Gays: SOY LA HEMBRA DE MI CUÑADO
Enviado el Lunes, 30 junio a las 18:54:38 por JuPo
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De un empujon la introdujo en mi ano. En ese momento me senti mujer totalmente. Un macho me follaba y jadeaba sobre mi rostro. Sus huevos topaban con mis nalgas. Su polla llenaba mi cuerpo
Hola, me llamo Mario. Soy un hombre de 32 años, felizmente casado desde hace dos.
Mido 1,78 metros y peso 82 kilogramos. Me considero una persona heterosexual, con cierto atractivo para las mujeres y de aspecto varonil. Nunca he tenido contactos con hombres, ni nada en mi apariencia hace suponer que lo desee. Sin embargo, desde hace algún tiempo frecuento chats de bisexuales, páginas de relatos gays y demás. Un día por curiosidad me hice pasar por mujer y tuve cibersexo con un hombre. Fue una de las experiencias más eróticas que jamás he tenido. Desde entonces lo hago con frecuencia y, debe ser por lo salidos que somos los hombres, jamás nadie lo ha advertido.
La verdad es que me pongo tanto en el rol femenino que cuando me hago pasar por Mónica, casi me siento mujer. Imagino el aliento viril de un hombre sobre mi rostro. Su barbilla sin afeitar raspándome al besarme en la boca. Sus manos acariciando mi cuerpo. Mis manos y mi boca dando placer a su poderoso miembro. Estos sentimientos se hacen tan intensos que pese a que mi vida sexual con mi mujer es muy satisfactoria, me masturbo todos los días imaginando que soy una mujercita en brazos de un vigoroso macho.
Lógicamente las fantasías no serían tales sin ponerle un rostro al objeto de deseo. Busqué entre mis conocidos alguien que encajara en el perfil de mi macho deseado: Alto, moreno, pelo corto, fuerte, pero no muy musculoso, varonil y algo velludo sin llegar al macho ibérico de toda la vida. Casualmente lo tenía cerca de mí: mi cuñado Antonio. El hermano de mi mujer, con sus 1,90 y más de 90 kilos, su barba cerrada de dos días, su pecho fuerte y velludo, se acercaba bastante a mi modelo de macho.
Así pues todas las noches me masturbaba pensando en él. Incluso como pasábamos los veranos en su chalet, forzaba la situación para intentar verle desnudo. Un día lo conseguí, pues él entró a ducharse mientras yo me afeitaba. Su polla era un sueño para mí, en estado de semi reposo, amorcillada era más grande y gorda que la mía, que era de 17 cms. empalmada. Tenía la entrepierna muy velluda y un rabo de gorila lleno de venas. Además no estaba operado de fimosis, con lo que su capullo abultaba bajo una oscura capa de piel llena de pecas. Casi tuve una erección. El caso es que mi cuñado, que tonto del todo no era, acabó dándose cuenta de que algo raro había en mi conducta.
Un día que estábamos solos los dos, porque las mujeres habían ido de compras y a comer juntas, se produjo la situación con la que tanto fantaseaba. Yo estaba sentado en el sofá viendo una película. Mi cuñado entró por la puerta. Venía de una comida de trabajo con unos compañeros, y por lo visto algo bebido. Empezó a contarme que venía muy cachondo porque una de sus compañeras de trabajo que era bastante calienta pollas le había estado provocando y que se había venido a casa para no follársela.
El caso es que me enseñó como abultaba su paquete por debajo de los pantalones:
- Mira como me ha puesto la muy zorra.
Miré de reojo, aunque disimulé mi ansiedad:
- Ya te veo, la tienes como un burro. - Qué te parece mi tranca cuñado. Seguro que nunca has visto una así. - No suelo ir observando las pollas de los demás. - Mentiroso, he visto como me la miras. Seguro que te molaría comérmela. - Estás borracho. - Venga so puta que sé que lo estás deseando. Chupámela.
Dicho esto se acercó a mí y me cogió de la mano.
- Ven conmigo, que te voy a hacer mujer.
Me hice el remolón, protesté, pero me dejé llevar por él a su dormitorio. Esa frase, te voy a hacer mujer, resonaba en mi cerebro mientras me cogía entre sus brazos y me alzaba como un mujercita para llevarme a su cama. En ese momento, Mario se fue y apareció Mónica. Me agarré a su cuello y me dejé llevar por ese pedazo de animal, mientras mis ojos miraban con deseo su boca y mis labios ya se humedecían pensando en su tremenda verga. Cuando llegamos a su dormitorio me arrojó sobre la cama. En esa cama Antonio se follaba a mi cuñada Sandra, que estaba buenísima, y ahora Antonio iba a follarme a mí.
Caí de espaldas en su cama y él empezó a desabrocharse la bragueta. Se desnudó por completo y me miró con deseo mientras se tocaba su enorme polla. Estaba medio empalmada y apenas asomaba el capullo, pero ya debía medir unos 18 cms.
- Me vas a chupar la polla y luego te voy a follar hasta que revientes putita.
A estas alturas yo ya estaba excitado hasta límites insospechados, y mi falsa indignación había desaparecido. Los dientes me castañeaban por una mezcla de miedo, emoción y excitación.
- Te voy a hacer mía, cariño - Me dijo Antonio.
Yo no podía articular palabra, sólo tenía ojos para su polla.
- Toma cariño, aquí tienes lo que tanto deseas me dijo.
Yo estaba de tumbado en la cama y el se puso de rodillas sentado sobre mi pecho, ofreciéndome su polla. Yo la cogí con la mano izquierda. Apenas podía abarcarla de gorda que era. Era de color marrón oscuro, estaba caliente y el capullo comenzaba a asomar. Tenía dos huevos gordos y enormes como pelotas de tenis. Con la mano derecha comencé a estrujarlos y acariciarlos. Él se estremeció. Entonces me incliné sobre su polla y la chupé. Fue algo tímido, con los labios apoyados dulcemente en la puntita.
- Si cariño, come tu golosina, putita.
Entonces empecé a chuparla de verdad. La primera vez que me atrevía a tener un contacto con un hombre, la primera vez que tenía una polla a mi disposición. No me podía creer mi fortuna. Realizando mi fantasía con un pedazo de hombre que me tenía a sus pies. Podía hacer de mí lo que quisiera y el muy cabrón lo sabía. Sabía que era su puta y que lo iba a ser para siempre.
- Cariño, tú y yo vamos a ser muy felices me dijo. - Si Antonio - le dije - quiero ser tu mujercita.
- No dudes que lo vas a ser preciosa - Y me puso la mano detrás de la nuca para besarme. Fue un beso rudo. Su lengua profanó mi boca sin piedad. Me besó con pasión. Su boca sabía a macho. A alcohol y tabaco. Le besé con deseo. Le abracé con mis brazos y piernas, me entregué al que iba a ser desde ese día mi macho, mi amo y señor.
De repente se separó y me dijo:
-Chupámela putita.
Su polla ya estaba empalmada y su enorme capullo rosado y suave estaba fuera del todo. Debía medir unos 22 ó 23 cms. y era casi como mi muñeca de gruesa. Se la mamé con pasión como había visto tantas veces hacer en las películas. La sensación era increíble, sabía salada porque Antonio estaba sudando. Estaba caliente Estuvo un buen rato follando mi boca. Entonces la sacó y dijo:
- Ahora te voy a convertir en mujer putita. - Si cariño, fóllame, párteme en dos, hazme tuya - le rogué.
Él me colocó en la postura que al parecer más le gustaba. Me tumbó boca arriba, se puso de rodillas frente a mí. Apoyó mis piernas en sus hombros y después de untarse la polla con vaselina me metió uno y luego dos dedos en el culo untados en vaselina. Sus gruesos y duros dedos provocaron una oleada de placer y humillación en mi culo.
Entonces apoyó su verga en la entrada de mi culo. Y de un empujón la introdujo casi de golpe en mi ano. Dolió un poco, pero el trabajo previo de sus dedos (y de algún juguete improvisado en alguna de mis pajas) facilitó el trabajo. En ese momento me sentí mujer totalmente. Un macho me follaba y jadeaba sobre mi rostro besándome de vez en cuando. Sus huevos topaban con mis nalgas. Su tremenda polla llenaba mi cuerpo.
Nuestras imágenes se reflejaban en el espejo de su dormitorio. Antonio me estaba follando. Yo era una mujercita en sus brazos. Mi excitación era tremenda. Primero me corrí yo y mi semen se restregó entre los dos cuerpos. Entonces se corrió él. Un chorro de semen caliente inundó mis entrañas. Fue una sensación increíble. Sacó la polla de mi culo, dejando un vacío y un chorro de semen goteando por mis muslos. Recordé como cuando era un hombre esa sensación de suciedad excitante la comentaba mi mujer. Ahora yo era la mujer que chorreaba semen. Pero mi cuñado aún tenía semen que regalarme. Me puso la polla en la boca y me dijo:
- Toma puta, tu ración de leche.
Me lancé como un poseso sobre su polla y comencé a mamarla. Un par de chorros de semen más inundaron mi boca. Su semen agridulce y sabroso era un manjar para mí. Continué mamándola hasta dejársela limpia. Finalmente cayó sobre mí exhausto.
Permanecimos abrazados como dos amantes durante veinte minutos. Nos besábamos tiernamente y nos acariciábamos, me susurraba. Me besó los labios y me dijo:
- Que bien follas cuñadita, eres toda una putita. Desde ahora tengo dos mujeres. Pero esto debe quedar entre tú y yo. Si lo cuentas te mataré.
Yo la verdad, como comprenderán no tengo intención de contársela a nadie salvo a Uds. Así que desde entonces soy el marido de mi mujer y la mujer de mi cuñado. Cuando estamos a solas me convierto en su hembra, incluso me llama Mónica y me hace ponerme ropa de su mujer, lo que me excita un montón porque mi cuñada también me pone cachondo.
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