- AAHHH, AAAYYYYY, despacio, despacio, me haces da?o, por favor despacio - el novio de Eva ten?a los ojos en blanco, y justo cuando el restante se dispon?a a que Claudia se la chupase se corri? dentro del culo de Claudia, que empezaba a estar bastante dilatado.
Claudia consiguió también que el que tenía en la boca se
corriese de golpe, salpicándole la cara, y la boca, mientras ella se movía
como una posesa arriba y abajo, haciendo que el joven que tenía entre las
piernas gritase y gritase mientras se corría.
Claudia se quedó sola jadeando en el coche, sus bragas estaban en una
sola pierna, y su sujetador en la cintura; tenía semen por todo el cuerpo
mezclándose con el sudor. Antonia había tenido alguna experiencia
con otras chicas, así que la mandé con unas toallas que Eva y
su novio tenían en el furgón a limpiar a Claudia. Poco a poco
fue quedando limpia, mientras las caricias con la toalla de Antonia se hacían
más y más insistentes.
Al principio Claudia no comprendía, pensaba que las estaban limpiando
simplemente, pero cuando la boca de Antonia rozó la suya, dio un respingo
mientras se retiraba, pero no tenía mucho sitio donde ir. Antonia insistió
apretando con fuerza el brazo de Claudia mientras con la otra mano le atraía
la nuca. Le metió la lengua dentro de la boca saboreando los restos de
semen mientras le acariciaba los pechos y le metía dos dedos por su vulva
chorreante, Claudia ya era solo un juguete en manos de quien se metiese en el
coche, así que me dediqué a mi mismo y mi pequeño harén
juvenil.
Quedaban cuatro chicas en el furgón, así que decidí probar
(sin contar a Sofía) cuantos culos habían sido ya desflorados.
La indudable ganadora de las mamadas era Nuria, así que decidí
empezar por ella.
Hice subir a su novio, se tendió en el suelo y Nuria se montó
encima. Les dejé un tiempo para que se pusiesen en forma, pues su novio
se acababa de correr, y empecé a empujar separando sus nalgas. Nuria
no lo había probado. En cuanto llegué al fondo parece que le empezó
a coger el tranquillo. Los berridos eran enormes, parecía que la estaban
matando. aquella chica tenía una forma de correrse que le iba a acarrear
problemas en el futuro de casada, a no ser que insonorizase el dormitorio.
Marta se separó ella misma las nalgas mientras se la metía de
un tirón, evidentemente ya tenía experiencia, y por la forma de
moverse le gustaba horrores. Su mano se metía dentro de su coño
haciendo que se masturbase continuamente, dejé mi sitio para su novio
y me dediqué a Celia la pija.
La puse de pié en el furgón y la tiré contra la pared,
dándome la espalda, le doblé de golpe la cintura para que su culo
sobresaliese, su melena suelta le llegaba casi a la cintura, le separé
las piernas mientras se la metía en el coño con un empujón
brusco.
-AAAHHH, AHHH, AAAY, - decía Celia
- Métemela dentro, sí, dentro, si, así, así, más,
MAAAS- repetía mientras se movía adelante y atrás. Sería
pija, pero follaba como una golfa. La cogí por las caderas mientras aumentaba
el ritmo de mis envites y se corría como una loca.
- CABRÓN, FÓLLAME, JÓDEME, MÁS MAS ...- gritaba
mientras se corría.
De repente, me retiré de ella para poner mi polla en la entrada de su
culo.
- AH - exclamó.
No, Celia no lo había probado. Me estaba costando entrar, su culo era
estrecho, Celia se mordía el labio inferior y chillaba alternativamente,
mientras yo iba abriéndome camino por un conducto prieto y caliente.
Con un último empujón llegué al final al par que Celia
empezaba a llorar y berrear.
Llamé a su novio, se puso delante y se la metió hasta el fondo,
quedando Celia como un emparedado entre su novio y yo. Al sentirse follada por
ambos sitios a la vez aumentaron sus gritos, evidentemente le gustaba, así
que me moví rápidamente y me corrí dentro de su culo. Al
salir se la metí en la boca de Eva, la ganadora para que me la limpiase
del todo. Dejé al novio de Celia y a los otros chicos experimentando
cuántos hombres puede atender una chica a la vez.
Cuando terminé, sorprendentemente Sofía se acercó a mí,
y con suavidad se arrodilló, y mirándome a los ojos se la metió
en la boca, con torpeza sí, pero con una dulzura inimaginable. Recorrió
mi polla que ya no estaba para muchas juergas con la lengua, acarició
mis testículos con su mano, se metió la polla hasta la garganta
mientras me abrazaba desesperadamente por mis caderas; una lágrima pugnaba
por salir de sus ojos, no deseaba hacer aquello, pero pensaba que era la única
manera de acercarse a mí, estaba poniendo todo su empeño en que
me corriese, y de pronto lo vi claro, no estaba influenciándola, Sofía
me quería para ella, y pensaba que tenía que conseguir ser una
especia de heroína sexual para ello, pero era amor de veras, no lo que
yo le había puesto en su cabeza, o por lo menos no de la misma forma.
No lo pude resistir más y me corrí, no me pude salir de su boca
por la presión de sus brazos en mi cintura, así que me corrí
dentro. Sofía sin tragar, se salió, y se limpió sin asco
ninguno en una de las toallas depyondo allí mi semen. La amo.
Capítulo V Sofía
Mandé a todo el mundo fuera, y abracé a Sofía mientras
una sonrisa iluminó su cara. Me acosté con ella en las mantas
del furgón. Mentalmente mandé a Claudia a casa, y a todos los
chicos a sus coches, menos a Eva y su novio que ocuparon los asientos de la
cabina.
Mientras, Sofía me acariciaba por todo el cuerpo sin que yo me atreviese
a moverme. Rompí mi presión sobre su mente despacio, sin sobresaltos,
haciéndole ver que había roto definitivamente con Borja.
- ¿ Cómo te llamas ? - me susurró.
- Baldus - contesté, y era mi nombre auténtico.
- ¿y qué haces ? - su candidez me volvía majareta.
Pensé en la horterada de decirle eso de 'he cruzado océanos de
tiempo por ti', pero no, sorprendentemente decidí decirle la verdad.
- Soy un vampiro.
- ¿ y que hacen los vampiros, matan a vírgenes indefensas?
- No es necesario que sean vírgenes, y tampoco mato a nadie, pero puedo
hacer mucho daño a la gente.
- ¿ Cómo ?
- Hago que se enamoren de mí, y después las abandono.
- ¿ Me abandonarás ?
- Me suplicarás que lo haga.
- Jamás - contestó.
Me acerqué a ella, y con la navaja le hice un corte en la muñeca,
también pequeño, le chupé lentamente la sangre mientras
salía y ella se estremecía poniendo los ojos en blanco, fue entonces
cuando me creyó realmente; no tardó en cerrar la herida, y se
quedó allí, mirándome, mientras yo sorbía una gota
de su sangre que intentaba resbalar por la comisura de mis labios.
Sabía que no debía llevarla conmigo, la vería envejecer
- no se puede crear un vampiro, eso de hacerles beber nuestra sangre es de las
películas - y ella vería que se hacía cada vez más
vieja, primero parecería mi hermana mayor, luego mi madre y más
tarde mi abuela. Ya había pasado por ello dos veces antes. Pero Sofía
era única, no podía dejarla.
La pobre estaba poniendo toda su voluntad en hacerme olvidar a todas aquellas
chicas, esforzándose con un torpeza evidente en excitarme por todos los
medios. Con una sonrisa me incorporé apoyándome en el codo, la
cogí con un brazo y la recosté, haciendo que dejase de acariciarme.
Mi lengua empezó a recorrer su cuello, deteniéndose en el recorrido
de su nervios y arterias, sabía exactamente dónde presionar. Sofía
cerró los ojos y empezó a respirar por la nariz haciendo algo
de ruido, descendí por el canal de sus senos, sin tocarlos, hasta llegar
al vientre, que subía y bajaba rápidamente, su respiración
se estaba haciendo más y más rápida.
Mis manos acariciaban sus piernas en toda su longitud, pero evitando cuidadosamente
tocar sus partes más íntimas. Le di la vuelta repitiendo la acción
desde la nuca y bajando por la columna, mientras masajeaba lentamente sus vértebras.
- mmmmhhhhh - susurró.
Sus clavículas se elevaron bruscamente fruto de la excitación,
su espalda se empezó a poner brillante por el sudor. Al llegar a sus
caderas, me detuve en los huecos que se forman en el final de su espalda, tocando
lentamente con la lengua, haciéndola hervir de deseo.
Se dio la vuelta de repente diciendo:
- Ven, ven.
- No, espera, - le contesté.
- Por favor....
Su deseo aumentaba por momentos, en situaciones así no es conveniente
alargar demasiado la situación, sobre todo si la chica es inexperta,
así que bajé sus bragas y descendí besándola hasta
su clítoris, que estaba levantado y temblando por la excitación.
Mi lengua entró en su vagina lubrificándola aún más,
pues estaba completamente mojada.
Abrí sus piernas y puse mi pene en la entrada de su vagina, notando
un estremecimiento mezcla de placer y miedo en Sofía. Empecé a
entrar dentro de ella, pero no avancé, me quedé allí, en
puertas hasta que fuese ella la que hiciese el primer movimiento.
Cuando se dio cuenta de que no avanzaba comprendió, -bendita chiquilla-
y agarrándose a mis caderas empujó con las suyas hacia adelante,
haciendo que entrase un poco dentro de ella. Abrió la boca, notando por
primera vez la presencia de algo nuevo dentro de ella, excitante y deseado.
Respiró con fuerza, gruñó y volvió a adelantar la
cadera hasta que notó un obstáculo que la detuvo, entonces empujé
con fuerza, haciendo que Sofía gritase.
- AAAYYYY, AAHHH.
Cerró los ojos con fuerza, y se apretó aún más
contra mí, yo dejé de moverme, para no causarle más daño,
pero ella ya intuía lo que debía hacer, así que se empezó
a mover cada vez más rápido, haciendo que el placer le hiciese
olvidar el dolor.
Rodé hacia mi derecha llevándomela conmigo hasta que se quedó
encima. Abrió los ojos con sorpresa, y rápidamente se irguió
sentándose sobre mí y moviéndose suavemente, sus pechos,
no tan pequeños como yo había intuído la primera vez que
la ví, subían y bajaban con cada movimiento de ella, su respiración
se hacía cada vez más rápida, notaba que estaba a punto,
así que yo también empecé a moverme para llegar junto con
ella al orgasmo.
No podemos dejar embarazadas a humanas, somos razas diferentes, así
que no había problema y me corrí dentro de ella mientras gritábamos
al unísono, ella se derrumbó sobre mí, besándome
y abrazándose a mí mientras lloraba en silencio.
Le conté la historia de Paul, el médico de Francia que trabaja
en un proyecto de investigación, para que se la contase a sus padres,
pues acababa de cambiar de planes.
Capítulo VI La partida
Llamé al timbre de la casa de las magnolias el jueves siguiente, Claudia
estaba sola en casa, todo el servicio libraba. Cuando Claudia me abrió
quedó parada, no la influencié, para saborear la situación,
evidentemente su cerebro se negaba a aceptar que era yo, así que decidí
aclarárselo.
- Hola Claudia. - Ni un asomo de acento francés.
- Tú, - dijo - eras tú.
- Si Claudia yo, ¿ puedo pasar ?
Claudia no quería un escándalo en la puerta, después de
los pasados acontecimientos, era lo último que quería.
- Pasa, pasa. - repitió.
Me condujo hasta el salón, enorme, majestuoso, decorado - por ella -
con gran gusto debo reconocerlo.
- ¿ Por qué lo hiciste ? - le pregunté de sopetón.
- Nnno entiendo...
- Marcos - respondí
- Yo... , me enamoré de Juan, en realidad creo que no lo quería
...era demasiado joven.
- Tal vez si se lo hubieses dicho no hubiese muerto.
- Lo siento, lo siento.
- Ya - indudablemente, mi aspecto ya no le resultaba extraño - , debió
ser muy difícil para tí verdad ?
- Sssi, si claro.
- Tal vez por eso le despreciaste y te reíste de él en público
en día que murió...
- Lo siento... - musitó-
- Claro que tu marido tal vez no se hubiese casado contigo si te hubiese visto
el lunes en el pinar con aquellos chicos...
Su cara reflejó el horror más profundo que se puede imaginar,
tomó consciencia de que estaba totalmente en mis manos - sin influenciarla
en absoluto, es lo más excitante - y preguntó:
- Qqqué es lo que quieres Carlos ? - era mi nombre en aquellos tiempos-
- En primer lugar quiero que me lleves a tu dormitorio.
Dió media vuelta y empezó a subir las escaleras que llevaban
al piso de arriba, yo iba detrás viendo como se movía su culo
al subir, creo que se dió cuenta, pues exageraba los moviemientos.
Abrió la puerta y con un ademán con el brazo me indicó
que pasara.
- ¿ Y ahora ? -seguía altiva apesar de todo-.
- Quédate en ropa interior, pon medias y liguero y échate en
la cama.
La cama era enorme, de estilo manuelino, -algunos antepasados de su marido
eran de Portugal- con cuatro grandes patas de madera torneada.
Llevaba un conjunto negro de Cacharel, breve, de esos que para llevarlos y
que te sienten bien hay que tener un cuerpo de campeonato.
Cogí unas cuerdas que traía conmigo en un portafolios y le até
las manos a las patas de la cama del cabecero, repitiendo la acción con
sus piernas, con lo que quedó como una equis, con los brazos y piernas
muy abiertos.
- ¿ Qué me vas a hacer ? - dijo con un pequeño temblor
en la voz, la situación ya la sobrepasaba.
La ignoré mientras me desvestía, y rebuscaba en el portafolios.
Con una tijera le corté las bragas, quedando solo con el sujetador,
el liguero y las medias, su preocupación aumentaba, seguía sin
entender cómo era posible que estuviese igual que cuando nos separamos,
y empezaba a estar dominada por el pánico.
Me subí encima, y sin preámbulos ni preparación ninguna,
le metí mi pene de golpe, hacíendole, calculadamente, bastante
daño.
- AAAYYYY, AAAHHH.
Casi sin mirarla empecé a bombear con toda la fuerza de que era capaz,
notando enseguida como su vagina se iba lubrificando.
- MMMHHH, MMMHHHH. - se resistía a admitir que le gustaba, pero tampoco
iba a suplicar, su orgullo todavía la mantenía.
No era su placer lo que yo buscaba, así que me corrí enseguida
para su desconcierto y preocupación - por un hipotético embarazo
-. Pero la función solo había empezado. Saqué del protafolios
dos enormes calabacines, descomunales en grosor, que miró con espanto.
- NNo, no por favor, eso no, son demasiado grandes. - dijo-
Sin hacerle el más mínimo caso, me acerqué a ella y le
fuí bajando el calabacín mayor por todo el cuerpo hasta llegar
a su coño ya húmedo.
- No Carlos, por favor, no - ya empezaba a suplicar-. MMMPPPFFFF.
Poco a poco empecé a meterle dentro el calabacín, girándolo
para que pudiese entrar, mientras Claudia sollozaba y jadeaba por el esfuerzo.
- AAAYYYY, MMMHHHH, AAAYYY.
En unos instantes quedó completamente clavado en su vagina, de los casi
treinta centímetros del calabacín solo diez eran visibles. Claudia
ahogada por el dolor ya ni siquiera gritaba, se limitaba a sollozar en voz baja.
El otro era más pequeño, aunque también superaba los veinticinco
centímetros, pero era algo más delgado, lo unté un poco
con vaselina, pero solo lo justo para que entrase y que lo notase bien. Así
que apartando un poco sus nalgas, casi sin ángulo empecé a metérselo
por el culo, lentamente, girándolo como el anterior.
- AAAYYYYY, BASTA, NOOOOOO.
Claudia reanudó sus gritos al sentir como entraba el segundo calabacín,
urgando en su culo ya bastante dilatado, pues sus experiencias de los últimos
días lo habían preparado bastante para esto.
En un momento quedó con dos calabacines asomando por su culo y su coño,
el primero de ellos presionaba con el otro para arriba, lo que hacía
que Claudia tuviese que arquear levemente sus caderas para no sentir dolor,
pero ese arqueo de las caderas y la cintura la hacían excitarse por momentos.
Empecé a pasarle la lengua por todo su cuerpo, deteníéndome
especialmente en la parte de sus pechos que dan contra las axilas y la parte
exterior del torso. Todos sus centros erógenos estaban siendo pulsados
por mí uno tras otro, lo que estaba llevando a Claudia al paroxismo de
la lujuria.
- AAAHHHHH, AHHHHHH, MMMMHHHH
Ya no gritaba, y en realidad se estaba corriendo como una burra, un hilo de
saliva caía por la comisura de su boca, sus caderas subían y bajaban
cada vez con más fuerza, en realidad, cada vez que bajaban, la presión
del calabacín que tenía en el culo entraba un poquito más
y presionaba sobre el otro, lo que la hacía enloquecer de gusto cada
vez más.
Me senté a horcajadas sobre su pecho y le puse mi pene en sus labios,
que se abrieron en el acto para chupar de manera salvaje. Estaba siendo el polvo
más brutal de su vida.
- MMMMHHHHH, MMMMHHHHH, - repetía sin cesar.
Era increíble lo que había progresado en ese tiempo, entraba
casi hasta la garganta, chupando con un avidez impensable unas semanas antes,
me corrí en plan salvaje, causándole casi un atragantón,
tragó rápidamente y empezó a toser, apenas la dejaba respirar
con mi presión sobre su pecho.
Me bajé contemplando la situación. Claudia seguía moviendose
sin cesar clavada por dos enormes calabacines, corriéndose sin solución
de continuidad, era la locura. Claudia me miraba fijamente mientras mordía
su labio inferior para no chillar mientras continuaba moviéndose todo
lo que podía: despacio me acerqué hasta una cámara de vídeo
en funcionamiento que Claudia no había visto hasta este momento y enfoqué
un poco mejor.
- ¿ Qué tal Claudia, te mando la copia o prefieres que se la
mande a tu marido?.
Claudia no respondió, su cerebro seguía totalmente entregado
al sexo, hasta que con un berrido tremendo se desplomó y se quedó
quieta salvo por unas sacudidas compulsivas mientras abundantes lágrimas
caían por su cara y sus dientes entrechocaban febrílmente.
- AAAARRRGGGGRRRRR.
Me vestí, recogí mi portafolios, corté las ligaduras de
Claudia que ni se movió para quitarse los calabacines y abandoné
la casa de las magnolias sin mirar atrás.
Para rematar mi faena me presenté al día siguiente después
de comer en su casa para recoger a Sofía e ir al cine (en realidad para
coger con ella el avión con destino a Zurich, aunque todavía ella
no lo supiese). Tengo allí una nueva identidad, una preciosa casa a la
orilla de un lago, y unas acciones en la bolsa de Francfurt que pueden permitirme
una vida sin sobresaltos. Al menos 20 años.
La criada me abrió la puerta, Sofía ya había hablado de
mí a su padre, y aunque no le gustó nada en un principio, confiaba
en que un enamoramiento juvenil pasase con el tiempo. Además su padre
confiaba en convencerme por las buenas o por las malas sin tener que enfrentarse
a su hija.
Saludé a su padre en la biblioteca, y tras preguntarme lo de rigor,
en qué trabajas, de dónde eres, tus padres ... su inquisitorial
mirada esperó respuestas.
Le conté la fábula de mi tapadera en Madrid. Era médico,
licenciado en la Sorbona 'cum laude', y estaba haciendo unos estudios sobre
la coagulación de la sangre y la influencia de la luz en la misma.
Enseguida apareció un amigo 'casualmente' médico. Estaba claro
que no quería correr riesgos. Me comentó algunas cosa por encima,
evidentemente no era Hematólogo, así que lo deslumbré con
rapidez. Modestia aparte soy una autoridad en la materia - cosa lógica
por otra parte -. Así que me creyó y permitió que su hija
saliese conmigo, aunque su colmillo se retorcía cada vez más,
además, no era capaz de decir cuantos años tenía, así
que me lo preguntó sin ambages.
- Acabo de cumplir 24 señor, - dije con toda la candidez de que era
capaz, mientras escuchaba un taconeo bajando las escaleras.
- Bien cariño, no llegues muy tarde, sino tu padre y yo nos preocupamos,
ya sabes. - Me di la vuelta gozando por anticipado del momento.
Claudia boqueó con los ojos fijos en mí, tenía ojeras,
probablemente su marido le había dado otra dosis de sexo por la noche,
pero no dijo nada, pero su corazón palpitaba fuertemente mientras me
despedía y acompañaba a Sofía a la puerta.
- Por cierto Sofía, ¿ tu madre puso ayer sopa de calabacín
? - pregunté en voz alta para que me oyese. Sofía me miró
con desconcierto, mientras su madre me fulminaba con la mirada.
- No, no ¿ por qué ?
- No por nada, olvídalo
Bien, Claudia tenía su merecido, no pasaría mucho tiempo sin
que su marido la pillase in fraganti en estos nuevos juegos a los que la había
aficionado. El cómo reaccionase ya no me importaba, había conseguido
algo más importante, y además algo que sin proponérmelo
le iba a hacer más daño. Le había quitado a su hija.
Atrás quedaba la venganza, adelante, otra vida por vivir.
Claudia consigui? tambi?n que el que ten?a en la boca se corriese de golpe, salpic?ndole la cara, y la boca, mientras ella se mov?a como una posesa arriba y abajo, haciendo que el joven que ten?a entre las piernas gritase y gritase mientras se corr?a.
Claudia se qued? sola jadeando en el coche, sus bragas estaban en una sola pierna, y su sujetador en la cintura; ten?a semen por todo el cuerpo mezcl?ndose con el sudor. Antonia hab?a tenido alguna experiencia con otras chicas, as? que la mand? con unas toallas que Eva y su novio ten?an en el furg?n a limpiar a Claudia. Poco a poco fue quedando limpia, mientras las caricias con la toalla de Antonia se hac?an m?s y m?s insistentes.
Al principio Claudia no comprend?a, pensaba que las estaban limpiando simplemente, pero cuando la boca de Antonia roz? la suya, dio un respingo mientras se retiraba, pero no ten?a mucho sitio donde ir. Antonia insisti? apretando con fuerza el brazo de Claudia mientras con la otra mano le atra?a la nuca. Le meti? la lengua dentro de la boca saboreando los restos de semen mientras le acariciaba los pechos y le met?a dos dedos por su vulva chorreante, Claudia ya era solo un juguete en manos de quien se metiese en el coche, as? que me dediqu? a mi mismo y mi peque?o har?n juvenil.
Quedaban cuatro chicas en el furg?n, as? que decid? probar (sin contar a Sof?a) cuantos culos hab?an sido ya desflorados. La indudable ganadora de las mamadas era Nuria, as? que decid? empezar por ella.
Hice subir a su novio, se tendi? en el suelo y Nuria se mont? encima. Les dej? un tiempo para que se pusiesen en forma, pues su novio se acababa de correr, y empec? a empujar separando sus nalgas. Nuria no lo hab?a probado. En cuanto llegu? al fondo parece que le empez? a coger el tranquillo. Los berridos eran enormes, parec?a que la estaban matando. aquella chica ten?a una forma de correrse que le iba a acarrear problemas en el futuro de casada, a no ser que insonorizase el dormitorio.
Marta se separ? ella misma las nalgas mientras se la met?a de un tir?n, evidentemente ya ten?a experiencia, y por la forma de moverse le gustaba horrores. Su mano se met?a dentro de su co?o haciendo que se masturbase continuamente, dej? mi sitio para su novio y me dediqu? a Celia la pija.
La puse de pi? en el furg?n y la tir? contra la pared, d?ndome la espalda, le dobl? de golpe la cintura para que su culo sobresaliese, su melena suelta le llegaba casi a la cintura, le separ? las piernas mientras se la met?a en el co?o con un empuj?n brusco.
-AAAHHH, AHHH, AAAY, - dec?a Celia
- M?temela dentro, s?, dentro, si, as?, as?, m?s, MAAAS- repet?a mientras se mov?a adelante y atr?s. Ser?a pija, pero follaba como una golfa. La cog? por las caderas mientras aumentaba el ritmo de mis envites y se corr?a como una loca.
- CABR?N, F?LLAME, J?DEME, M?S MAS ...- gritaba mientras se corr?a.
De repente, me retir? de ella para poner mi polla en la entrada de su culo.
- AH - exclam?.
No, Celia no lo hab?a probado. Me estaba costando entrar, su culo era estrecho, Celia se mord?a el labio inferior y chillaba alternativamente, mientras yo iba abri?ndome camino por un conducto prieto y caliente. Con un ?ltimo empuj?n llegu? al final al par que Celia empezaba a llorar y berrear.
Llam? a su novio, se puso delante y se la meti? hasta el fondo, quedando Celia como un emparedado entre su novio y yo. Al sentirse follada por ambos sitios a la vez aumentaron sus gritos, evidentemente le gustaba, as? que me mov? r?pidamente y me corr? dentro de su culo. Al salir se la met? en la boca de Eva, la ganadora para que me la limpiase del todo. Dej? al novio de Celia y a los otros chicos experimentando cu?ntos hombres puede atender una chica a la vez.
Cuando termin?, sorprendentemente Sof?a se acerc? a m?, y con suavidad se arrodill?, y mir?ndome a los ojos se la meti? en la boca, con torpeza s?, pero con una dulzura inimaginable. Recorri? mi polla que ya no estaba para muchas juergas con la lengua, acarici? mis test?culos con su mano, se meti? la polla hasta la garganta mientras me abrazaba desesperadamente por mis caderas; una l?grima pugnaba por salir de sus ojos, no deseaba hacer aquello, pero pensaba que era la ?nica manera de acercarse a m?, estaba poniendo todo su empe?o en que me corriese, y de pronto lo vi claro, no estaba influenci?ndola, Sof?a me quer?a para ella, y pensaba que ten?a que conseguir ser una especia de hero?na sexual para ello, pero era amor de veras, no lo que yo le hab?a puesto en su cabeza, o por lo menos no de la misma forma. No lo pude resistir m?s y me corr?, no me pude salir de su boca por la presi?n de sus brazos en mi cintura, as? que me corr? dentro. Sof?a sin tragar, se sali?, y se limpi? sin asco ninguno en una de las toallas depyondo all? mi semen. La amo.
Cap?tulo V Sof?a
Mand? a todo el mundo fuera, y abrac? a Sof?a mientras una sonrisa ilumin? su cara. Me acost? con ella en las mantas del furg?n. Mentalmente mand? a Claudia a casa, y a todos los chicos a sus coches, menos a Eva y su novio que ocuparon los asientos de la cabina.
Mientras, Sof?a me acariciaba por todo el cuerpo sin que yo me atreviese a moverme. Romp? mi presi?n sobre su mente despacio, sin sobresaltos, haci?ndole ver que hab?a roto definitivamente con Borja.
- ? C?mo te llamas ? - me susurr?.
- Baldus - contest?, y era mi nombre aut?ntico.
- ?y qu? haces ? - su candidez me volv?a majareta.
Pens? en la horterada de decirle eso de 'he cruzado oc?anos de tiempo por ti', pero no, sorprendentemente decid? decirle la verdad.
- Soy un vampiro.
- ? y que hacen los vampiros, matan a v?rgenes indefensas?
- No es necesario que sean v?rgenes, y tampoco mato a nadie, pero puedo hacer mucho da?o a la gente.
- ? C?mo ?
- Hago que se enamoren de m?, y despu?s las abandono.
- ? Me abandonar?s ?
- Me suplicar?s que lo haga.
- Jam?s - contest?.
Me acerqu? a ella, y con la navaja le hice un corte en la mu?eca, tambi?n peque?o, le chup? lentamente la sangre mientras sal?a y ella se estremec?a poniendo los ojos en blanco, fue entonces cuando me crey? realmente; no tard? en cerrar la herida, y se qued? all?, mir?ndome, mientras yo sorb?a una gota de su sangre que intentaba resbalar por la comisura de mis labios.
Sab?a que no deb?a llevarla conmigo, la ver?a envejecer - no se puede crear un vampiro, eso de hacerles beber nuestra sangre es de las pel?culas - y ella ver?a que se hac?a cada vez m?s vieja, primero parecer?a mi hermana mayor, luego mi madre y m?s tarde mi abuela. Ya hab?a pasado por ello dos veces antes. Pero Sof?a era ?nica, no pod?a dejarla.
La pobre estaba poniendo toda su voluntad en hacerme olvidar a todas aquellas chicas, esforz?ndose con un torpeza evidente en excitarme por todos los medios. Con una sonrisa me incorpor? apoy?ndome en el codo, la cog? con un brazo y la recost?, haciendo que dejase de acariciarme.
Mi lengua empez? a recorrer su cuello, deteni?ndose en el recorrido de su nervios y arterias, sab?a exactamente d?nde presionar. Sof?a cerr? los ojos y empez? a respirar por la nariz haciendo algo de ruido, descend? por el canal de sus senos, sin tocarlos, hasta llegar al vientre, que sub?a y bajaba r?pidamente, su respiraci?n se estaba haciendo m?s y m?s r?pida.
Mis manos acariciaban sus piernas en toda su longitud, pero evitando cuidadosamente tocar sus partes m?s ?ntimas. Le di la vuelta repitiendo la acci?n desde la nuca y bajando por la columna, mientras masajeaba lentamente sus v?rtebras.
- mmmmhhhhh - susurr?.
Sus clav?culas se elevaron bruscamente fruto de la excitaci?n, su espalda se empez? a poner brillante por el sudor. Al llegar a sus caderas, me detuve en los huecos que se forman en el final de su espalda, tocando lentamente con la lengua, haci?ndola hervir de deseo.
Se dio la vuelta de repente diciendo:
- Ven, ven.
- No, espera, - le contest?.
- Por favor....
Su deseo aumentaba por momentos, en situaciones as? no es conveniente alargar demasiado la situaci?n, sobre todo si la chica es inexperta, as? que baj? sus bragas y descend? bes?ndola hasta su cl?toris, que estaba levantado y temblando por la excitaci?n. Mi lengua entr? en su vagina lubrific?ndola a?n m?s, pues estaba completamente mojada.
Abr? sus piernas y puse mi pene en la entrada de su vagina, notando un estremecimiento mezcla de placer y miedo en Sof?a. Empec? a entrar dentro de ella, pero no avanc?, me qued? all?, en puertas hasta que fuese ella la que hiciese el primer movimiento.
Cuando se dio cuenta de que no avanzaba comprendi?, -bendita chiquilla- y agarr?ndose a mis caderas empuj? con las suyas hacia adelante, haciendo que entrase un poco dentro de ella. Abri? la boca, notando por primera vez la presencia de algo nuevo dentro de ella, excitante y deseado. Respir? con fuerza, gru?? y volvi? a adelantar la cadera hasta que not? un obst?culo que la detuvo, entonces empuj? con fuerza, haciendo que Sof?a gritase.
- AAAYYYY, AAHHH.
Cerr? los ojos con fuerza, y se apret? a?n m?s contra m?, yo dej? de moverme, para no causarle m?s da?o, pero ella ya intu?a lo que deb?a hacer, as? que se empez? a mover cada vez m?s r?pido, haciendo que el placer le hiciese olvidar el dolor.
Rod? hacia mi derecha llev?ndomela conmigo hasta que se qued? encima. Abri? los ojos con sorpresa, y r?pidamente se irgui? sent?ndose sobre m? y movi?ndose suavemente, sus pechos, no tan peque?os como yo hab?a intu?do la primera vez que la v?, sub?an y bajaban con cada movimiento de ella, su respiraci?n se hac?a cada vez m?s r?pida, notaba que estaba a punto, as? que yo tambi?n empec? a moverme para llegar junto con ella al orgasmo.
No podemos dejar embarazadas a humanas, somos razas diferentes, as? que no hab?a problema y me corr? dentro de ella mientras grit?bamos al un?sono, ella se derrumb? sobre m?, bes?ndome y abraz?ndose a m? mientras lloraba en silencio.
Le cont? la historia de Paul, el m?dico de Francia que trabaja en un proyecto de investigaci?n, para que se la contase a sus padres, pues acababa de cambiar de planes.
Cap?tulo VI La partida
Llam? al timbre de la casa de las magnolias el jueves siguiente, Claudia estaba sola en casa, todo el servicio libraba. Cuando Claudia me abri? qued? parada, no la influenci?, para saborear la situaci?n, evidentemente su cerebro se negaba a aceptar que era yo, as? que decid? aclar?rselo.
- Hola Claudia. - Ni un asomo de acento franc?s.
- T?, - dijo - eras t?.
- Si Claudia yo, ? puedo pasar ?
Claudia no quer?a un esc?ndalo en la puerta, despu?s de los pasados acontecimientos, era lo ?ltimo que quer?a.
- Pasa, pasa. - repiti?.
Me condujo hasta el sal?n, enorme, majestuoso, decorado - por ella - con gran gusto debo reconocerlo.
- ? Por qu? lo hiciste ? - le pregunt? de sopet?n.
- Nnno entiendo...
- Marcos - respond?
- Yo... , me enamor? de Juan, en realidad creo que no lo quer?a ...era demasiado joven.
- Tal vez si se lo hubieses dicho no hubiese muerto.
- Lo siento, lo siento.
- Ya - indudablemente, mi aspecto ya no le resultaba extra?o - , debi? ser muy dif?cil para t? verdad ?
- Sssi, si claro.
- Tal vez por eso le despreciaste y te re?ste de ?l en p?blico en d?a que muri?...
- Lo siento... - musit?-
- Claro que tu marido tal vez no se hubiese casado contigo si te hubiese visto el lunes en el pinar con aquellos chicos...
Su cara reflej? el horror m?s profundo que se puede imaginar, tom? consciencia de que estaba totalmente en mis manos - sin influenciarla en absoluto, es lo m?s excitante - y pregunt?:
- Qqqu? es lo que quieres Carlos ? - era mi nombre en aquellos tiempos-
- En primer lugar quiero que me lleves a tu dormitorio.
Di? media vuelta y empez? a subir las escaleras que llevaban al piso de arriba, yo iba detr?s viendo como se mov?a su culo al subir, creo que se di? cuenta, pues exageraba los moviemientos.
Abri? la puerta y con un adem?n con el brazo me indic? que pasara.
- ? Y ahora ? -segu?a altiva apesar de todo-.
- Qu?date en ropa interior, pon medias y liguero y ?chate en la cama.
La cama era enorme, de estilo manuelino, -algunos antepasados de su marido eran de Portugal- con cuatro grandes patas de madera torneada.
Llevaba un conjunto negro de Cacharel, breve, de esos que para llevarlos y que te sienten bien hay que tener un cuerpo de campeonato.
Cog? unas cuerdas que tra?a conmigo en un portafolios y le at? las manos a las patas de la cama del cabecero, repitiendo la acci?n con sus piernas, con lo que qued? como una equis, con los brazos y piernas muy abiertos.
- ? Qu? me vas a hacer ? - dijo con un peque?o temblor en la voz, la situaci?n ya la sobrepasaba.
La ignor? mientras me desvest?a, y rebuscaba en el portafolios.
Con una tijera le cort? las bragas, quedando solo con el sujetador, el liguero y las medias, su preocupaci?n aumentaba, segu?a sin entender c?mo era posible que estuviese igual que cuando nos separamos, y empezaba a estar dominada por el p?nico.
Me sub? encima, y sin pre?mbulos ni preparaci?n ninguna, le met? mi pene de golpe, hac?endole, calculadamente, bastante da?o.
- AAAYYYY, AAAHHH.
Casi sin mirarla empec? a bombear con toda la fuerza de que era capaz, notando enseguida como su vagina se iba lubrificando.
- MMMHHH, MMMHHHH. - se resist?a a admitir que le gustaba, pero tampoco iba a suplicar, su orgullo todav?a la manten?a.
No era su placer lo que yo buscaba, as? que me corr? enseguida para su desconcierto y preocupaci?n - por un hipot?tico embarazo -. Pero la funci?n solo hab?a empezado. Saqu? del protafolios dos enormes calabacines, descomunales en grosor, que mir? con espanto.
- NNo, no por favor, eso no, son demasiado grandes. - dijo-
Sin hacerle el m?s m?nimo caso, me acerqu? a ella y le fu? bajando el calabac?n mayor por todo el cuerpo hasta llegar a su co?o ya h?medo.
- No Carlos, por favor, no - ya empezaba a suplicar-. MMMPPPFFFF.
Poco a poco empec? a meterle dentro el calabac?n, gir?ndolo para que pudiese entrar, mientras Claudia sollozaba y jadeaba por el esfuerzo.
- AAAYYYY, MMMHHHH, AAAYYY.
En unos instantes qued? completamente clavado en su vagina, de los casi treinta cent?metros del calabac?n solo diez eran visibles. Claudia ahogada por el dolor ya ni siquiera gritaba, se limitaba a sollozar en voz baja.
El otro era m?s peque?o, aunque tambi?n superaba los veinticinco cent?metros, pero era algo m?s delgado, lo unt? un poco con vaselina, pero solo lo justo para que entrase y que lo notase bien. As? que apartando un poco sus nalgas, casi sin ?ngulo empec? a met?rselo por el culo, lentamente, gir?ndolo como el anterior.
- AAAYYYYY, BASTA, NOOOOOO.
Claudia reanud? sus gritos al sentir como entraba el segundo calabac?n, urgando en su culo ya bastante dilatado, pues sus experiencias de los ?ltimos d?as lo hab?an preparado bastante para esto.
En un momento qued? con dos calabacines asomando por su culo y su co?o, el primero de ellos presionaba con el otro para arriba, lo que hac?a que Claudia tuviese que arquear levemente sus caderas para no sentir dolor, pero ese arqueo de las caderas y la cintura la hac?an excitarse por momentos.
Empec? a pasarle la lengua por todo su cuerpo, deten??ndome especialmente en la parte de sus pechos que dan contra las axilas y la parte exterior del torso. Todos sus centros er?genos estaban siendo pulsados por m? uno tras otro, lo que estaba llevando a Claudia al paroxismo de la lujuria.
- AAAHHHHH, AHHHHHH, MMMMHHHH
Ya no gritaba, y en realidad se estaba corriendo como una burra, un hilo de saliva ca?a por la comisura de su boca, sus caderas sub?an y bajaban cada vez con m?s fuerza, en realidad, cada vez que bajaban, la presi?n del calabac?n que ten?a en el culo entraba un poquito m?s y presionaba sobre el otro, lo que la hac?a enloquecer de gusto cada vez m?s.
Me sent? a horcajadas sobre su pecho y le puse mi pene en sus labios, que se abrieron en el acto para chupar de manera salvaje. Estaba siendo el polvo m?s brutal de su vida.
- MMMMHHHHH, MMMMHHHHH, - repet?a sin cesar.
Era incre?ble lo que hab?a progresado en ese tiempo, entraba casi hasta la garganta, chupando con un avidez impensable unas semanas antes, me corr? en plan salvaje, caus?ndole casi un atragant?n, trag? r?pidamente y empez? a toser, apenas la dejaba respirar con mi presi?n sobre su pecho.
Me baj? contemplando la situaci?n. Claudia segu?a moviendose sin cesar clavada por dos enormes calabacines, corri?ndose sin soluci?n de continuidad, era la locura. Claudia me miraba fijamente mientras mord?a su labio inferior para no chillar mientras continuaba movi?ndose todo lo que pod?a: despacio me acerqu? hasta una c?mara de v?deo en funcionamiento que Claudia no hab?a visto hasta este momento y enfoqu? un poco mejor.
- ? Qu? tal Claudia, te mando la copia o prefieres que se la mande a tu marido?.
Claudia no respondi?, su cerebro segu?a totalmente entregado al sexo, hasta que con un berrido tremendo se desplom? y se qued? quieta salvo por unas sacudidas compulsivas mientras abundantes l?grimas ca?an por su cara y sus dientes entrechocaban febr?lmente.
- AAAARRRGGGGRRRRR.
Me vest?, recog? mi portafolios, cort? las ligaduras de Claudia que ni se movi? para quitarse los calabacines y abandon? la casa de las magnolias sin mirar atr?s.
Para rematar mi faena me present? al d?a siguiente despu?s de comer en su casa para recoger a Sof?a e ir al cine (en realidad para coger con ella el avi?n con destino a Zurich, aunque todav?a ella no lo supiese). Tengo all? una nueva identidad, una preciosa casa a la orilla de un lago, y unas acciones en la bolsa de Francfurt que pueden permitirme una vida sin sobresaltos. Al menos 20 a?os.
La criada me abri? la puerta, Sof?a ya hab?a hablado de m? a su padre, y aunque no le gust? nada en un principio, confiaba en que un enamoramiento juvenil pasase con el tiempo. Adem?s su padre confiaba en convencerme por las buenas o por las malas sin tener que enfrentarse a su hija.
Salud? a su padre en la biblioteca, y tras preguntarme lo de rigor, en qu? trabajas, de d?nde eres, tus padres ... su inquisitorial mirada esper? respuestas.
Le cont? la f?bula de mi tapadera en Madrid. Era m?dico, licenciado en la Sorbona 'cum laude', y estaba haciendo unos estudios sobre la coagulaci?n de la sangre y la influencia de la luz en la misma.
Enseguida apareci? un amigo 'casualmente' m?dico. Estaba claro que no quer?a correr riesgos. Me coment? algunas cosa por encima, evidentemente no era Hemat?logo, as? que lo deslumbr? con rapidez. Modestia aparte soy una autoridad en la materia - cosa l?gica por otra parte -. As? que me crey? y permiti? que su hija saliese conmigo, aunque su colmillo se retorc?a cada vez m?s, adem?s, no era capaz de decir cuantos a?os ten?a, as? que me lo pregunt? sin ambages.
- Acabo de cumplir 24 se?or, - dije con toda la candidez de que era capaz, mientras escuchaba un taconeo bajando las escaleras.
- Bien cari?o, no llegues muy tarde, sino tu padre y yo nos preocupamos, ya sabes. - Me di la vuelta gozando por anticipado del momento.
Claudia boque? con los ojos fijos en m?, ten?a ojeras, probablemente su marido le hab?a dado otra dosis de sexo por la noche, pero no dijo nada, pero su coraz?n palpitaba fuertemente mientras me desped?a y acompa?aba a Sof?a a la puerta.
- Por cierto Sof?a, ? tu madre puso ayer sopa de calabac?n ? - pregunt? en voz alta para que me oyese. Sof?a me mir? con desconcierto, mientras su madre me fulminaba con la mirada.
- No, no ? por qu? ?
- No por nada, olv?dalo
Bien, Claudia ten?a su merecido, no pasar?a mucho tiempo sin que su marido la pillase in fraganti en estos nuevos juegos a los que la hab?a aficionado. El c?mo reaccionase ya no me importaba, hab?a conseguido algo m?s importante, y adem?s algo que sin propon?rmelo le iba a hacer m?s da?o. Le hab?a quitado a su hija.
Atr?s quedaba la venganza, adelante, otra vida por vivir.