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Dominación: Cuando dominar es un placer
Enviado el Sábado, 16 septiembre a las 17:28:26 por full

 Dominaci?n. Una atractiva secretaria intenta zafarse de las proposiciones sexuales de uno de los jefes de la empresa

Muchas veces he pensado qu? habr?a sido de mi vida si no hubiera vivido aquella experiencia tan incre?ble. Creo que a la gente le cuesta mucho reconocer cu?les son sus verdaderos gustos y diversiones, aquello que realmente les har?a feliz y que, por miedo a la represi?n por parte de la otra gente, no lo comparten. Todos tenemos nuestros peque?os secretos, algo que esconder; lo que no sabemos es lo felices que ser?amos si comparti?ramos esos h?bitos con los dem?s, hasta encontrar a aquellas personas que tambi?n piensan como uno mismo.

Desde aquel incidente -del todo desagradable por aquel entonces- mi concepci?n del sexo cambi? por completo; descubr? cu?les eran mis verdaderos gustos, aquello que me excitaba de verdad y que convert?a todo lo dem?s en meros complementos de la vida cotidiana. Evidentemente, Susana fue pieza clave para mi "reconversi?n", por decirlo de alguna manera, ya que sin ella no habr?a sido capaz de hacerlo.

Conozco a Susana desde hace 5 a?os. Tiene 27 a?os. Es monitora del gimnasio al cual voy tres veces por semana, donde da clases de aer?bic, gimnasia de mantenimiento y pesas. Es una chica atractiva, alta, morena con el pelo largo y ligeramente rizado, ojos verdes, piel morena; evidentemente, su punto fuerte est? en el f?sico: tiene un cuerpo simplemente exquisito: piernas fuertes y bien formadas -son dignas de ver sus pantorrillas cuando las fuerza haciendo gimnasia-. Con su trasero resping?n provoca que la mayor?a de los chicos pierdan la cuenta cuando est?n haciendo flexiones o levantado pesas. Ni un gramo de grasa en su barriga muestra el alto nivel de culto al cuerpo que sigue. No tiene unos pechos muy grandes, pero al haber practicado la nataci?n de jovencita, tiene una caja tor?cica que lanza sus senos hacia adelante en signo de provocaci?n. Muy pocos hombres pueden mirarla fijamente a los ojos, tiene una mirada fulminante. Despu?s de esta descripci?n cualquiera puede pensar que no puede sacarse a los t?os de encima; pues la verdad es que no tiene este problema, ya que sus tendencias sexuales no encajan exactamente con las convencionales; siente un odio bastante profundo por los hombres, hasta el punto de que dej? de mantener relaciones sexuales con el otro sexo hace 8 a?os. Despu?s de una experiencia traum?tica -que ahora no viene al caso-, empez? a ver en las otras mujeres una atracci?n que un solo hombre le hab?a robado. Somos muy buenas amigas, s?lo buenas amigas, no estamos enrolladas ni nada. Yo sigo pensando que los hombres pueden proporcionar a la mujer un gran placer, aunque desde el suceso que voy a contar, la forma de hacerlo cambi? dr?sticamente para m?.

Todo empez? un lunes normal, de una semana normal, como podr?a haber sido cualquier otro d?a. Era alrededor de media ma?ana, estaba pasando unas cartas en limpio cuando Enrique, uno de los chicos que trabaja en el complejo de oficinas, sali? de la suya con una gran excitaci?n:

-?Corre, Sandra, ven a ver esto, es una maravilla de la t?cnica!

En un principio no le hice mucho caso, pero debido a su insistencia, no me qued? m?s remedio que acudir. Enrique era un chico alto, fuerte, bien formado, pero que no ofrec?a nada de confianza; desnudaba a las mujeres con la mirada, de car?cter claramente machista, pod?a resultar incluso desagradable. Entr? en su despacho y vi una c?mara de video conectada a un televisor. ?l era un t?cnico de alto nivel, experto en telecomunicaciones, y ofrec?a soluciones de seguridad a empresas a trav?s de la grabaci?n de im?genes.

-F?jate- Me dijo, -Con est? c?mara puedes sobreponer im?genes grabadas a las que est?s registrando en este momento sin que se note la diferencia, ?No te parece fant?stico? -La verdad es que est? bien, pero a m? esto...

Cuando de pronto entr? N?stor; todas las chicas de la oficina est?bamos enamoradas de ?l, especialmente yo; era argentino, sab?a c?mo tratar a las mujeres. Siempre ten?a una sonrisa para m? y yo, sinceramente, ?Le ten?a muy presente en mis sue?os er?ticos! Era el socio de Enrique; quiz? por eso no me acababa de lanzar, pensaba que si me acercaba a N?stor, deber?a

tener mejor trato con Enrique, y la verdad es que no me apetec?a nada.

En cuanto le vi empec? a hacer la tonta, a interesarme exageradamente por tal maravilloso engendro, pensaba que as? despertar?a su inter?s: -Enrique me estaba ense?ando la c?mara. ?Realmente es incre?ble! Yo en el fondo siempre dese? ser artista, me encanta actuar delante de la c?mara. -?De veras? Siempre he pensado que vos ten?is un f?sico envidiable para ser famosa- Esto me lleg? al alma, y empec? a improvisar una presentaci?n delante de la c?mara. -Hola, qu? tal, me llamo Sandra y les voy a ofrecer una actuaci?n que nunca olvidar?n, espero que les encante y que disfruten mucho conmigo porque, ya saben, esto de ser actor se lleva en la sangre y... ?No se puede evitar!

Empec? a hacer unos pasos de baile, ciertamente rid?culos, todo para llamar su atenci?n. ?l pr?cticamente ni me mir?, sencillamente sonri? y le pregunt? a Enrique si ten?a los informes que le hab?a pedido. No s? qu? estaba haciendo con la c?mara cuando le contest?:

-S?, por supuesto, enseguida te los doy.

Pas? el resto del d?a pensando que hab?a hecho demasiado el rid?culo, pero ?l pensaba que era atractiva, ?y eso era fabuloso!

La sorpresa vino a media tarde, cuando N?stor me coment? que ten?a dos entradas para el cine y me pidi? que le acompa?ara. El coraz?n me dio un vuelco, no me lo pod?a creer. Primero le dije que no estaba segura de poder ir, pero al momento le dije que s?, que anular?a alguna que otra cita y que le acompa?ar?a. Al cabo de un rato pas? Enrique, sonriente. Me escam? un poco, no s? a qu? ven?a. La verdad es que parec?a que se tra?a algo entre manos con N?stor, pero en aquel momento no me di cuenta.

Debo reconocer que el juicio que emiti? N?stor sobre m? no iba del todo descaminado; no me considero una rubia despampanante, pero resulto muy atractiva a los ojos de los hombres. Mido un metro setenta y cuatro, tengo el cabello rubio y liso, me llega a la altura de los hombros. Mis ojos azules tienen poco que envidar a los de Susana, aunque no son tan mortales como los de ella. Por otro lado, mi 110 de pecho da mucho de que hablar. Siempre procuro disimularlo para evitar miradas obscenas de los hombres, pero no siempre lo consigo, ya que me gustan los escotes. La verdad es que no me desagrada ver sufrir a un tipo intentando mirarme los pechos sin que yo le descubra, y luego comprobar la cara de tonto que se le queda cuando le pillo con las manos en la masa. Tambi?n conservo una figura esbelta, gracias a la gimnasia. El haber practicado atletismo durante 6 a?os me ha dado unas piernas resistentes que estilizan mucho mi figura. Me encanta llevar falda (por encima de las rodillas) y medias negras. Lo encuentro muy excitante, sobre todo si van acompa?adas de zapatos de tac?n alto. Nunca supe por qu? ten?a tendencia a vestir de este modo; m?s adelante lo comprend?.

N?stor deb?a pasar a buscarme a las 10 por mi casa. Le di mi direcci?n e incluso le hice un plano, no fuera caso que se perdiera. 5 minutos despu?s de la hora convenida llamaban a la puerta. Ah? estaba ?l, con su mirada penetrante, el cabello peinado hacia atr?s, con gomina. Llevaba un polo azul marino, unos pantalones de pinzas color beige y unos n?uticos a juego que le hac?an venir ganas a una de com?rselo. Su cuerpo atl?tico y musculoso desencadenaba multitud de pensamientos er?ticos en mi cabeza que... ?me hac?an volver loca! Intentando guardar la compostura, le dije que estaba lista y nos fuimos. La verdad es que yo me hab?a vestido para la ocasi?n. Me puse una blusa blanca, de escote pronunciado, y una minifalda negra, a juego con las medias. C?mo no, unos zapatos de tac?n de aguja daban el toque perfecto a mi vestuario. Evidentemente, lo mejor no se pod?a ver: me puse un conjunto de ropa interior negro, con las bragas tipo tanga que se me met?an en la raja del trasero; me hac?a sentir sexy y aquella era una buena ocasi?n para disfrutarlo.

Fuimos al cine a ver una pel?cula de acci?n; la verdad es que las escenas violentas me hicieron subir la adrenalina al m?ximo, m?s incluso que las er?ticas. Sal? del cine como una moto. Evidentemente, N?stor se comport? como un caballero y no intent? nada, y aunque me pareci? de

l todo correcto, debo reconocer que me esperaba alg?n tipo de insinuaci?n por su parte.

Despu?s de la proyecci?n nos dirigimos a un bar de copas, donde estuvimos hablando durante hora y media sobre nuestras aficiones, inquietudes, an?cdotas divertidas y dem?s tonter?as que suelen hablarse en estos lugares. Fue entonces cuando sucedi? lo que nunca deb?a suceder. Est?bamos ri?ndonos de un chiste que acababa de contar N?stor cuando, de pronto, apareci? Enrique en el bar:

-?Hombre, Enrique, qu? casualidad!?Quieres tomar una copa con nosotros?. Le dijo N?stor.

-Me temo que no. Tengo que hablar urgentemente contigo.

N?stor cambio de cara al instante, se levant? y me dijo: -Si nos disculpas, no tardaremos.

Al cabo de unos minutos, N?stor se acerc? y me dijo:

-Ha surgido un problema en Argentina con unos documentos que deben ser entregados en breves horas. Debo ir a casa a consultar unos papeles y a hacer unas cuantas llamadas. Si no te importa, Enrique se quedar? contigo; ya he quedado con ?l en vernos m?s tarde. ?No te importa verdad?

Antes de que pudiera contestarle, sal?a zumbando por la puerta.

-Siento haberos frustrado vuestro plan, pero creo que era un tema urgente- dijo Enrique al momento que se sentaba a mi lado. -S?, ya me lo imagino- contest? con cierta desgana.

Estuvimos un rato mirando hacia todas partes, evitando cruzarnos la mirada, ya que no sab?amos de qu? hablar; era una situaci?n tan forzada que se hac?a dif?cil hacerla agradable. De pronto me dijo:

- He quedado con N?stor en la oficina, ya que debe enviar un fax urgente. Si te parece podr?amos esperarle all?. No creo que tarde mucho.

En ese momento imagin? que era la mejor soluci?n para salir de aquella situaci?n. Si ?bamos a la oficina, adelantar?amos el encuentro con N?stor y ser?a menos desagradable la espera, ya que podr?a excusarme con que ten?a trabajo atrasado y pod?a ir adelant?ndolo mientras.

Llegamos al parking de la empresa en el coche de Enrique. Durante todo el viaje no par? de mirarme de reojo las piernas, aprovechando que la minifalda ofrec?a una vista magn?fica para cualquier pervertido. Adem?s, el cintur?n de seguridad me cruzaba exactamente por en medio del pecho, haciendo que se me marcara en exceso y fuero un apetecible banquete a los ojos de aquel degenerado. Aparc? en su plaza habitual y justo antes de bajar del coche se gir? hacia m? y me dijo:

-T? no te habr?s dado cuentas, ?Sabes?, Pero hace tiempo que me he fijado en ti, y pienso que eres una mujer muy atractiva. ?Crees que t? y yo podr?amos... ya sabes, tener... un rollo?

En ese momento se desbord? toda mi rabia, le mir? fijamente a los ojos y le dije:

-Mira Enrique, ?Si crees que soy una chica f?cil porque trabajo de secretaria en un importante centro de negocios est?s muy equivocado! Adem?s, ni por todo el oro del mundo tendr?a una historia contigo, ni que fueras el ?ltimo hombre del mundo ?Me das n?useas! Ahora, si no te importa, ser? mejor que subamos a la oficina, espero que N?stor est? al llegar. -Est? bien, est? bien, no te pongas as?, tan s?lo era un comentario. Tampoco est?s tan buena, ?Sabes? ?Me he tirado a t?as mejores!

Sal? del coche sin contestarle y me dirig? a la puerta de la escalera. Inmediatamente despu?s ?l tambi?n baj? y me sigui? hasta la oficina. No parec?a muy afectado por lo que le hab?a dicho, aunque s? que le hab?a tocado el amor propio. M?s tarde comprob? que hab?a sido un golpe muy bajo a su ego machista, y lo comprob? en mi propia carne.

Enrique se encerr? en su despacho y yo me qued? sentada en mi mesa, intentando digerir lo que ese cerdo me hab?a dicho. S? que no hab?a para tanto, pero ese tipo no me gustaba, y no pod?a dejarle ni un cent?metro de margen.

De pronto escuch? un estruendo del despacho de Enrique. Instintivamente fue a ver que pasaba, pensando que se hab?a ca?do o algo por el estilo. En cuanto entr? en el despacho se apag? la luz y not? un fuerte golpe en la cabeza. No s? cu?nto tiempo estuve sin conocimiento, pero cuando me despert? comprend? que empezaba una pesadilla para m?

 


 

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