La historia comienza cuando asist?a a la escuela secundaria. Tendr?a entonces unos 13 o 14 a?os. En mi clase hab?a aproximadamente 40 alumnos. De ellos, quince o veinte eran mujeres. La mayor?a eran chicas normales, sin nada que destacar, unas m?s feas que otras, algunas pasadas de peso, otras altas, delgadas, de baja estatura, en fin, hab?a de todo. Lo normal. Entre los chicos las cosas eran iguales. Estaban los ordinarios, los m?s grandes, los feos, etc.
Recuerdo que
entre los chicos hab?a uno llamado Gabriel. Era lo que podr?a llamarse el tipo
apuesto del sal?n. Mas alto que la mayor?a de nosotros, se desenvolv?a con mas
seguridad, sol?a atreverse mas con las chicas y tambi?n era el que, junto con su
grupo de amigos se dedicaba a molestar al resto.
Me gustar?a
decir que yo era el otro que llamaba la atenci?n del sal?n, pero no seria
cierto. No era un adonis, ni tenia un cuerpo atl?tico y musculoso, ni levantaba
chicas con solo una mirada, y por supuesto que mi verga no tenia las dimensiones
que suelen atribuirse los escritores de relatos que suelo leer. Es com?n y
corriente, de 16 o 17 cm.
Aunque
envidiaba frecuentemente la facilidad del tal Gabriel para conquistar a las
j?venes del colegio, (tenia 3 o 4 novias al mismo tiempo) no me hacia ilusiones
respecto a mis posibilidades con ninguna, content?ndome como otros muchachos de
mi edad con observarlas. Sol?amos reunirnos en los descansos, o cuando no
ten?amos clase porque el maestro hab?a faltado, y entre muchas otras
trivialidades propias de esa edad, coment?bamos cual de nuestras compa?eras
estaba mejor. Cual estaba m?s buena seg?n los gustos de cada uno, cual tenia las
mejores tetas, o el culo m?s grande.
Claro que
tambi?n organiz?bamos interesantes debates sobre los atributos de nuestras
profesoras. No hab?a mucho de donde elegir, pero la maestra de espa?ol era una
de las favoritas. Era una morena peque?ita, probablemente de 1. 60, pero con un
cuerpo magnifico. Tenia el cabello negro, y aunque su rostro ya no era
precisamente el de una adolescente y sus senos eran mas bien peque?os, tenia un
trasero monumental.
Cuando se daba
la vuelta para escribir en la pizarra, sus nalgas, enfundadas en una falda
corta, resaltaban de tal manera que todos los ojos de la clase estaban fijos en
su culote. Al menos los de los varones, no tengo idea de que podr?an estar
pensando las chicas.
Estoy seguro
de que la maestra sabia lo que tenia, ya que le gustaba usar las faldas con el
borde inferior por encima de las rodillas, y pantalones untados que me hac?an
fantasear con poder al menos toc?rselas. No era el ?nico, por supuesto. Y cuando
estaba sentada, la maestra cruzaba los muslos casualmente, pero todos los que
estabamos frente al escritorio ten?amos un buen panorama de sus bellas piernas.
De las j?venes
que tomaban las clases con nosotros, solo hab?a dos que destacaban, Cecilia y
Lorena, las m?s bonitas del aula. Cecilia era rubia, peque?ita y muy aventada.
Tenia unas tetas peque?as de adolescente, seguramente podr?a haberlas abarcado
con una mano si alguna vez me hubiera atrevido a toc?rselas. O si ella me
hubiera dejado, claro. Tenia una cintura estrecha, y las caderas anchas.
Lo que m?s me
gustaba de ella era cuando usaba el uniforme de deportes. Verla con esos
pantalones o con los shorts eran de las pocas cosas que val?an la pena de la
clase de educaci?n f?sica. Cecilia tenia un buen culo, unas nalgas paradas y
firmes. Era la mas coqueta de todas las chicas. Se sentaba sobre la mesa del
maestro cuando este no estaba, o se tend?a boca arriba sobre nuestros
escritorios.
A pesar de lo
incitante que era, nunca tuve el valor de intentar algo con ella. Me gustaba,
pero prefer?a mirar y fantasear, igual que los dem?s.
Si Cecilia nos
tenia as?, con Lorena era aun peor. Tenia nuestra edad, pero ya se hab?a
desarrollado. Era mas alta, y tenia unos senos gloriosamente abundantes, en
verdad enormes. No por nada le dec?amos (cuando no pod?a o?rnos) la vaca. La
mayor fantas?a, no ?nicamente nuestra, sino que me imagino que de todos los
calientes de la escuela, era poder tocar y chupar esas tetas.
Lorena era
morena, con el cabello y los ojos negros. Su rostro no era el de una belleza,
pero resultaba simp?tica. Era muy agradable, pero el motivo de que muchos
intentaran ser sus novios no era su car?cter. Se deb?a mas bien al espectacular
trasero que pose?a. Sus piernas tambi?n eran hermosas, pero sin duda, su parte
posterior era la que despertaba mas deseos.
Cuando Lorena
pasaba al frente, los afortunados que estabamos en las filas por donde tenia que
cruzar, trat?bamos de poner nuestras piernas, rodillas, codos o lo que fuera
para poder sentir el roce de sus nalgotas al caminar. Aunque Lorena no lo
hiciera a prop?sito, el meneo de sus caderotas hacia que inevitablemente sus
nalgas hicieran contacto con todo lo que se le atravesaba en el camino.
Quiz? debido a
que yo era un chico serio y tranquilo, y a que no intentaba nada con ella,
aparte de los ocasionales roces cuando pasaba, Lorena se hizo mi amiga. No era
lo mismo que con el resto de mis compa?eros, la amistad con una chica es
diferente, y para m?, que era ?l m?s t?mido, su cercan?a me pon?a sumamente
nervioso. En especial cuando le daba por usar mi portafolios de silla, y se
sentaba frente a m? a platicar en las horas libres.
Lorena tenia
novio. Un tipo de mayor edad, que asist?a a un colegio superior. Quiz? los de la
secundaria le result?bamos muy idiotas, o muy infantiles, o tal vez fuera para
quitarse de encima a los que quer?an lig?rsela.
En una
ocasi?n, nos enviaron a hacer un t?pico trabajo a un museo. Ir, copiar lo que
estaba escrito en los carteles y tomar algunas fotograf?as. Nada fuera de lo
ordinario. Deb?amos hacer el trabajo el fin de semana, y nos organizamos para
encontrarnos afuera del colegio e ir todos juntos.
Fue divertido
ver a los dem?s con ropas diferentes al uniforme, y poder hacer desmadres que no
hac?amos en la escuela. Todos estabamos muy divertidos durante el trayecto.
Cuando llego Lorena, vi que tenia una camisa negra ajustada y unos pantalones de
mezclilla ce?idisimos. La condenada se ve?a buenisima, y nadie le quitaba el ojo
de encima.
Las otras
muchachas se ve?an algo celosas, ya que toda la atenci?n reca?a sobre mi amiga.
Ella parec?a no darse cuenta del revuelo de hormonas que estaba causando. O
quiz? s?. El caso es que al llegar al museo, nos dividimos. Mientras algunos se
dedicaban a correr y a perder el tiempo, yo pense en terminar r?pido e irme.
Poco despu?s, ya estaba solo, aunque aun escuchaba a mis amigos a no mucha
distancia, dici?ndose groser?as, empuj?ndose, gritando y todo eso.
Segu? con lo
m?o, pero el dichoso museo era enorme, y al cabo de un rato me tuve que sentar a
descansar en una banca. Me dol?an las piernas, y apenas iba como a la mitad. El
alboroto ya no se o?a, me imagine que se habr?an cansado, y pense en volver con
ellos, pero tras pensarlo, decid? que estaba muy cansado, de modo que aguarde a
que alguien llegara hasta donde me encontraba para platicar un rato antes de
continuar.
Como a los 10
minutos, apareci? Lorena. Hecho un vistazo a la exposici?n, y sonr?o al verme.
Le devolv? el saludo, y cuando se dio la vuelta para ver las vitrinas, me
deleite comi?ndome ese culote con los ojos.
Ella se
inclino un poco, con las manos en las rodillas para ver mejor alg?n detalle de
las maquetas, y tuve una vista privilegiada de sus enormes nalgas. Pense que, ya
que ella no pod?a verme, podr?a deleitarme la pupila con aquella afortunada
visi?n, y as? tendr?a mas material para cuando estuviera solo.
Pero me
equivoque. Lorena me descubri? con la mirada absorta en sus encantadoras
redondeces por el cristal. Solo me di cuenta cuando giro la cara y sonr?o
p?caramente. Me puse de todos los colores y un intenso calor acompa?o el rubor.
Baje la cabeza y me sent? muy est?pido.
En ese
momento, sent? que las manos de mi amiga me rodeaban el cuello y se quedaban en
mis hombros. Mi cabeza quedo entre sus dos melones. No supo que hacer, as? que
me quede quieto. Ella se ri?, y me dijo: - ?Te gusto, verdad?
Logre asentir,
nuevamente sonrojado. Lorena volvi? a re?rse y se sent? a mi lado. - ?Y porque
nunca me lo hab?as dicho, eh? ? pregunto. No pude contestarle nada y me encog?
de hombros. Lorena se quedo vi?ndome por un instante, y tras descansar unos 15
minutos, hablando de otras cosas, decidimos seguir con las tareas.
Note que
Lorena caminaba de una forma diferente. Antes, el balanceo de su cadera era
normal, el de todos los d?as. Ahora meneaba su gran rabo de una manera muy
sensual. Trate de no pensar en eso, pero mis ojos iban continuamente a sus
nalgas, que se mov?an deliciosamente.
Vacilaba entre
tocarla o no hacerlo. Por una parte, lo deseaba bastante, pero por otra, pod?a
darme una bofetada, dejar de ser mi amiga o peor, decirle a su novio. Gano el
miedo, y me abstuve de extender mi mano hacia ella.
En un par de
ocasiones, mientras ve?amos alguna cosa, notaba que el dorso de mi mano rozaba
con rotundo culo. No era intencional, al menos de mi parte, as? que retiraba la
mano y esperaba que ella no lo hubiera sentido. Pero los roces accidentales se
daban cada vez con mas frecuencia. Me extra?aba que Lorena no dijera nada sobre
eso, pero como no era yo quien la buscaba, di por bueno el hecho.
Durante el
resto del recorrido, pude oportunidad de tocar mucho mas a mi amiga. Aunque no
me atrev? a ir mas all? de esas peque?as caricias. Cuando terminamos, nos dimos
cuenta que los otros todav?a tardar?an en salir, de modo que acordamos irnos
juntos. Lorena viv?a por mi rumbo, a unas cuantas calles de distancia, de modo
que tomamos el mismo colectivo.
Mientras
camin?bamos a la avenida, ella me pregunto: - ?Te gusto lo que hicimos?
Estuviste muy serio, y no te atreviste a tocarme como se debe.
Por toda
respuesta, me hice el desentendido. Pero ella sonri?, segura de que ambos
sab?amos de que hablaba. Cuando esperamos el micro en la parada, se volteo y
dijo: - ?Sabes? Estar tan nalgona como yo tiene sus inconvenientes. Siempre que
tomo un micro, no falta el idiota que trata de acariciarme las nalgas o de
frotarse contra mi culo.
Pues si, me
imagino... ? le respond?, sin saber muy bien que decir.
Cu?ndo
subamos, ponte atr?s de m?, ?sale? As? cuidas que no me anden sobando.
Con cierta
indecisi?n, termine por aceptar. Subimos, y de inmediato, los hombros que
viajaban en el colectivo se fijaron en el abultado trasero de mi compa?era. Me
fui detr?s de ella, intentando cubrirla lo mejor que pod?a. No hab?a asientos
vac?os, de modo que nos quedamos parados. El microb?s se fue llenando, y yo
estaba bastante incomodo y apenado. El prominente culote de Lorena quedaba casi
pegado a m?, y aunque hiciera lo posible por no molestarla con roces que podr?a
interpretar mal, los saltos, arrancones y las paradas, hac?an que mi pene rozara
constantemente su cola.
En cierto
momento, Lorena se volteo y me dijo en voz baja: - Ay, Fer, me estas dando unos
llegues bien ricos. Me puse rojo y le respond?: - Perdon, no es a proposito.
Ella no dijo
nada a eso, pero me dio la impresi?n de que sacaba mas su culo, buscando un
mayor contacto. Inevitablemente, fui frot?ndome contra ella durante el viaje. La
verga se me puso dura y sabia que ella pod?a sentirla. Sent? que las nalgas de
Lorena se mov?an, acarici?ndome la verga con un suave movimiento, que sent?
riquisimo, pero a la vez estaba muy nervioso.
Por fin, una
media hora mas tarde, nos bajamos. Yo tenia la verga parada de tanto apoyarme en
el culote de mi amiga, y no sabia como ocultarlo, as? que procuraba taparme como
pod?a. Ella se dio cuenta de mi apurada situaci?n, sonr?o y dijo: - Tranquilo,
es normal, y a m? me gusto sentirte entre mis cachetes. A ver cuando lo
repetimos.
Con esas
palabras, ella se marcho a su casa y yo a la m?a. Esa noche me hice varias
chaquetas en su honor.
Espero les
halla gustado la historia. Como les dije, es la primera que env?o en
relatos7.com.