Comence a sentir su verga penetrando mi culo, me gustaba hacer eso que estaba haciendo, vestido y actuando como si fuera una mujer. Su miembro lo sentia plenamente entrar por todo mi agujero..
Mi nombre era Ángel Manuel y no hace mucho, cuando aún estaba en la universidad, y pertenecía al club de teatro, pasé por una experiencia, que me dejó marcado para todo el resto de mi vida. Ya para finalizar el semestre, el club había ofrecido una función, de la obra la Casa de Bernarda Alba, en versión libre, en un retirado poblado. Por lo que a mí me tocó hacer el papel de la más joven de las hijas, pero tanto el director como el resto de mis compañeros, hicieron unos cambios sustanciales en el guión, mi personaje más que una hija rebelde, parecía una puta, no tanto por los diálogos, sino por la manera en que me tuve que vestir.
Un corto y ajustado vestido de licra rojo, que a medida que caminaba se me comenzaba a subir, por lo que apenas daba dos o tres pasos y tenía que jalarlo para abajo, porque sino, simplemente todo el auditorio vería como las pantis que debía usar se me enterraban entre mis nalgas, sin esfuerzo alguno. Bueno claro que aparte del corto vestido rojo, debí usar unos zapatos de tacón alto, del mismo color del vestido, zarcillos pulsera y hasta un llamativo collar, lo peor de todo fue el tener que depilar todo mi cuerpo. Como parte de mi caracterización, para completar la ilusión, usaba una peluca de color castaño claro casi rojiza, aparte del maquillaje de teatro, que es un poco más exagerado que el que en condiciones normales, se pondría una chica. En fin mi personaje, además de lo que se veía por fuera, por dentro era toda una mujer, es decir, no es por nada pero me considero un buen actor, por lo que no hice una caricatura de una mujer, sino que representé a una joven rebelde y atrevida.
Bueno al terminar la obra, como tenía algo de prisa, por regresar a la ciudad, ni tan siquiera me cambié la ropa, tomé mi auto y arranqué, sin darme cuenta había cometido un par de tremendos errores, el primero fue que no me detuve a cargar gasolina, y el segundo es que agarré por una vía, por la que no debía agarrar. Después de casi una hora de circular por una torcida carretera rural, decidí regresar al darme cuenta, de que hacía buen rato que me encontraba perdido y sin la menor idea de donde me encontraba. Como a los veinte minutos de estar de regreso, para colmo de mis males, el auto se me apagó, simplemente se quedó sin una sola gota de gasolina.
Ya eran cerca de las diez de la noche, cuando el auto se detuvo. Por un rato traté infructuosamente de llamar por mi celular, pero aparte de que estaba sin señal, a esa hora quienes me podían ayudar se encontraban de seguro llegando a la ciudad. Por lo que maldiciendo mi mala suerte, decidí irme caminando a la carretera principal, después de dejar mi auto a un lado de la carretera, con la idea de hacer lo necesario para llegar a la estación de gasolina más próxima, que de seguro tendría que esperar al día siguiente a que la abriesen, pero eso no lo pensé en ese momento. Ya llevaba un buen rato caminando, cuando algo retirado del camino vi una luz y pensé que quizás tendrían un teléfono o un auto que me llevase a la estación de gasolina.
Pero apenas me encaminé en dirección a esa casa, comenzó a llover torrencialmente, después de tomar un pequeño camino de tierra finalmente llegué todo empapado a esa casa, y al tocar la puerta salió un hombre con cara de pocos amigos, alto, grueso, bien fornido. Al verlo realmente me asusté, y cuando me preguntó con su gruesa voz que deseaba, lo único que se me ocurrió fue responderle en un tono bien femenino. Ya que como les dije, nada más de verlo me asusté, le dije que me había perdido y que mi auto se me había quedado sin gasolina. Él se me quedó viendo de pies a cabeza, y terminando de abrir su puerta me dijo bruscamente que pasara, que adentro estaba mejor que afuera.
Yo apenas entré le pregunté si tenía teléfono, y su respuesta de inmediato fue un seco no, y al preguntarle si tenía auto me dijo que no, pero de inmediato corrigió diciendo auto no pero si un camión. Pero antes de que yo se le fuera a pedir que me hiciera el favor de llevarme a la estación de gasolina, continuó diciendo. Pero con esta torrencial lluvia, no manejo. Además la estación a esta hora está cerrada y hay que esperar a mañana a que la abran. Pero si gusta se puede quedar aquí a pasar la noche, yo le dejo mi cama y me acuesto en el sofá. Mejor se quita toda esa ropa mojada, porque si no lo hace, se va a resfriar. A todas estas la manera en que me veía, me tenía bastante asustado.
En todo momento procuré no llevarle la contraria, no fuera a ser que se molestase conmigo, y perdiera la oportunidad de que me ayudase. Él me entregó una toalla, y me indicó donde era su cuarto. Ya dentro me quité el pequeño vestido, me sequé y quizás porque como no estaban mojados, me quedé con las pantis y el sostén. Sequé la peluca, y me la volví a poner, parte del maquillaje se me había corrido por lo que lo volví a retocar, no fuera que se diera cuenta, de que yo no era lo que él creía que yo era. Bueno me envolví en la toalla, y salí de la habitación a darle las gracias, por aquello de no ser una persona mal agradecida.
El tipo se encontraba afuera, pensaba yo que viendo la lluvia caer, pero cuando lo observé de cerca, se encontraba orinando, la sola visión de su miembro me sorprendió, pero como hasta esos momentos yo nunca me había fijado de esa manera en un hombre, regresé sobre mis pasos, algo nervioso. Y a los pocos segundos entró él cerrándose la cremallera del pantalón y con una gran botella de ron dándose un trago, y aunque me invitó de manera cortes, lo rechacé y después de darle las gracias, me retiré inmediatamente a la habitación, la cual de haber tenido puerta, de seguro yo la hubiera cerrado con llave por dentro, pero en su lugar había una percudida cortina de tela.
Al acostarme en la cama, lo primero que sentí fue el fuerte olor a él, traté de dormirme, pero me fue imposible, nada más pensaba en lo que había visto, y comencé a meterme miedo yo mismo, pensando que podía hacer, si a ese energúmeno se le ocurría acostarse conmigo. Por lo menos pesaba el doble que yo, además un brazo de él era mucho más grueso que las piernas mías. Para completar comencé a sentir un frío tremendo, por lo que para entrar en calor me volví a levantar, me puse mi vestido rojo que ya se encontraba casi seco, me arme de valor y regresé a la sala donde él se encontraba, procurando no hacer ruido alguno, pensando que sí quizás si ya se había dormido, podría darme un pequeño trago, y regresar a la cama.
Pero no fue así él estaba bien despierto, sentado en el sofá y mientras, mantenía una revista en una de sus manos, con la otra se masturbaba lentamente. Nuevamente me impresioné al ver su herramienta, no es que fuera algo descomunal, pero en esos momentos no sabía por qué me llamaba tanto la atención. En ese instante hice algo bien tonto, en lugar de regresar a la cama, con toda la intención hice ruido al caminar, y él de manera torpe y nerviosa, ocultó su miembro bajo la revista.
Al verme me di cuenta de que estaba algo sorprendido, pero de la manera más sutil le pedí que me diera el trago que me había ofrecido, pero uno solo para entrar en calor, ya que si bebo mucho después hago cosas de las que no me acuerdo, eso último se lo dije por decir algo, ya que no cierto, y no es que yo sea un alcohólico, pero unos cuantos tragos de ron, nunca me han hecho el menor daño. Él nerviosamente me entregó la botella y de inmediato se disculpó diciéndome que no tenía vasos para beber, por lo que yo me la llevé a la boca y me di un largo y abundante trago, después del cual, me senté justo en frente de él, sin soltar la botella, me puse a sacarle conversación. Fue así que me enteré que era soltero, que siempre ha vivido y trabajado en ese lugar, y de otras cosas que no vienen al caso nombrar.
Y mientras conversaba, noté que sus ojos se clavaban en mis piernas, por lo que a manera de juego, comencé a cruzarlas, y a colocarlas ligeramente abiertas, bien consciente de que por más que él quisiera ver algo realmente no podía, ya que yo lo impedía. Y mientras le decía que no podía conciliar el sueño, me di otro abundante trago de ron, mientras que él me observaba sin decir palabra, pero mirándome como quien dice que bueno que no tomas, que sería si tomases. En cierto momento me quedé en silencio, viendo la revista, desde donde yo estaba se notaba que era de mujeres desnudas, y de manera atrevida, no sé cómo se me ocurrió, prácticamente arrancársela de las manos.
Él rápidamente ocultó su miembro, bajo sus manos, mientras que yo haciéndome el que no había visto nada, fijé mi atención en la revista. En ese instante me di cuenta de que yo estaba buscando algo que no se me había perdido, y por unos segundos me regañé mentalmente a mí mismo, preguntándome qué carajo era lo que me sucedía. Fue como dicen, una especie de revelación, no sé si sería la ropa que tenía puesta en esos momentos, o el papel que había desempeñado en la obra, o la profunda impresión que me causó ver su miembro. Pero en ese instante me di cuenta de que deseaba acostarme con ese tipo, ya en una que otra ocasión, más por experimentar algo nuevo, que por otra cosa, me había dejado penetrar por otros hombres, pero ya había pasado tiempo de eso, pero lo que sentía en ese instante, definitivamente era algo bien diferente, a una simple curiosidad.
Así que haciendo que miraba la revista, comencé a comentarla. Fíjate, ya tuteándolo, ves estos senos, señalando los de una chica en la revista, de seguro son implantes o sea falsos, ya que de seguro esa chica debió tenerlos tan pequeños como los míos y al decir eso me los saqué ligeramente y mientras me los agarraba, de inmediato le pregunté, ¿piensas que los míos son pequeños?, a lo que él con sus ojos bien abiertos me respondió, que no que estaban y se veían muy bien. Casi de inmediato, de manera seductora me acerqué a él y dándole la espalda le dije, siento un ligero dolor de espalda quizás haya sido por la lluvia ¿me darías un masaje a la altura de las caderas? Él se levantó del sillón y colocándose tras de mi llevó sus manos hasta mis caderas, y de manera torpe pero fuerte, comenzó agarrarme, en ese justo momento me levanté ligeramente el vestido, hasta que mis nalgas quedaron ante su vista, al tiempo que le continué diciendo.
Creo que si lo haces directamente sobre mi piel va ser mucho más efectivo. Sus calientes manos, prácticamente se quedaron paralizadas, sobre mi desnuda piel, mientras que yo moviendo mis nalgas sugestivamente, las comencé a restregar contra su cuerpo y en cosa de segundos sentí lo duro y caliente de su verga contra mi culo, lo único que me separaba de su buen pedazo de carne era la fina tela de mis pantaletas.
Pero antes de darme ese gusto, se me ocurrió lubricar un poco su instrumento, por lo que lentamente me fui agachando hasta que su miembro quedó frente a frente a mi boca. Sin escrúpulos algunos, la tomé entre mis dedos, y sin pérdida de tiempo lo siguiente que hice fue el poner a lamer su inflamado glande. El olor a sudor de su cuerpo, me tenía como en las nubes, hasta que sin perder más tiempo me la tragué completamente con mi boca y por unos instantes la pude sentir esplendorosamente.
Hasta que un gemido de él me hizo entender que de seguir seguramente explotaría dentro de mi boca, por lo que dejándole su verga bien ensalivada, volví a colocarme de espaldas a él, y ligeramente bajándome las pantis le dejé libre el camino para que su verga me penetrase. En medio de todo, yo estaba bien asombrado de todo mi atrevimiento. Como era posible que estuviera haciendo eso, pero apenas comencé a sentir sus manos apretándome contra su cuerpo y su verga penetrando mi culo, la respuesta fue obvia, simplemente me gustaba hacer eso que estaba haciendo, vestido y actuando como si fuera una mujer.
Su miembro lo sentía plenamente entrar por todo mi agujero, hasta que sus testículos chocaron contra mis paradas y depiladas nalgas. Entonces fue como el batir de una fuerte tormenta, una y otra vez entrando y saliendo de mi culo, mientras sus fuertes brazos me apretaban más y más contra su sudoroso cuerpo, y su boca y lengua llenaban de saliva mis orejas y cuello. Era una sensación única casi indescriptible, que sentía por todo mi cuerpo, deseando con toda la fuerza de mi corazón el ser de verdad toda una mujer.
Yo moviendo mis caderas de un lado a otro, no dejaba de decirle cosas como papito que rico estas, a lo que él me respondía que quien sabe que cosas con respecto a mi cuerpo. Así estuvimos un tiempo interminable, hasta que lo sentí apretarme con mayor fuerza contra él y poco a poco ir deteniendo sus impetuosas y continuas penetraciones.
Los dos quedamos bien agotados, pero creo que más él que yo, ya que en mi papel de mujer satisfecha, me dirigí al baño y después de que expulse el regalo que había dejado dentro de mí, me aseé con una lata de agua bien fría y algo de jabón. Me arreglé la ropa, y me acosté en su cama mientras que él se durmió en el sofá.
A la mañana, me levanté bien contento, recordando el buen rato que había pasado, él me esperaba afuera en su camión, en el que me condujo a buscar gasolina y luego a mi auto. Al despedirnos, se me ocurrió darle un ardiente beso en la boca, en medio de esa solitaria carretera, en muestra de agradecimiento, me agaché entre su camión y mi auto para darle una profunda y buena mamada, que no detuve hasta que sentí, como su semen llenaba toda mi boca.
Después de eso, lo dejé de pie recostado contra su camión. Mientras me dirigía a mi casa, tras el volante de mi auto, me fui replanteando lo que sería desde ese día en adelante mi vida.
|
| |
|
Votos del relato |
Puntuación Promedio: 4.16 votos: 6

|
|
|