Ambos rápidamente desnudaron a Melina y la llevaron escaleras abajo al sótano. Como había sido prometido su hermana de dieciocho años Sharon ya estaba allí, desnuda sobre el caballete, su insolente culito elevado. Estaba amordazada, cosa que evitaba un montón de preguntas innecesarias. Ella estaba obviamente sorprendida al ver a los dos hombres acarrear a su hermana pequeña, desnuda, sollozante, dentro de la habitación.
Arrojaron a Melina sobre una gran cama, abierta de brazos y piernas, y esposaron tanto sus tobillos como sus muñecas a cada uno de las patas de la cama. Un cojín colocado bajo sus glúteos elevaba su cadera.
Unas manivelas convenientemente colocadas les permitía aumentar la apertura de las piernas. Al final consiguieron que la hinchada hendidura quedase indefensamente expuesta a cielo abierto.
"Encontraras absolutamente lo que necesites en alguno de estos armarios" dijo David señalando una hilera de cuatro armarios colocados en la pared. "No dudes a la hora de hacer uso de ninguno de ellos".
Miró fijamente a su hija más joven, cruelmente elevada y le guiñó a su amigo: "Tampoco te preocupes de usarla como creas conveniente".
David salió pitando para llegar a la hora de la partida de bridge cerrando la puerta del sótano a su salida.
Antes de marcharse le aseguro a Paulo que estaba completamente insonorizado.
Una vez que Paulo ya estaba seguro de que nadie le molestaría echo el pesado cerrojo.
Con esto empezó a aprovisionarse. Dentro de un gran armario había todo tipo de látigos, paletas, correas, cañas y bolas imaginables. Otro armario ocultaba un tesoro de consoladores y vibradores, algunos de los cuales imposiblemente grandes para jóvenes de la edad de Melina o Sharon. El tercero estaba lleno de elementos de bondage. En el cuarto se ocultaba lo que parecía instrumental médico, surtido de lubricantes. Paulo se frotaba las manos. Manos a la obra.
Lo primero que buscó fue un vibrador apropiado para Sharon. Encontró uno que medía más de diez pulgadas y tan ancho como la muñeca de la joven. Tenía una docena de hileras de pequeñas y puntiagudas protuberancias a lo largo del mismo; y aún mejor, estaba equipado con una unidad vibradora de corriente alterna. Perfecto. Cogió igualmente un arnés y un bote de vaselina.
Le costó cerca de diez minutos de meter, empujar y mover el consolador hasta que entró hasta la base en el estrecho conducto de Sharon. Para su satisfacción la pobre jovencita pataleaba y gritaba todo el rato, especialmente cuando los pequeños pinchos empezaban a hundirse en la piel de tambor de las paredes interiores de su coño.
Paulo de hecho podía observar las pequeñas protuberancias moviéndose. No le hacía ninguna falta el arnés. No cabía la posibilidad de que el consolador se fuese a escapar por su propia voluntad. Pero poniéndoselo y ciñéndolo entre las piernas de la niña el se aseguraba que la cabeza del falo quedaría fuertemente aprisionada en lo más profundo de su útero, sin importar la violencia de las sacudidas.
Sharon empezó a mover frenéticamente la cabeza cuando Paulo cogió el enchufe, sus grandes ojos marrones pedían piedad. En aquellos instantes el consolador parecía dividirla en dos.
Paulo sonrió, se agachó e introdujo la clavija en un enchufe de la pared. Sharon se puso tensa. Sus ojos fuertemente cerrados, mantuvo la respiración pero no ocurrió nada.
Un minuto más tarde Paulo continuaba rascándose la cabeza. Quitó la clavija y la conectó en otro enchufe. Nada de nada.
Empezó a dar vueltas y miró la base del consolador con una flecha dibujada.
Sobre ella, marcadas sobre el plástico, aparecían las palabras "OFF, LOW, MED, HI, MAX". Encima de esta última palabra un mensaje: ¡Precaución. NO usar la posición MAX durante más de 30 segundos cada vez. Intenso malestar!
La flecha indicaba la posición OFF. Paulo giró la anilla hasta que está marcó LOW. La unidad vibradora saltó y empezó a zumbar fuertemente, de forma distinta a como suelen hacerlo las usuales unidades de pilas.
Sharon se retorcía y lloraba mientras una nueva ola de sensación la inundaba desde entre sus piernas. Se esforzaba luchando contra sus ataduras.
Paulo tuvo que admitir una vez más que las hormonas sexuales eran perversamente efectivas. En menos de un minuto comenzó el primero orgasmo de Sharon. Tan pronto como ella lo alcanzó Paulo cambió a la posición MED y los zumbidos duplicaron su volumen, también Sharon incrementó sus sofocadas protestas. Se estremecía, serpenteaba y tiraba inútilmente de sus ataduras mientras las cegadoras oleadas de placer/dolor llenaban su joven cuerpo.
Esto continuó hasta que ella se dio cuenta de que iba a perder el conocimiento. Entonces fue cuando Paulo seleccionó HI.
El tormentoso zumbido la cortaba como si se tratase de un atizador al rojo vivo. Su sexo ya estaba hinchado y doliente después de su recién finalizado orgasmo. El nuevo asalto fue mucho más de lo que ella podía soportar. Se quejaba indefensa, sus caderas balanceándose en un salvaje abandono sobre el caballete. Paulo la dejó sufrir sus buenos cinco minutos antes de conectar el MAX. El consolador rasgaba fuertemente el indefenso sexo de Sharon al haberse liberado toda su potencia. Si ella no hubiese estado amordazada sus dientes hubiesen repiqueteado. Se sentía como si le hubiesen metido en el coño un cable en lugar de un vibrador. Gritaba. Una y otra vez. PauloAmbos r?pidamente desnudaron a Melissa y la llevaron escaleras abajo al s?tano. Como hab?a sido prometido su hermana de dieciocho a?os Sharon ya estaba all?, desnuda sobre el caballete, su insolente culito elevado. Estaba amordazada, cosa que evitaba un mont?n de preguntas innecesarias. Ella estaba obviamente sorprendida al ver a los dos hombres acarrear a su hermana peque?a, desnuda, sollozante, dentro de la habitaci?n.
Arrojaron a Melissa sobre una gran cama, abierta de brazos y piernas, y esposaron tanto sus tobillos como sus mu?ecas a cada uno de las patas de la cama. Un coj?n colocado bajo sus gl?teos elevaba su cadera.
Unas manivelas convenientemente colocadas les permit?a aumentar la apertura de las piernas. Al final consiguieron que la hinchada hendidura quedase indefensamente expuesta a cielo abierto.
"Encontraras absolutamente lo que necesites en alguno de estos armarios" dijo Dave se?alando una hilera de cuatro armarios colocados en la pared. "No dudes a la hora de hacer uso de ninguno de ellos".
Mir? fijamente a su hija m?s joven, cruelmente elevada y le gui?? a su amigo: "Tampoco te preocupes de usarla como creas conveniente".
Dave sali? pitando para llegar a la hora de la partida de bridge cerrando la puerta del s?tano a su salida.
Antes de marcharse le aseguro a Paul que estaba completamente insonorizado.
Una vez que Paul ya estaba seguro de que nadie le molestar?a echo el pesado cerrojo.
Con esto empez? a aprovisionarse. Dentro de un gran armario hab?a todo tipo de l?tigos, paletas, correas, ca?as y bolas imaginables. Otro armario ocultaba un tesoro de consoladores y vibradores, algunos de los cuales imposiblemente grandes para j?venes de la edad de Melissa o Sharon. El tercero estaba lleno de elementos de bondage. En el cuarto se ocultaba lo que parec?a instrumental m?dico, surtido de lubricantes. Paul se frotaba las manos. Manos a la obra.
Lo primero que busc? fue un vibrador apropiado para Sharon. Encontr? uno que med?a m?s de diez pulgadas y tan ancho como la mu?eca de la joven. Ten?a una docena de hileras de peque?as y puntiagudas protuberancias a lo largo del mismo; y a?n mejor, estaba equipado con una unidad vibradora de corriente alterna. Perfecto. Cogi? igualmente un arn?s y un bote de vaselina.
Le cost? cerca de diez minutos de meter, empujar y mover el consolador hasta que entr? hasta la base en el estrecho conducto de Sharon. Para su satisfacci?n la pobre jovencita pataleaba y gritaba todo el rato, especialmente cuando los peque?os pinchos empezaban a hundirse en la piel de tambor de las paredes interiores de su co?o.
Paul de hecho pod?a observar las peque?as protuberancias movi?ndose. No le hac?a ninguna falta el arn?s. No cab?a la posibilidad de que el consolador se fuese a escapar por su propia voluntad. Pero poni?ndoselo y ci??ndolo entre las piernas de la ni?a el se aseguraba que la cabeza del falo quedar?a fuertemente aprisionada en lo m?s profundo de su ?tero, sin importar la violencia de las sacudidas.
Sharon empez? a mover fren?ticamente la cabeza cuando Paul cogi? el enchufe, sus grandes ojos marrones ped?an piedad. En aquellos instantes el consolador parec?a dividirla en dos.
Paul sonri?, se agach? e introdujo la clavija en un enchufe de la pared. Sharon se puso tensa. Sus ojos fuertemente cerrados, mantuvo la respiraci?n pero no ocurri? nada.
Un minuto m?s tarde Paul continuaba rasc?ndose la cabeza. Quit? la clavija y la conect? en otro enchufe. Nada de nada.
Empez? a dar vueltas y mir? la base del consolador con una flecha dibujada.
Sobre ella, marcadas sobre el pl?stico, aparec?an las palabras "OFF, LOW, MED, HI, MAX". Encima de esta ?ltima palabra un mensaje: ?Precauci?n. NO usar la posici?n MAX durante m?s de 30 segundos cada vez. Intenso malestar!
La flecha indicaba la posici?n OFF. Paul gir? la anilla hasta que est? marc? LOW. La unidad vibradora salt? y empez? a zumbar fuertemente, de forma distinta a como suelen hacerlo las usuales unidades de pilas.
Sharon se retorc?a y lloraba mientras una nueva ola de sensaci?n la inundaba desde entre sus piernas. Se esforzaba luchando contra sus ataduras.
Paul tuvo que admitir una vez m?s que las hormonas sexuales eran perversamente efectivas. En menos de un minuto comenz? el primero orgasmo de Sharon. Tan pronto como ella lo alcanz? Paul cambi? a la posici?n MED y los zumbidos duplicaron su volumen, tambi?n Sharon increment? sus sofocadas protestas. Se estremec?a, serpenteaba y tiraba in?tilmente de sus ataduras mientras las cegadoras oleadas de placer/dolor llenaban su joven cuerpo.
Esto continu? hasta que ella se dio cuenta de que iba a perder el conocimiento. Entonces fue cuando Paul seleccion? HI.
El tormentoso zumbido la cortaba como si se tratase de un atizador al rojo vivo. Su sexo ya estaba hinchado y doliente despu?s de su reci?n finalizado orgasmo. El nuevo asalto fue mucho m?s de lo que ella pod?a soportar. Se quejaba indefensa, sus caderas balance?ndose en un salvaje abandono sobre el caballete. Paul la dej? sufrir sus buenos cinco minutos antes de conectar el MAX. El consolador rasgaba fuertemente el indefenso sexo de Sharon al haberse liberado toda su potencia. Si ella no hubiese estado amordazada sus dientes hubiesen repiqueteado. Se sent?a como si le hubiesen metido en el co?o un cable en lugar de un vibrador. Gritaba. Una y otra vez. Paul se limitaba a sonre?r, le daba palmaditas en el culo que se mov?a salvajemente y se march?.
se limitaba a sonreír, le daba palmaditas en el culo que se movía salvajemente y se marchó.