Cuando, su padre y él, habían decidido cambiar a su criada y amante Julia por otra chica, se les presentó la oportunidad donde menos lo esperaron. La madre de Pedro enfermó y fue necesario que guardase cama. Para atenderla era preciso contratar una enfermera. En aquella época no era fácil esto. Don Juan se puso en contacto con el hospital de Badajoz, donde sabía que había enfermeras disponibles. Lo cierto es que, las monjas que lo atendían le informaron sobre la posibilidad de desplazar a su casa una de las muchachas de la inclusa, donde las formaban para esa labor. No le pareció mal y les pidió que enviasen una.
Al día siguiente se presentó en la finca Benita. Era una chica de 18 años, que había sido dejada abandonada en el hospicio. Cuando Pedro y su padre la vieron se miraron con complacencia. Benita era joven y bonita. Su pelo negro era largo y sedoso, sus pechos apuntaban bajo el largo vestido de dama auxiliar. No le veían las piernas, pero su culo no era gordo (como se acostumbraba ene esa época). Padre e hijo la recibieron con amabilidad y le explicaron cuales eran sus cometidos.
"Se ocupará de la atención de mi esposa. Para ello le hemos preparado una habitación en la planta superior, muy cerca de la de matrimonio. Yo, no obstante dormiré en otra habitación, para permitirle un mejor acceso a la enferma". La verdad es que se había hecho una idea rápida de como poder acceder a Benita. Ella dormiría en una habitación, separada de la de su mujer por la que él ocuparía. Pedro dormía en la de enfrente del pasillo.
"Ahora me gustaría saber mas cosas de vd, si me permites de ti". Ella, le contestó. "Tengo 18 años y me he criado con las monjas. No se quienes fueron mis padres y las hermanas me han dado toda la educación que he precisado". "¿Has tenido que atender otros pacientes?. No, esta es la primera vez que salgo del hogar. Antes he asistido a las hermanes en el internado de enfermos pobres del hospital".
Tanto a Pedro como a su padre se las hizo la boca agua. Cuando ella se marchó para atender a la madre se quedaron solos para conversar. "Mira Pedro, esta es una perita en dulce, ¿te has dado cuenta de su inocencia?. La dejaremos estar tranquila un par de semanas, par que se acostumbre y luego pasaremos a la acción. Cuando estés dispuesto haremos lo siguiente : Tu llamarás a su habitación un día, en la noche y tratarás de entablar conversación. Si lo consigues entra en ella y procura sentarte cerca de Benita. Cuando llevéis un rato entraré yo y veremos como hacemos los dos para fornicar con ella." A Pedro no le pareció una táctica adecuada. "Si hemos de hacernosla creo que mejor será entrar los dos cuando este durmiendo y fornicar quiera o no quiera" Finalmente, padre e hijo acordaron seguir el plan de don Juan pero, cuando estuvieran los dos en la habitación ella no escaparía a ser follada, aunque se resistiera. De todas formas no lo harían el primer día que Pedro pudiera acceder a ella. el trataría de entrar en su habitación varias veces, con la promesa de no estrenarla hasta que su padre pudiera ver como lo hacía.
Un par de semanas sirvieron para que Pedro fuera capaz de entablar cierta confianza con Benita, prestandole libros que ella leía en sus horas libres y durante las noches. Cuando tuvo suficiente confianza, padre e hijo, pasaron a la segunda parte de su plan.
Esa noche, como el resto, Benita le suministró el sedante a la madre que dormiría durante toda la noche. La servidumbre estaba en el otro ala de la casa y en una planta inferior. Es decir, el camino estaba libre. Como a las 12 de la noche Pedro salió de su habitación solo con la bata de dormir y avisó a su padre que iniciaría la visita. Tocó suavemente en la puerta de Benita, cuya luz estaba encendida. Ella abrió un poco la puerta. Pedro se fijó que estaba en combinación, dispuesta para acostarse, sus pequeños pechos se hacían notar bajo la tela. "¿Has terminado de leer el libro que te presté?. No, aún me queda un poco. Es que lo necesito para un artículo que he de presentar en la facultad, tengo el mi habitación otro parecido, si quieres te lo cambio. De acuerdo, respondió ella. Pedro marchó a su habitación y regresó con el nuevo libro. Benita le franqueó la entrada a la suya. para entonces se había tapado con una bata que cubría sus hombros.
Se sentaron en la mesa y Pedro le explicó de qué trataba el libro. Lo cierto es que ella se quedó un poco cortada, dado que era sobre los amores de un hombre y una mujer casada. "Me he permitido traértelo, en lugar del que tenía preparado de poesía, pues pienso que no habrás leído uno igual en el hogar. "Ella ojeó el libro y Pedro le explicó alguno de los pasajes mas atrevidos. En uno de ellos, que le hizo leer en voz alta, los amantes se recluían en una choza y retozaban alegremente. Benita estaba roja de vergüenza. "¿Nunca habías leído algo así? No, es la primera vez y no creo que sea muy adecuado. ¿Porqué? le preguntó él, solo es algo que ocurre con cierta frecuencia. ¿No has tenido novio?." Ella se quedó mirandole sorprendida y Pedro aprovecho el momento para tomar su mano. "Eres una chica muy linda y me gustaría poder seguir hablándote en otro momento". Ella comenzó a respirar aceleradamente y le pidió que se fuera. "Lo haré si me dejas que te bese". Benita se negó pero, finalmente accedió a ser besada.
Al día siguiente Benita miraba a Pedro, de forma tímida. Esa noche él volvió a llamar a su puerta. "No creo que debas pasar, dijo ella. ¿No te ha gustado el libro?. "Benita dudo unos momento y le dijo que sí. ¿Ya lo has terminado, te traeré otro", dicho lo cual fue a su habitación y regresó con el Decamerón. Finalmente logró entrar en la habitación y charlar con ella, despidiendose con castos besos.
Don Juan no aguantaba mas "Ya has entrado, hora es que esa niña aprenda lo que es una buena verga". La noche siguiente Pedro repito su acceso a la habitación de Benita. Como unos diez minutos después él la besaba y abrazaba en el sofá , cuando se abrió la puerta y entró don Juan. Benita dio un grito y se quedó pálida.
"¿Que hacéis los dos?", preguntó don Juan, cerrando la puerta y acercandose a ellos. Benita se había quedado paralizada. "Pedro, que haces con esta pequeña en tus brazos". El contestó "Estaba ensañandola a besar". Don Juan se acercó a Benita y le dio un tortazo no muy fuerte. "Con que seduciendo a mi hijo, perra". Ella pudo al fin contestarle "No señor, solo estábamos hablando y el señorito me ensañaba como se besa"
Don Juan la levantó del sofá y, tomando su cabeza la besó en los labios con lujuria. "Así se besa y así lo harás ahora", en ese momento tiró del camisón de Benita que se rompió, quedando la chica desnuda frente a ellos. Trató de taparse los pechos y el coñito, pero don Juan se lo impidió. "Quieta perra, y deja que veamos como eres, hacía días que deseaba verte así". Benita miro a Pedro pidiendo ayuda, pero este se reía y la miraba con ojos ávidos de su cuerpo. Lo ciento es que la chica merecía una mirada. Tenía los pechos mas grandes de los que parecía, pero destacaban los pezones y su aureola. Los pezones estaba firmes, mirando al cielo y la aureola era de color marrón. Su tripa estaba un poco rellenita y sus muslos eran mas bien flacos, entre ellos destacaba el coñito, con poco pelos a su alrededor.
Ella no sabía que hacer y don Juan le dijo "Date la vuelta lentamente para que veamos tu culo", Benita comenzó a girarse y dejo ver un culo en forma de corazón . Pedro se levantó del sofá y se desnudó (Solo necesitó quitarse la bata). Cuando ella se dio la vuelta, se quedó asombrada viendo la polla de Pedro, era larga y estaba apuntando al cielo.
Don Juan le dijo, "¿qué te sorprende, nunca habías visto una polla?" Ella le miró y comenzó a llorar. "No te preocupes, no te haremos daño". La tomó de las manos y, aunque ella se resistió la tumbó en su cama, separando los muslos. Tanto Pedro como su padre pretendieron ver su coñito, pero ella cerró las piernas. "Te ataremos, para que obedezcas", Dicho lo cual ataron las manos de Benita al cabecero de la cama y sus pies a la parte inferior del colchón.
La visión era perfecta. Ella estaba con los brazos separados, dejando disponibles su firmes tetas, Su coño quedaba expuesto a la vista de los dos hombres. Don Juan se acercó a el y separó los labios mayores. "Ves Pedro, esta virgen no ha sido mancillada, si lames su coñito la harás gritas de placer". Pedro acercó su lengua al coño de Benita y comenzó a chuparselo. Durante varios minutos solo se escucharon los gemidos de la chica, a medida que la lengua de Pedro la excitaba. Don Juan aprovechó para desnudarse, dejando a la vista una polla de considerables dimensiones. "Ahora has de chuparmela", Dicho y hecho, se subió sobre el pecho de Benita y de acercó la polla a los labios. Ella giró la cabeza, pero don Juan la obligó a mirarle de frente, acercó su polla a los labios de la chica y ella, por fin, los entreabrió, el empujó y le metió todo el glande en la boca. Los labios de Benita quedaron quietos "Chupa", dijo él. Finalmente la chica comenzó a succionar el glande de don Juan.
Mientras tanto Pedro seguía chupandole el coño. Se dio cuenta que el clítoris de ella estaba hinchado y se lo metió en la boca chupandolo con deleite. Ella comenzó a sentir el placer y levantó su culito acercandolo a los labios de Pedro. Unos minutos mas tarde se corrió. En ese momento dejó de seccionar la polla de don Juan y se quedó relajada. el aprovecho para metersela entera en la boca, dado que estaba a punto de correrse, como así hizo, llenandole de semen la boca, saliendo una parte de el que se derramó sobre la almohada.
Don Juan se retiró de encima de los pechos de Benita y le preguntó "¿Serás capaz de separar las piernas cuando te lo pida si te suelto?". La chica afirmó con la cabeza y, él y su hijo, la desataron. Los dos se acercaron a ella por cada lado de la cama. Pedro pasó a chuparle las tetas y don Juan metió sus dedos todo lo dentro que pudo de su coñito.
"¿Me dejas que la desvirgue yo?" pregunta a su hijo. "De acuerdo" dijo Pedro que no tenía muchas ganas pero comprendió que un padre como aquel tenía que estar contento. Benita, mientras tanto les decía. "No, por favor señor, no me haga eso, luego no podré encontrar marido. No me lo haga". Don Juan le dijo "Qué me importa tu marido, será un cornudo cuando te tenga, te voy a follar y lo seguiré haciendo mientras estés aquí". Ella dijo que se escaparía, "¿Dónde ibas a ir, pequeña perra?, las monjas, a una palabra mía te arrojarán a la calle. Estarás aquí hasta que mi esposa se ponga bien o hasta que nos cansemos de ti y, si sabes lo que te conviene no dirás nada".
Dicho esto se puso frente a ella, girandola en la cama, de forma que sus piernas colgaban por un lado y su cabeza por otro. Pedro tomo la cabeza de Benita y comenzó a besarla, pasando después a besar sus pechos, de manera que sus cojones quedaron a la altura de la boca de la chica. "¡besamelos y chupamelos con cuidado". Ella los cogió con delicadeza y se los metió en la boca, pasando luego su lengua por ellos.
Don Juan dobló las piernas de la chica y las puso apoyadas sobre su pecho, acercó su polla al coño de Benita y comenzó a apretar. Ella estaba húmeda de las corrías anteriores y la polla se deslizó sin problemas, salvo los de un coño cerradito y virgen. Cuando topó con el himen se detuvo, comenzando un movimiento circular, con una parte de su polla dentro del coño de Benita, ella se excitaba por momento. Don Juan notaba como sus piernas temblaban, Cuando ella comenzó a correrse le endiño toda la polla dentro del coño.
"UUUUHHH", gimió Benita, dejando de chupar los cojones de Pedro. Su follador se la siguió metiendo hasta que ella se corrió otra vez, entonces él le soltó toda la carga de sus cojones en el coño.
Cuando ambos terminaron, don Juan se retiró y se sentó en una silla, dos corridas en tan corto espacio de tiempo requerían un cierto descanso. Pedro tomó el lugar de su padre y doblo las rodillas de Benita sobre el pecho de la chica. Miró su coño donde se veían restos de sangre y del semen de su padre.
Acercó su polla al coño y se la empezó a meter lentamente. La cara de Benita demostraba el placer que sentía "¿Te hago daño?" pregunto el y la chica lo negó. Pedro siguió follandola. Mientras ella se corría otras dos veces el le hecho dos polvos sin sacar la polla del estuche, cuando terminó el primero, la cara de placer de ella se la puso otra vez dura y volvió a fornicar.
Eran las dos de la mañana y ya la habían follado los dos. El padre de Pedro dijo. "¿Tienes ganas de darla por el culo?". Pedro, con 19 años tenía ganas. Benita les miraba desde la cama con ojos de no saber. Ellos le dijeron. "Te vamos a follar por el culo, será una buena cosa para ti". La pusieron a cuatro patas sobre la cama, con la cabeza hundida entre los brazos. Su culo rosadito quedó a la vista. Pedro ensalivo su polla y dejo caer saliva en el ano de ella. Acerco su herramienta y comenzó a entrar. Ella gemía mientras el iba entrando. Finamente se la metió entera, corriendose dentro de la chica. Don Juan a todo esto tenía su polla lista de nuevo, de forma que, cuando Pedro la sacó él tomó su lugar y se la volvió a meter por el culo.
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Esa noche todos estaban muy cansado y se fueron a la cama. Al día siguiente, ambos se levantaron pronto para ver cómo bajaba Benita al comedor. Lo cierto es que la chica andaba como si estuviera escocida, y de hecho lo estaba. La enfermedad de la madre de Pedro fue larga y terminó mal. Durante todo ese tiempo, el y su padre visitaron a Benita todas las noches. Ella desarrollo los instintos que debía haberle pasado su desconocida madre. Se volvió una folladora recia que necesitaba mas de dos corridas cada día. Cuando falleció la madre de Pedro, colocaron a Benita en la casa de una madamme, donde sirvió largos años, retirandose luego a Portugal, con las ganancias que acumuló. Fin del capítulo 2