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Intercambios: SEXO COMPARTIDO
Enviado el Miércoles, 21 mayo a las 15:12:32 por JuPo
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Estabamos tres personas acariciandola y ella cada vez mas gozosa, el tio le tocaba una teta, la tia otra y yo le acariciaba el chocho. De vez en cuando, yo intentaba llegar a mas con la otra chica
Anoche fui con Silvia a un pub liberal. Hacía tiempo que no íbamos e, inicialmente, pensé que no sería así, sino que nos quedaríamos en su casa cenando algo en la intimidad y follando luego tiernamente como dos jóvenes enamorados. Sin embargo, cuando llegué, me sorprendió su propuesta de que saliéramos a cenar algo por ahí y sus preguntas acerca del atuendo más adecuado si finalmente decidíamos irnos a tomar algo.
Lo cierto es que no salía de mi asombro pues las conversaciones anteriores acerca de nuestra cita de esa noche no dejaban entrever que le apeteciera ir a descocarse, más bien al contrario. Esto es porque la última vez que habíamos estado, lo pasó bien, pues se corrió mientras varios tipos le tocábamos las tetas y el chocho; la muy zorra disfrutó dejándose llevar por los instintos más animalunos, pero, tras ello, estuvo un tiempo con un cierto sentimiento de culpabilidad... ¡mierda! ¡Qué cosas nos pasan como consecuencia de esta educación cristianoide de moral barata en la que hemos crecido la mayoría de nosotros! Nos sentimos culpables de disfrutar de nuestro cuerpo, una actividad que no causa perjuicio a nadie y produce un gran gozo. En fin...
El hecho es que entre unas cosas y otras salimos tarde, nos costó encontrar sitio para cenar, pero tras superar esos inconvenientes, nos dejamos caer por un pub muy cercano a la calle Sáinz de Baranda, que es enorme... Serían casi las doce de la noche y ya había bastante gente, pero después pudimos comprobar que cabían en el lugar al menos otros tantos como los que ya estaban a aquella hora.
Durante el primer rato estuvimos estudiando el local, porque, bien había dependencias nuevas bien no las habíamos conocido en la ocasión anterior. No éramos los únicos que curioseábamos. Mientras hacíamos eso, una tía que deambulaba sola (supongo que su pareja no estaría demasiado lejos) trató de entablar conversación conmigo y mi chica rápidamente reaccionó y se marchó corriendo hacia otro lugar. La verdad es que la tía no estaba mal, pero no era nuestro rollo hacer un intercambio o algo así, buscábamos más el juego, el morbo, que cambiar de pareja.
Tras la inspección general, empezamos a besarnos y a tocarnos sentados en la zona tipo pub. La muy guarra parecía que quería absorberme entero a través de la boca. El hecho es que me puso muy calentorro y no podía resistir acariciarle los pezones por encima del fino jersey. La muy puta no llevaba sujetador. Finalmente se calentó y se animó a entrar en la pista de baile. Es un lugar pequeño en el que apenas había 4 parejas, pero fue llegar nosotros y debieron entrar otras cinco o seis más.
Estuvimos besándonos y tocándonos. A mí me encanta jugar con el agujero de su culo mientras la beso, y eso hice. No llevábamos cinco minutos cuando un tipo le empezó a acariciar el culo; yo seguí jugando con sus tetas, mientras el tío, que estaba de buen ver, le pasaba la mano repetidamente por las nalgas. Finalmente me atreví a hacer lo propio con la chica de la otra pareja y, inicialmente, se mostró receptiva. Le acariciaba las nalgas. Cuando el tipo se atrevió a más y empezó a jugar con las tetas de Silvia, yo quise hacer lo mismo con su pareja, pero ella me apartó las manos y, cosa curiosa dirigió las suyas hacia mi muchachita...
De pronto estábamos tres personas acariciándola y ella cada vez más gozosa, el tío le tocaba una teta, la tía otra y yo le acariciaba el chocho metiendo mi mano bajo sus panties. De vez en cuando, yo intentaba llegar a más con la otra chica, pero esta se resistía; estaba claro que lo que buscaba era el bollo... y la verdad es que, al sentirme desplazado de ese modo, se me bajó un poco la excitación y le pedía a mi chica que nos marcháramos de la sala. Después me dio un poco de pena, porque la muy puta estaba realmente caliente. Según me dijo no era muy consciente de que era la tía quien le estaba tocando una teta, pero yo creo que sí se estaba dando cuenta y que no ponía reparo alguno.
Dimos una vuelta por otras zonas del local y, finalmente nos animamos a volver a la sala de baile. Estaba realmente atiborrada de gente, era imposible moverse. Todo consistía en buscar un hueco, quedarse en el lugar jugando con tu pareja y esperar a que la pareja de al lado se atreviera a tocarte o iniciar tú la jugada... El tío de una de las parejas que teníamos más cercanas comenzó, del modo habitual, su aproximación. Puso su mano sobre las nalgas de Silvia; ella, al punto, me lo dijo: Amor, me están tocando el culo. Le pregunté: ¿Y te gusta? Respondió con una voz que no dejaba lugar a dudas: SIII. Entonces me lancé y empecé yo también a tocar a la tipa de al lado.
La muy puta no llevaba bragas, para facilitar la tarea... En vista de las facilidades, llevé mi mano entre sus nalgas, acariciando su ano, entreteniéndome en él y finalmente dejé mi dedo índice bajo su húmedo coño, moviéndolo hacia delante y hacia detrás, haciéndolo pasar desde el clítoris hasta el agujero del culo. Mientras tanto con la mano izquierda tocaba el clítoris de mi chica, haciendo movimientos circulares. Tenía un coño en cada mano, era el éxtasis. Mientras tanto, mi amorcito tampoco lo pasaba mal, el cabrón del tío me la estaba poniendo calentorra pegándole un sobe de tetas que la estaba derritiendo. Mientras tanto, saqué mi mano derecho del coño de nuestra nueva amiga y la llevé hasta sus tetas.
Entonces ella me apartó la mano y pensé ¡otra igual no, por favor! Pero no... me apartó la mano para poder sacar su voluminosa teta del vestido y permitirme acariciarla sin los impedimentos de la ropa. Yo sabía, porque ella me lo había contado en repetidas ocasiones, que Silvia fantaseaba periódicamente con tocar unas tetas grandes. Entonces, le dije Amor mío, mira que tetas tiene la tía esta, tócaselas. Y empezó a tocárselas con fruición y a repetir obsesivamente ¡Qué tetas más gordas!, ¡Qué tetas! En vista del gusto que le daba le propuse que le comiéramos juntos el pezón. Y así lo hicimos durante unos minutos, mi chica y yo compartiendo el pezón de una nueva amiga.
Nuestras lenguas se entrechocaban tratando de tocar el pezón. Silvia estaba que veía el cielo: el amigo que acabábamos de conocer jugando sus pezones y amasando sus tetas, yo enredando en su coño y su boca ocupada ora con mi lengua ora con el pezón de la gordita. La postura era incómoda, así que abandoné la enorme teta izquierda de la gordita, dejándosela en exclusiva a la boca y a la lengua de mi chica y me concentré en comerle la teta derecha, mientras que mis manos se repartían entre los dos coños y culos.
Era un gusto recorrer al mismo tiempo los dos anos, uno con cada dedo medio, las dos rajitas, los dos clítoris... Pero la gordita empezó a ponerse al borde del orgasmo y empezaba a mover frenéticamente su cuerpo hacia delante y hacia atrás buscando ser penetrada por mis dedos. Entonces, buscó mi boca con la suya mientras su mano iba hacia mi bragueta. Fue suficiente la intención para que yo mismo sacara mi polla y la pusiera en sus manos. La muy zorra empezó a pajearme al mismo ritmo que se movía ella.
Mientras tanto, su pareja se había abierto paso desde atrás hacia el coño de mi chica. Y cuatro dedos, dos de la mano del tipo y dos míos se movían a distintos ritmos en su coño empapado. Silvia, sin reparo alguno, le había buscado también el rabo al tío y se lo sobaba con pasión. Estábamos los cuatro entrelazados. Mi chica tocando la polla del otro tío, me quedé con las ganas, pero lo había pasado de puta madre. Había sido la experiencia sexual más delirante que había tenido en mi vida. Nos marchamos del lugar, porque mi amorcito estaba cansada y le estaba empezando a surgir pensamientos raros de culpabilidad.
Así que buscamos dentro del local un lugar poco concurrido y descansamos un poquito. Yo estaba salido como el rabo de un cazo y con ganas de volver cuanto antes al lugar donde habíamos estado; quería volver a una situación parecida y correrme mientras tocaba, me tocaban y veía a Silvia Silvianhibida, salida como una perra, sin límites a su deseo... Pero la cosa no se presentaba fácil, pues ella ya se había corrido y andaba no solo desganada sino comiéndose el tarro.
Así que anduvimos un rato vagando de un lugar a otro del local, generalmente en sitios poco concurridos, donde nos tocábamos, le comí un ratito el chocho que, por cierto, lo tenía un poquito irritado de tanto dedo dentro y, sobre, todo me comió ella durante varias ocasiones la polla. Estuvimos mirando y dejándonos mirar, pero sin mantener ninguna clase de contacto físico con otras personas. Pues, aunque ella andaba de nuevo caliente, estaba por la labor de un rato de sexo más íntimo.
Finalmente, se animó y volvimos a la pista de baile. No cabía un alfiler allá. Buscamos con la mirada para alejarnos de aquellas parejas que por la razón que fuera no eran de nuestro agrado. Una vez que nos ubicamos, un tipo buscó mi mano y la acercó a la teta de su mujer... la toqué un rato. Era una teta gorda, turgente, con un pezón grande. Era un placer tocarla. En ese momento, mi chica me dijo, Me están ya tocando el culo. Observé entonces que se trataba de un chico que estaba al otro lado. Cómo quiera que la experiencia de antes con otra pareja había resultado muy placentera, traté de repetirla y abandoné la teta que tan gentilmente me habían ofrecido y llevé mi mano hacia la chavala del hombre que estaba manoseando las nalgas de mi chica. Eran unas tetas pequeñitas, casi infantiles.
Se trataba de una chica delgada y alta. Seguir con sus tetas era toda una aventura pues llevaba un sujetador muy prieto y no mostraba el más mínimo interés por dejar sus pezones al aire... Mientras me hacía estas reflexiones, ella se colocó detrás de mi chica y empezó a tocarle las tetas. Mientras tanto mi mano izquierda se deslizaba entre las piernas de mi chica que inmediatamente empezó a suspirar. Quedamente le dije: Es una tía la que te está tocando las tetas. Y me contestó: Me gusta. Yo dirigí mi mano libre hacia el culo de la chavala delgadita y alta. Era un culo delgadito, terso. Tenía el coño depilado y empapado.
Era un placer meter la mano por ahí. La hija de puta estaba cachonda. Muy salida. Mientras le tocaba el coño, ella bajó una de sus manos hacia el culo mi chica y empezó a tocárselo desde atrás. Mi mano izquierda se cruzó con la mano de la chavalita delgada. Los dos intentábamos penetrar con nuestros dedos el coño de mi chica, que no paraba de suspirar.
De pronto estábamos los tres besándonos... la saliva de los tres se mezclaba. La boca de la chavalita alta sabía a fresa. En eso estábamos cuando noté otra mano explorando el coño de nuestra amiguita. Era mi chica, que estaba pajeándola. Mis dedos se encontraban con los de mi chica en el coño de la desconocida y nuestras lenguas en su boca. Mi chica estaba totalmente desconocida. Había pasado en menos de una hora de tener su primera experiencia con otra mujer (¡al menos eso es lo que me había contado!) a estar morreando con una desconocida mientras la masturbaba con una calentura de campeonato; eso sí, la desconocida estaba pero que muy rica.
A todo esto el chico estaba como desaparecido... tocaba tímidamente las tetas de mi chica que estaba aprisionada entre la chavala alta y yo. Saqué mi mano del coño de Silvia y, tímidamente, la dirigí hacia la bragueta de nuestro amigo. Le bajé la cremallera y saqué su polla. La tenía rocosa el muy cabrón. No era una polla grande, pero estaba dura como el hormigón. Al poco de estar tocándole decidió cambiar de sitio y acercarse a mi chica desde el otro lado. No sé si es que le disgustó que le tocara la polla o que simplemente trataba de buscar mejor ubicación en la fiesta que estábamos celebrado. Lo cierto es que no me atreví a intentarlo de nuevo.
Desde su nueva ubicación le empezó a meter mano a Silvia, la cual estaba ya al borde del orgasmo. Yo me agarré la polla y empecé a meneármela despacito. Silvia me tocaba también el rabo que estaba también a punto de vomitar leche. Mientras tanto yo seguía masturbando a la chavala. Hice un intento en su ano y la muy putita se abrió para permitirme acceder a él. No me atreví más que con la yema de un dedo mientras yo sólo me había corrido una vez y si me hubiera quedado más rato quizá habría recuperado fuerzas para un nuevo lance, pero Silvia estaba ya agotada, así que decidimos marcharnos.
En casa de Silvia no pude aguantar y me masturbé salvajemente mientras ella me ponía el coño en la boca primero y, luego, me comía el culo. A ratos me contaba lo que había sentido rato antes en el pub. Nos confesamos mutuamente que nos habría gustado comerle el coño a la chavalita delgada, pero que no nos atrevimos a hacerlo. No me atreví a pedírselo, me dio vergüenza, pero me hubiera gustado correrme mientras Silvia se meaba sobre mí. ¿Lluvia dorada lo llaman a eso, verdad? Bueno, ocasiones habrá para ello. Con todo, me corrí salvajemente mientras penetraba mi culo alternativamente con su lengua y su dedo. Ella ya no tenía fuerzas para más y yo acababa de correrme, así que dimos por finalizada la diversión.
Acabamos la noche tomando un colacao y hablando de otras cosas que nos unen. Creo que después de todo esto aún nos queremos más.
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