RAQUEL Y SU NEGOCIO
Fecha Martes, 05 febrero a las 00:08:55
Tema


Este relato no solo es un relato a modo de confesion de unas experiencias como prostituta y que la llevaron a dicha situacion, sino que es una denuncia de una situacion demasiado habitual

La presente serie de historias son en gran medida reales. Aunque son producto de mi imaginación, están basadas en situaciones reales. Se ambientan en un pequeño país latinoamericano. Puede ser cualquiera, pues representan la realidad existente en cualquier "país en vías de desarrollo", en donde la pobreza representa una porción importante de la población y la supervivencia la razón para vivir. Estas son las historias de varias personas que tienen que luchar día a día.

Gracias a Narrador, Acuario y Aadela (Blanche y Las 4 rosas), por deleitarme con largas horas de lectura y servirme de inspiración.

Riing, ring. - "Aló, buenas tardes" - "Ehmm, Buenas ¿Es Caribe?" - "¿Con quien hablo?" - "Le habla Oscar, mi primo Francisco, el que trabaja en el Banco Nacional me dijo que le llamará" - "Uhm, si, le recuerdo. ¿En que te puedo ayudar?" - "Mire, es que tenemos una fiesta para el próximo viernes en la noche y necesitamos unas chicas para que nos hagan un show de lesbianas, y quien sabe, tal vez algo más" - "Bueno, eso se puede solucionar, ¿en qué estás pensando cariño? - "No se, tal vez cuatro mujeres, pero eso si, que se apunten a hacer las tortis (de tortilleras, expresión usada para representar lesbianas). Eso sí, que no sean puro cuento y teatro y si se pudiese que fuesen jóvenes" - "Bueno cariño, eso lo arreglo yo ¿a dónde tienen que llegar?" - "Que tal el viernes como a las 9:00pm en la Texaco de San Pedro, yo voy en un Honda Civic verde, de los del año" - "Ah ya veo, un chiquito de papi. Bueno allá estarán el viernes" - "¿Cuánto me va a costar?" - "En eso te pones de acuerdo con ellas, pero generalmente te van a cobrar como US$100 cada una. Él limite de tiempo también lo definen ellas" - "Ok, gracias ¿Por cierto como te llamas?" - "Soy Raquel y estoy para servirte, adiós"

Oscar estaba emocionado, un primo mayor le había hablado del Servicio Caribe, en donde se podía contratar prostitutas jóvenes, que en su mayoría no eran de las conocidas callejeras o visitantes de bares para turistas extranjeros. Además, cobraban barato, algo primordial para los escasos recursos de un estudiante de liceo a punto de graduarse y pronto a entrar a la universidad.

Oscar contaba con 18 años y acababa de finalizar el colegio en uno de los más prestigiosos de la ciudad. Con su grupo de amigos decidieron que la mejor celebración sería hacer una fiesta tipo orgía. Sabían que con sus compañeras de clase no lo podrían hacer, pues aunque ya la gran mayoría de ellas no eran vírgenes, nunca se prestarían para ese tipo de fiestas. Ellas no eran mujeres para ese tipo de cosas. Por otro lado, tanto él como sus 7 amigos eran novios de algunas de sus compañeras. Fue tanta la emoción que sintió Oscar, que tuvo que salir en carrera al baño a masturbarse antes de llamar a sus amigos y contarle las buenas nuevas. Ahora solo necesitarían conseguir los US$400 para pagarles y alguna extra para el licor que tomarían en la fiesta. Los condones, tendrían que ir por cuenta de cada uno. El carro ya lo tenía pedido a su mamá, que solo por haber ganado el año escolar le permitiría usarlo, aunque Oscar no tuviese edad para tener licencia de conducir. La fiesta sería en casa de Roger, ya que sus papás se irían desde el jueves y hasta el domingo a la casa que tenían en una de las principales playas de moda. Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en los barrios del sur, sonaba el teléfono.

- "Aló, buenas tardes" - "Doña Clemencia, ¿cómo le va? Habla Raquel, la profesora de manualidades de Jessica" - "Hola Raquel, ¿cómo le va? Hace días estoy por llamarle pues quería agradecerle por las clases que le está dando a mi hija. Pero principalmente por lo honrada que es usted pues ya Jessica me ha contado que las manualidades que hacen las venden para turistas, por lo que con eso se pagan las clases y el resto lo reparten. Eso nos esta ayudando a tener un dinerito extra acá en la casa, además que le permite a mi hija comprarse su ropa, que por cierto esta muy linda".

- "Para nada doña Clemencia, usted sabe que con esta crisis que esta pasando el país, nosotros los pobres nos tenemos que ayudar unos a otros".

- "Verá usted Raquel, que en realidad usted nos ha ayudado mucho, pues gracias a Dios Jessica a podido seguir estudiando en el colegio, nosotros antes no teníamos como seguirle pagando los cuadernos y el uniforme. Es más ya habíamos pensado en que dejara de estudiar este año pues no nos estaba alcanzando. Al menos el próximo año podrá empezar el noveno ciclo en el colegio" - "Doña Clemencia, yo la llamaba para pedirle permiso para que su hija se quedara el próximo viernes a dormir aquí en mi casa, pues tengo un pedido bien grande para una de las tiendas de turistas del aeropuerto y tengo que terminarlo, así que pensé que Jessica, junto con otras de mis alumnas podrían ayudarme.

Por supuesto, como siempre yo mando a mi hermano a recogerla a la casa y a dejarla el sábado como al mediodía, no vaya a ser que una jovencita ande sola por la calle. Además de las ganancias que obtenga le voy a dar una parte por su trabajo".

- "¡Cómo no Raquel Usted se ha ido ganando mi confianza y creo que es una buena persona. Si supiera usted lo importante que es para mí que mi hija este aprendiendo un oficio, además de que no este descuidando sus estudios. Lo único que le pido es que la deje descansar de vez en cuando porque los últimos fines de semana cuando ya ha vuelto de sus clases viene muy cansada y en veces hasta muy tarde, y me preocupa que vaya a descuidar sus materias. Por cierto, ¿no hay posibilidad de que las clases se hagan más temprano?" - "Mire doña Clemencia, usted sabrá que yo trabajo de lunes a sábado todo el día y que el único tiempo disponible es los viernes y sábados por la noche, los cuales dedico a dar las clases. Algunas veces me atraso y llego a mi casa tarde por lo que esos días tengo que retrasar la hora de salida, pues yo no quiero robarles el tiempo a las alumnas. Además, como yo le pido a mi hermano que las lleve a todas de vuelta a sus casas, la ruta que él hace en veces dura hasta 1:30 hr. Y su casa es de las últimas a las que él va, por ser de las más lejanas." - "Si entiendo, bueno no importa. Le voy a decir a Jessica que esté lista el viernes como a las 7:00 p.m. para que su hermano la pase a recoger. Dios la Bendiga. Adiós."

Menudo negocio tiene Raquel. Si es cierto que les enseñaba un oficio a las chicas, pero no era manualidades sino prostitución. Su hermano, no era otro que un vecino sinvergüenza llamado Juan. Esposo y padre de dos niñas pequeñas, que para ganar dinero extra había puesto su automóvil en alquiler. A su esposa le decía que su segundo empleo era el de repartidor de mercancías de una cadena de supermercados 24 horas. Ella le creía. La conversación que tuvo con doña Clemencia era parte de su que hacer diario. De la estrategia de mercado que tenía planteada.

Raquel era una mujer de 28 años, ex prostituta de bares de turistas. Era soltera, madre de un niño de 5 años, producto de una relación con un seudo novio que tuvo. Vivía muy bien gracias al negocio que llevaba entre manos y que siendo prostituta a los 22 años se le había ocurrido. Era guapa. Media 1.67 m. de cabello castaño, piel blanca y ojos color miel. Sus tetas eran de tamaño mediano, que aunque ahora eran un poco caídas, de joven eran firmes y paradas. Sus pezones eran color marrón, pequeños y con una aureola que abarcaba una tercera parte de sus senos. Lo que siempre había sido su mejor posesión era el culo, el cual, al tener caderas pequeñas, resaltaba por ser respingado y bien duro. Cuando era prostituta, siempre supo usarlo para atraer clientes.

Había empezado en la prostitución a temprana edad, cuando huyó de su casa, cansada de los abusos sexuales de su padrastro. Fue una amiga la que le dijo que probara la prostitución en bares para turistas. Pagaban bien y al final hasta podría disfrutar. A parte de los abusos sexuales de su padrastro, que venían dándose desde que hace mucho, practicaba el sexo con amigos, compañeros del colegio y hasta alguno que otro muchacho que conocía en fiestas y discotecas y le gustaba. Era una manera de poder sobrellevar la carga emocional que le representaba el abuso de su padrastro.

Al comienzo todo fue muy bien. Ganaba bastante para tener un apartamento y darse lujos como ropa y viajes a las playas. Muchas veces estos eran propinas dadas por los turistas, en su mayoría personas mayores de 50 años, solteros y solos, que venían al país a disfrutar de las paradisíacas playas, la naturaleza y por supuesto, las mujeres. Para un "gringo", pagarle a alguna de estas chicas US$100 por día no era mucho. Podían llevarlas a cualquier lugar y tener la Luna de Miel que nunca tuvieron, con una chica de 18 años con toda la belleza, pasión y sensualidad que ellas representan.

A los 22 años Raquel estaba cansada de tener que lidiar con extranjeros groseros que la mantenían en una mesa junto a ellos, en medio de tocadas de vagina, pellizcos de tetas, y otras cosas degradantes, en veces hasta por una noche entera con la promesa de írsela a coger y pagarle bien. Muchas veces nunca pasaba a más, perdiendo la oportunidad de conseguir dinero. Por si eso fuera poco, tenía que soportar las demandas de su chulo de momento, el cual le brindaba "protección". Ella no los quería, pero era un mal necesario, pues sino estos mismos se encargaban de enviarles a maleantes para que las robarán y violaran.

Una vez, teniendo 19 años, había terminado en el hospital por la fuerte paliza y violación que había recibido de parte de un grupo de jóvenes maleantes. Ellos eran un grupo de muchachos, que a pedido de un chulo hacían el encargo de "hagan con esta puta lo que quieran, a ver si aprende". La recompensa, US$50 pagados por el chulo, lo que llevase la puta encima, inclusive la ropa, y por su puesto su cuerpo. Raquel había recibido ese castigo por haber renunciado a los servicios de ese chulo, sin que él se lo hubiese autorizado.

Esta pandilla de jóvenes abusó de ella durante 8 horas. La habían interceptado camino a uno de los bares a los que ella asistía. La llevaron a un área oscura, sin casas ni negocios cerca. Primero la golpearon hasta que quedó rendida en el suelo, luego la desnudaron cortando con cuchillo todas sus prendas. La obligaron a tener sexo con todos. Primero fue hacerles el sexo oral a todos. Tuvo que tragar la leche de 8 de los muchachos. Luego, en parejas, los maleantes se la cogieron fuertemente por el culo y por la vagina a la vez. Mientras eso ocurría, los otros pellizcaban y jalaban fuertemente sus pezones mientras fumaban marihuana u olían cemento.

Luego de haber cumplido con la sesión de sexo, entre cuatro la sujetaron de manos y piernas. Otros dos se dedicaron a arrancar todos los pelos uno a uno desde el monte de venus hasta el ano. Esto fue una gran tortura. Para finalizar, la amarraron tirándola al suelo y la patearon tal como si fuese una bola de fútbol. Quedó inconsciente. No fue sino hasta el amanecer, que fue hallada por unos policías que la llevaron al hospital. La encontraron maniatada, desnuda, con el cuerpo lleno de semen y barro. Le sangraba el área púbica. Pero lo más grave, era que presentaba golpes y hematomas por todo el cuerpo. Para colmo de males, en el hospital, una vez recuperada de sus heridas, Raquel tuvo que someterse a la sodomización por parte de dos enfermeros que le ayudarían a salir sin tener que cumplir con los papeles de la seguridad social, pues si eso ocurría, obligaría a que su santa madre se diera cuenta de cual era el "trabajo honrado" del que estaba viviendo.

Es cierto que Raquel ya no vivía con su madre, pero si se encontraban al menos una vez al mes. Ella le había dicho a su madre que trabajaba de dependienta en una tienda, cosa que si era cierto, pues a eso se dedicaba durante el día, pero regularmente cambiaba de trabajo. Ella no se acercaba a su casa por odio hacia su padrastro, el cual según su madre, ella tenía que entender, pues él había pasado por un período de inestabilidad emocional por stress del trabajo, lo que había propiciado que abusara de ella. Su madre le decía que él estaba arrepentido, que ella lo había perdonado porque en el fondo él era un buen hombre y además su ingreso económico era necesario para la casa.
Cuando la madre de Raquel le decía estas palabras, ella solo recordaba aquella vez cuando se había animado a contarle de los abusos del padrastro. Recordaba como su madre la había tratado de puta. Le había dicho que lo que ella quería era quitarle a su marido. Luego, en la noche mientras ella dormía, el padrastro totalmente borracho, llegó a su habitación a abusar de ella. Pero esta vez fue diferente. La trató con rudeza, violándola por el culo. Luego él le dijo: " esto es para que aprendas a no exagerar las situaciones". Debido a todas estas penurias es que Raquel decidió salirse de las calles a los 22 años. El problema es que no sabía hacer nada y el empleo de dependienta sí acaso le alcanzaba para comer y no para pagar apartamento y otras cosas vitales.

Así fue como se le ocurrió hacer un servicio por teléfono. La idea era sencilla. Desde su apartamento recibiría llamadas de personas interesadas en prostitutas. Había un mercado muy grande que era el de las clases adineradas de la ciudad principalmente el de los hijos de estos, los cuales no tenían el valor de irse a meter en un burdel de mala muerte y no tenían el dinero para contratar una prostituta fina, que cobraban al menos US$500. Estas eran para sus papás, pero no para ellos.

Se hizo de un grupo de amigas, prostitutas todas ellas y así empezó el negocio. Raquel les cobraba US$100 por mes, pagado por adelantado, por hacerles contactos. Para ellas era un muy buen negocio, pues no tenían que salir a las calles a afrontar los peligros que ahí se encuentran; podían seguir viviendo en casa de sus padres (como en el caso de Jessica) o teniendo apartamento, por lo que todas podrían llevar una doble vida... Además, la comisión que Raquel les cobraba no era alta. Un chulo les pedía al menos esa misma cantidad por fin de semana.

Después de 6 años con el negocio, Raquel tenía una lista activa de 40 mujeres entre los 18 y los 25 años, más una cantidad similar de chicas que tan solo trabajaban de vez en cuando. A estas les cobraba US$25 por contacto. Esto le representaba ingresos por encima de los US$5000 mensuales libres de impuestos. Ni habiendo estudiado una carrera profesional podría alcanzar estos ingresos. Sus chicas, como ella las llama, eran mujeres normales, lo que en Estados Unidos se hace llamar "Next Door Girl". Eran estudiantes de colegio y universidad, secretarias, dependientas de tiendas, empleadas de instituciones de gobierno, empresas y bancos, además de una que otra ama de casa. Aunque todas tuviesen una actividad y una historia diferente, tenían una cosa en común: Necesitaban dinero para poder cubrir las necesidades en sus casas y vivir mejor.

Su trabajo no solo se limitaba a recibir los contactos. Le pagaba a Don Juan, el chofer encargado de transportar a varias de las chicas, US$500 por mes combustible incluido. Además, les daba orientación a las chicas sobre los peligros de enfermedades y otros que podían encontrar. Les compraba de vez en cuando ropa y lencería, lo que ella le llamaba "repartición de las utilidades". A algunas de ellas, principalmente las que vivían con sus padres y/o llevaban una doble vida, les guardaba la ropa sexy que utilizaban, para que no se dieran cuenta en sus casas de su oficio.

Aunque Raquel no gustaba mucho de la prostitución, sabía que era un mal necesario para muchas de las chicas que trabajaban con ella, tanto como lo fue para ella. La seria y larga crisis económica que pasaba el país, la falta de empleo y los bajos salarios, hacía que muchas mujeres buscaran nuevas fuentes de ingreso. Debido a los abusos que recibió cuando practicaba el oficio, Raquel se dio a la misión de que lucharía porque las mujeres que tuviesen que optar por este no lo sufrieran. Lo estaba logrando. No gustaba que le llamaran "Madame", pues no se consideraba eso. Sus contactos generalmente eran recomendados, lo que hacía en gran medida al negocio algo seguro.





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