Nuestros encuentros fueron más frecuentes, donde primaba el sexo desenfrenado, que hasta llegamos a hacer un trío con un compañero de trabajo que se nos unió unas tres veces. Era una locura la oleada de orgasmos que tenía Sonia al disfrutar de dos vergas para ella sola. Se la metíamos en todo tipo de poses, ella cabalgando a uno y recibiendo la verga del otro por la boca o viceversa, la cosa era saciar su hambre de sexo y sus deseos de ser cogida en forma salvaje.
Comenzó hace dos años atrás, cuando conocí a Sonia, que entonces tenía 18 años. Era y es una mujercita menuda de muy buen cuerpo, siempre le dije que era dueño de la mujer más hermosa de su pueblo y que los hombres de su edad, me tenían envidia de poseerla.
Durante los dos años, ella me dejó un par de veces por juntarse o volver con su ex marido (actualmente está con él). Pero en el tiempo que estuvimos juntos las cosas funcionaban muy bien entre ambos, a pesar de llevarle con más de 30 años. En la última oportunidad que se separó de su ex, empezó una relación sexual que tuvimos que pararla porque ya empezaba a traer malas consecuencias tanto en su familia, como en la mía.
Nos volvimos muy caseros de los moteles, donde hacíamos el amor de todas las formas posibles. Empezábamos con toqueteos, siempre entrábamos en el jacuzzi, donde primero me daba una mamada espectacular, desde los huevos hasta la punta de mi pene, el cual reaccionaba favorablemente para complacencia suya.
No era muy experta en el sexo oral, pero lamía el glande, pasaba su lengua por todo el largo del falo, chupaba ambos huevos con desesperación y terminaba dándome una mamada que me ponía muy excitado.
Lastimosamente, no era muy afecta a que yo le diera sexo oral, pero en las pocas veces que lo hicimos, sus espasmos, gemidos y gritos, eran que parecía que se moría y terminaba con un orgasmo que le hacía estremecer todo su cuerpo.
La penetración vaginal, inicialmente siempre era en la forma tradicional, que duraba bastantes minutos en los que Sonia emitía gritos de placer y terminaba muy frecuentemente, se la metía y sacaba totalmente lo cual aumentaba su excitación y llegaba a orgasmos muy intensos y ruidosos.
Como yo trataba en lo posible de alargar mi orgasmo, cambiábamos de posiciones a lo perrito o ella encima mío, donde realmente daba rienda suelta a su sed de sexo y era una verdadera fiera cabalgando y metiéndose mi verga hasta lo más profundo de su ser. Ya no teníamos el cuidado de que terminara dentro de ella. Anteriormente, el cuidado era tal que normalmente terminaba en sus pechos, algunas veces en su boca o donde saliera, pero no en su vagina.
Pasó el tiempo, nuestros encuentros fueron más frecuentes, donde primaba el sexo desenfrenado, que hasta llegamos a hacer un trío con un compañero de trabajo que se nos unió unas tres veces. Era una locura la oleada de orgasmos que tenía Sonia al disfrutar de dos vergas para ella sola.
Se la metíamos en todo tipo de poses, ella cabalgando a uno y recibiendo la verga del otro por la boca o viceversa, la cosa era saciar su hambre de sexo y sus deseos de ser cogida en forma salvaje.
Por ser mi puta personal, no usábamos protección alguna y en varias oportunidades estuvimos a punto de engendrar un hijo, lo cual no nos molestaba y, últimamente, hasta estuvimos deseando que ocurriera. Por cuestiones familiares, tanto de parte de ella como mía, tomó la decisión de separarse de mi y contarme que se iba de viaje a Buenos Aires, aspecto que me dolió mucho por la costumbre de tenerla siempre disponible y deseosa.
En los días previos a su partida, tuvimos sexo como si fuera la última vez que estuviéramos juntos (Y así ha sido), al punto que los encuentros eras diarios en diversos moteles, hoteles, alojamientos o en mi vehículo, no importaba donde, la cosa era despedirse de la mejor manera posible.
En uno de los encuentros me comunica que estaba en sus días peligrosos de fertilidad y, de mutuo acuerdo, nos propusimos que se iría embarazada y que si realmente le había pegado la vacuna, regresaría para ver si podíamos encarar esta responsabilidad juntos y tenerlo de la mejor manera posible.
Las promesas de volver, de continuar más adelante nuestro “romance”, se fueron por la borda. Efectivamente, luego de un mes de su partida, volvió embarazada, pero no se los motivos ni entiendo la determinación que ha tomado. Volvió para juntarse nuevamente con su ex y he creído que le ha gambeteado y le metió el cuento que él la embarazó muy recientemente (¿?).
A la fecha, no he tenido ninguna noticia suya, está muy cerca de mí, pero no la veo, no quiero verla, no quiero que me llame, ni quiero que vuelva a cruzarse en mi vida. No es por rencor, es que realmente pensé que era una muchachita que había cambiado de actitud y había madurado con nuestra relación, pero veo que sigue siendo la voluble de carácter, la coqueta de siempre y, lo peor, la fácil para liarse con el que le sonría.
Por esta razón, no me hago ilusiones que su embarazo sea por mi causa, el tiempo lo dirá y si todavía existe algo de la chispa que teníamos, yo sabré esperar. De todas maneras, tengo el sentimiento de extrañarla, tengo el recuerdo de ella todos los días, nuestro trato siempre fue el mejor, es y será siempre la mejor mujer que he tenido en mi vida, en todo sentido no solo en el sexo.
Principalmente, la mejor zorra de mi vida.
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