Fecha Lunes, 21 julio a las 08:09:00
Tema


¿Quién no ha tenido alguna vez un tocamiento o experiencia sexual con una persona mucho menor que uno?,

¿Quién no ha tenido alguna vez un tocamiento o experiencia sexual con una persona mucho menor que uno?, realmente son muy pocos los que no han pasado por esa experiencia. A veces con una vecina, sobrina amiguita primita, etc. Lo cierto que es una experiencia agradable.
A mi me pasó con mi sobrinita de 10 años, yo tenía 20. Ella era hija de mi primo que era moreno y su esposa una mujer blanca, alta, de ojos claros; imaginarán que la hija que tuvieron era realmente hermosa. Piel blanca, de ojos claros, cabello castaño y rizado, sus caderas bien abultadas, piernas largas, labios gruesos y carnosos, rosaditos; además era delgada, espigada. Siempre la vi como una niña hermosa y nada más.
Era *****pleaños de mi mamá cuando llegó con sus padres, ella era la única niña en la fiesta, los demás adultos se dedicaron a beber y divertirse, ella miraba la reunión un poco aburrida, era la admiración de muchos invitados por ser una niña muy hermosa.
Ya estaba la noche avanzada cuando la vi pasar hacia la cocina, la seguí sólo para admirarla puesto que vestía un vestido crema que le llegaba hasta un poco más debajo de la rodilla, tenía un lazo en el cabello y el resto le caía en la espalda como cascada, sus medias cremas también y unos zapatos blancos que complementaban su vestimenta, se le veía muy bonita.
- ¿qué buscas (su nombre)?
- Quiero agua.
- ¿te preparo un refresco?
- Ya
En mi mano tenía un vaso con ron que me había servido, aún no le había agregado hielo ni soda. Antes de preparar el refresco vertí un poco de licor en su vaso, me cercioré de agregarle suficiente azúcar para que no note el sabor del licor, aún así, hizo una mueca.
- ¿Quieres un poco más? En realidad le había preparado poco.
- Si por favor.
Vertí todo el licor en su vaso y se lo dí; serví refresco también en mi vaso y le dije:
- Salud.
- Salud.
Ella salió mientras yo ordenaba lo que había usado para preparar el refresco.
Cuando llegué a la sala, ella estaba sentada en un mueble mientras los mayores bailaban y jugaban; se pasaban una escoba y mamá controlaba la música sin mirar a los que bailaban, cuando mamá detenía la música, quien estaba en ese momento con la escoba en la mano, bebía un vaso de licor. Disimuladamente me paré cerca de mamá y la tocaba para que detenga la música cuando alguno de los padres de mi sobrinita tenga la escoba en la mano. Se embriagaron muy pronto. Miré a la hija y estaba a punto de quedarse dormida, su mamá se percató y en vano intentó levantarlo, por estar embriagada no pudo hacerlo, entonces me ofrecí; la llevé de la mano y la acosté en mi dormitorio, le retiré los zapatos y la cubrí con la sábana; cuando me disponía a retirarme llegó su mamá y verificó que su hija estaba acomodada, junté la puerta y nos retiramos, mi prima estaba realmente mareada. El papá ni enterado.
A los pocos minutos, cuando ya las visitas se retiraban, noté que mi prima había perdido una apuesta y tuvo que beber un vaso de whisky con soda; se alejó riéndose y diciendo que ya no jugaba, se dirigió a la sala de la televisión y se dejó caer en un sofá, se quedó dormida; su esposo se puso a beber con mi papá y otros mayores y ni cuenta se daba de lo que pasaba a su alrededor. Me acerqué donde mi prima para decirle que se vaya a descansar a alguna cama, ya estaba profundamente dormida y no respondía a ningún estimulo. Lo que quería era comprobar que no sentía nada.
Me dirigí al baño (estaba en dirección a mi cuarto), cuando salí noté que nadie se percataba de mis movimientos, es más, mi primo estaba de espaldas.
Fui a mi cuarto, encendí la luz y cerré la puerta con seguro; mi sobrinita seguía dormida, había girado su cuerpo hacia la red y recogido una pierna, lo noté sobre la sábana. Me senté y luego me acosté a sus pies, sobre una de sus piernas para ver si sentía algo. Nada.
Le empujé una pierna. Nada. Puse una mano en su nalga y apreté. Nada. Mi respiración se acortó, mi boca se secó y empecé a temblar; sabía que estaba haciendo algo inadecuado para ya estaba excitado y no quería detenerme.
Me senté en la cama y levanté la sábana, su pierna flexionada levantaba su vestido hasta casi cerca de su calzoncito, me incliné y lo pude ver celestito; sus piernas eran blancas y sus nalgas quedaban levantaditas haciéndola sumamente provocativa, las besé sobre sus ropas.
La volví a tapar con la sábana, apagué la luz y miré afuera, sólo estaban bebiendo tres personas, entre ellos mi primo.
Volví a encender la luz y cerré la puerta. La destapé totalmente, besé su cuello y acaricié su pelo, tenía un olor muy agradable; levanté su vestido y su piernas quedaron totalmente descubiertas, lo que estaba viendo era realmente maravilloso, su piel era suave y delicada, pasé mis dedos por ella, estaba calientita y me sentí morir, había deseado tocarla y no pensé que lo iba a lograr esa noche. Por sobre su celeste calzoncito se marcaba su conchita, primero pasé mi lengua por sus piernas, me detuve un rato tocando y admirando sus piernas.
Mi respiración estaba entrecortada, yo temblaba pero mi pene ni enterado, mi ansiedad no detuvo una erección marcada, todavía no me animaba a sacar mi falo.
La giré permitiendo que su espalda dé con la cama, ella era muy hermosa, rosé mis labios con los suyos y le murmuré:
- Te amo.
Levanté el vestido hasta su pecho y pude admirar su ombliguito el cual besé rápidamente, su cuerpo delgado hacía que su vientre sobresalga y destaque su cosita, su piel no era blanca sino rosada, pasé mi lengua por su conchita sobre su calzoncito, abrí sus piernas y deslicé su calzoncito hacia un costado, lo que ví hizo que mi corazón latiera con más fuerza, mi boca estaba totalmente seca y temblaba mucho. Dejé escapar un:
- Ayyy que rico mi amor.
Sus labios rosaditos inexplorados estaban dispuestos para mí. Le di un solemne beso y me pregunté en vos baja:
- Quién se comerá esta ricura carajo.
Le retiré su calzoncito y le abrí las piernas, separé sus labios mayores y su vaginita estaba maravillosa, un diminuto y tímido clítoris intentaba sobresalir, le pasé mi lengua, luego la introduje y me pareció experimentar unos sabrosos jugos de su cosita, me quedé varios minutos acariciando su conchita rica, la lubriqué todita y hasta creo que sentí que ella también dejaba escapara ciertos líquidos, también volví a besar su boca, recorrí todo su cuerpo, incluido sus pechos muy pequeños, diminutos que empezaban a pronunciarse en su anatomía; besé múltiples veces sus alargadas y atractivas piernas.
Decidí sacar mi pene, estaba muy duro, lo saqué y pienso que si tendría vida propia se hubiera metido en esa rica conchita cual víbora hambrienta dispuesta a devorar a su presa, pero menos mal que mi endurecido pene no tenía vida propia y yo intentaba dominarlo. Me lo froté varias veces hasta casi llegar al orgasmo y lo soltaba; sabía que me estaba prohibido penetrar a esa delicada mujercita, sería como ponerme la soga al cuello y dirigirme a la cárcel directamente además de los golpes que recibiría de parte de mi primo, papá y del dolor que le ocasionaría a mamá.
Levanté su pierna como poniéndolas piernas al hombre y empecé a frotar mi falo por su cuquita y también su anito. Yo estaba a mil, mi glande era el que más frotaba y hasta lo introduje un poco en su conchita con mucho cuidado de no empujar más, también mantuve el equilibrio para no tener un accidente lamentable.
Luego la puse de costado y desde atrás le frotaba mi pene en sus nalgas y en su conejito; la manoseaba las piernas a mi regalado antojo, besaba su cabello, cuello, tocaba su cuerpo; casi me vuelvo loco de la excitación, pero sabía que no podía perder el control.
Cuando pensé que ya era suficiente, le puse su calzoncito, me di el gusto de ser yo el que el calzoncito que vestiría al día siguiente; le acomodé su vestido, besé sus piernas, me despedí de su conchita, también besé su ombligo, luego rosé sus labios con los míos, la cubrí con la sábana, acomodé mis ropas, apagué la luz y salí, dejando la puerta semiabierta; me dirigí al baño y me metí una paja de los diablos, pensando siempre en mi muñequita.
Al salir a la sala, mi primo se había quedado dormido también y mi papá aseguraba las puertas, encendí un cigarrillo, me senté en un mueble y finalmente me quedé dormido
Desperté al día siguiente con ganas de orinar y por el ruido que mamá hacía, luego de pasar por el baño me dirigí a mi cuarto y me quedé frío cuando noté que mi prima estaba acostada junto a su hija; probablemente en la madrugada fue a buscar a su hija y se quedó con ella para cuidarla. Había sido tarde.
Cuando ella despertó, noté que ya no me miraba de frente, huía la mirada y hasta se retiraba del ambiente donde yo me encontraba. Yo sólo me gratificaba con recordar que el calzoncito celeste que llevaba, YO SE LO HABÍA PUESTO.
La volví a ver en la fiesta de su *****pleaños, *****plía 11 años y su mamá hizo una fiesta con las amigas de su colegio; yo acompañé a mi mamá para que la salude. Noté que ella se juntaba a una amiguita mayor que ella, se empujaban, me miraban y reían, luego corrían donde yo no las vea. Tuve que salir de la casa para que no lo noten mi mamá o mi prima. En el auto pensé que de repente ella me había sentido la noche que la acaricié y se lo había contado a su amiga. Temí.
Al poco tiempo, ella y su mamá visitaron a mi mamá, yo leía en mi cuarto cuando ella se acercó y me preguntó.
-Puedo ir a la azotea?
Desde allí se tiene una vista muy atractiva puesto que se ve el río y por el otro lado la avenida.
-Le dijiste a tu mamá.
- No.
-Dile a tu mamá por favor.
Luego la vi que pasó en dirección de la azotea.
Mi prima cometió dos errores ese día.
Primero: Pasados unos minutos. Mientras ella seguía conversando con mi mamá, me pidió gritando desde la sala.
-Hermanito, por favor mírame a mi (nombre de ella) qué está haciendo arriba.
-Ya.
A propósito dejé pasar dos minutos para que no note que estaba desesperado.
Al subir, la encontré apoyada en la pared, su faldita de mezclilla se levantaba ligeramente y me permitía admirar sus piernas: noté que había crecido un poco, a través de la blusa noté que llevaba puesto un brasier o formador de pechos.
-Qué rica estás; pensé.
Tosí para que ella se percate de mi presencia.
-Tu mamá me pidió que viera si estás bien.
-Si, si estoy bien.
Fui a la escalera, bajé unos escalones y le grité a mi prima:
Ella está bien.
-Gracias.
Me acerqué a ella y sin rodeos le pregunté:
-Por qué te reías con tu amiga cuando me miraban.
- Cuándo?
- En tu fiesta.
Me confesó que le había contado a su amiga que ella había soñado conmigo; al preguntarle la forma, se ruborizó.
- Es que yo también he soñado contigo, le dije.
- ¿Cómo?
- Te prometo que si me cuentas algo, yo te cuento también; te lo prometo, te lo juro que te cuento; acentué.
- Esa noche del *****pleaños de mi tía. En tu cuarto soñé que te echabas conmigo en la cama…
- …Y te abrazaba……(agregué). ….¿verdad?. Se quiso ir. La detuve al decirle:
- Por favor espera, quiero contarte algo más. Se detuvo.
- ¿Qué?
- Quédate por favor, no te voy a incomodar, sólo te digo una cosa y te juro que me voy. Yo …. (tragué saliva); soñé que te abrazaba y quiero que me perdones por eso; no quiero hacer eso en mis sueños; aunque me gusta abrazarte, no quiero hacerlo sin que tú lo quieras. Perdóname por favor.
- Yo también tenía vergüenza, yo no quise pero soñé y le conté a mi amiga; …también me gustó soñar.
- Silencio prolongado; luego agregué:
- Me ayudas a preparar lonche para todos?
- Ya pues.
Sonrió.
Llegamos a tener más confianza.
Segundo error: En la mesa me pidió:
- Primo, mi (nombre de mi muñequita), está mal en matemáticas, por favor enséñale un poco porque sino no va a aprobar el curso.
Ella me miró y sonrió, movió la cabeza aprobando y bajó la mirada. Acordamos el día; serían los miércoles a partir de las 3:00 pm y la recogerían entre 5:30 y 6:00 pm Hora perfecta porque mamá se disponía a hacer siesta con la tv encendida y se desinteresaba de lo que sucedía en la casa.
El primer día señalado llegó; vestí su uniforme, blusa blanca con una cinta a manera de corbata; por ser blanca, la blusa dejaba entrever su brasier; su falda marrón a cuadros le pasaba de las rodillas, medias también marrones y zapatos negros; su cabello tenía un lazo pero por los hombros le colgaba unos mechones que la ponías muy hermosa, sobretodo porque hacía calor y su rostro tenía un rosado rubor,, sus labios carnosos estaban de un rojo encendido, parecía haberse puesto lápiz labial, pero sabía que eso no estaba permitido en su colegio, pero igual le pregunté:
- ¿Te pusiste lápiz labial?
- Nooo
- Es que estás muy bonita y me pareció.
- Mi mamá se enojaría.
Le pedí sus cuadernos y mientras los sacaba de su mochila, extrajo una tarjeta en orma de corazón y me dijo:
- Mira.
Una hoja de cuaderno la recortó y escribió “PARA UNA PERSONA ESPECIAL”. La abrí y dentro había dibujado a una pareja abrazada casi besándose.
- ¿Es para mí?
Bajó la mirada, me acerqué, besé su frente y extraje un chocolate del cajón del escritorio y se lo alcancé:
- Esto es para ti muñequita linda.
- Gracias.
- Lo voy a guardar para toda la vida, está muy bonita tu tarjeta …(su nombre)
Me invitó de su chocolate, nos sentamos en la cama y mientras comíamos:
- ¿Aquí fue que soñaste?
- Si
- Yo también soñé aquí contigo.
- ¿Cómo?,… la pregunta la hizo inocentemente, yo me aproveché de la pregunta.
- Así. Le dije y la tomé de los hombros, intentó retirarse.
- Sólo te voy a explicar. Se dejó guiar. La abracé delicadamente.
- ¿Cómo me abrazabas tú?. Ella tímidamente levantó sus brazos y los colocó en mi espalda. Me arrodillé y mi rostro quedó a la altura de su pecho, me apoyé y le dije:
- Ya te pedí disculpas por tener ese sueño contigo pero te juro que quisiera volver a soñar porque me gustó mucho; así como me gusta abrazarte ahora, quisiera tenerte todo el tiempo conmigo, así abrazada y ….
- ¿Y qué…?
- Nada …(su nombre)
- Dime, dime qué más?
La lancé hacia atrás, apoyando su espalda en la cama, sus piernas colgando hacia el piso, me tendí a un costado de ella y mientras que pasaba mis dedos por su rostro:
- Tocar tu bello rostro así, tocar tu cabello, besar … tus manos y decirte que pienso mucho en ti, que me gustas como no tienes una idea y… que me dejes ….soñar otra vez contigo para besar tu boca (me acerqué y rocé sus labios con los míos, sin abrirlos), y olerte y tocar tu cuerpo sí como te soñé.
- Cuando soñé contigo tú me tocabas todo mi cuerpo.
- Entonces hay algo entre nosotros que nos hace soñar, pero sólo pasó una vez.
- No, yo soñé otra vez contigo.
- Lo podemos hacer como te soñé?
- Siiiiiiiiii.
- Espérame un rato. Salí al baño y a verificar que mamá estaba en su siesta. Así era.
Cuando volví ella continuaba en la cama, su faldita estaba levantada de un lado y permitía verle parte de sus muslos, ella estaba terminando su chocolate.
Me ubiqué a su costado y volví a besarla, con mi mano bajé su mentón para entreabrir sus labios y acariciarla mejor, me encontré con sus dientes, introduje apenas mi lengua y ella succionó mi labio. Fue nuestro primer beso apasionado que duró buen rato. Mi mano lo pasaba por su cintura separando su blusa para tocar su piel; era delicadamente suave, la delgadez de su cuerpo me parecía que estaba tocando una muñequita y eso me excitaba mucho; tuve mucho cuidado que ese día no la roce con mi pene.
Sin soltarla me dejé caer yo en la cama y ella quedó sobre mí, nos seguíamos besando, al parecer le gustaba besarme; entonces aproveché para poner mis manos sobre sus nalgas, la manoseaba sobre la falda y la movía rítmicamente, su respiración se hizo profunda, levanté su blusa y acaricié su espalda, cuando deslicé mis manos por sus hombros y brazos, noté que se estremecía y sus poros se erizaban como “piel de gallina”; estaba excitada; cuando metí mis manos por debajo de su falda, se turbó un poco y se bajó de mi cuerpo. No insistí. Nos sentamos al borde de la cama y la abracé, besé su frente y cuando ella intentó acomodar sus ropas;
- No, yo lo voy a hacer. Bajé su falda, la puse de pie, abroché los botones de la blusa y se la introduje en la falda, y antes de acomodar la cinta en su cuello lo levanté y en mi rostro imité a un ahorcado; ella rió, luego acomodé la cinta en su lugar. Nos besamos y le indiqué para ponernos a estudiar.
Mientras ella sacaba sus libros y cuadernos yo fui al baño y me metí una paja de los mil demonios.
Resolvimos los ejercicios hasta que vino su mamá y la recogió.
El siguiente miércoles, no bien entramos al cuarto nos abrazamos y empezamos a besarnos apasionadamente, la llevé a la cama y de in mediato introduje mis manos bajo la falda, no me dijo nada ni hizo movimiento alguno, la puse en mi encima, me senté y quedamos sentados, ella sobre mis piernas con la falda recogida y nos besamos por largo rato mientras yo tocaba sus nalgas redonditas y suaves, levanté su blusa y desabroché su brasier, la besé en el cuello y le repetía que la había extrañado mucho.
- Yo también.
- Creo que me estoy acostumbrando mucho a ti y quiero tenerte a mi lado siempre.
- Bésame… Aunque ella lo hacía con torpeza, no lo hacía mal, yo disfrutaba sus
besos inocentes, de aprendiz, lo hacía hasta con desesperación queriendo llenarse de mí. Yo estaba sumamente excitado y ella sintió mi pene, se pegó a mi cuerpo, la tomé de sus nalguitas y la apreté más.
- ¿Me quieres?, me preguntó.
- Con toda el alma mi amor, te quiero y te adoro, nunca me he sentido así antes, me parece que estoy soñando y no quiero despertar.
Me puse de pie, la dejé caer en la cama y me la quise comer, se los juro, quería comer a esa criatura tan hermosa, su cabello esta suelto y formaba un arco en la cama cual si fuese una corona gigante para una bellísima reina, y era mía.
Terminé de desabotonar su blusa y su piel casi transparente aceleró a mi corazón, levanté su pequeño brasier y ante mis ojos aparecieron unos pequeñitos pechito, estaban vírgenes y los besé delicadamente. Metí mis manos por debajo de su cintura, ella levantó un poco esa parte de su cuerpo, para facilitarme la tarea, desabotoné su falda y la empecé a jalar hacia abajo, miraba como iban apareciendo su vientre, su fino calzoncito rosado, con dibujos de caricatura infantil, yo creía no poder más, besé su vientre, ella jugaba con un dedo entre sus labios, estaba excitada, pero también estaba convencido que loo que a ella la motivaba a dejarme hacer lo que estaba haciendo, no era precisamente ese morbo sexual de deseo incontrolable y excitado que aparecen en las historias de este tipo; no, yo estaba convencido que a ella la motivaba a entregarse un sentimiento sublime, tierno, inocente y puro, un amor infantil, divino y apasionado; era el mismo sentimiento que a mi me motivaba ir despacio, sin causarle daño, mucho menos asustarla, sentimiento que me generaba un control más allá de mis más enfermizos impulsos; yo estaba seguro que en esa habitación había más amor que deseo sexual.
Cuando bajé más su faldita, ésta dejó ver sus blancas y delicadas piernas primero; lo que está al costado de su calzoncito; besé ambos lados y pasé mi lengua; ella levantó ligeramente una pierna, excitada, le bajé la pierna y seguí jalando la falda; apareció el pequeño bulto que anuncia su monte de Venus, tragaba saliva; ella levantó sus nalgas al notar que su falda se atascaba entre su cuerpo y la cama; al hacerlo, se deslizó la falda rápidamente hacia abajo y bruscamente apareció su maravillosa chuchita, me sorprendía al notar que había una hendidura entre ambos labios de su cosita y, un punto de humedad resaltaba en el centro mismo, su calzoncito rosadito que guardaba celosamente el trofeo más preciado para un hombre, estaba muy pegado a su cuerpo como una tanguita de baño. Terminé de retirar toda su falda; también le quité los zapatos fácilmente. Por propia iniciativa se incorporó y se deshizo de su blusa y brasier; quedó casi desnuda para mí. Se dejó caer en la cama nuevamente.
Casi con un ritual me dediqué a retirar su fino calzoncito “lo siento Mickey Mouse y Minnie, permiso por favor” pensé, nuevamente me ayudó al levantar esa parte de su cuerpo.
Cuando ante mis ojos quedó su conchita, rosada, unos bellitos dorados hacían la guardia alrededor de sus labios mayores, tenía que esforzarme para notarlos, pero allí estaban, separé sus piernas y seguí con mi ritual casi divino, con delicadeza, con amor, pasé mi seca lengua por sus labios mayores, la ensalivé y volví a acariciarlos, noté cierta humedad en su interior, ella levantó las rodillas y abrió más sus piernas, pude introducir más mi lengua; luego ella cogió mi cabeza y me jaló para besarnos, me dejé llevar.
- Te adoro corazón. Le dije.
- Yo también.
Me evité la engorrosa pregunta de ¿te gusta?; me parece sosa, importuna y tonta. Tanto como decir que ella me pedía “más, más, métemelo todo” porque nada de eso sucedió.






Este artículo proviene de Relatos eroticos gratis
http://www.fullrelatos.com

La dirección de este relato es:
http://www.fullrelatos.com/modules.php?name=News&file=article&sid=2151