
POR COQUETA, CALIENTE Y PUTA
Fecha Domingo, 11 mayo a las 00:42:09 Tema
Senti una embestida en mi ano, lo abri y lo recibi excitada, esos penes me satisfacian enormemente. Senti un hormigueo en mi espalda y la penetracion total de una verga en mi culito
Hola soy otra vez yo, Elizabeth, soy la sonsa que se perdió en el metro del DF. Ya les conté esa experiencia. Ahora quiero contarles algo que me pasó en Ciudad Altamirano, del Estado de Guerrero.
Aquella vez que les conté, llegamos a Arcelia como a las 5 de la mañana. Mi esposo se levantó temprano y se fue a ver a sus vacas. Yo me desperté como al mediodía, me bañé y fui a recoger a los niños y volví a mi realidad, la casa, la comida, la ropa y todo eso.
Como siempre mi esposo en la noche y en la mañana me ponía a mamársela, a veces ni me coge porque le gusta más venirse en mi boca, lo malo es que yo me quedo arrecha y mi conchita me escurre de ganas. Además como su verga es muy grande, me cuesta trabajo metérmela hasta la garganta como a él le gusta y generalmente prefiero lamérsela y chuparle solo la cabeza y los huevos.
No es por nada pero está muy bien dotado y me gusta más cuando me la mete. Él nunca me la ha podido meter por atrás porque no me cabe, siento que me rompe toda cuando lo ha intentado. Bueno, ese es mi problema con mi esposo, aunque cuando quiere me coge muy rico.
Pero lo que les quiero contar es que hace unos meses fui de compras a Ciudad Altamirano, que está muy cerca de Arcelia donde yo vivo, tomé un servicio colectivo y me tocó sentarme junto al chofer. Como por acá es muy caluroso, siempre uso faldita o short y ese día se me ocurrió ponerme un vestidito corto y unas zapatillas con tiritas que llegan a la pantorrilla. El chofer me gustó desde que me subí al carro, es un calentano alto, rubio, bigotón y muy bien parecido. Cada vez que cambiaba de velocidad, me tocaba la pierna con sus manos velludas y eso me empezó a excitar.
Llegamos a Ciudad Altamirano y cuando me bajé del carro él me cerró un ojo y yo le sonreí, pensé que ahí acababa todo, no me imaginé que era solo el comienzo. Hice mis compras y regresé al sitio de los colectivos y para mi sorpresa me tocó nuevamente el mismo taxi y el mismo chofer. Mi lugar estaba en el asiento trasero, pero él convenció al pasajero de adelante que me cambiara el lugar.
Se portó muy amable conmigo y en el camino me fue preguntando de todo, que si trabajaba o estudiaba, que si tenía novio, todo eso. Yo le dije la verdad, le dije que era casada, con dos hijos y que solo me dedicaba a mi casa. De cualquier forma él me siguió preguntando y cuando llegamos a Arcelia me ayudó a bajar mis cosas y se despidió de mi de mano, lo cual me hizo temblar pues me la tomó de una manera muy especial, haciéndome una caricia y viéndome coquetamente a los ojos. Su mirada no se apartaba de mis senos y de mis piernas y cuando le di la espalda, volteé y seguía viéndome, casi sentí su mirada en mis pompis y trate de menearme un poco más.
El número del taxi se me quedó grabado. En la noche, como siempre, mi esposo me agarró de la nuca y me bajó la cabeza hasta su verga que ya tenía bien parada. Mientras se la lamía y sobaba con mis manos sus huevos, no dejaba de pensar en el taxista, sus manos y su pecho peludo, sus ojos y el bultito que se le notaba debajo de la bragueta del pantalón. Cuando recibí la crema de mi esposo en la boca, la saboreé y la tragué con mucha calma. Luego mientras él comenzaba a roncar, me masturbé pensando en el taxista.
Los días siguientes fueron parecidos, solo que en esos días mi marido se subió varias veces en mi aunque como siempre se vino en mi boca. Una mañana, después de recibir mi desayuno, me quedé recostada hasta que mi esposo se fue y como estaba muy caliente, comencé a masturbarme, pero de pronto decidí detenerme y me bañé, me vestí con un vestidito azul turquesa y zapatillas, me arreglé lo mejor que pude y decidí buscar al taxista.
Llegué al sitio y me mantuve ahí por más de una hora, hasta que llegó el taxi de él. Como siempre hacía mucho calor y el ambiente se puso para mi muy cachondo. Cuando él me miró me quedé como petrificada, quería hablarle pero reaccioné y me hice la disimulada. Él de inmediato me acomodó junto a él y emprendimos el viaje a Ciudad Altamirano. Ahora fui yo quien lo interrogué y como siempre, los hombres nunca dicen la verdad, me salió con que era soltero, aunque tenía su anillo de bodas en la mano, que vivía con sus papás y en fin me dijo puras maravillas de él.
Llegamos a Ciudad Altamirano y esperé a que me abordara. Claro que lo hizo, me invitó a comer a la hora que tenía su descanso. Obviamente que acepté y le dije que lo esperaría en un restaurant que está en el centro de la ciudad. Faltaban dos horas, caminé un poco, pero el sol era insoportable.
Llegué al restaurante y pedí una cerveza. El tiempo transcurrió muy lento y mientras pensaba en mis hijos, en mi esposo, en mi mamá y mis hermanos, la cerveza se me hacía cada vez más necesaria para el calor del ambiente, de mi cuerpo y de mi alma. En un momento se me vino a la mente lo que me pasó en el metro de la ciudad de México y la verdad me excité demasiado, disimuladamente me toque mi pantaleta y estaba mojada.
Por fin llegó Besivan, así se llama el taxista y comencé a recibir sus halagos, sus piropos y todo. Comimos y seguimos tomando. Yo pedí mezcal porque la cerveza ya me había llenado. No tuvo problema él para convencerme de irnos al hotel, me cogió muy bonito, aunque como casi todos, solo sabía subirse en una. Lo más importante para mi fue que su verga era de tamaño digamos normal y se la pude mamar como a mi me gusta, usando mi garganta y mi lengua.
También me monté en él que es una posición que me encanta. Nos bañamos juntos y disfruté mucho masturbarlo con mis manos. Él se prendió de mis senos y hasta me sacó lechita, ¡que rico placer! En la noche, mientras se la mamaba a mi esposo, mi mente estaba con Besivan.
Comencé a buscar pretextos para ir a Ciudad Altamirano e invariablemente esperaba el taxi de él, comíamos en el restaurant de siempre y terminábamos en el hotel de siempre. Así pasaron 2 meses y yo estaba muy satisfecha, tenía por fin un amante que me cogía como a mí me gustaba y tenía la dicha de mamar la mejor verga que mis ojos han visto, la de mi esposo.
Un día Besivan me insistió en vernos en un día domingo. Para mí era algo casi imposible porque era el día que mi esposo estaba en la casa y aunque era un poco cansado porque hasta cuando ve el fútbol me pone a mamarsela, no me disgustaba verlo satisfecho y cariñoso conmigo y con los niños. Sin embargo recurrí a algo que tenemos las mujeres: la persuasión. Inventé que iba a ver a una tía que estaba enferma y después de la mamada del futbol, me arreglé para gustarle a Besivan y me fui a buscar al taxi de él.
Besivan estaba como nunca, atento, cariñoso, sus halagos sobre mis piernas y mis senos eran excitantes, más porque los pasajeros lo escuchaban con mucha morbosidad. Llegamos a Ciudad Altamirano, bajó a los pasajeros y fuimos a comprar pan, jamón y aguacates para hacer sándwiches, cervezas y luego emprendió el camino rumbo a Río Florido, un pueblito que está en las márgenes del río Balsas.
Yo no aguanté la tentación y le agarré el pene, le abrí la bragueta del pantalón, se la saqué y se la fui mamando lo mejor que pude en el camino. Su mano derecha no dejaba de tocarme bien rico. Cuando estaba a punto de venirse paró el carro y se dejó llevar por las caricias de mi boca. En el momento en que me daba su lechita rica, escuchamos unas voces, yo no quise perderme el manjar que me estaba dando y no lo solté. Los curiosos me vieron con su pene en la boca y semidesnuda. Eran jornaleros indígenas que trabajan en la cosecha del melón.
Besivan arrancó el carro de inmediato y nos fuimos al río. Comimos, nos besamos, me acarició todo lo que quiso y me cogió todo lo que quiso. Luego nos quedamos dormidos abrazados en el carro. Yo estaba completamente desnuda y él me tapó con su camisa. No se cuanto tiempo pasamos así, yo sabía que a las 8 de la noche debía regresar a mi casa. En un momento desperté y vi que eran las siete de la noche y ya estaba oscureciendo, quise levantarme, pero sentí la verga de Besivan y se la comencé a lamer como me gusta.
De pronto sentí una luz en la cara, me levanté y no veía nada, la luz me deslumbraba, le hablé a Besivan pero ya era tarde, lo tenían agarrado del pelo y lo sacaron a fuerzas. Yo sentí una mano en la garganta y caí al piso violentamente. Las voces eran muy claras pero hablaban en dialecto indígena. Alguno de ellos dijo en español que estaba buena y me levantó. Nunca supe cuantos eran, pero si sé que eran jornaleros indígenas. Amarraron a Besivan de un árbol y uno de ellos con muy mal español me dijo: palomita, si te dejas y te portas bien con nosotros, no te vamos a pegar. Yo estaba aterrada. No veía nada. Sentí manos en mi cuerpo, en mis piernas y en mis pompis, luego una boca chupándome los senos y luego una lengua en mi boca.
Oía muchas voces pero no entendía nada, pero discutían, luego entendí que esa discusión era para decidir que hacer conmigo. Alguien me cargó y me llevaron hasta un claro de campo. Había luna llena y comencé a ver un poco después de reponerme del deslumbramiento de la luz de la lámpara de mano. Besivan me veía desde el árbol.
Me pusieron sobre unos trapos malolientes y comencé a recibir a esos hombres sobre mi, sentía sus manos manoseándome toda, sus labios chupándome y besándome la boca y los senos, sus dientes mordiéndome mis pezones y sus miembros penetrándome con furia. Con el tercero me vine y casi con todos los que siguieron. Besivan me hacía señas que no entendía, pero lo que él no sabía era que en el fondo no me disgustaba, francamente la disfrutaba.
Cuando todos me habían cogido, alguien me ordenó que se la mamara. Se acostó junto a mi y se la tomé con la mano, se la sobé y obedientemente se la mamé hasta que se vino en mi boca. Luego siguió otro y otro más, mientras algunos me penetraban por mi conchita. Yo estaba enloquecida, disfrutaba ese momento me olvidé de todo, aunque si recordé mi experiencia en el metro del DF.
Pero estos hombres estaban desatados, en el fondo entendí que hacía tiempo que no estaban con sus mujeres y recibí toda su virilidad y sus abundantes eyaculaciones en mi boca y mi vagina sumisamente. De pronto sentí una embestida en mi ano, lo abrí lo más que pude para que no me doliera y lo recibi excitada, esos penes de tamaño normal me satisfacían enormemente. Sentí un hormigueo en mi espalda y la penetración total de una verga en mi culito. La cara de Besivan era de asombro, tal vez pensó que iba a llorar y a resistirme, pero acepté todo con cierto placer.
Los hombres hablaban en su lengua inentendible para mí, pero sus toscas manos no dejaban de recorrer todos los lugares de mi cuerpo, ni sus penes de entrar y salir de mi boca, mi ano y mi vagina. Algunos lamían mi colita y mi cochito sin importarles que estuvieran babeantes de semen lechoso que ellos mismos depositaban en mi, pero lo yo gozaba infinitamente.
Por fin se satisficieron conmigo y me dejaron descansar un rato. No sabía que hora era, pero la luz de la luna alumbraba lo suficiente para ver sus sombras. Me acerqué a Becivan y les pedí que me dejaran quitarle el pañuelo con el que le habían amarrado la boca pero se negaron. Alcancé a acariciarle el pelo pero alguien me agarró del brazo y me separó de el. Me preguntaron mi nombre y varias cosas más.
El que parecía el jefe me ordenó que me hincara y acercó su verga a mi cara, comprendí lo que quería y comencé a lamérselo mientras otro de ellos se acercó también y comenzó a restregarme su verga en la cara; también se lo lamí y se las mamé y froté con mis manos alternadamente. Asi fueron pasando todos los demás. El semen me escurría por las mejillas, el cuello y mis pechos que todos agarraban y apretaban mientras mamaba. Volvieron a terminar, yo estaba cansada, me dolían las rodillas de tanto estar hincada. Mientras me levantaba, sentí un chorro de semen escurriendo por mi espalda.
Los hombres comenzaron a retirarse y a perderse entre los arboles riendo y hablando cosas ininteligibles para mi. Desamarré a Besivan y corrimos al taxi, nos subimos y Besivan emprendió el camino de regreso. En el camino me fui vistiendo, eran las once de la noche. Él comenzó a reprocharme que era una puta, que me había dejado coger y que me había gustado y me obligó a bajarme de su taxi.. Yo trataba de explicarle que no hubiera podido oponerme y que hubieran sido capaces de golpearme, aunque en el fondo él tenía razón, me había gustado.
Pero él arrancó y me dejó hablando sola. Comprendí que había acabado esa relación con Besivan, llegué a mi casa y le inventé un cuento a mi esposo de que mi tía estaba muy grave y por eso se me había hecho tarde. Quise meterme a bañar, pero él no me dejó, me tomó como siempre de la nuca y me puso a mamársela mientras veía la televisión. Olía mal, a semen y jugos vaginales, ese típico olor a pescadería.
Me dolían las quijadas, pero se lo hice como a él le gusta, luego me acostó en el sillón y me penetró. Su verga me llena muy rico y sentí la diferencia con las vergas de los otros hombres que me habían penetrado también apenas hacía una hora. Sentí su dedo en mi ano y me vine como loca, luego me la sacó y me la metió en la boca hasta que eyaculó. Volvió a sentarse y yo me quedé dormida en el sillón, luego él me cargó y me llevó a la cama.
Por la mañana repetí el rito de la mamada matutina hasta que recibí mi desayuno: una rica dosis de crema de la verga de mi esposo. Sabía que no iba a volver a ver al taxista, pero recordé que en la calle se pueden encontrar las experiencias sexuales más excitantes para una mujer arrecha como yo.
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