
JOVENES AMANTES
Fecha Lunes, 10 marzo a las 18:15:01 Tema
Comenzo a chupar los labios vaginales, los bordes de la vagina, y la hijastra se retorcio en un gran orgasmo. Su leche era cristalina, y muy dulce, la penetro, y un hilo de sangre se mezclo con su leche
Por el momento no les voy a seguir contando de mí, pero me gustaría compartir esta fantasía con ustedes.
Hablemos en esta oportunidad de Sara, una chica de 22 años, que trabaja en un centro comercial, en una casa de música. Tiene un look particular: cabello negro largo, con mechones azules, varios aros en las orejas, usa jeans gastados, remeras con leyendas de los grupos de moda. Es una joven alegre, divertida, sabe mucho de música: géneros, estilos, grupos, solistas, etc. etc.
Es común que la gente que entra al negocio, le haga las consultas a ella particularmente.
Vive sola desde hace tiempo, y a pesar de su juventud, ha tenido relaciones de todo tipo. Actualmente tiene novia, se llama Silvia y tiene su edad. Hace poco tiempo que salen, y a medida que la relación avanza, se van haciendo confesiones de sus relaciones anteriores.
La otra noche estaban asistiéndose mutuamente en el fastidioso ritual de la depilación. Trataban de jugar un poco para hacerlo, más interesante.
Silvia rozaba el clítoris de Sara, cada vez que podía, y Sara respiraba fuerte cerca de la entrada de la vagina de su compañera para provocarle las más estimulantes cosquillas. Sara de pronto se quedó absorta en sus pensamientos, cuando Silvia lo notó, la interrogó:
Silvia - eyyyyyyy cariño, ¿qué pasa? te quedaste colgada. Sara - sorry, recordé al Víctor, el marido de mi madre. Silvia - ¿qué recordaste? anda cuéntame. Sara - no quiero hablar ahora, vamos a dormir y mañana te prometo que te cuento todo.
Y así se fueron a dormir, una con curiosidad por conocer la historia y la otra con una rara inquietud que hizo que le costara dormirse. Pero cuando lo hizo, revivió en un sueño, la historia con su padrastro.
Sucedió cuando ella tenía unos 18 años, y aún vivía en la casa de su madre con Victor, su esposo, y un hermano.
Víctor era un hombre maduro, tenía unos 50 años, simpático y conquistador. Hacía 10 años que estaba con la madre de Sara, siempre la trató muy bien, con ternura y dedicación, no había diferencias entre ella y Roberto su hermano.
Pero Sara creció y se convirtió en una hermosa joven, alegre y un poco rebelde. Él comenzó a tratarla diferente, dejó de ser el padre que ponía límites para convertirse en el compinche, el confidente. Él le permitía cosas que su mamá seguro no le permitiría. Y así se ganó su confianza y así se metía en su habitación sin golpear, y hasta en el baño. Así consiguió que Sara le permitiera verla desnuda mientras se bañaba y no sintiera ningún pudor.
Sara comenzó a sentirse demasiado bien con Víctor, él sabía como generar una especie de enfrentamiento entre la muchacha y su madre. Una mañana temprano, dejó que la muchacha lo descubriera masturbándose en el baño, y le inventó una historia de insatisfacción sexual, porque su mujer era muy conservadora.
Víctor - a veces siento deseos de hacer cosas nuevas, cosas locas, y me trata como si fuera un enfermo. Sara - no te preocupes ella es así, pero te quiere. Yo no sé que aconsejarte, pero tienes que hablar más con ella. Víctor - ya lo hice pero no hay forma. Por ejemplo, si se entera de que nos hemos visto desnudos, aunque sea de forma inocente, pondría el grito en el cielo. Sara - bueno, no te preocupes, por mi no se enterará. (En ese momento la muchacha se pasó la mano por un seno, estaba próximo su período y estaba adolorida.) Víctor - ¿te sientes bien? Sara - si, es solo que me duelen un poco los pechos. Víctor - si quieres puedo prestarte una loción relajante. Anda quítate el camisón y tiéndete en el piso.
Sara se quedó solamente con su tanga, y se acostó en el piso del amplio baño. Él se arrodilló a su lado, empapó sus manos con una loción aromática y comenzó a rodear los pechos de su hijastra. Ella estaba muy relajada, y con sus ojos cerrados.
Las manos del hombre se llenaban con los pechos de la joven, y su sexo comenzó a ponerse rígido. Las manos comenzaron a bajar hasta el vientre, pero no fueron más allá.
Víctor - Dime, nena, perdona la pregunta pero tú eres virgen, ¿cierto? Sara - ¿qué pregunta es esa?, tú sabes que si, sino te lo hubiera contado. Víctor - eres tan hermosa, que no entiendo que espera tu noviecito. Sara - a decir verdad, lo intentamos una vez pero no pude pues me dolía mucho y él se puso muy nervioso. Víctor - es un niñito de papá, debiera saber como ayudar a una niña estrecha. Sara - yo tengo muchas ganas de probar, pero después de esa vez él ya no intenta nada. ¿Tú podrías darle un consejo?
La conversación terminó bruscamente, pues el resto de la familia comenzó a levantarse, la chica se vistió y salió del baño, mientras que su padrastro, se quedó para hacerse la paja más gustosa de su vida.
Pasaron 2 o 3 días y el hombre ya no aguantaba las ganas de cogerse a la virgencita, pero no sabía como encararla. Hasta que una tarde decidió ir a buscarla a la salida de su clase de inglés. Le preguntó si sus pechos estaban mejor y le entregó un artículo supuestamente bajado de Internet, en el que daban algunos consejos para evitar el dolor en la penetración.
Ella lo leyó mientras tomaban un refresco sentados en un bar, y él sin mucho preámbulo se ofreció para ayudarla. La chica aceptó y finalmente se fueron a un motel de esos apropiados para estos casos y allí tomaron una de las habitaciones "fantasía", que tenía montado un consultorio ginecológico.
Le quitó la ropa y la hizo tenderse en la camilla, acomodó sus pies en los estribos y primero masajeó sus pechos, luego se acomodó entre sus piernas para comprobar su virginidad. La observó y luego se calzó guantes para poder penetrar. La muchacha estaba nerviosa, y comenzó a quejarse.
Víctor - tranquila mamita, no estés rígida, porque seguro te dolerá. Debes relajar el cuerpo y todo irá bien. Sara - no puedo, me duele, pero quiero que me ayudes. Victor, hizo que se sentará y entonces él se acomodó de frente, cuando el sexo de la chica estuvo totalmente expuesto, se sentó frente a ella y comenzó a estimular sus pezones, acarició su vientre, y notó como lentamente la conchita se humedecía. Victor - ahora sí, notas como te mojaste, anda estás tan rica, dame más de tu leche, entrégate a mis manos, cerrá los ojos y déjame tocarte toda.
El hombre empezó a perder la cabeza y ella se dejaba llevar, le gustaba lo que estaba sintiendo y sentía confianza en su padre. Aumentó la intensidad de la caricia y aumentó el flujo, tanto que su dedo se perdió rápidamente en el interior de la vagina.
"Ves como pudimos hacerlo, mi dedo entró sin problemas. Estás tan rica, tan apretadita!!!!"Ella abrió los ojos, y él la miraba con lujuria.
La primera terapia terminó pues debían volver a la casa. Al día siguiente, en lugar de ir a clase se fueron directo al hotel y alquilaron la misma habitación. Él hacía todo el trabajo: la desnudó, la ayudó a subirse a la silla. Esta vez la penetró con tres dedos, pero necesitaba ser su primer hombre.
La chica se sentía mimada, cuidada y no era capaz de poner límites a aquella situación. Víctor se incorporó y parado entre las piernas abiertas de Sara, comenzó a besarla y mientras con una mano la penetraba con la otra acariciaba su rostro, cuello y presionaba sus senos.
El flujo no cesaba, y la chica tuvo un orgasmo fenomenal, abrazó con fuerza a su padrastro. Se sentó frente a la joven que aún respiraba agitada, y comenzó a hablarle:"Sara, eres "casi" una mujer y yo estoy a punto de convertirme en tu primer macho. ¿Estás preparada para que sea yo quien te desvirgue? Se trata de un momento importante y de algo que deberemos mantener en secreto. Yo estoy seguro de que puedo darte lo que tú necesitas, puedo hacer que te corras cada vez que lo necesites, cada vez que tu sexo esté caliente y me pidas que te coja"
Ella no podía responder, solo lo miraba a los ojos, no era capaz de pensar, no tenía las fuerzas para vestirse y salir de aquella situación. El deseo y el morbo no la dejaban pensar en nada, más que en ser penetrada por la verga de su padrastro.
Él prosiguió: " ahora te voy a chupar la conchita y verás que te sientes en la gloria, cierra los ojos, que cuando estés lo suficientemente mojada, te voy a penetrar y finalmente serás una mujer"
Y así fue, inclinó la cabeza y comenzó a lamer, y chupar los labios vaginales, el clítoris, los bordes de la vagina, y la hijastra se retorció en un gran orgasmo. Su leche era cristalina, y muy dulce. Antes que terminara de salir de su orgasmo, la penetró, y casi sin que se diera cuenta, un hilo de sangre se mezcló con su leche.
Él entraba y salía con suavidad y al mismo tiempo presionaba el clítoris. Así pasaron la tarde, cogiendo sin parar, el hombre estaba sorprendido con su propia resistencia, pero estaba tan excitado con la jovencita, que sentía que podía mantener su pene erecto hasta el día siguiente.
Sara despertó y esa mañana le contó su historia a Silvia, que la miraba sorprendida. Pero entendió porque Sara había dejado su casa y porque los visitaba tan poco. Ellas se entendían bien, y frecuentaban más a la familia de Silvia. Se conocieron en un recital de rock, a donde habían ido cada una por su lado. En un momento dado, entre los saltos, gritos y alaridos de la gente quedaron paradas una frente a la otra y allí nomás al mirarse se gustaron. Silvia es alta, tiene varios tatuajes en su cuerpo, es morena tiene senos medianos y una colita que es una invitación al mordisco.
Salieron juntas al final del recital y fueron a tomar algo a un bar. Después de conversar un rato, Silvia le pidió que la acompañara al baño, porque "tengo ganas de mamarte las tetas, mamita". Entraron la baño, Silvia empujó a Sara contra la pared y le bajó los breteles de la musculosa y el brassier. Los senos de su compañera estaban duros, los pezones tiesos, y se entregó a las caricias, los besos y la lengua caliente de Silvia. A partir de esa noche, siguieron saliendo hasta que decidieron mudarse juntas, tal y como viven ahora.
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