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Dominación: Dominacion: Don Pedro (III).
Enviado el Jueves, 04 noviembre a las 14:43:40 por full

 Despu?s de sus aventuras con Benita, Pedro y su padre se quedaron solos por la muerte de su madre y esposa.

No se habían recuperado de esto cuando les avisaron de la muerte de uno de los guardeses. Este hombre se había casado recientemente en segundas nupcias. De su primer matrimonio quedaban dos niñas de 18 y 7 años respectivamente. La noticia se la comunicó una de las criadas. De la viuda del guardes no sabían nada, al haberse casado recientemente. Lo primero que pensaron fue en conocer a la hija mayor y ver en que podían ayudarla.

Para ello se presentaron en la casa del guardes, unos días después de su muerte. Salió a recibirles la hija mayor, Justina. Era una muchacha no muy agraciada pero con un cuerpo rotundo. Se la veía sana y, don Juan, le dijo a su hijo que esa era el tipo de hembra que mas le gustaba. Tenía cara de no ser muy inteligente pero, precisamente eso era lo que él buscaba, alguien que le calentase la cama.

Entraron en la casa y se encontraron con la hija pequeña (Pedroa) y la madrastra (Juana). La niña era una mocosa bonita y agraciada. Juana era una mujer delgada, de unos 30 años, dotada de unos buenos pectorales. "Buenos días señoritos, no sabía que vendrían". "Solo queremos decirte que puedes contar con nosotros para lo que precises", le dijo don Juan. "Hemos pensado en dar trabajo a tu hija Justina, en la casa. Para ti veremos que encontramos." La mujer se mostró agradecida y se despidieron quedando que, el día siguiente Justina iría a la casa.

El padre de Pedro le dijo cuando se marcharon "Mira, creo que hemos encontrado lo que precisamos. Tu te marchas dentro de unos días a Salamanca a estudiar medicina y necesitarás una mujer que te cuide. Me atrevería a decir que Juana puede servirte. Además te calentará la cama y te permitirá estudiar su anatomía. "A Pedro le pareció una circunstancia apetecible, Juana le había parecido una hembra acogedora y su situación la hacía indefensa a sus libidinosos deseos. "¿Que haremos de Pedroa?" preguntó Pedro. "Ella será un regalo que te haré después de muerto. Verás, las monjas la educaran aislada de todo contacto con le exterior. Me encargaré que tu seas el único hombre que vea en su vida, hasta que termines tu carrera. En ese momento la sacarás del hogar y podrás explorarla como precises, Cuando la disfrutes piensa en mí que no estaré aquí para verlo. Ya me hago viejo y entonces lo seré mas".

Con esa perspectiva, cuado Pedro se marchó a Salamanca, le acompañó Juana, don Juan consiguió que las monjas aceptasen a Pedroa y, Justina, entró a servir en la casa. Para ella don Juan preparó la casa de la laguna, pensaba apartarla del resto de la servidumbre y tenerla solo para él. Cuando le anticipó a ella donde serviría le explicó que él sería en único habitante de la casa, dado que no quería seguir en la hacienda principal por los recuerdos de su mujer. Ella lo aceptó, sorprendida del honor que le hacía el señor.

Cuando levaban varios días en la casa de la laguna, él comenzó familiarizares con ella. Le contaba su vida y, poco a poco, en la cocina le explicó algunas de sus correrías de joven. Gradualmente fue aumentando el todo verde de sus relatos, hasta que le relató como perdió la virginidad. Justina escuchaba atentamente las historias del señor y se ponía colorada cuando subía de tono. Don Juan se levantó un día, cuando le explicaba como había bailado con una de sus amiguitas y la tomó de la cintura. Ella se dejo hacer, de forma que él quedó agarrado a ella, que hacía la comida. Don Juan se acercó y la besó en el cuello. Ella sonrió y se estremeció. Él sintió deseos de llagar mas allá y le pasó las manos por debajo de la falda hasta que tocó sus bragas.

Justina se quedó quieta como si no esperase este ataque. Don Juan comenzó a acariciarle el coñito por encima de las bragas y así siguió tocandola hasta que ella se estremeció al sentir el primer orgasmos de su vida. "Te ha gustado Justina?". Si señor, ha sido bonito". "Como a mi también me ha gustado mañana lo repetiré". De esa forma Don Juan se pasaba cada día en la cocina, cerca de Justina y de su coño.

Un par de semanas después la hizo sentarse en una silla frente a él. "Te voy a levantar las faldas para ver esas piernas que lleva cariciando varias semanas". Ella no dijo nada, solo se dejó hacer. Don Juan levanto lentamente la falda de la sirvienta, hasta dejarla enrollada a su cintura. Unas grandes bragas bancas quedaron expuestas. Él separó las piernas para dejar ala vista un monte grande y duro. Con su mano comenzó a acariciar el coño de Jusitna, por encima de sus bragas. La miraba a los ojos y vio como ella comenzaba a sentir el placer. Sus bragas se llenaron de flujo y abrió su boca como si le faltase la respiración.

"Te voy a bajar las bragas par que sientas mejor mis mano". Sin que ella opusiera resistencia la despojó de sus bragas quedando expuesto un coñito rodeado de pelo negro, en cuyo centro resaltaba una rajita sonrosada y húmeda. Puso su mano sobre ella y separó los labios mayores, buscó el clítoris de la chica y comenzó a masajearlo. Ella se dejo hacer como si estuviera hipnotizada. Avanzó su coño hacia las manos de don Juan y se corrió de gusto.

Él desabrochó sus pantalones, dejandolos caer y exponiendo su polla dura como siempre que había una hembra follable cerca. Tomo su polla y le apuntó hacia el coño de Justina. Ella separó mas las piernas y le dejó acercarse. Cuando su glande comenzó a abrirse paso dentro de su coño ella se corrió profiriendo sollozos de gusto. "Me gusta" repetía una y otra vez. Él entró en ella hasta le fondo, no era virgen. Con un lento mete y saca se corrió dentro de ella. Mientras tanto le había sacado las tetas que chupaba y besaba con glotonería.

Ese fue el comienzo de una convivencia que se prolongaría hasta la muerte de don Juan, ocurrida cuatro años después. Ella le contó que la había desvirgado un mozo que la sorprendió un día en el camino al regresar del baile. Fruto de las relaciones de don Juan y Justina fueron dos niños que heredaron junto a su madre una pequeña finca que les permitiría vivir el resto de sus días, del trabajo en sus tierras.

Mientras tanto Pedro había comenzado a recibir sus clases de medicina en la facultad. Unos dos meses después de llegar a Salamanca, decidió que llevaba mucho tiempo sin probar hembra. Esa noche se acercó a Juana y le dio un beso sin avisarle. Ella se revolvió y le miró a los ojos. "No he venido aquí a dejarme hacer lo que quiera el señorito". "Al contrario, le dijo Pedro, has venido a ser mi cocinera por el día y mi puta por la noche". Aquí no conoces a nadie. tus hijas están bien colocadas y no te quedan otros familiares. Si sales a la calle no tendrás donde dormir y terminaras siendo una buscona que lo hará por cuatro reales. Por el contrario, conmigo tendrás todo lo que necesites, follaras como nunca y tendrás dinero ahorrado cuando termines. Yo te pagare un real por cada polvo que echemos, además de la cama y la comida durante estos cinco años. ¿Que me dices?"

Ella quedó pensativa un rato. "No tendré que hacerlo con otros hombres?" le pregunto al cabo. "Desde luego que no, serás mi zorra particular, me chuparas la polla solo a mí, te follaré por delante y por detrás cuando y donde quiera y tu te dejaras hacer." Ella quedó pensativa y finalmente dijo que sí. Desde luego Pedro no tenía intención de dejarla ir sin ser follada, aunque hubiera dicho que no.

En ese momento se acercó a ella y le abrió de un tirón la camisa. Sus tetas, grandes y terminada en unos oscuros pezones, quedaron expuestas a la vista y al tacto de Pedro. Se las llevó a la boca y comenzó chuparselas. Ella le decía, "Si, señorito, que bien me la chupa". Esto a Pedro le puso a 100, la empujo sobre la mesa de la cocina y la tumbó encina. Las piernas de Juana colgaban de la mesa y Pedro levantó su culo, sacandole las faldas y las bragas. Ante su vista quedó un coño rodeado de pelo negro, abundante. Acercó su nariz al coño y sintió un agradable olor que le llevó a pasar su lengua por encina del clítoris. Juana, al rato decía "Que bueno, señorito, siga chupandome que me gusta mucho". Pedro continuó con su chupeteo, hasta que sintió que ella se corría entre movimientos que dejaba su coño totalmente abierto a la vista de Pedro.

Levanto la mirada y vio a Juana con los ojos cerrados, disfrutando del orgasmo. (El primero que tenía en su vida, pues con su marido no consiguió ninguno). Entre jadeos se lo dijo a Pedro. La polla de este no podía aguantar mas, sacandola y dejando caer sus pantalones al suelo, se la metió a Juana hasta dentro, sus cojones chocaban con el coño húmedo de ella. Durante un rato fornicó y se hundió en eses cálido y abierto coño, después con un esfuerzo último se corrió dentro, dejando escapar un gran chorro de semen en el coño lubricado de ella.

Cuando descansó un rato dio la vuelta a Juana y la dejo boca abajo sobre ella, su culo quedó justo a la vista de Pedro. La polla de él estaba dura otra vez y, tomando aceite de la cocina, mojó el culo de Juana y su polla. Ante la mirada de reojo de ella, apuntó su pene al ojete de Juana y comenzó a empujar. Ella se resistió un poco, pero Pedro le dio dos puñetazos en los riñones que la obligaron a relajar el esfínter. la polla de él entro, no sin esfuerzos, el culo virgen de ella.

Cuando la tuvo toda dentro se quedó allí y le dijo "Te estoy dando por el culo, cada vez que lo haga sabrás quien es el que manda aquí," Ella le dijo entre estertores que le gustaba y que reconocía que él era el que mandaba "En tu culo, en tu coño, en tu boca y en tus tetas" dijo él para remachar su postura.

El resto de la historia era similar. Continuó follandose a Juana durante los años siguientes hasta que, a la muerte de su padre hubo de regresar a sus tierras. Ella quedó en Salamanca, al servicio de otro estudiante amigo de Pedro


relatos eroticos que se hizo cargo del contrato suscrito. Después se marchó con unos vendedores ambulantes y no volvieron a saber de ella. FIN del capítulo 3

 


 

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